Un terror infundado

Nota escrita para la sección CROMO del diario El Observador

“Los dientes puntiagudos, los labios voluptuosos, manchados de sangre… Todo ello era suficiente para producir escalofríos de terror, y su cuerpo sensual, visiblemente carente de alma, era como una burla diabólica de lo que fuera en vida el cuerpo de Lucy”. Estas palabras preceden al asesinato del personaje de Lucy en la novela “Drácula” de Bram Stoker, personaje que se transforma en un ser abominable e inmortal luego de una mañana en la que dos orificios rojos son encontrados en su cuello. Aunque los vampiros no representan más que una ínfima parte del enorme grupo de los murciélagos, los mitos y las historias como la de Stoker han sido suficientes para infundir un profundo miedo hacia estos animales en nuestra cultura. El pasado jueves 4 de julio, el biólogo Santiago Chitaro brindó una charla en el Museo de Historia Natural Dr. Carlos A. Torres de la Llosa sobre la importancia de la conservación de los murciélagos en nuestro país, y, en diálogo con Cromo, explicó en qué sentido el temor hacia estos mamíferos voladores es totalmente infundado.

Un terror que aletea en la noche

Chitaro forma parte del Programa para la Conservación de los Murciélagos de Uruguay (PCMU), se encuentra muy vinculado a los exploradores de cavernas del Centro Espeleologico Uruguayo Mario Isola (CEUMI), y considera que el terror que envuelve a sus objetos de estudio parte principalmente de la superstición. La asociación en las culturas occidentales de los murciélagos con las tinieblas y el peligro aparece reiteradas veces tanto en forma de relato oral, como de forma oral y escrita. Más allá de la sombra del conde Drácula y su séquito de seres chupa sangre con fobia a la luz del Sol y a las estacas, los murciélagos son proyectados en la Biblia como “aves inmundas”, y en “El Paraíso Perdido” de John Milton el propio Satanás aparece representado en una ilustración de Gustave Doré con las alas de estos animales. El Caballero de la Noche (mejor conocido como Batman) utilizaba a su favor el profundo pavor de las personas hacia estas criaturas para luchar contra el crimen. Saliendo de nuestra cultura, los mayas asociaban a los murciélagos con el dios Camazotz, dios de la noche, la muerte y el sacrificio. En cambio, curiosamente dentro de la mitología China éstos suelen estar relacionados con las hadas y ser símbolos de buena suerte, longevidad, salud, felicidad y prosperidad. Esta visión oriental agrada a Chitaro, quien considera que la negatividad que recae sobre los murciélagos es injusta, sobre todo teniendo en cuenta que, de entre las 1100 especies que de ellos existen, sólo tres son las temidas especies vampiro.

En efecto, más del 70% de las especies de murciélagos del mundo son insectívoras y frugívoras, es decir que se alimentan respectivamente de insectos y frutas. Luego las hay polinívoras (se alimentan de polen), carnívoras (de carne) y piscívoras (de peces), pero sólo una ínfima parte es hematófaga: son las bebedoras de sangre, las responsables de las historias de vampiros y de las interpretaciones demoníacas de la existencia de estos seres voladores tan diferentes al común de las aves. Pero es precisamente por su diferencia que han inspirado a lo largo del tiempo tanto miedo: era difícil explicarse para las antiguas culturas humanas qué eran esas extrañas criaturas nocturnas, en apariencia ciegas pero que de alguna forma lograban guiarse en la penumbra. Hoy se sabe que se guían a través de lo que se conoce como “ecolocación”: gracias a las contracciones de una laringe más ancha que la de otros mamíferos, los murciélagos son capaces de emitir ultrasonidos (sonidos de alta frecuencia) que, al rebotar en diferentes objetos o presas y llegar hasta sus oídos, les aportan información acerca de las distancias que los separan de sus objetivos u obstáculos, logrando construir verdaderos mapas tridimensionales de los espacios que circundan.

Aunque para Santiago Chitaro el aspecto de los murciélagos está lejos de ser amenazante, muchos considerarían que las facciones de su rostro podrían explicar parte del rechazo que sufren, pero esto podría ser una reacción secundaria estimulada por la representación de varios de nuestros demonios a su imagen y semejanza. Por otro lado, la mordedura de un murciélago vampiro es particularmente temida desde el descubrimiento del virus de la rabia, ya que estos mamíferos, al igual que muchos otros, son también transmisores de esta enfermedad. Pero, según Chitaro, las probabilidades de que un murciélago muerda a una persona son ínfimas, y más ínfimas aún son las posibilidades de que justo ese murciélago sea portador del virus de la rabia. Los vampiros son pocos, suelen alimentarse de la sangre del ganado y las presencia de personas suele ahuyentarlos, por lo que esta fobia a la transmisión de enfermedades por la mordedura de un murciélago lo único que trae como consecuencia es la matanza en masa de colonias enteras de animales inofensivos. “Creo que el miedo por trasmisión de enfermedades es más una excusa que una justificación, ya que son poquísimos los casos de contagio a otros animales, y muchísimo menos a humanos”, opinó el biólogo.

La conservación del incomprendido

Su apariencia podrá confundirnos, pero Chitaro afirma que los murciélagos presentan muchas más semejanzas con los seres humanos que diferencias. “Generalmente le tememos a lo que nos puede dañar, pero también a lo que no entendemos, nos resulta incómodo o es muy distinto a nosotros a primera vista – explicó el investigador – Con los murciélagos pasa algo parecido: son animales que si bien son distintos a los humanos en apariencia, no son más diferentes de lo que es un hombre de un conejo”. El nombre científico de este grupo de mamíferos, Chiroptera (quirópteros), proviene de las palabras griegas cheir, que significa “mano”, y pteron, que significa “ala”. En efecto, el ala de un murciélago en verdad es un brazo y una mano modificada con dedos muy largos unidos por una membrana denominada “patagio”. Al igual que los humanos, viven en grandes colonias de miles a millones de individuos que cooperan entre sí con comportamientos altruistas, como por ejemplo a través del cuidado de crías por madres ajenas o la colaboración entre machos en la defensa de las hembras. Estos comportamientos sociales son utilizados la mayoría de las veces por los humanos cuando desean deshacerse de una colonia de murciélagos: como éstos comparten su comida y se acicalan mutuamente, a los exterminadores les basta con atrapar a uno, envenenar su pelaje y devolverlo a la colonia a la espera de que se extienda el veneno entre sus pares.

Pero la conservación de los quirópteros no es sólo importante por la empatía que pueda significar el parecido que guardan sus sociedades con las nuestras, sino que su existencia aporta beneficios tanto a los ecosistemas que comparten con ellos los seres humanos como a la propia economía de nuestros recursos. De hecho, como la mayoría de los murciélagos son insectívoros, éstos controlan a las poblaciones de plagas que puedan afectar a los cultivos agrícolas, como es el caso de coleópteros (escarabajos) o dípteros (moscas), además de luchar contra insectos que comúnmente son transmisores de enfermedades como son los mosquitos. Estos animales también son importantes polinizadores de plantas que florecen durante la noche y, en otros países, también funcionan como dispersores de semillas fundamentales para la conservación de los ecosistemas. “¿Quién sabe cuántos más beneficios estamos obteniendo de ellos sin que lo sepamos? – se cuestionó Chitaro – He allí una de las razones por las que debemos seguir estudiándolos para poder entender las interacciones positivas que existen entre murciélagos y humanos”.

Existen actualmente 23 especies registradas de murciélagos en Uruguay, ocho de las cuales están catalogadas como “vulnerables” o “muy vulnerables” por su escasa presencia en el país y su delicado estado de conservación. Algunas de estas especies son el murciélago orejudo oscuro (Histiotus velatus), el murciélago dorado (Eptesicus diminutus ), el murciélago de orejas anchas patagónico (Eumops patagonicus) y el murciélago de línea blanca (Platyrrhinus lineatus). Las principales amenazas que hoy sufren los quirópteros son la perturbación de sus colonias, la destrucción y modificación de sus refugios y/o hábitats por la forestación o la exterminación (quema) “sanitaria”, la persecución por falta de información, los parques eólicos, que constituyen un  riesgo potencial por colisión, y el uso de agrotóxicos.

Como principal consejo para ayudar a conservar a este grupo tan particular de mamíferos, Santiago Chitaro recomienda antes que nada informarse antes de actuar. “Es la clave para protegerlos – aseguró el biólogo – Lo demás va de la mano del respeto que tenemos que tener hacia estos animales como hacia cualquier especie en nuestro país”.

Bruno Gariazzo

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