El arte de la revolución

Pero lo más llamativo de este fenómeno de “Los indignados”, es la manifestación artística que lo atraviesa en todo momento. La plaza de la Puerta del Sol se transformó durante aquél mes de campamento de multitudes en una olla efervescente de creatividad. Todos los manifestantes hicieron uso de su individualidad para exteriorizar en forma de música y colores sus ideas y deseos. Pancartas con dibujos y lemas, fotografías y videos innumerables, estructuras montadas y desmontadas constantemente, grafittis colmando los muros; todo lo imaginable cobraba vida a través de miles de manos unidas por un mismo propósito. Todo el material creativo acumulado durante esos 28 días de ocupación fue recolectado luego de levantado el campamento y luego exhibido en un museo oficial como una genuina obra de arte. ¿Y cómo podría un artista vinculado a las instituciones deshechar un material con tal riqueza histórica e interés popular? El artista José Abajo Izquierdo dice: “La puerta del Sol fue un gran cuadro”. Y cada una de las personas involucradas en el movimiento fue entonces una pincelada.

El artista polaco Artur Zmijewski quiso a su vez representar en la bienal de Berlín este auge del arte revolucionario moderno realizando una exposición en honor al movimiento Occupy Wall Street, lo que desembocó, a causa de las protestas de los propios activistas homenajeados, en la reestructuración de todo el sistema administrativo y jerárquico de la institución de la bienal. Una vez más se demuestra que el arte moderno es esencialmente revolución. Es un grito desesperado por hacerse oir. Un sueño interconectado en una nueva era que no soporta las contradicciones de un orden que tiene sus bases en una lógica desbordante de hipocresía. El 15M español es entonces no sólo una muestra del poder que la población en su conjunto tiene dentro de la nueva Sociedad de la Información, sino que también  representa un cambio de paradigma en el ámbito del arte que deja de ser una cosa a ser contemplada acariciandose la barbilla para transformarse y ser reconocido como un motor activo de la expresión de las individualidades que toda democracia debería buscar representar.

Bruno Gariazzo

Entrevista a Fabio Gándara

Documental “La Revolución como una de las Bellas Artes”

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