Una amistad milenaria e insustituible

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

En vista de la nueva integración de un halcón robotizado al grupo de aves rapaces destinadas a la cetrería en el Aeropuerto de Carrasco, Cromo se comunicó con el cetrero Mauricio Rattin para conocer más sobre el pasado y el futuro de este arte milenario .

A lo largo de su evolución, la relación del ser humano con su entorno se ha visto marcada por un progresivo dominio ejercido sobre la naturaleza para adecuar ésta a la eficiencia de sus actividades. Desde el uso del buey para el arado de los cultivos hasta el servicio prestado por la mula para el transporte de carga, otros animales han servido al Homo sapiens desde los albores de su razón. Pero no todos los animales que acompañaron a este primate durante su historia han sido meramente esclavos de sus fines. Muchos se han visto beneficiados a su vez por la colaboración, generándose así amistades milenarias que hoy caen fácilmente bajo la denominación de “mascotas”. El perro, “el mejor amigo del hombre”, sería el ejemplo más evidente, pero existen otros menos célebres, que no son comúnmente considerados ¨mascotas¨ y cuya relación con el humano es sorprendente: las aves rapaces.  

La llamada “cetrería” es el arte de cazar empleando aves de presa entrenadas, como halcones o gavilanes. En esta procura de alimento, ambas especies, el ser humano y el ave, se veían beneficiadas, desarrollándose así una simbiosis que fue definida por el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente como “la primera vez en que el hombre no sometió al animal al yugo y al látigo”. Esta práctica se cree se expandió desde Asia, ya que era frecuente entre las poblaciones nómadas de mongoles descendientes de Genghis Khan. Introducida en Europa Occidental a través de las invasiones godas, la cetrería se popularizó durante la Edad Media como un medio de diferenciación social. En diálogo con Cromo, el cetrero uruguayo Mauricio Rattin contó que en esa época “los grandes halcones eran volados por los nobles, a diferencia de los pequeños halcones o gavilanes que podían ser utilizados por los miembros del clero”. El declive de esta forma de cacería comenzó con el surgimiento de las armas de fuego, pero aunque los avances técnicos mitigaron su popularidad, la cetrería fue declarada en 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad  por la UNESCO.

Patrullando desde los cielos

Actualmente, Mauricio Rattin forma parte de un equipo de cinco cetreros que trabaja desde el 2008 controlando la fauna presente en el predio del Aeropuerto de Carrasco. La primera vez que se utilizaron aves rapaces para realizar controles biológicos en aeropuertos fue en los años 70 en España, por el ya mencionado Félix Rodríguez de la Fuente. “Nosotros brindamos las herramientas prácticas al programa de control aviario y fauna “Guardianes de los Cielos”, donde se estandariza el servicio en función de la normativa que es impartida por Organización de Aviación Civil Internacional (OACI)”, informó Rattin. Básicamente, su trabajo consiste en utilizar toda una batería de métodos, tanto reactivos como preventivos, para desalentar que se instalen en la zona animales que puedan significar un peligro para el aterrizaje y despegue de los aviones. Entre los métodos preventivos se encuentran los trabajos de manejo del ambiente, como el drenaje de acumulaciones de agua que podrían atraer a la fauna, censos que permitan conocer el uso del espacio aéreo del aeropuerto por las aves, y el control biológico con técnicas de cetrería. En cambio, los métodos reactivos incluyen el uso tanto de pirotecnia, como de perros de acoso de la raza Border Collie y de aves de presa. Recientemente se agregó un nuevo elemento a estos métodos: un robot que intenta parecerse a un halcón peregrino como para usarlo de manera intercalada con las aves de carne y hueso.

Camilo Dos Santos
Camilo Dos Santos

La empresa Cetrería del Sur , a la que Mauricio Rattin pertenece, no sólo trabaja para el aeropuerto, sino también para el área agrícola e industrial controlando las poblaciones de especies consideradas plagas, como la paloma doméstica o la cotorra. “Buscamos generar una zona insegura para la fauna y así reducir su presencia dentro del predio – explicó el cetrero – ya que por el miedo natural a sus depredadores, reducen su tránsito y permanencia en el sitio para preservar su existencia”. Como lo que motiva a las aves rapaces a cazar es la posibilidad de alimentarse, eventualmente se le debe permitir alcanzar al menos a una presa, pero principalmente se busca ahuyentar a la fauna y no cazarla. Para cubrir un mayor abanico de especies presas, se utilizan diferentes especies de aves cazadoras, como ser el halcón aplomado, el halcón peregrino, el gavilán mixto y el águila mora. Al tener diferentes modalidades de vuelo y de caza, cada una cubre diferentes sectores del espacio aéreo. El gavilán mixto, por ejemplo, es una especie que es muy versátil y es utilizada para la modalidad de bajo vuelo, partiendo desde el puño o desde el vehículo del cetrero en vuelo directo a perseguir las presas. En cambio, el halcón peregrino caza desde las alturas y es el animal más veloz del planeta, superando los 340 kms por hora cuando se lanza en picada tras su alimento. Son dos tipos de vuelo completamente diferentes que tienen utilidades específicas dentro del trabajo de los cetreros en el aeropuerto. “El halcón peregrino caza por altanería, busca ganar altura realizando vuelos concéntricos sobre el cetrero, y el cono de ataque que puede cubrir es mucho mayor que un gavilán que vuela a 20 o 50 metros – afirmó Rattin – El halcón aplomado tiene una cola muy larga que les sirve como un gran timón que les permite maniobrar en persecuciones directas detrás de la presa, algo que el peregrino no puede hacer porque está diseñado para la velocidad, su estructura anatómica no está hecha para eso”.

Camilo Dos Santos

El total del plantel de las aves utilizadas por Cetrería del Sur está conformado por aves reproducidas en cautiverio en el propio Aeropuerto de Carrasco y aves rehabilitadas que proceden de diferentes Organizaciones, ya sea porque se criaron desde pequeñas con seres humanos y no se reconocen con otros de su especie, o porque tienen alguna lesión o discapacidad física que no les permitiría cazar y sobrevivir en un medio salvaje. En total el plantel suma cerca de 40 aves que guardan una impronta especial hacia sus entrenadores. El entrenamiento de cada uno de estos animales se produce por medio de reflejos condicionados: por su conducta natural,  el ave termina asociando al cetrero con su proveedor de alimento o de presas. Por medio de un sistema de recompensas (o de ausencia de las mismas), finalmente el animal comprende qué comportamiento debe adoptar para obtener su comida. “Una vez que te acepta el ave como su compañero de caza, ya se forma un equipo de trabajo”, comentó Rattin. La mayor parte de las cacerías son simulacros, ya que se utilizan señuelos con forma de ave a los cuales se les ata un pedazo de carne, pero el estilo de vuelo de ataque es percibido a la distancia por el resto de la fauna,  la cual se alerta y se retira.

Camilo Dos Santos

El caso del Aeropuerto de Carrasco es bastante particular por el lugar geográfico en el que se encuentra, rodeado de bañados y de zonas protegidas. A dos kilómetros de la costa, cerca de lagos artificiales y del parque Roosvelt, el terreno del aeropuerto es un lugar atractivo para una gran variedad de especies. Como el ecosistema es diverso, la fauna que allí se instala es diversa también y está protegida por ley. Esto implica un desafío para los cetreros, ya que “hay que buscar un permanente equilibrio entre las reglamentaciones internacionales que exigen el mitigar el riesgo de impactos con fauna en las operaciones y las leyes locales que la protegen y prohíben  su caza entre otras medidas, siendo las que frecuentan el predio mayormente clasificadas como prioritarias para la conservación”, dijo el especialista en cetrería. El ingreso de un ave a las turbinas de un avión puede ser desastroso, pero los riesgos son mayores durante el despegue que durante el aterrizaje. “La fauna en un aeropuerto es un peligro latente, no se puede evitar, pero debemos garantizar una buena gestión de esos peligros, donde el objetivo sea la mitigación del riesgo que genera”, aseguró Rattin. El Aeropuerto de Carrasco, basado en reglamentaciones internacionales aprobadas por la autoridad aeronáutica, maneja como indicador aceptable de seguridad operacional 1 impacto cada 1000 operaciones. Según los registros, en el acumulado de los últimos 10 años el indicador promedio fue de 0.14 impactos cada 1000 operaciones, lo que respalda el buen trabajo que se realiza las 24 horas, todos los días del año.

Camilo Dos Santos

El juguete nuevo

Acerca del halcón robótico recientemente agregado al plantel de aves rapaces, Mauricio Rattin consideró que es una herramienta más dentro de otras, y que de ningún modo el aparato podría sustituir a uno de sus halcones o gavilanes entrenados. Según el entrenador, el atractivo que representa el terreno del aeropuerto para las especies de fauna es muy grande como para que desistan de habitarlo si no se les presenta una buena razón para hacerlo. “Si utilizaramos solamente un halcón robótico y no se caza nada, es probable que la fauna identifique que no es un peligro real, y con el tiempo empiece a perder efecto”, explicó Rattin. Esta ave mecanizada, diseñada por una empresa colombiana, es un aeromodelo radiocontrolado que fue modificado en su estructura para parecerse lo más posible a la silueta de un halcón peregrino en vuelo. Los cetreros uruguayos se vieron interesados en incorporar esta tecnología innovadora como una forma de no quedar desfasados con respecto al resto del mundo, ya que el robot se está comenzando a utilizar a nivel internacional, aunque el de Carrasco es el primero en la región. Asegura Rattin que este halcón es muy efectivo para ahuyentar especies migratorias que tendrán con él un único encuentro antes de proseguir su ruta. Sin embargo, por el efecto de acostumbramiento antes mencionado, esta tecnología no sería del todo eficaz si lo enfocamos al uso sólo con especies locales. “En nuestro caso, tenemos un altísimo porcentaje de especies residentes, especies que intentan permanentemente establecerse, como los teros que encuentran en el aeropuerto las condiciones propicias – informó el cetrero. “Si utilizáramos solamente este método, probablemente se generaría un acostumbramiento a corto plazo”.

Camilo Dos Santos
Camilo Dos Santos

Para operar con esta herramienta, el equipo de Cetrería del Sur necesita aún una licencia de la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA) del Ministerio de Defensa Nacional. Cuando obtengan el permiso, la idea sería utilizar el halcón robótico de manera intercalada: normalmente se emplearían las aves “reales”, pero se optaría por la artificial por ejemplo en el verano, en horas cercanas al mediodía, cuando el calor puede ser agobiante para las aves. “Pensando en su bienestar optaríamos por no volarlas (a las aves) y usar esa herramienta de cetrería robótica”, contó Rattin. El entrenador de halcones sostiene que “esta tecnología no podría nunca reemplazar a un arte de 4 mil años de antigüedad”, y, aunque reconoció lo interesante de la sinergia entre ambas herramientas, declaró que “no es el sustituto de nuestros halcones”. Aunque la tecnología avance en su imitación de la naturaleza, la relación de mutuo beneficio generada entre dos especies durante miles de años de evolución no debería de ser algo despreciable. Al respecto, Mauricio Rattin describió cómo es la relación entre un ave rapaz y su entrenador:

“Para ser cetrero se necesita de mucha vocación y sobre todo mucho amor por la naturaleza. Si esto realmente no te apasiona es imposible que lo puedas sostener en el tiempo, porque tener un ave para cetrería requiere de trabajo diario y cuidados permanentes. Cuando te dedicas a entrenar un ave rapaz, tenés que ser 100% responsable y saber que no es una mascota, que va a depender enteramente de vos. Siempre debemos pensar en el bienestar de nuestras aves, que son con las que trabajamos y con las que convivimos; son parte de nuestra vida cotidiana”.

Bruno Gariazzo

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