Cuando la ciencia marca presencia

Nota publicada en el diario El Observador

En medio de la emergencia sanitaria desencadenada por la llegada del coronavirus al país, la comunidad científica nacional se ve obligada a redirigir sus fuerzas y su actividad de pronto aparece como una prioridad

Al principio se le quitaba importancia; no era más que un problema ajeno y aislado que salpicaba cada tanto alguna conversación. Las imágenes de los tapabocas comenzaron a multiplicarse hasta volverse memes. ¿Qué no se vuelve un meme hoy en día? Si un presidente puede ser un meme, ¿por qué no el mito del coronavirus? Cuando menos se lo esperaba, el meme ya estaba tocando a la puerta, pero siempre hay cosas más importantes que atender. El mito se desdibuja, pero la máquina nunca se puede detener. ¿Y si algo la obligase a detenerse y los mecanismos no estuviesen preparados para soportar el cimbronazo? La reacción fue en cadena: las advertencias y respuestas de unos países contagiaron a otros vecinos como quien contagia una gripe en un medio de transporte público. “Pandemia”, repiten las pantallas de los celulares. Los gobiernos declaran la “emergencia sanitaria”, las fronteras se cierran, la autoridad se cierne y las calles se vacían: ahora el miedo florece (pero nada detiene los memes). ¿Y quiénes se vuelven los principales protagonistas de esta película apocalíptica? Aquellos en quienes se cree pero que pocas veces son enfocados como es debido: los científicos. Los médicos, los biólogos, los bioquímicos, los químicos, esas especies que rara vez aparecen en televisión sin ser interpretados por actores de elenco. En estos tiempos de crisis son ellos que acaparan el escenario y todos los demás ciudadanos descienden del mismo para escucharlos. Pero, ¿este protagonismo no debería de ser compartido más allá de la adversidad? Esto mismo es lo que opina el Doctor en Medicina y en Ciencias Biológicas Rafael Radi, quien es también presidente de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay y director de Director del Centro de Investigaciones Biomédicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (UdelaR).

Al rescate en tiempos difíciles

En diálogo con Cromo, Radi explicó que toda la logística de funcionamiento de los laboratorios experimentales de todo el mundo se está viendo afectada por esta situación actual de emergencia, y que son los países que presentan una comunidad científica local más robusta aquellos que logran compensar más eficazmente el golpe. El programa de investigación que en estos tiempos dirige Radi en la Facultad de Medicina y que reúne a más de 35 científicos está abocado a estudiar las bases moleculares de distintas enfermedades así como del proceso de envejecimiento, por lo que implica un trabajo con un enfoque experimental que necesita de organismos vivos, ya sean células animales, microorganismos infectivos o animales como roedores que se mantienen en un bioterio. El mantenimiento de estos organismos a su vez necesita del aprovisionamiento regular de raciones para alimentarlos e insumos para un adecuado control veterinario. Las medidas de aislamiento social afectan también a los proveedores de estos insumos y de los reactivos necesarios para avanzar en las investigaciones, por lo que las actividades científicas de todo el mundo se ven enlentecidas, y la vida de los animales de muchos bioterios lamentablemente muchas veces debe de ser sacrificada. “Hay toda una cadena de suministros, de distribución de material biológico y de insumos que se está rompiendo”, informó el Director del Centro de Investigaciones Biomédicas. La suba del dólar también es un factor de preocupación, dice, ya que  los subsidios nacionales que recibe la comunidad científica son sumas en pesos cuando la mayoría de los equipamientos e insumos que se necesitan en un laboratorio provienen de países que los venden en dólares o en euros.

 Aunque las actividades de investigación tanto de la UdelaR como de otras instituciones científicas tratan de mantenerse en pie, el trabajo experimental se ha reducido al mínimo, se han fomentado los trabajos a distancia a través de Internet (lo que, según el especialista, se ve favorecido por la buena conexión que posee Uruguay), y los investigadores intentan concentrarse por el momento en el procesamiento de los datos acumulados previamente a la pandemia y en la escritura de los informes correspondientes. “Este tiempo de paréntesis lo estamos usando para tratar todo lo que tiene que ser procesado, todo lo que está disponible para ser integrado a la literatura universal, todo lo que tengamos que hacer para ponernos al día al máximo”, remarcó Radi. Pero por fuera de ese paréntesis a sus proyectos profesionales, los científicos uruguayos están redireccionando fuerzas, reactivos y equipamientos de laboratorio para ponerlos al servicio de los diagnósticos de infecciones con coronavirus. En este momento se están recolectando datos acerca de la cantidad de materiales disponibles en el país relacionados a las distintas etapas del diagnóstico de este virus. “En el futuro se verá cómo todo ese esfuerzo se recupera total o parcialmente, pero el foco está puesto ahí ahora”, informó Radi.

 Por su parte, el Doctor en Biología Molecular Juan Cristina, quien fue también decano de la Facultad de Ciencias entre los años 2010 y 2018, contó que no sólo se están redirigiendo materiales y esfuerzos físicos e intelectuales, sino también una suma importante de fondos. Cuando recién había comenzado la pandemia en China, informó Cristina, su laboratorio destinó 10 mil dólares para comenzar las investigaciones necesarias para fortalecer una respuesta preventiva, a los que se sumaron otros 35 mil dólares que aportó la UdelaR. También fue necesario redirigir fondos destinados a la enseñanza debido al cambio de un formato de educación presencial a uno a distancia en línea que debía satisfacer a un total de 155 mil estudiantes en todo el país. “Es un desafío formidable, y va a seguir habiendo redirección”, sostuvo. Más allá de que el personal presente en los pasillos de las facultades y dentro de los laboratorios se redujo a un mínimo, el dos veces decano de la Facultad de Ciencias dijo que las medidas sanitarias llevadas a cabo actualmente en estas instituciones educativas no difieren mucho de las usadas cotidianamente, aunque éstas se hayan vuelto más exhaustivas. Combatir al virus no precisa de desinfectantes especiales, por lo cual las medidas de seguridad adoptadas no son diferentes a las recomendadas por la Organización Panamericana de la Salud, que son las mismas que las difundidas por el Ministerio de Salud Pública (MSP). Eso sí, el trabajo de todo el personal encargado del saneamiento dentro de los edificios no es despreciable. “Hay que agradecer a todos los funcionarios de la Universidad  que no son docentes porque realmente están muy compenetrados”, apuntó Cristina.

La curiosidad a su servicio

Juan Cristina se encuentra al frente de un equipo de siete personas que trabaja en el Laboratorio de Virología Molecular ubicado en el Centro de Investigaciones Nucleares de la Facultad de Ciencias. El equipo estudia enfermedades virales emergentes de importancia para la región latinoamericana, como las causadas por el virus de la gripe, el influenza, el virus de la hepatitis C, el virus del dengue, que representa un problema grave hoy en día en la región, o el virus zika que estuvo detrás de la epidemia importante desatada en Brasil. Normalmente el equipo trabaja arduamente para poner a disposición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) las cepas virales en circulación en esta región de América Latina siempre que esta organización se encuentre desarrollando nuevas vacunas. “En caso de una virosis emergente como la del coronavirus, lo que tratamos es de entender cómo es el virus, de dónde viene, cuáles son las cuestiones relevantes de su ciclo de replicación, para tratar de contribuir a contestar preguntas básicas que luego puedan ser utilizadas para el desarrollo de diagnósticos y de vacunas contra esos virus específicos”, explicó Cristina.

Tras un convenio con el MSP, hace tres semanas que el equipo de su laboratorio se encuentra trabajando en conjunto con colegas y amigos pertenecientes al Laboratorio de Evolución Experimental de Virus del Instituto Pasteur de Montevideo para lograr el desarrollo de tests de diagnósticos de coronavirus de origen enteramente nacional. El Laboratorio de Evolución Experimental de Virus se encuentra dirigido por el PhD en Ciencias Biológicas Gonzalo Moratorio, quien junto a cuatro más investigadores estudian los procesos de evolución de los virus (en especial los de ARN como el COVID-19) para comprender cómo éstos logran modificar sus estrategias de replicación, de transmisión y virulencia para poder así adaptarse a nuevos hospederos. Este laboratorio forma parte de los “laboratorios G4”, de los que también forman parte el Laboratorio de Biología de Apicomplejos y el Laboratorio de Genómica Microbiana. Hoy trabajan en el Instituto Pasteur 220 personas repartidas en 17 laboratorios, los cuales, según información otorgada por el sector de comunicación del instituto, se encuentran planeando nuevas líneas de investigación orientadas a brindar ayuda para hacer frente a la emergencia sanitaria.

El equipo de Juan Cristina ya había trabajado anteriormente junto al Laboratorio de Virología Molecular del CENUR Litoral Norte de Salto y junto al Laboratorio de Inmunovirología del Instituto Pasteur, dirigido por el Doctor Otto Pritsch al frente de otros ocho investigadores, estudiando los procesos moleculares de acción del Virus de la Leucemia Bovina (VLB), el cual ha causado enormes pérdidas al sector agropecuario. En efecto este virus, que también forma parte de la gran familia de los coronavirus, puede convertirse en una barrera no arancelaria para las exportaciones, ya que muchos países rechazan a todo aquél ganado que presente anticuerpos específicos de ese virus, ya que éstos son indicios de una infección con el mismo. También existen antecedentes de estudios en coronavirus aviares (de aves) llevados a cabo por la sección de genética evolutiva del Instituto de Biología, que junto a los estudios sobre el VLB han servido de modelo para comprender los mecanismos moleculares de replicación de otros virus causantes de enfermedades humanas, por lo que fueron fundamentales en esta búsqueda por desarrollar kits de diagnóstico de infecciones con el COVID-19.

Nunca se sabe en qué puede ser aplicado mañana lo que se descubre hoy, he ahí el valor intrínseco que conlleva todo descubrimiento, así como también la curiosidad que marcó el camino hacia el mismo. Es en el valor de esta curiosidad y de la creatividad a ella ligada que hicieron más énfasis tanto Juan Cristina como Rafael Radi. La ciencia debe de ser curiosa y creativa por definición, ya que ésta debe siempre partir de una duda y buscar soluciones alternativas y originales a un mismo problema. En este momento de crisis es entonces la curiosidad y la creatividad de los científicos las que salen al escenario para ponerse al servicio de la ciudadanía. “Tras la llegada del coronavirus hubo una explosión de creatividad en la Universidad de la República en los más diversos ámbitos, incluso desde la psicología y la sociología, para buscar soluciones y atender una emergencia del Estado”, opinó Juan Cristina.

Más vale estar preparados

La histeria colectiva desatada en la sociedad por la pandemia del coronavirus es para estos dos investigadores un claro ejemplo de lo fundamental que es el tener una comunidad científica formada sólidamente en el país. No sólo brinda a una población soberanía al no tener que depender de los conocimientos técnicos desarrollados en el extranjero, sino que también permite responder rápidamente y con eficacia a situaciones inesperadas como la vivida a raíz del surgimiento del COVID-19. Así como hoy es este virus de alto poder de contagio el que puso el sistema social patas para arriba, mañana puede ser otro virus más letal el que toque a la puerta. Escenarios similares se van a repetir y hay que estar preparados. “Los reservorios animales son enormes, los virus mutan a velocidades muy altas, y la aglomeración de personas y la coexistencia con animales vivos dan muchas chances a los virus animales de adaptarse y afianzarse en el ser humano”, advirtió Rafael Radi. Los países que mejor logran hacer frente a estas situaciones de crisis, según el experto, son aquellos que tienen sistemas sanitarios y científicos robustos a nivel nacional. “Cuando me hablan de Corea del Sur pienso que ese país destina el 6% del PBI a investigación y desarrollo, mientras que Uruguay destina el 0,38% – reflexionó Radi – Entonces cuando me dan ese ejemplo siempre digo que me den la película entera, no sólo la introducción”.

Aunque ambos investigadores consideran que el apoyo brindado a la ciencia por el Estado no es despreciable. Juan Cristina destacó la creación durante el primer gobierno de Tabaré Vázquez de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII), o del Sistema Nacional de Investigadores, que hoy cuenta con 211 personas en el área de Ciencias Médicas y de la Salud y con 594 en el área de Ciencias Naturales y Exactas, así como también se creó la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay. Aun así, ambos científicos uruguayos creen que la ayuda estatal sigue siendo de mediana a baja y que nunca es recomendable mirar a la ciencia únicamente en el momento en que ya estalló la crisis. Para comprenderlo basta ver la situación en la que se encuentra hoy Estados Unidos, país que carece de sistemas de educación y de salud públicos de calidad como los nuestros, donde el Doctor Anthony Fauci, reconocido epidemiólogo y antiguo mentor de Cristina, se encuentra en constante disputa con el presidente Donald Trump por la falta de medidas y recursos necesarios para hacer frente a la pandemia. Para el dos veces decano de la Facultad de Ciecias, en el Uruguay hace falta una ciencia que sea una política de Estado sin ningún color partidario, ya que la formación de los científicos lleva tiempo y atraviesa varios gobiernos. Por otro lado, Juan Cristina también señaló a los jóvenes estudiantes como el recurso más preciado que tiene un país. “A veces se cree que lo que vale en la ciencia son los aparatos, pero en realidad lo más importante son los jóvenes con formación de alto nivel – argumentó Cristina – Lo que ha estado perdiendo el Estado lamentablemente es eso. Nosotros damos una educación gratuita, formamos científicos de calidad, y si el Estado que en este caso los formó después no los utiliza, entonces va a aparecer otro Estado que sí los va a utilizar y que no tuvo que pagar su formación.” Hacer de la ciencia joven una prioridad se vuelve así más una necesidad urgente antes que un capricho. Nunca se sabe que mal mayor podrá tocar a la puerta en el futuro. Tal vez una vez más la curiosidad pueda salvar al ser humano.

Bruno Gariazzo

Lo onírico del riesgo

Nota publicada en el diario El Observador

El espeleólogo y montañista uruguayo Gaspar González explica su sentido de la aventura y hace un llamado a quien quiera participar de la primera expedición uruguaya al Ártico

“Pensé que era una aventura, y era la vida”. Con esta frase de Joseph Conrad recibe a los internautas el sitio web “Expedición PANGEA” administrado por el montañista y espeleólogo uruguayo Gaspar González. Del griego spelaion, que significa “cueva”, la espeleología es una ciencia que estudia las formaciones geológicas que se esconden tras la superficie terrestre. A través de este sitio web, González informa a los interesados sobre las actividades exploratorias que él mismo dirige, actividades que abarcan desde charlas motivacionales y de asesoramiento hasta verdaderas aventuras que prometen impulsar a los participantes hacia fronteras personales insospechadas. El montañismo es, según el experto, oficialmente un arte desde que la UNESCO catalogó esta actividad deportiva como patrimonio inmaterial de la humanidad, y fue este arte el que lo llevó hacia el camino de la aventura. Pero lo que terminó de destapar el impulso de explorador que González alberga desde niño fue la espeleología, la cual básicamente consiste en explorar las montañas desde adentro. Como escribe Conrad en “El corazón de las tinieblas”: “El artista apela a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración; a nuestra intuición del misterio que rodea la vida”. Es este misterio lo que más motiva al impulso exploratorio del espeleólogo uruguayo, impulso que actualmente se encuentra haciendo foco en un nuevo territorio situado lejos de las cordilleras montañosas de nuestro continente: el Ártico.

El arriesgarse para descubrir

Una aventura implica por definición un riesgo. Desde una aventura amorosa hasta la exploración de las profundidades penumbrosas de una cueva, toda aventura trae consigo múltiples incertidumbres y todo un desafío de la psicología contra el miedo. El trabajo de Gaspar González consiste precisamente en impulsar a las personas a desafiar sus miedos y a embarcarse en las aventuras que caracterizan sus mayores sueños. “Creo que hay dos vertientes de la aventura en nuestra vida hoy en día: una es primitiva, un impulso neofílico, la necesidad de algo nuevo, algo propio de un estudio antropológico y biológico tal vez – opinó González -. Otra vertiente que viene a potenciar esto es la necesidad de salir de nuestra cotidianidad, de resaltar en algo en esta sociedad occidental triunfalista, en donde sobresalir termina siendo una nota de estatus social. Es duro decirlo así, pero lo cierto es que el prestigio es un valor muy codiciado para todos nosotros. El éxito masificado que está teniendo el montañismo hoy en día viene muy atado a esto”. Esta sentencia del explorador vino enseguida acompañada de otro factor que él considera que vuelve atractiva a una aventura: su dimensión fantástica. “Simplemente por estar abriéndome pasos en lo desconocido, en un mundo “nuevo” casi onírico, hay mucho de vivir y cumplir sueños en esto”, dijo González.

Por más que este ávido explorador posea un especial interés por los riesgos que acompañan a lo desconocido, él no se considera a sí mismo una persona temeraria ni, en sus palabras, un “adulto adrenalínico”. Lanzarse sin pensarlo dos veces hacia el abismo en un intento de demostrar una ausencia total de miedo no le parece propio de un aventurero serio. El miedo incluso le resulta imprescindible  para sobrevivir en situaciones extremas. “Hacer algo por puro impulso adrenalínico, sin vislumbrar un posible problema, es de temerario, y esto no tiene lugar en las aventuras más serias, donde hay que valerse por sí mismos”, argumenta Gaspar González, quien se esfuerza día a día por capacitar a las personas para lanzarse a la aventura. Este esfuerzo queda plasmado en su proyecto “Expedición Pangea”, emprendimiento personal a través del cual se ha ido hilando toda una red de personas interesadas en la exploración geográfica. “Pangea soy yo dándole rienda libre a mis pasiones y compartiéndolas – explicó González -. A través de esto vivo mis aventuras, transmito saberes, comparto experiencias, diseño instancias donde la vivencia es la que enseña. Y como no puede ser de otra manera, Pangea es dinámica, como el supercontinente primitivo que fue siempre cambiando de forma y lo sigue haciendo.” Aunque “Expedición Pangea” sea un proyecto bien personal, el explorador aclaró que el mismo no sería posible sin todo un círculo de fieles compañeros que brindaron un apoyo en todo momento fundamental. “Yo no creo en la independencia, solo en la ínter-dependencia; nunca estoy solo”, zanjó González.

Una aventura gélida

La aventura que llevará a los uruguayos más valientes hacia el Ártico tendrá lugar entre el 17 y el 27 de agosto de este 2020, y será la primera expedición uruguaya en aventurarse hacia esta área del Polo Norte cuya soberanía recae sobre ocho países: Estados Unidos, Canadá, Islandia, Noruega, Suecia, Rusia, Finlandia y Dinamarca. La mayor parte de esta región helada está formada por Groenlandia y por aguas oceánicas cubiertas por una espesa capa de hielo denominada “banquisa”. La fascinación de González por el Ártico proviene por un lado del libro “El país de las sombras largas” escrito por el suizo Hans Ruesch, libro que el uruguayo leyó de pequeño, y por otro lado de los relato de las aventuras del noruego Fridtjof Nansen. Según el líder de “Expedición Pangea”, son varios los factores que pueden presentar dificultades a los uruguayos que estén interesados en inscribirse para participar de esta aventura: el aislamiento que caracteriza al Ártico complica la logística de la excursión (la cual contará en Groenlandia con la ayuda de una agencia española con 20 años de experiencia), el frío extremo no es algo a lo que el uruguayo promedio esté muy acostumbrado, y el costo de toda la travesía no es despreciable. Por otra parte se encuentra el factor de la exigencia física: “Hay que tener estamina y capacidad de dominio personal –advirtió González-. Una verdadera aventura, además de involucrar riesgos e incertidumbres, nos va exigir siempre un poquito más de aquello que creíamos como límite personal.  Esto es tal vez lo más enriquecedor que nos pueda dejar una aventura”.

Esta expedición uruguaya al Ártico partirá de Copenhague en avión hasta Narsarsuaq, un pequeño poblado al sur de Groenlandia. Luego comenzará una travesía a través del mar en kayaks hasta el glaciar Qooroq, y por último se realizará todo un trayecto a pie a través de las tierras de Mellem Landet. Durante la aventura los participantes se encontrarán con glaciares, fiordos (valles continentales invadidos por el mar), paisajes naturales excepcionales, y tendrán la oportunidad de conocer de cerca la cultura inuit (esquimales). “Todo eso genera una experiencia de ensueño que es difícil de anticipar en palabras – reconoció González -. También va ser la primera expedición uruguaya al Ártico. Más de allá de chauvinismos, esto es una instancia que en ese aspecto va a ser irrepetible. Como todo hecho histórico, es algo a lo que uno no accede todo los días”. Para el montañista y espeleólogo uruguayo, este tipo de experiencias van construyendo dentro de uno mismo un mundo cada vez más grande, un mundo que se va acercando cada vez más a uno de fantasía. “Estos viajes son un lindo impulso para querer y cuidar todo aquello que conocemos por “natural”, y para entender que todo esto no está delimitado por fronteras políticas”, expresó González.

Además de esta expedición inédita de uruguayos al Polo Norte, Gaspar González ya se encuentra en preparativos para una excursión que se llevará a cabo en julio hacia la Cordillera Real de Bolivia con todo aquél que quiera iniciarse en el montañismo. Será la cuarta vez que el explorador uruguayo se embarca en esta aventura, la cual consistirá en convivir diez días en lo alto de la cordillera boliviana con todos los participantes. González también se encuentra trabajando en una expedición hacia lo más profundo de la selva amazónica peruana, precisamente hacia el Parque Nacional del Manu, hogar de comunidades indígenas nativas como los Amarakaeri y los Matsiguenka, así como también de tribus aisladas voluntariamente llamadas “no contactados” y separadas completamente de las civilizaciones europeizadas. Muchas son las aventuras que guarda este valiente (pero cauteloso) uruguayo bajo la manga para quien desee estimular su adrenalina. Solo basta acceder a su sitio web, informarse al respecto, y anotarse para vivir, sin lugar a dudas, una de las mejores experiencias que la vida pueda ofrecer.

Bruno Gariazzo

Primates en cautiverio

Frente a la emergencia sanitaria disparada por la llegada del coronavirus, las personas en cuarentena se vieron obligadas a ensayar diferentes estrategias para hacer frente a la ansiedad fruto del encierro

Los animales en cautiverio presentan patrones de comportamiento que, en muchos casos, son similares entre sí. Frente a las amenazas combinadas del encierro y del tedio, ciertos animales pierden la motivación de realizar actividades físicas, otros pueden perder el interés sexual o derivar este interés en masturbaciones obsesivas, algunos pueden dejar de alimentarse o caer en adicciones, pero los movimientos repetitivos sin sentido (como el pasearse en círculos infinitos) constituyen el comportamiento más común en estas situaciones. El ser humano también es un animal que desarrolla estas patologías en situaciones de encierro, y gusta de referirse a las mismas como “trastornos obsesivos compulsivos”, “estrés”, “anorexia” y, claro está, el fantasma de todo confinamiento: “la ansiedad”. Estar confinado en un mismo espacio y aislado de sus semejantes puede hacer que cualquier ser pierda el sentido de su propia existencia. Los objetivos se hacen difusos y las motivaciones por alcanzarlos se esfuman, la mirada permanece clavada en el techo y el cuerpo poco a poco se acomoda en un eterno lecho. Estos patrones comportamentales seguro se han manifestado en muchos hogares humanos durante estos últimos tiempos de cuarentena desencadenados por la llegada del virus SARS-CoV-2. Pero quizás estos tiempos sean una buena oportunidad para recordar que muchos seres humanos padecen del confinamiento por fuera de toda medida de emergencia sanitaria.

Esto mismo es lo que señala Cecilia Baroni, psicóloga social fundadora del colectivo Radio Vilardevoz, una radio comunitaria que funciona hace 22 años en el Hospital Vilardebó de forma autogestionada, y quien está especializada en estudiar el impacto que tiene el encierro en personas institucionalizadas, particularmente, encerradas en instituciones psiquiátricas. “Hay que diferenciar el aislamiento social de esto que se llama “interrupción de la vida cotidiana”, recalca Baroni. En el caso de las cuarentenas impulsadas desde los gobiernos a nivel mundial para hacer frente a una pandemia, el aislamiento es acordado comunitariamente en pos del bien común, mientras que en caso de encarcelamiento penitenciario o de ingreso en hospitales psiquiátricos este bien común muchas veces se busca en detrimento del bien de otros. En estos últimos casos el confinamiento funciona a modo de castigo o de terapia, funciones que no se aplican a la situación que se vive actualmente con este coronavirus. Sin embargo, la noción de castigo se comienza a entremezclar cuando algunos ciudadanos no cumplen con lo acordado, como lo muestran los agravios desatados hacia la diseñadora Carmela Hontou por no cumplir con su cuarentena aun estando infectada. Ante una situación de crisis, el temor al otro asoma y puede llevar a reacciones de violencia irracional hacia la diferencia del otro, reacciones que Baroni denomina “microfascismos”. El miedo se suma al proteccionismo impulsado por la emergencia, fomenta el sentimiento de identidad nacional, multiplica las metáforas de guerra y alimenta el concepto de “Estado Nación” en detrimento del de “Aldea Global”.

Pero esta posibilidad de desarrollar comportamientos violentos o irracionales tiene sus raíces en los mismos síntomas que aquejan a otros animales en cautiverio  prolongado. “El encierro es una situación que muchas veces nos lleva a estados límites de nuestra personalidad – explica Baroni – Muchas veces se actualizan cosas que no están resueltas y se ponen en juego sentimientos encontrados”. Según la psicóloga Mariana Pereira, especialista en emergencias y desastres, gestión de riesgos, medio ambiente y primeros auxilios psicológicos, las reacciones de las personas frente al estrés de una situación de crisis son variadas: incluyen reacciones de ira y angustia, dificultad  para realizar tareas rutinarias, silencios prolongados, falta de concentración, dolores de cabeza, sudores excesivos, y hasta presión alta y entumecimiento de las extremidades. “Esta situación que estamos atravesando a nivel mundial genera una gran incertidumbre ya que  no sabemos qué sucederá el día de mañana, y eso justamente impide que las personas se proyecten a largo plazo y genera una gran inseguridad”, apunta la psicóloga. Esta incertidumbre pone en cuestión las ideas que brindan fundamento a las personas acerca del funcionamiento de su propio mundo, es decir, en palabras de Pereira, “las creencias básicas que permiten que nos manejemos con una cierta predictibilidad, orden y control sobre nuestras vidas”, por lo que no es extraño que un aluvión repentino de dudas represente una fuente de ansiedad.

Cecilia Baroni considera que las personas que más sufren la cuarentena son aquellas que estaban acostumbradas a llevar una vida más rutinaria repleta de actividades y aquellas que solían llevar adelante una vida social activa. Por su lado, las personas más solitarias ya acostumbran a estar en soledad consigo mismas y poseen sus propias estrategias para hacer frente a situaciones de aislamiento. Dentro de estas sociedades atiborradas de actividades, a las que Baroni llama “del éxito y el cansancio”, la psicóloga cree que en aislamiento “seguramente los que más estén sufriendo son aquellos que tuvieron que cortar con una vida en que otras actividades les llenaban el tiempo y que se encontraron de repente con un vacío o con tener que llenarlo con otras actividades que no son las que habitualmente hacían”. Sin embargo, tanto Baroni como Pereira resaltan que ningún sufrimiento se compara en momentos como estos al padecido por aquellas personas en situación de calle que ven restringido su acceso a los servicios públicos y la satisfacción de sus necesidades básicas como la alimentación o la higiene. Por ello Baroni llama la atención sobre la importancia de valorar antes que nada lo que se tiene más allá de una cuarentena, por ejemplo, un hogar y una familia. “Cuando estamos frente a sociedades altamente capitalistas, dentro de una competencia exacerbada, yendo siempre detrás del dinero y tratando de elevar el estatus, nos olvidamos de otras importantes – subraya la psicóloga social – Esta situación nos tiene que ayudar a pensar, a volver a jerarquizar qué cosas tenemos y qué cosas hacen falta tanto hoy como en el futuro”.

Respecto a este punto Mariana Pereira considera que la llegada de la enfermedad COVID-19 demostró que el país no se encuentra preparado para hacer frente a una situación de crisis y que es necesario reestructurar todo el funcionamiento social para poder recibir con mayor firmeza un posible próximo golpe. “Creo que lo más visible es la escasa cultura preventiva que tenemos en Uruguay – opina Pereira – Estamos acostumbrados a que “nunca sucede nada” porque tenemos la fortuna de vivir en un país donde no existen amenazas de volcanes, tsunamis, terremotos, entre otros. Sin embargo, cuando sucede algo como esto o como el tornado de Dolores, se va viendo sobre la marcha cómo se responde ante la crisis. El comportamiento colectivo ante una situación de peligro se encuentra altamente vinculado a las características culturales de la población.” Pero no sólo Uruguay se encuentra en una situación similar, el mundo entero se encuentra entrando en pánico ante la incapacidad de respuesta de los gobiernos. El psicólogo clínico especializado en Gestalt Álvaro Curi, quien tiene su espacio habitualmente en “La Mañana en Camino” en diamante FM y en “Arriba Gente” en Canal 10, cree por su lado que la condición actual de la sociedad es un efecto secundario del esquema de vida que dirige a la humanidad hace más de un siglo. El psicólogo cita la obra “La era del vacío” de Gilles Lipovetsky y el concepto de “modernidad líquida” de Zygmunt Bauman y dice: “Los adultos modernos multi ocupados generan hogares vacíos. El mundo desde los 80 ha ido virando hacia un individualismo cada vez más extremo. La revolución digital no ha hecho otra cosa que agudizar un proceso de crisis vincular que ya venía de la mano de otras revoluciones culturales y que ha impulsado a las personas a vivir cada vez más solas queriéndolo o no.”

Pero Curi también recuerda que dentro de su disciplina siempre se opta por ver las crisis (incluso las más graves) como nuevas oportunidades. En este caso, estas oportunidades consisten en tener más tiempo libre para resolver conflictos con seres queridos y sacar a la luz los sentimientos que habitualmente son reprimidos y ahogados en la rutina diaria. Para calmar la ansiedad que puede llevar a un ser humano a dar vueltas en círculos dentro de su jaula, tanto Cecilia Baroni como Mariana Pereira instan a las personas a interactuar con otros semejantes para que éstos les presenten una perspectiva diferente de su propia realidad. “Es importante tener en cuenta que hay muchas personas que están atravesando la misma situación, por lo tanto los ansiosos no están solos. Mantener el contacto con los  afectos, compartir con otros las emociones, permite también reconocer que otras  personas  sienten lo mismo”, recomienda Pereira. Y agrega: “El reprimir el miedo puede dar lugar a pensamientos o ideas  intrusivas. Poder manifestar que sentimos miedo o que necesitamos ayuda es fundamental y también es una respuesta sana para enfrentar una crisis”. La psicóloga también aconseja que en caso de ser atacadas por estos pensamientos negativos las personas busquen realizar tareas sencillas que requieran un menor esfuerzo mental, que generen satisfacción personal y que desaceleren el tren del pensamiento. Por suerte la comunicación con los seres amados se ve sumamente facilitada en esta época por las nuevas tecnologías, pero Pereira advierte sobre el peligro que puede significar para la ansiedad el estar expuesto constantemente a un gran caudal de sobreinformación.

Otra oportunidad que según Baroni surge en una situación de cuarentena es la de explorar la creatividad como principal arma frente al tedio. “Muchas veces es sobre lo que insistimos con los niños cuando se aburren, ya que el aburrimiento también es una oportunidad para crear y generar otro tipo de procesos, lo que ayuda a calmar la ansiedad y también a encontrarnos con la medida justa de las cosas”, plantea la especialista. El nacimiento de la ansiedad y la angustia cuando uno es sacado de la rutina es una muestra del poco desarrollo que existe habitualmente de los recursos que distinguen al ser humano de otras especies. “Si vivimos en sociedades en las que muchas veces somos muy dóciles y obedientes, todo esa creatividad se va matando con o sin cuarentena – explica Baroni – Capaz  que la cuarentena lo que evidenció es que estamos muy dependientes de horarios y del cumplimiento de tareas pero no pendientes del desarrollo individual en relación a lo que nos gusta y de disfrutar del tiempo que tenemos.” De esta forma, la idea de que se está perdiendo el tiempo cuando se disfruta del mismo de pronto aparece como una de las fuentes principales de todas las patologías que pueden desarrollarse durante una instancia de confinamiento. Por otro lado, el buscar desarrollar diferentes capacidades puede proteger a las personas de la posibilidad de caer presas del pánico frente a una adversidad que pueda modificar abruptamente su modo de vida. “Cuanto más desarrollo tengamos, más estímulos y flexibilidad, mejor la vamos a pasar que si sólo tenemos una capacidad, una sola opción”, aconseja Cecilia Beroni. Finalmente, frente a cualquier calamidad, lo primero que siempre debe recordar el ser humano es la importancia prioritaria que deben tener los lazos afectivos generados a lo largo de su vida. Como dice Álvaro Curi frente a esta emergencia sanitaria: “Esa es la chance que ahora tenemos: la revalorización de los vínculos en la emergencia de perderlos”.

Bruno Gariazzo

La cuarta dimensión de la imaginación

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

La pantalla desde sus inicios ha funcionado para el ser humano como una ventana a través de la cual sumergirse en realidades alternativas. Cuando los ojos del público aún no estaban acostumbrados a la existencia del cine, la proyección de una locomotora agrandándose hacia el primer plano provocó en 1896 la salida en tropel de espectadores aterrorizados durante una de las primeras funciones de los hermanos Lumière. Hoy se requiere bastante más para disparar la adrenalina de un público ya habituado a los sobresaltos, pero no es necesario viajar a ningún parque temático de atracciones para vivir una experiencia cinematográfica inmersiva en la que la audiencia termine zarandeada, mojada y ventilada. El cine 4D llegó a Montevideo a mediados del 2017, y el año pasado los alumnos de tercer año de la escuela técnica UTU de Pan de Azúcar se encontraban desarrollando su propia butaca de cine 4D para brindar esta experiencia a los miembros de su comunidad.

Un proyecto ambicioso y estimulante

En diálogo con Cromo, Mauricio Cabovianco, profesor de la Formación Profesional Básica (FPB) de robótica de esta UTU, contó el año pasado que el trabajo de su grupo de tercer año forma parte de un proyecto anual que buscaba publicitar la ciudad de Pan de Azúcar y sus atractivos. El proyecto implicó que tanto alumnos como profesores tuviesen que estudiar bastante debido a que se trataba de un emprendimiento novedoso. Muchos de los elementos necesarios para hacer realidad esta experiencia 4D fueron inaccesibles y, por más que el profesor prefiere trabajar con materiales reciclados, las dificultades que encontraron terminaron de convencer al grupo de contentarse en una primera etapa con hacer una maqueta a escala. “La UTU no dispone de los medios como para poder hacer eso, por lo que necesitas mucha inventiva para resolver la falta de materiales”, contó el profesor. En la segunda etapa del proyecto, a desarrollar durante la segunda mitad del año, la idea es utilizar motores reciclados de lavarropas que hayan sido abandonados en basureros. Se replicarían así los motores utilizados en la maqueta para mover una silla en tamaño real.

Esta maqueta la construyeron aproximadamente diez estudiantes, de entre 13 y 18 años, utilizando materiales reciclados en conjunto con el Kit de Robótica LEGO y las placas micro:bit del Plan Ceibal, los cuales se encuentran a disposición tanto de las UTU, como de las escuelas y los liceos públicos de todo el país. Con la maqueta ya armada y con capacidad de movimiento, la etapa siguiente consistió en sincronizar estos movimientos con las imágenes presentes en pantalla. Es aquí que entró en escena la “placa Arduino”, una pequeña placa electrónica programable con funciones similares a una placa madre (como la de la computadora), con la única diferencia de que ésta no tiene las conexiones soldadas, sino que viene con pines a conectar según qué función se desea que cumpla. Funcionando con sólo 5 volteos y utilizando su propio sistema de programación, la placa Arduino es ideal para que un alumno dé sus primeros pasos en programación.

Como muchos ya sabrán, la magia del cine 4D consiste en que al espectador se lo someta a estímulos relacionados con lo que se muestra en la pantalla. Si la cámara sube por un cerro empinado, el asiento se inclinará hacia atrás, si en la pantalla llueve, al espectador le caerá agua, y si en la imagen se muestra un día ventoso, el aire soplará en su rostro. Aún no estaba claro si el grupo de tercero de robótica recibiría ayuda de otra UTU para el armado del video o si se las arreglarían ellos mismos, pero ya tenían la idea de utilizar los ventiladores reciclados de las fuentes de computadoras en desuso para simular el viento en pantalla. También tenían pensado implementar los lentes de realidad virtual que ya estaban en poder de la UTU.

El fruto de este trabajo sería presentado en la exposición de fin de año de todos los proyectos de las escuelas técnicas, pero ellos preferían presentarlo antes a la comunidad en algún evento organizado especialmente en la plaza de Pan de Azúcar. “La idea es vincular también a la comunidad”, dijo Cabovianco, “me gusta mucho sacar el trabajo de la UTU a la calle, poder compartirlo con escuelas, con liceos y padres de alumnos”.

No ser robots, hacerlos

Según el profesor, aunque existe la visión generalizada según la cual los liceos de secundaria son mejores que las escuelas técnicas, la UTU ha progresado muchísimo en los últimos años. Esta institución presenta todo un abanico enorme de posibilidades de estudio, con muchas más opciones de las que permite secundaria. Aunque los ciclos básicos de ambas son iguales, la UTU ofrece una modalidad de clase en forma de taller que brinda una experiencia diferente a la que brindan los liceos convencionales. “Es un ambiente más distendido, ya no tenés ese formato de los bancos uno atrás de otro”, opinó el profesor, “trabajamos todos alrededor de la misma mesa; si queremos escuchar música escuchamos música, si queremos tomar mate tomamos mate; es más libre”.

Mauricio Cabovianco también dió importancia al trabajo interdisciplinario que se facilita en estas escuelas técnicas, ya que todas las materias deben de trabajar juntas en función de la actividad que se propone para el taller anual. La robótica en sí es una ciencia que facilita el  involucrar a muchas materias como la biología, la física o la matemática (que se relaciona con todas las áreas), pero no es tan fácil vincular la robótica a la literatura, la historia, o los idiomas español e inglés. Para estos dos últimos casos, el profesor propuso la generación de contenido de divulgación en ambas lenguas, ya que el vocabulario no es el mayor fuerte de sus estudiantes y esta sería una buena oportunidad de ejercitarlo.

El proyecto necesitó de mucho esfuerzo, esfuerzo que muchas veces excedía las 14 horas semanales del taller de robótica, lo que obligó a los estudiantes a investigar fuera de clase. Varias iniciativas debieron de ser tiradas abajo aunque ya estuviesen en etapas avanzadas de su desarrollo, pero cada paso a tomar estuvo completamente ligado a la decisión de los alumnos, ya que su profesor prefiere no ser el centro de la clase y desea que sean ellos mismos los protagonistas. Con respecto a esto Cabovianco dijo:

“La robótica te deja utilizar mucho la imaginación y la creatividad. De jardinera ellos salen con una creatividad tremenda, después no sé por qué en la escuela ellos pierden esa creatividad, y cuando llegan al liceo o al primer año de UTU son como un pichón de robot. Osea, si tú no les dices “saquen el cuaderno”, no te sacan el cuaderno. Ellos siempre están esperando a que tú les des la orden para después hacer. Entonces a mí me gusta trabajar al revés: ¡anímense a crear gurises!”

El profesor de FPB de robótica considera que Uruguay en el área de programación se está destacando a nivel mundial de forma acelerada. Con pocos recursos lo que se termina logrando sorprende y “el trabajo que está haciendo Ceibal es espectacular”. Con una plaquita de 5 por 5 centímetros se puede controlar automáticamente todo un sistema de riego mediante sensores de luz y humedad. En el 2018 el mismo grupo de UTU de Pan de Azúcar diseñó un invernáculo con un robot que era capaz de determinar si el día estaba nublado para mover un techo corredizo de forma automática. A Cabovianco aun así le preocupaba cómo la robótica comienza a desplazar fuentes de trabajo alrededor del mundo, pero consideraba que trabajar en ella con los más jóvenes ayuda a generar consciencia al respecto, y esperanzado agregó:

“Vos ves algunas aplicaciones simples que crean los más chicos que te llaman la atención. Y a ellos les encanta. Cuando tú a esas cabecitas las estimulas un poco y las dejás crear, las dejás volar, te sorprendés. Es sorprendente ver programando a gurises de 5to año de escuela. Aparte todo esto lo que necesita es práctica, y ellos tienen tiempo. Esa es su principal ventaja.”

Bruno Gariazzo

Aulas con viento en popa

Nota publicada en el diario El Observador

Si uno de los temas más recurrentes en boca de personajes públicos es la inseguridad, otro lo es la educación. La misma parece preocupar a muchos padres que alarmados son espectadores de noticias desesperanzadoras sobre el futuro de la formación de los niños y jóvenes. Los diagnósticos dan números por debajo de lo deseado y los discursos se empañan de desastres académicos. Sin embargo, se hacen también recurrentes las noticias sobre alumnos uruguayos de escuelas y liceos que reciben reconocimientos desde el exterior, y esta vez es el turno de la Escuela Rural n°88 “Alfred Nobel”.

Uruguayos campeones

La escuela “Las Violetas”, ubicada entre Joanicó y la ciudad de Canelones, cuenta con 122 alumnos y tres de ellos tendrán la posibilidad de viajar a Detroit a mediados de julio a presentar en un simposio internacional de ciencias su proyecto de investigación sobre la calidad del agua del arroyo Canelón Chico. El proyecto fue seleccionado por el programa GLOBE (Global Learning and Observations to Benefit the Environment), un programa internacional e interinstitucional financiado por la NASA que cuenta con la participación de 119 países del mundo y que está enfocado en generar un sentido de comunidad global alrededor de la protección del medio ambiente. Andrea Ventoso, la coordinadora de GLOBE en Uruguay, invitó a la escuela a sumarse al programa y en 2016 los estudiantes comenzaron a trabajar en la investigación que luego presentarían este año al Simposio Virtual de Ciencias de GLOBE.

Cuando un viernes a las doce del mediodía se transmitía en vivo cuáles habían sido las instituciones educativas seleccionadas para presentar sus proyectos en Norteamérica, ni profesores ni alumnos se esperaban el resultado. En diálogo con Cromo, el director y maestro de la escuela  Darío Greni contó que “cuando el hombre dijo “Escuela Alfred Nobel de Las Violetas”, los gurises gritaron como locos, los otros niños que estaban en sus salones salieron a ver qué había pasado, y ahí empezaron todos a gritar que se iban a Detroit”. “Para una escuela rural presentar una investigación de este tipo en un lugar así es fantástico; yo me siento súper orgulloso”, agregó.

El trabajo de investigación científica que ocupó a varias generaciones de jóvenes estudiantes durante tres años consistió en estudiar, a través de un relevamiento de macroinvertebrados, el nivel de contaminación del agua que desemboca en el Río Santa Lucía, poco antes de la planta potabilizadora de Aguas Corrientes de OSE. Los estudiantes se turnaron para ir hasta las orillas del arrollo Canelón Chico a tomar muestras con calderín en grupos de tres o cuatro. Los invertebrados eran primero clasificados “a ojo” por su fisionomía y luego clasificados rigurosamente según su especie mediante una clave de identificación. Un índice biótico que tiene valores del 1 al 10 indicaba si los organismos encontrados eran muy sensibles (valores altos) o poco sensibles (valores bajos) a los cambios en la composición del agua, como por ejemplo en su valor de pH. Finalmente, una escala del 1 al 120 permitía diagnosticar la calidad del agua, que, según los resultados obtenidos, se encontraba en estado crítico. “Ese arroyo viene de la parte sur de Canelones, bordea toda la ciudad, y ellos se plantearon si las actividades de las personas que viven allí alteraba la calidad del agua”, contó Greni. Los resultados de los alumnos fueron luego corroborados por un análisis de las muestras realizado de forma honoraria por el Laboratorio Ecotech.  

Un esfuerzo en conjunto

Para que los tres alumnos de esta escuela rural, Mariano, Belén y Nicolás, puediesen viajar el 14 de julio de 2019 a Detroit a presentar esta investigación en nombre de sus compañeros, GLOBE facilitó 2 mil dólares para ayudar a cubrir los costos. Pero entre los pasajes y la estadía (un pasaje a Detroit en temporada alta ronda los 1300 dólares), la ayuda norteamericana se quedaba corta y era necesario recurrir a la nacional. Además, según Greni, el Estado norteamericano retiene el 30% de los giros monetarios fuera del país, por lo que de los 2 mil dólares a Uruguay sólo llegarían 1400. Sin embargo, el director de la n°88 se mantuvo optimista y confió en que lograrían llegar a juntar el monto necesario para realizar el viaje en julio. Gracias a una iniciativa de la Asociación Uruguaya de Houston, Greni abrió junto a los padres de sus alumnos una cuenta de PayPal y una de Redpagos para hacer un llamado a la ciudadanía para que colabore con la aventura de los chicos.

Si hay algo que el director de la Escuela “Alfred Nobel” agradeció de corazón es el apoyo que recibieron sus alumnos desde otras instituciones a lo largo de estos años de trabajo. “Las instituciones dependemos unas de las otras y está bueno trabajar en forma conjunta”, dijo Greni. El sentimiento de agradecimiento tiene varias fuentes y nombres: Patricia Píriz, una integrante del MEC que se acercó a la escuela para integrarla al programa de los Clubes de Ciencia; el limnólogo Rafael Arocena que dio a los estudiantes una charla sobre clasificación de macroinvertebrados en la Facultad de Ciencias de la UdelaR; la directora del liceo n°2 de Canelones quien les consiguió a Nicolás y Mariano una profesora de inglés para reforzar el estudio sobre cómo exponer esta experiencia científica en este idioma al público en general; y las clases individuales de inglés con profesores remotos a través de las videoconferencias facilitadas por el Plan Ceibal. “Parte del premio es todo el apoyo que recibimos”, dijo Greni.

Vocación de corazón

Como si la noticia del viaje a Detroit no fuera suficiente, el director Darío Greni, de 44 años y con una veintena de años de docencia, se enteró de que quedó seleccionado entre los 50 finalistas para obtener el Global Teacher Prize, un premio de 1 millón de dólares otorgado por la Fundación Varkey al profesor cuyas vocación e inventiva sean de las más destacadas a nivel mundial. Los últimos dos años han sido de esta forma para el director un cúmulo de logros, ya que alumnos de su escuela también viajaron a España el año pasado de la mano de la Fundación Prosegur y de la Fundación Créate a participar del South Summit, un evento en el que se presentan diferentes ideas emprendedoras a concurso para buscar inversores. “Quedamos en segundo lugar por un voto… No era nada fácil. Se pararon los cuatro alumnos solitos en un auditorio en el escenario frente a un público de alrededor de 200 personas y nueve jueces a presentar en inglés”, contó entusiasmado Greni.

Según Darío Greni, para lograr una buena educación primero que nada hay que tratar a la educación “desde lo positivo”, sin dejarse desanimar por las dificultades ni por la falta de recursos. A veces una institución puede tener los mejores recursos, la mejor educación formal, y fallar en estimular la creatividad en el alumnado. Resaltó la importancia del trabajo en equipo, de no transformar las carencias en excusas para quedarse quietos, y la importancia de perder el miedo a pedir ayuda. “Si no tengo presupuesto pido prestado”, comentó. Greni también recordó lo sustancial que es en la educación privilegiar los trabajos prácticos: “Lo que más motiva a los chiquilines es el aprender haciendo. No hay otra forma. Yo ya me he dado cuenta. Olvidate vos pararte frente a ellos y dar la clase”, sentenció. “El aprender haciendo es mi carta de presentación para trabajar con los niños”, agregó.

El director vio en el hecho de que los logros de sus estudiantes hubiesen adquirido reconocimiento público una oportunidad para hacer visible el esfuerzo de un montón de docentes cuyo trabajo no empieza y termina en la institución educativa. “No es un trabajo de cuatro, de cinco, de siete o de ocho horas. Son muchas más horas que uno invierte en beneficio de los gurises – explicó Greni – y eso le dio visibilidad; se abrió la puerta para comunicar y creo que tenemos que aprovecharlo y no dejarlo pasar”.

Al presentársele la cuestión sobre lo que él considera una buena educación y una buena labor docente, Greni expresó:

“Va en lo que cada uno como docente quiere lograr y la voluntad que tiene. en mi escuela yo te voy a decir que la educación es buenísima, porque los resultados los veo. Mi estrategia es enseñarles sin que ellos se den cuenta de que lo estoy haciendo. Los gurises terminan viendo que hay algo más allá de la realidad. Les abre la cabeza de una manera impresionante. Se transforman. Se comprometen y desarrollan ganas de superarse. Los motiva, los incita a querer dar el siguiente paso. Lo demás después lo toman como ejemplo y generás un cambio. Es como esa piedra que cae en el agua y genera esas ondas expansivas que modifican lo que van tocando”.

Bruno Gariazzo

La creatividad al servicio del ahorro energético

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

Durante los últimos cincuenta años, la relación del ser humano con el medio ambiente no ha hecho más que deteriorarse. Anualmente se producen 300 millones de toneladas de residuos plásticos, de los cuales 13 millones se calcula que se arrojan a los océanos. Debido a esto, según un estudio de la revista Proceedings de la Academia nacional de Ciencias, el 90% de las aves marinas del mundo acumula residuos plásticos en su aparato digestivo. Por otro lado, la OMS señala que nueve de cada diez personas respira aire contaminado, cuando el calentamiento global debido a las emisiones de carbono ya ha reducido en 40 años aproximadamente el 40% del área cubierta por hielo marino.

Ante este panorama cuasi apocalíptico, generar concientización dentro de la sociedad para cambiar los hábitos humanos diarios parece, más que una necesidad, una urgencia. En este sentido es que el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), junto al Consejo de Educación Secundaria (CES) y el Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP), dan desde 2016 la posibilidad a alumnos de centros educativos de secundaria y de UTU de presentar sus proyectos al Concurso de Eficiencia Energética.

El pasado 10 de abril de 2019 se realizó a las 11 de la mañana la feria “Exposición de ideas brillantes” en el Centro de Escalada Deportiva “La Muralla”, en donde se expusieron algunos de los trabajos que fueron premiados en ediciones anteriores del concurso. Alumnos de liceos y escuelas técnicas de todo el país acudieron al evento para presentar sus proyectos al público interesado y para participar de una jornada de integración y puesta en común de ideas. Luego de haber culminado la etapa “expositiva” de la feria, los estudiantes pudieron disfrutar de una actividad deportiva en la cual la escalada, las alturas y los arneses fueron protagonistas.

En medio de este clima de diversión y alegría,  la Encargada de Comunicación del MIEM, Melina Pais, contó a Cromo que una de las líneas estratégicas del Ministerio está enfocada en promover la eficiencia energética, y eso equivale a generar un cambio cultural. Para presentarse al concurso, los centros educativos interesados deben antes que nada realizar un diagnóstico energético de sus instalaciones, para luego presentar un informe al MIEM detallando cuáles serían aquellos cambios que se podrían realizar para funcionar de forma más eficiente en cuanto al uso de la energía. Los premiados verían financiados tales cambios en su centro educativo. Para realizar estos análisis de datos, dice Pais que el Ministerio tiene un convenio con la organización sin fines de lucro “Ciencia Viva”, que otorga a las instituciones que participan en el concurso maletines llenos de sensores y herramientas de medición, como cámaras termográficas y enchufes inteligentes que miden el consumo eléctrico. “Es fundamental que los gurises se apropien de la tecnología y que la puedan aplicar a todos estos conceptos”, resalta Pais, “ellos son los protagonistas en todo momento”.

Fotografía: Leonardo Carreño

Alumnos, profesores y técnicos de la Dirección Nacional de Energía se mantienen en contacto a través del desarrollo de todos los proyectos a través de la plataforma “Crea2” facilitada por el Plan Ceibal. “Es un ámbito que favorece mucho la articulación cuando estamos hablando de centros tan dispares en todo el país; es algo que acerca mucho los proyectos”, afirma Pais, “ellos permanentemente están contando sus procesos, las dificultades que tienen, los logros que alcanzan”. Según la comunicadora, la gran diversidad de proyectos que se presentan al concurso se debe a la propia diversidad de idiosincrasias del espectro de centros educativos. Mientras los estudiantes de escuelas técnicas están más inclinados a innovar desde la construcción de nuevos dispositivos eficientes, los liceos están más enfocados en trabajos de difusión, de sensibilización del público, explotando un lado más artístico. También destaca Pais lo enriquecedor de la convergencia entre todo un abanico de diferentes disciplinas como la matemática, la física, la química, la literatura o la historia.

Fotografía: Leonardo Carreño

Cuatro alumnos de la UTU de Malvín Norte, Luca de los Santos, Luciano Artabe, Matías Silva y Mateo Rouco, todos de entre 14 y 16 años, contaron a Cromo que su grupo ganó el primer premio del Concurso de Eficiencia Energética en 2017 en la categoría UTU. En esa ocasión idearon un molino que utiliza la energía eólica para cargar celulares, así como un aislante térmico fabricado a base de bolsas de plástico. Gracias a los consejos brindados por la empresa Bromyros especializada en aislamiento térmico, los jóvenes comprendieron que era más eficiente el llenar las bolsas de aire en vez de sólo derretirlas.

Estos inventos luego los utilizaron en su “proyecto emblema” (como lo llama su profesor de tecnología Valentín Martínez): una casa eficiente en forma de domo geodésico construida en su 97% a partir de materiales reciclados. Equipada con paneles solares, aislantes térmicos, molinos de viento, sensores de luz para apagar y prender automáticamente las luces, y sensores de humedad y calor para controlar el riego y la calefacción, la casa sustentable les valió el segundo premio el año pasado. “Pensamos que es un tipo de vivienda multifuncional, sustentable, que cumple con el objetivo número 11 del programa de desarrollo sostenible denominado “Ciudades y comunidades sustentables” de la ONU”, dice Valentín Martínez.

Fotografía: Leonardo Carreño

Por su parte, Leto Sánchez de 17 años y su profesora de química Florencia García, del Liceo Departamental de Colonia, dijeron a Cromo que su grupo ganó el primer premio en la categoría de secundaria en 2016 gracias a toda una campaña de sensibilización que parte desde tres etapas: formación, información y transformación. La etapa de formación es más personal, consiste en su propia preparación para lograr la segunda etapa: la de informar a la comunidad lo aprendido. “Aprendimos desde diferenciar ahorro energético de eficiencia energética, y de ahí en adelante todos fuimos aprendiendo un montón de cosas”, dice Florencia García. Según Leto Sánchez, lo importante para ellos es que “los jóvenes sean catalizadores de este cambio, que sean aquellos que generen información para que nuevas personas se involucren”. En el mismo sentido, Melina Pais comentaba: “siempre nos dicen que las mayores resistencias al cambio se dan del lado de los adultos”.

La etapa de transformación consistiría en la generación de cambios constatables en los hábitos de la comunidad, etapa que Sánchez y García creen que cumplieron con creces a través de su trabajo de difusión en redes sociales a través de su canal “Operación Luciérnaga”, disponible en YouTube, Instagram y Facebook. “Nosotros no somos tanto de hacer circuitos y cosas, hacemos más campañas de comunicación”, dice Leto Sánchez, “no nos queremos electrocutar, somos medios bestias, aunque ya nos vamos a lanzar”. 

Fotografía: Leonardo Carreño

Con los 500 mil pesos que constituyen el primer premio, la UTU de Malvín Norte pudo comprar colectores térmicos para calentar el agua, y tanto su centro educativo como el de Colonia lograron cambiar todas sus luminarias por luces LED de bajo consumo. Ambas instituciones educativas piensan presentarse este año al mismo concurso, para el cual hay tiempo de presentarse hasta el 26 de abril inclusive. Estas iniciativas no sólo ponen la creatividad de los estudiantes al servicio de la eficiencia de sus propias instituciones, sino también al servicio de toda la comunidad. Las familias y allegados de los alumnos involucrados terminaron ellas mismas ahorrando recursos y energía al verse influenciadas por los proyectos de sus hijos. Tanto Melina Pais como Florencia García ponen énfasis en el compromiso de los docentes y alumnos frente a estas iniciativas, trabajando de forma extracurricular de cara a un mismo objetivo. “Cuando recién empiezan están más tímidos, más inseguros, y luego están totalmente empoderados, abanderados, te lo cuentan con una propiedad, con un entusiasmo y un orgullo que me parece es genial”, dice Pais.

Bruno Gariazzo

Culturas en órbita

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

Durante los últimos dos días de mayo y el primer día de junio del 2019 se llevó a cabo la competencia internacional de ciencia y robótica FIRST LEGO League que esta vez tuvo sede en Uruguay. El evento se desarrolló los tres días en el Antel Arena y reunió a adolescentes de cerca de 70 países de todo el mundo

Desde los albores de la información en circulación, recibir noticias acerca del mundo equivale a recibir noticias sobre los conflictos que atraviesan al mismo. Las tensiones entre bandos ideológicos diferentes, entre banderas variopintas y lo que representan, y entre burbujas económicas contrapuestas, son pan de todos los días. A los jóvenes se les habla en los libros de texto de una tal “Guerra Fría” que dividió al mundo en dos grandes bloques en cortocircuito y que habría terminado hace tres décadas. Sin embargo, basta informarse acerca del mundo para comprender que el conflicto sigue latiendo con fuerza.

Mientras los gigantes del planeta se desgarran mutuamente con sanciones y amenazas recurrentes, centenares de jóvenes que provienen de zonas opuestas del mismo planeta se reúnen año a año para colaborar por el bien común de la humanidad. El programa internacional de tecnología FIRST LEGO League, que involucra a más de 80 países, congrega a adolescentes de alrededor del globo, de un abanico diverso de culturas, para participar de una competencia amistosa en la que se evalúa el trabajo en equipo para solucionar problemas específicos a través de la ciencia y la tecnología. Este primer fin de semana de junio de 2019 el evento mundial tuvo lugar por primera vez en Latinoamérica, y Uruguay sirvió como sede del mismo.

Fotografía: Camilo dos Santos

Sana competencia

La instancia, organizada por Plan Ceibal, representante de FIRST LEGO League en Uruguay, tuvo lugar los días 30 y 31 de mayo y el sábado primero de junio en el Antel Arena. De la competencia participaron más de 700 jóvenes de 26 países (Guatemala, Bolivia, Chile, Australia, Brasil, España, Turquía, Francia, Alemania, Grecia, Honduras, Israel, Italia, Rusia, Sudáfrica, Corea, México, Paraguay, Perú, Rumania, Colombia, Costa Rica, Estonia, Estados Unidos, Argentina, y Uruguay), y de los 66 equipos participantes, 13 estaban formados por estudiantes uruguayos de liceos públicos y privados, así como de escuelas técnicas de UTU.

Para designar a los ganadores de este torneo internacional, el jurado tiene en cuenta varios aspectos del desempeño de los adolescentes. Por un lado, los concursantes deben diseñar, construir y programar un robot autónomo utilizando las piezas disponibles en los kits de robótica de LEGO Mindstorms. Los equipos deben presentar su robot, justificar la innovación del mismo, y hacerlo atravesar en una pista una serie de retos asignados por los jueces.

Por otro lado, los integrantes de cada grupo son evaluados según sus “core-values”, es decir los valores humanos que son el combustible de su proyecto y que siempre se resumen en la importancia del trabajo en equipo. Para demostrar el grado de esta “amistad funcional” entre sus miembros, cada equipo es llamado a realizar una determinada actividad que exija la participación de todos sus componentes. “Tenemos nuestros desacuerdos, como cualquier equipo, pero perseguimos la misma meta y trabajamos juntos para mejorar cada día”, se leía en el stand del equipo “CreativeTechno” de Atlántida, Uruguay.

 Finalmente, los participantes deben presentar un proyecto de investigación que busque solucionar de forma original algún problema relacionado a la temática seleccionada para cada torneo. Mientras en años anteriores las competencias giraban alrededor del uso del agua o de la ayuda a los otros animales, este año el tema elegido fue “En órbita”, centrándose así todos los proyectos en mejorar las condiciones de vida de los astronautas en el espacio.

Jóvenes innovadores

Los problemas que los equipos imaginaron se le podrían presentar a un ser humano en el vacío eran varios, pero, aunque parezca algo poco frecuente, el número de soluciones encontradas superaba por goleada al número de obstáculos. Muchos grupos coincidieron en las mismas contrariedades a resolver: las radiaciones a la que están expuestos los astronautas, la falta de alimento, y los problemas emocionales por estar tan lejos de su hogar en la bóveda azul fueron tópicos recurrentes en las investigaciones.

Fotografía: Camilo dos Santos

El grupo “ART’TESIA”, formado por estudiantes de segundo y tercero de un liceo de Auvernia, en el centro de Francia, idearon un módulo espacial compuesto de muchas capas aislantes para proteger a los astronautas de las radiaciones solares y cósmicas (aquellas provenientes de una supernova, es decir de la explosión de una estrella). Como materiales aislantes pensaron en utilizar agua encerrada entre dos capas de aluminio, kapton y mylar, así como también, aunque suene extraño, los excrementos de la tripulación. “Nuestro proyecto es útil, viable, eficaz, no ocupa mucho espacio y no es caro comparado con otros lanzamientos como el Colombus”, dijo una estudiante de ART’TESIA a Cromo. En efecto, explica la participante, mientras el módulo espacial Columbus de la Estación Espacial Internacional costó 1,8 billones de dólares, hacer realidad su proyecto costaría tan solo 540 millones.

Por su parte, el grupo “Stellarbots” de Cape Town (Sudáfrica) imaginó un sistema hidropónico para cultivar alimentos vegetales en territorio marciano. Las radiaciones ya mencionadas, la falta de agua en estado líquido y las dificultades para transportar tierra desde la Tierra (el nombre de nuestro planeta se presta para la redundancia), llevaron a los participantes sudafricanos a idear todo un sistema de abastecimiento de nutrientes para lograr alimentar a los cultivos.

El equipo “Las Acacias”, formado por 10 chicas de Galicia (España), se presentó al concurso con un proyecto para generar oxígeno utilizando el dióxido de carbono (CO2) presente en la nave espacial. Las jóvenes investigadoras pensaron en encerrar microalgas llamadas “espirulinas” (las mismas que usan los veganos y vegetarianos para sustituir las proteínas de la carne) en un tubo que denominaron “fotobiorreactor”. Estas microalgas no necesitan hacer la respiración celular, por lo que el único proceso que realizan es la fotosíntesis, consumiendo CO2 y expulsando constantemente oxígeno para sobrevivir. Las algas serían expuestas a ultrasonidos para solventar el problema de la microgravedad que impide en el espacio el movimiento (y por ende la vida) de estas algas. “En Tenerife, en la competencia que nos dio el pase para venir aquí, vinieron unos chicos de la Estación Espacial Europea (ESA) que están trabajando con la espirulina, pero como no sabían cómo moverlas, les gustó nuestra idea y cuando terminemos aquí nos vamos a Barcelona a explicar nuestro proyecto”, contó a Cromo una de las integrantes.

Al final, todos ganan

Al final de la jornada del sábado primero de junio, último día del FIRST LEGO League, se anunciaron los ganadores. En primer y segundo lugar quedaron seleccionados dos equipos brasileños, “Big Bang” y “Tecnoway”, respectivamente. El tercer puesto se lo llevó el grupo uruguayo “Mig_Botics” del liceo de Migues, en Canelones, grupo que ya fue premiado en el World Festival de Houston en abril de este año por el mismo proyecto que fue reconocido en esta instancia: la idea de utilizar hologramas e inteligencia artificial para brindar soporte psicológico a los tripulantes de una nave espacial. Denominado “Salud de los astronautas”, el proyecto consiste en utilizar Machine Learning para que una inteligencia artificial pueda aprender, sesión a sesión, acerca de las necesidades emocionales de los tripulantes, agrandando así progresivamente una base de datos. “Esta inteligencia funcionaría como un psicólogo a bordo  de la nave, sin necesidad de tener que llevar a otro humano al espacio, quien  sufriría los mismos problemas psicológicos que sus pacientes”, explicó a Cromo Lautaro Ferraro, miembro de 15 años de Mig_Botics.

Fotografía: Camilo dos Santos

Caminando entre los puestos internacionales que fueron armados el pasado 30 de mayo se respiraba la paz mundial alrededor de la ciencia. Era imposible no llenarse el lagrimal de esperanza en el futuro al ver a todas esas culturas jóvenes riendo juntas y compartiendo tanto sus proyectos como sus diferentes costumbres. No hay mejor símbolo de una sana globalización. El clima de compañerismo y aprendizaje retroalimentado quedan plasmados por estas palabras que también representaban al equipo CreativeTechno de Atlántida:

“Cuando escuchamos la palabra “competencia”, podemos fácilmente pensar en un ganador y en un perdedor, pero nosotros no lo vemos así. Durante esta experiencia hicimos muchos amigos, compartimos nuestros pensamientos con otros equipos, y todo esto viene del concepto de un acercamiento amistoso y de soporte frente a nuestros competidores.”

Bruno Gariazzo

Hacia el abismo de los sueños

Nota publicada en la sección Cromo del diario El Observador

El 18 de diciembre de 1994 Jean-Marie Chauvet, Éliette Brunel y Christian Hillaire encontraron una pequeña cavidad entre las rocas mientras recorrían las curvas del río Ardèche en Francia. Tras adentrar sus sentidos a través de las piedras por las que se colaba un suspiro de aire, descubrieron una gruta que modificaría la percepción que tiene el ser humano de sí mismo para siempre: la cueva de Chauvet. En su película documental “La cueva de los sueños olvidados”, Werner Herzog considera que observar las pinturas rupestres que descansan sobre las paredes de esta caverna es como dialogar con los orígenes del alma humana moderna. Esas expresiones del mundo sensible a través de las manos de unos de los más antiguos Homo Sapiens registrados hasta la fecha (el hallazgo data de hace 35 mil años) son la prueba de cómo el arte ha siempre eternizado los sueños profundos de la especie humana. ¿Pero estos descubrimientos son un producto del azar o están ligados a las pasiones que motivaron a un trío de exploradores?

Resulta que tanto Chauvet, como Brunel y Hillaire compartían una misma afición de nombre confuso: la espeleología. Del griego spelaion que significa “cueva”, esta ciencia estudia las formaciones geológicas que se generan naturalmente por debajo de la superficie terrestre. Aunque las primeras exploraciones hacia las profundidades de la Tierra se produjeron en el siglo XVII, mundialmente se considera al francés Édouard Alfred Martel como el primer espeleólogo y padre de la espeleología moderna. Martel publicó en 1894 su obra “Les abismes” y fundó en 1895 la  Sociedad Espeleológica de Francia, horadando así el túnel a través del cual los franceses pasaron a llevar la linterna de esta nueva ciencia.

Desafiando al abismo

El jueves 9 de mayo de 2019 se llevó a cabo en el Museo de Historia Natural Dr. Carlos A. Torres de la Llosa una conferencia sobre espeleología a cargo de integrantes del CEUMI  (Centro Espeleológico Uruguayo Mario Isola), centro que brindará este mes un ciclo de cuatro encuentros acerca de esta rama del conocimiento. Los espeleólogos Gaspar González, Pablo Piriz e Ismael Lugo sostuvieron en la charla que la era de exploración de la Tierra aún no ha terminado e invitaron a los presentes a “superar el miedo a la oscuridad” para adentrarse en los mundos que se esconden bajo la superficie. Según los exploradores las cuevas más prometedoras son aquellas de más difícil acceso, ya que cuanto más estrecha sea la cavidad de entrada, más probabilidades hay de que la posible gruta que esconde no se haya visto alterada por el ingreso de material externo. Las cavernas más desafiantes son aquellas que descansan en los fondos marinos, por lo que esos rincones son los menos conocidos por la humanidad, pero son las denominadas cavernas kársticas las que constituyen la mayor línea de exploración espeleológica por su gran atractivo. Estas cavidades subterráneas se caracterizan por estar constituidas de extensas galerías ramificadas que suelen estar atravesadas por corrientes de agua. Las rocas calcáreas en estas cuevas sufren un proceso de disolución química que tiene como consecuencia el depósito de carbonatos y la generación de espeleotemas, como las conocidas estalagmitas y estalactitas.

Aunque la belleza de estos paisajes arquitectónicos naturales deja absorto a cualquier aventurero, el tránsito por túneles que conducen a ellos no carece de dificultades. Gaspar González, primer montañista en Uruguay y hoy apasionado por la espeleología, contó a Cromo que esta actividad exploratoria no es para amantes de la adrenalina y que para evitar situaciones de riesgo es necesario siempre obligarse a mantener la calma. Uno de los principales peligros dentro de una caverna es perderse, por lo que González dijo que siempre suele llevar en el mameluco pequeñas flechas fluorescentes para ir señalizando el camino, así como suele asegurarse de llevar consigo linternas y varias baterías. Otras de las dificultades que acechan en el abismo son la estrechez y la verticalidad de los pasadizos, por lo que hay que cuidarse de no quedar atrapado, así como el contacto permanente con el agua que implica riesgos de hipotermia. Esto envía a otra amenaza en lo profundo: a varios metros bajo tierra puede pasar desapercibida la lluvia, y las crecidas subterráneas suelen ser muy repentinas. Por otro lado, la actividad kárstica puede ser peligrosa por la presencia de sustancias químicas en el aire que pueden ser tóxicas si son inspiradas, así como las esporas de hongos o los excrementos de los murciélagos. “Pero con otros compañeros cerca el peligro disminuye”, admitió el explorador.

Desde el corazón

Uno de los atractivos más grandes que presenta esta ciencia para Gaspar González es la posibilidad de hacer amigos alrededor de todo el mundo con los que comparte la misma afición. Contó que alrededor de la espeleología se formó toda una cultura internacional fundada en la interacción entre muchas disciplinas. Aunque no es una ciencia académica, ésta se nutre de muchas ramas del conocimiento como la topografía, la geología, la arqueología, la antropología, la biología, o la paleontología. Por ejemplo, la paleopalinología estudia en estas cavernas, a través del análisis de fósiles de granos de polen y esporas, los cambios climáticos a través de la historia del planeta, y los zoólogos hoy en Uruguay están estudiando en estas cuevas el sistema inmunitario de los murciélagos vampiro, sumando argumentos a favor de la conservación de estos roedores voladores. Al final de una expedición, la ciencia que gana protagonismo es la topografía, ya que el principal resultado de estas aventuras es un mapa que ilustra los caminos recorridos. Por estar siempre en contacto con otras ciencias y favorecer la colaboración entre las mismas, afirmó González que “la espeleología te abre a ser una persona autodidacta y a estar escuchando a todas las personas por igual; te hace estar despierto, te hace ser preguntón, indagador e inquieto intelectualmente”.

Para los amantes de esta profesión, la investigación está muy ligada al contacto emocional con los espacios descubiertos y con los procesos de estos descubrimientos. “De alguna manera vamos dejando en nuestro marco cultural el mundo emocional de lado en favor de la ciencia y de la técnica – dijo González – cuando en realidad somos seres emocionales y la espeleología es una experiencia sensorial”. En la conferencia en el Museo de Historia Natural se dedicó un espacio especial al explorador boliviano Mario Jaldín, referente e inspirador de Gaspar González por su pasión por las cavernas. La nobleza y humildad con las que Jaldín comparte sus experiencias conmueve al espeleólogo uruguayo, quien se mostró deseoso de contribuir a difundir el trabajo de su par boliviano ya que considera injusto que el esfuerzo lleno de amor de una persona se extinga en las sombras. “Los espeleólogos hacen hazañas físicas y psicológicas que están impulsando el conocimiento del ser humano más allá y atravesando barreras increíbles – dijo el excursionista – pero son personas normales que se mantienen en un submundo, no suelen salir en los medios; la espeleología simbólicamente está en la oscuridad”.

Esta ciencia de los viajes subterráneos implica un asiduo entrenamiento de técnicas con cuerdas que simulan situaciones de verticalidad, las cuales se pueden realizar tanto en árboles de copa grande como en puentes o en barrancos de cerros. Aunque esta profesión implique un exigente trabajo físico,  Gaspar González insistió en que esta ciencia no es un deporte e hizo hincapié en el trabajo psicológico que representa la exploración de una caverna diciendo:

“Dos de los condimentos principales de la aventura son la incertidumbre y el miedo. De hecho creo que la incertidumbre es lo que genera miedo, ¿no? Pero tampoco se busca que desaparezcan, porque son cosas que impulsan. Aprendemos un montón de cosas para vivir el miedo y la incertidumbre sin morir en el intento. Lo incierto, si bien da miedo, es algo que impulsa, que nos lleva hacia adelante. Porque la incertidumbre está allá, allá adelante. El miedo nos hace cuidarnos un poquito más y no ser temerarios. Los temerarios hacen cosas peligrosas sin miedo. Nosotros, las hacemos con miedo y con cuidado”.

Bruno Gariazzo

El agro: entre la paz y la guerra

Nota publicada en el diario La República

La vida es un sistema complejo. La materia se crea, se descompone, sus componentes se intercambian, se reorganizan, la materia se destruye y se recrea nuevamente. Durante 3 500 millones de años la vida se ha desarrollado en un sistema robusto basado en la interconexión profunda de sus elementos. Hoy ese complejo sistema está colapsando, y el principal responsable no es más que uno de sus macrocomponentes: el ser humano. Este curioso ser vivo ha evolucionado aprendiendo a través de la manipulación de su entorno los secretos más insospechados de la naturaleza que permite su existencia, y con cada nuevo descubrimiento su ego creció hasta alimentar la ambición de suplantar con sus inventos a la naturaleza misma. Ante la creciente degradación de los ecosistemas terrestres por la voracidad de su modo de vida, la especie humana de pronto se ve tensionada entre dos alternativas para su futuro: o cambia su lógica de producción para conectarse con su ambiente y revertir los daños, o continúa moviéndose en la misma dirección compensando su destrucción a través de la creación de un ambiente sintético en un laboratorio.

Con esta disyuntiva comenzó el doctor en Biología Molecular y Celular Claudio Martínez Debat su conferencia denominada “Uruguay Natural y Transgénico”, brindada el pasado 15 de agosto en el Museo de Historia Natural Dr. Carlos A. Torres de la Llosa. “Estamos en la cruz de los caminos y no hay mucho tiempo”, sentenció el investigador, quien es docente en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República y director del Laboratorio de Trazabilidad Molecular Alimentaria (LaTraMa). Antes de meterse de lleno en el tema que titulaba su conferencia, Martínez se preocupó por acercar a su audiencia a la inmensa complejidad que caracteriza lo que llamamos “ecosistema”, una inmensa complejidad de la que aún no entendemos más que una mísera fracción. Complejidad que no es exclusiva de nuestro planeta, ya que “todo en el universo evoluciona y, a gran escala, podríamos decir que todo está vivo”, reflexionó el científico. Dentro del histórico árbol de la vida todas las ramas están conectadas. Todos los seres vivos compartimos un mismo ancestro común en la base de dicho árbol, ancestro que la comunidad científica coincidió en nombrar “LUCA”, y por ende todos los seres que habitan la Tierra tienen en común aunque sea una parte de su genoma (conjunto de genes que compone el material genético de un organismo). Para ilustrar esto Martínez informó al público presente que cada persona comparte un 10% de su genoma con el de una lechuga.

Pero no sólo de secuencias de ADN se trata esta conexión holística. De nuestros ancestros no sólo heredamos una secuencia lineal de código genético, sino también los mecanismos que regulan la expresión de este código. Estos mecanismos se engloban dentro de lo que se conoce como “epigenética”, y éstos dependen primordialmente del medio ambiente. Una secuencia de ADN puede estar presente en un organismo pero no lograr expresarse con efectos observables. Se dice que estos genes inactivos están “silenciados”, y su activación podría ser asociada a encender un interruptor. Estos mecanismos de regulación epigenética están muy vinculados al contexto en el que vive un individuo, al estrés al que éste es expuesto, y por ende suelen estar relacionados con los estados de ánimo de una persona o con el desempeño de una planta en su crecimiento. Pero los mecanismos epigenéticos no solo dependen de la propia maquinaria molecular de cada organismo, sino que en estos procesos es fundamental la interacción cooperativa con organismos que suelen ser considerados enemigos del ser humano: los microbios, como los hongos y las bacterias. Los microbios que componen nuestra “flora natural”, con los que compartimos nuestro cuerpo, son fundamentales para protegernos contra patógenos (los microbios “malos”), para digerir nuestra comida, y también para regular la expresión de nuestros genes. Una parte de estos microbios los heredamos de nuestros padres, la otra proviene de los alimentos que consumimos y del aire que respiramos. El microbioma es así fundamental para nuestra buena salud, y éste depende en gran parte de nuestra relación con el ambiente. Para ayudar a entender hasta qué punto estos microbios son importantes, Martínez comentó que se ha demostrado que algunos estados de depresiones crónicas se han logrado tratar por medio de trasplantes fecales.

Claudio Martínez es biólogo, docente, académico, científico. Fotografía hecha en uno de los laboratorios de la Facultad de Ciencias. Montevideo – Uruguay 04 de setiembre de 2014

Con esta introducción buscaba Claudio Martínez esbozar hasta qué punto nuestra existencia está íntimamente conectada con el medio ambiente, y cómo la más mínima alteración del mismo puede traer consecuencias nefastas para nuestra especie. En una sociedad en la que la ciencia y la técnica avanzan a pasos agigantados, se encuentran en desarrollo biotecnologías y tecnologías (Martínez remarcó la próxima tecnología 5G de redes móviles) que afectarán nuestra vida considerablemente y cuyo impacto en la salud es poco estudiado, “ya que es difícil encontrar médicos que se interesen en estos temas”. “Todo en la naturaleza tiende a la homeostasis, todo tiene un rol determinado, la biomasa es finita, y la idea de que podemos alterar el sistema de forma infinita es un error que nos va a llevar a un callejón sin salida”, pronunció seriamente el investigador. La mayor parte de los secretos de la naturaleza aún no los conocemos, y si nos convencemos de que podemos suplantar todo lo natural por un artificio, estos secretos quedarán enterrados bajo nuestros inventos.

Una de estas tecnologías hila finamente dentro del extenso y denso tejido de la vida: la transgénesis. Esta técnica consiste en manipular el material genético de un organismo para obtener de él características que no sería posible obtener por medio de cruzamientos con otros organismos sexualmente compatibles. Un organismo genéticamente modificado (OGM) es por ende un organismo que presenta en su genoma ADN proveniente de otra especie con la que no puede reproducirse sexualmente. Para generar plantas transgénicas, el ADN a transferir es primero clonado en bacterias que luego se utilizan para “transformar” células vegetales de la especie de interés, las cuales luego se cultivan y seleccionan (mediante marcadores presentes en el ADN clonado) para generar individuos completos.

Hoy en día existen más de 180 millones de hectáreas de cultivos transgénicos distribuidos en 28 países del mundo, cinco de los cuales concentran el 90% de esta área. América Latina es la segunda mayor productora de cultivos transgénicos después de América del Norte, y hasta 2013 Uruguay se encontraba en el décimo puesto de los mayores productores mundiales de transgénicos con 1,5 millones de hectáreas cultivadas, puesto que hoy pertenece a Bolivia. La mayor fracción de esta área sembrada corresponde a cultivos de soja, maíz, algodón y canola (en Uruguay únicamente los dos primeros), y los genes incorporados a estas plantas buscan predominantemente conferirles por un lado la capacidad de sintetizar toxinas bacterianas con efectos insecticidas, sobretodo para proteger los cultivos de las larvas de lepidópteros (orden de las mariposas y polillas), y por otro la capacidad de resistir la aplicación de herbicidas como el glifosato. Esta última característica es la buscada en el 85% de los cultivos transgénicos.

Las principales miradas positivas sobre la producción de cultivos transgénicos se encuentran centradas en el crecimiento económico y la dinamización del sector agropecuario, atrayendo inversiones extranjeras, impulsando innovaciones tecnológicas, y generando nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, esta reestructuración social agraria favorece a los grandes emprendimientos sobre los más pequeños y familiares, y éstas miradas optimistas evitan posarse sobre los posibles riesgos en la salud y el medio ambiente a mediano y largo plazo. Cabe destacar que la producción de transgénicos se encuentra concentrada en manos de las grandes empresas multinacionales, las mismas empresas que realizan la mayoría de los estudios de seguridad e inocuidad y que solicitan la liberación comercial de los OGM. Además, como sucede en la mayor parte de los países, en Uruguay esta evaluación de riesgos suele desarrollarse en laboratorios, no incluyendo investigaciones y ensayos en el campo.

Según Claudio Martínez, los argumentos a favor de la inocuidad de los alimentos transgénicos suelen estar fundados por un lado en la precisión de las técnicas de ingeniería genética, y por otro en las similitudes entre las composiciones proteicas de los organismos modificados y de sus homólogos no modificados (osea los naturales). Pero la expresión “ingeniería genética” para el investigador es un oxímoron, ya que las técnicas de transgénesis no son exactas y “la vida no soporta ser ingenierizada”. Aunque los nuevos métodos de transmisión de construcciones genéticas como la tecnología CRISPR/Cas9 sean más específicos, éstos no dejan de ser imprecisos, ya que no es posible determinar con seguridad en qué sitios se insertará el transgen en el ADN receptor. La inserción del gen que interesa transferir a un organismo es azarosa y completamente sujeta a probabilidades, por lo que, por más que sepamos que nuestro gen se insertó en el sitio deseado del genoma por observar las características esperadas, es imposible saber en qué otros sitios se incorporó. La localización del transgen en sitios inesperados puede así producir efectos insospechados sobre la expresión genética del organismo modificado. Son estos mismos eventos de inserción inesperada que no son tenidos en cuenta por los estudios que buscan similitudes entre los OGM y los organismos naturales. Por encima de esta incertidumbre se encuentra también el hecho de que frente a la presencia de un ADN foráneo el genoma tiene a reordenarse, aunque eso signifique modificar la secuencia de ADN original, por lo que “se estarían aprobando alimentos que en diez años pueden ya no ser los mismos”, apuntó Martínez.

El director de LaTraMa subrayó de esta forma que nos encontramos frente a una dudosa veracidad cuando se afirma que los alimentos modificados genéticamente son idénticos a los no modificados, partiendo del punto de que someter a las plantas a ingeniería genética equivale a someterlas a condiciones de estrés. Esto ya de por sí modifica su epigenética, y por ende la expresión de sus genes y su composición en proteínas. En efecto, una de las técnicas más empleadas en la producción de transgénicos a nivel industrial es la denominada “biolística” o “biobalística”, que consiste en bombardear a las células vegetales con micropartículas de oro o tungsteno recubiertas del ADN a transferir. Otro argumento favor de los OGM que Martínez puso bajo la lupa es aquél referido al potencial que tienen los alimentos transgénicos para combatir el hambre de poblaciones humanas en el mundo, potencial que permanece en silencio en vista de que el 75% de los alimentos de estas poblaciones provienen de los pequeños productores y de que la mayor parte de la soja transgénica producida actualmente “alimenta a los chanchos de China y a las vacas de Europa”. Según el científico, la cantidad de alimentos producidos es suficiente para alimentar con creces a la población mundial y el verdadero problema se encontraría en la distribución de estos alimentos y en las lógicas de mercado que la sustentan. En este escenario, América Latina se ha vuelto en los últimos años una gran plataforma de abastecimiento de materias primas para los mercados globales.

Frente a este panorama, Claudio Martínez dijo que la comunidad científica se ha vuelto “un campo de batalla”. Aparte de las investigaciones serias que intentan arrojar luz sobre estos temas, se encuentra en juego todo un “tráfico de influencias” con la publicación de los llamados “poison papers” (trabajos de investigación “venenosos” por cargar con intenciones ocultas) detrás de los cuales se encuentran científicos que fueron financiados por grandes industrias que desean ver respaldadas sus posturas. Pero la asociación con la guerra no la usó Martínez sólo para referirse a las luchas académicas, sino que remarcó cómo todas las relaciones que tiene el ser humano con la naturaleza están atravesadas por un campo semántico belicoso (la “biobalística” podría ser un ejemplo irónico). Según el científico, la humanidad siempre le ha declarado la guerra a todo lo que entorpece o enlentece sus actividades y ambiciones económicas: guerra contra la mal denominada “maleza”, contra los insectos, y contra los microbios. “No hay guerra en la naturaleza – opinó Martínez – competencia sí, pero no guerra. Si estamos en guerra con la naturaleza directamente nos perdemos de conocer sus secretos y le declaramos la guerra a nuestros propios alimentos, ya que muchos elementos que combatimos son aliados epigenéticos”.

Esta actitud guerrera del ser humano respecto a su entorno queda en evidencia en la principal ventaja agrícola de los cultivos transgénicos sobre los cultivos tradicionales: su resistencia al uso de herbicidas. Aunque una de las promesas de los cultivos transgénicos era que permitirían utilizar menos productos químicos para combatir plagas y el estorbo de otras hierbas, la realidad es que el aumento en el uso de transgénicos se vio acompañado de un aumento exponencial en la aplicación de agrotóxicos. Entre el año 2000 y el año 2014 el uso de glifosato en nuestro país se multiplicó por diez, y aún mayor fue el incremento en el uso del ácido 2,4-diclorofenoxiacético, herbicida mejor conocido como 2,4 D que es mucho más nocivo para la salud que el primero. Las cargas masivas de agrotóxicos aplicadas a los cultivos no sólo permanecen en el suelo, sino que también quedan remanentes en los granos. Incluso estos herbicidas son utilizados para desecar las plantas antes de cosecharlas para facilitar el trabajo, por lo que es probable encontrar restos de estos compuestos químicos en los alimentos que llegan al mercado. “Se han vuelto condimentos no declarados”, ironizó Martínez. Actualmente pueden encontrarse rastros de estos herbicidas en el agua de ríos, en el agua de lluvia y hasta en el aire, pero aún no existen estudios en Uruguay para detectar estos rastros en la sangre humana.

Los cultivos transgénicos son en definitiva para el investigador una tecnología más dentro del modelo productivo del agronegocio, modelo que no considera los riesgos de explotar y alterar indiscriminadamente los recursos naturales que en la base de esta lógica de producción son considerados infinitos. Los cultivos genéticamente modificados pueden volverse “malezas” de cultivos posteriores, pueden conferir sus resistencias a herbicidas e insectos a otras especies vegetales emparentadas, y pueden seleccionar resistencias a las toxinas Bt en insectos que podrían volverse nuevas plagas. De la misma forma, el uso indiscriminado de herbicidas podría seleccionar plantas resistentes que no son de interés agrícola. Esto sin contar la modificación evidente de los paisajes y las pérdidas de biodiversidad de los ecosistemas. Por otro lado, este abuso en la aplicación de agrotóxicos no sólo desgasta los suelos, sino que también favorece el crecimiento de cianobacterias (las cuales producen microsistinas tóxicas para el ser humano) en contra del crecimiento de otras bacterias benignas. De hecho, herbicidas como el glifosato son ricos en fósforo, mineral que enriquece el medio de crecimiento de las cianobacterias y que es utilizado por las mismas para realizar la fotosíntesis.

Aunque no existan en la actualidad técnicas agrícolas que no representen un perjuicio para los ecosistemas terrestres, Claudio Martínez Debat se mantuvo positivo con respecto a la existencia de alternativas. Una de las soluciones que planteó para evitar exposiciones involuntarias a herbicidas como el glifosato es aplicar bicarbonato de sodio a las comidas, el cual se descubrió recientemente que permite extraer gran parte de los plaguicidas de los alimentos. Martínez se encuentra a la cabeza del Núcleo Interdisciplinario Colectivo TÁ (Transgénicos y Agroecología) junto a la ingeniera agrónoma Maria Ines Gazzano Santos, colectivo que busca evaluar el impacto sobre los alimentos del modelo productivo actual y del uso de transgénicos y agroquímicos. La agroecología es una ciencia reciente que busca asociar los postulados de la ecología al diseño de nuevos modos de producción agrícola que sean sostenibles en el tiempo. Martínez considera que esta mirada hacia un futuro sustentable es esencial si queremos conservar la naturaleza como la conocemos y seguir evolucionando de forma orgánica y no de una forma artificial transhumanista. Estamos en el cruce de dos caminos. Sólo resta decidir qué camino preferimos transitar.

Bruno Gariazzo

Huellas de luz

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

La artista Manuela Aldabe cuenta el proceso detrás de la exposición de cianotipia presente en el EAC y explica el valor actual de esta técnica fotográfica experimental.

La formación de un laboratorio botánico

Si nos interesamos por el origen etimológico de la palabra “tecnología”, descubrimos que ésta está formada por las palabras griegas “techné”, que significa arte, técnica u oficio, y “logos”, que nos envía al discurso, al estudio o al razonamiento. Quien dice “arte” se encuentra entonces diciendo “técnica”, y el artista que domina y pone en práctica el conjunto de saberes que encierran a una técnica se encuentra haciendo tecnología. A partir de la Revolución Industrial, la ciencia ha sorprendido al ser humano continuamente con innovaciones tecnológicas cuyos saberes son cada vez menos abarcables para la lógica del ciudadano promedio. Todos utilizamos tecnología que se ha vuelto indispensable en el día a día, pero cuyos secretos de funcionamiento ignoramos en su mayoría. ¿Cuántas personas pueden describir rigurosamente los procesos que se encuentran actuando cada vez que presionan el botón (táctil o mecánico) para tomar una fotografía en su cámara digital o en su teléfono celular?

Leonardo Carreño

Lo mismo se cuestionó la artista Manuela Aldabe cuando decidió abandonar su cámara digital y comenzar a trabajar con una de las más antiguas técnicas de fotografía: la cianotipia. Actualmente se encuentra en exposición en el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC), antigua cárcel de Miguelete, el resultado de una serie de talleres que realizó mensualmente Aldabe entre mayo y diciembre del 2018 en conjunto con los responsables de la huerta “La Quinta”. Esta huerta surgió como un movimiento que buscaba generar un núcleo de integración social para el barrio, y cuando la artista se enteró de su existencia, no tardó en interesarse en emprender un proyecto en conjunto. La actividad consistió en un registro fotográfico de las hojas de cada planta presente en la huerta, en cada una de las etapas de su desarrollo. Mientras los participantes del proyecto aprendían los secretos de una técnica fotográfica tradicional y artesanal, la fotógrafa aprendía los secretos del cuidado de una planta.

En efecto, Aldabe dijo a CROMO que desde pequeña tiene una relación cercana con el mundo de las plantas debido a que su padre es ingeniero agrónomo. “La planta como ser misterioso e imprescindible en la vida lo tengo muy cercano por mi padre”, dijo, “pero aun así no soy muy buena cultivando”. Por este motivo, su trabajo junto a sus compañeros de La Quinta le resultó muy enriquecedor. Todo lo que encierra a Aldabe tiene un fuerte compromiso comunitario y su fotografía busca implicar al espectador desde lo social. Este caso no es la excepción, ya que uno de los aspectos que más llamó su atención fue el carácter integrador de la actividad que tenía lugar en la huerta. En este sentido, lo artesanal de la técnica fotográfica seleccionada no sólo facilita el acercamiento de toda persona interesada dentro de una misma experiencia de taller, sino que a su vez lleva a todo el grupo a compartir un mismo lenguaje alrededor de la técnica empleada. Y esta actividad atrajo a toda una diversidad de personajes, entre los que se encontraron botánicos, transeúntes, ancianos que frecuentan ese espacio, artistas y hasta el mismo cuida coche de la cuadra.

Una técnica que privilegia el contacto

 La artista afirma que gran parte de su obra está relacionada con la conexión, con el contacto, por lo que viene trabajando “la necesidad de captar la energía de los objetos sin cámara, cada vez con menos intermediarios”. Es importante por ende que los materiales y objetos con los que trabaja toquen el soporte en el que quedarán impresos. Antes de inmortalizar la silueta de las plantas de esta huerta, la fotógrafa ha trabajado con las impresiones de prendas de mujeres víctimas de feminicidio, presentes en su última exposición llamada “Toco tu piel”, así como con la fotografía del vestido de novia de Delmira Agustini (también víctima de feminicidio). Es importante para ella entonces la búsqueda de una “memoria de los objetos” a través de la huella que dejan eternizada para nuestros sentidos.

Según Aldabe, “es la propia temática de la obra la que termina dando la técnica a emplear, y en esta ocasión la cianotipia y la botánica van muy bien”. Ambas ciencias están emparentadas para la creadora ya desde sus propias necesidades: tanto la cianotipia como la botánica necesitan de la luz del sol. Además, una de las pioneras en esta técnica fotográfica fue precisamente una botánica, Anna Atkins, quien publicó el primer libro de documentación fotográfica. Aprendiendo esta técnica directamente de quien la creó en 1842, John Herschel, amigo de su familia, Atkins la utilizó como una alternativa para realizar los dibujos con los que llevaría un registro de las diferentes especies de plantas a documentar. La propia Aldabe considera que este  tipo de técnica se acerca más al concepto original de la fotografía que la moderna foto digital, ya que ella entiende a la fotografía como un “dibujo de luz”.

De hecho, la cianotipia es un procedimiento a través del cual se obtiene una imagen de color azul, negativo de un objeto que ha sido apoyado sobre un soporte embadurnado previamente con un material sensible a la luz ultravioleta. Este arte consiste en mezclar dos sustancias químicas, ferrocianuro de potasio y citrato de amonio y hierro, para luego pintar con la mezcla un soporte (puede ser papel, tela o lienzo) en varias capas superpuestas. Al exponer el preparado a la luz del sol, el hierro presente en el material sensible reacciona a los rayos UV y se adhiere al soporte (se dice que “precipita”) adquiriendo un color llamado “azul de Prusia”, muy similar al cian (de ahí el nombre de la técnica). En todas aquellas regiones del soporte donde no haya llegado la luz, por estar cubiertas por el objeto a fotografiar, la mezcla no reaccionará. Finalmente lo último que resta para obtener una fotografía es lavar el material con agua para eliminar toda la sustancia que no se haya adherido. Es la etapa de revelado.

Mucho más que un click

Según Manuela Aldabe, gran parte del atractivo de la fotografía es su relación con la vida misma, ya que no sólo es importante la luz, sino que “las sombras también son necesarias”. “Yo suelo decir que la cianotipia es muy romántica”, dice Aldabe, “porque cuando las toca el sol estas sales se abrazan al soporte y se quedan unidas en una fotografía”.

Por una lado, la artista decidió comenzar a usar la cianotipia por necesidad ya que deseaba trabajar con obras más grandes (de 8 a 15 metros) y la fotografía digital le resultaba engorrosa y aburrida. Por otro, a Aldabe le pareció que una técnica más artesanal transmitía una enseñanza: “no todo en la vida se hace con un click y todo conlleva una construcción”. Tanto en este tipo de fotografía antigua como en el cuidado de una huerta lo más importante siempre es el proceso, y eso es lo que hizo de este taller un ámbito de laboratorio. Para tomar la simple fotografía de una hoja es necesario preparar los químicos, el material sensible, pintar el soporte, y después todo el preparado debe reposar al sol entre diez y veinte minutos. “Tenemos que estar atentos observando durante todo el proceso”, dice la fotógrafa, “por eso se habla en este caso de fotografía experimental”. “Hoy estamos muy anclados a las computadoras”, continúa, “y la vida se ve cada vez más desprovista de verde, de conexión con lo que manipulamos, y de acá (de la huerta) nos vamos con un objeto tangible, que existe”.

Manuela Aldabe contó a CROMO que el grupo responsable de las obras de esta exposición ya quedó seleccionado para llevar a cabo el mismo taller que el año pasado pero con otras técnicas fotográficas. Esta vez las técnicas a implementar incluirán la antotipia, que utiliza el material fotosensible propio de las plantas, la copia sobre clorofila, y la goma dicromatada, que utiliza sales de cromo sobre goma arábiga.

Bruno Gariazzo