La cuarta dimensión de la imaginación

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

La pantalla desde sus inicios ha funcionado para el ser humano como una ventana a través de la cual sumergirse en realidades alternativas. Cuando los ojos del público aún no estaban acostumbrados a la existencia del cine, la proyección de una locomotora agrandándose hacia el primer plano provocó en 1896 la salida en tropel de espectadores aterrorizados durante una de las primeras funciones de los hermanos Lumière. Hoy se requiere bastante más para disparar la adrenalina de un público ya habituado a los sobresaltos, pero no es necesario viajar a ningún parque temático de atracciones para vivir una experiencia cinematográfica inmersiva en la que la audiencia termine zarandeada, mojada y ventilada. El cine 4D llegó a Montevideo a mediados del 2017, y el año pasado los alumnos de tercer año de la escuela técnica UTU de Pan de Azúcar se encontraban desarrollando su propia butaca de cine 4D para brindar esta experiencia a los miembros de su comunidad.

Un proyecto ambicioso y estimulante

En diálogo con Cromo, Mauricio Cabovianco, profesor de la Formación Profesional Básica (FPB) de robótica de esta UTU, contó el año pasado que el trabajo de su grupo de tercer año forma parte de un proyecto anual que buscaba publicitar la ciudad de Pan de Azúcar y sus atractivos. El proyecto implicó que tanto alumnos como profesores tuviesen que estudiar bastante debido a que se trataba de un emprendimiento novedoso. Muchos de los elementos necesarios para hacer realidad esta experiencia 4D fueron inaccesibles y, por más que el profesor prefiere trabajar con materiales reciclados, las dificultades que encontraron terminaron de convencer al grupo de contentarse en una primera etapa con hacer una maqueta a escala. “La UTU no dispone de los medios como para poder hacer eso, por lo que necesitas mucha inventiva para resolver la falta de materiales”, contó el profesor. En la segunda etapa del proyecto, a desarrollar durante la segunda mitad del año, la idea es utilizar motores reciclados de lavarropas que hayan sido abandonados en basureros. Se replicarían así los motores utilizados en la maqueta para mover una silla en tamaño real.

Esta maqueta la construyeron aproximadamente diez estudiantes, de entre 13 y 18 años, utilizando materiales reciclados en conjunto con el Kit de Robótica LEGO y las placas micro:bit del Plan Ceibal, los cuales se encuentran a disposición tanto de las UTU, como de las escuelas y los liceos públicos de todo el país. Con la maqueta ya armada y con capacidad de movimiento, la etapa siguiente consistió en sincronizar estos movimientos con las imágenes presentes en pantalla. Es aquí que entró en escena la “placa Arduino”, una pequeña placa electrónica programable con funciones similares a una placa madre (como la de la computadora), con la única diferencia de que ésta no tiene las conexiones soldadas, sino que viene con pines a conectar según qué función se desea que cumpla. Funcionando con sólo 5 volteos y utilizando su propio sistema de programación, la placa Arduino es ideal para que un alumno dé sus primeros pasos en programación.

Como muchos ya sabrán, la magia del cine 4D consiste en que al espectador se lo someta a estímulos relacionados con lo que se muestra en la pantalla. Si la cámara sube por un cerro empinado, el asiento se inclinará hacia atrás, si en la pantalla llueve, al espectador le caerá agua, y si en la imagen se muestra un día ventoso, el aire soplará en su rostro. Aún no estaba claro si el grupo de tercero de robótica recibiría ayuda de otra UTU para el armado del video o si se las arreglarían ellos mismos, pero ya tenían la idea de utilizar los ventiladores reciclados de las fuentes de computadoras en desuso para simular el viento en pantalla. También tenían pensado implementar los lentes de realidad virtual que ya estaban en poder de la UTU.

El fruto de este trabajo sería presentado en la exposición de fin de año de todos los proyectos de las escuelas técnicas, pero ellos preferían presentarlo antes a la comunidad en algún evento organizado especialmente en la plaza de Pan de Azúcar. “La idea es vincular también a la comunidad”, dijo Cabovianco, “me gusta mucho sacar el trabajo de la UTU a la calle, poder compartirlo con escuelas, con liceos y padres de alumnos”.

No ser robots, hacerlos

Según el profesor, aunque existe la visión generalizada según la cual los liceos de secundaria son mejores que las escuelas técnicas, la UTU ha progresado muchísimo en los últimos años. Esta institución presenta todo un abanico enorme de posibilidades de estudio, con muchas más opciones de las que permite secundaria. Aunque los ciclos básicos de ambas son iguales, la UTU ofrece una modalidad de clase en forma de taller que brinda una experiencia diferente a la que brindan los liceos convencionales. “Es un ambiente más distendido, ya no tenés ese formato de los bancos uno atrás de otro”, opinó el profesor, “trabajamos todos alrededor de la misma mesa; si queremos escuchar música escuchamos música, si queremos tomar mate tomamos mate; es más libre”.

Mauricio Cabovianco también dió importancia al trabajo interdisciplinario que se facilita en estas escuelas técnicas, ya que todas las materias deben de trabajar juntas en función de la actividad que se propone para el taller anual. La robótica en sí es una ciencia que facilita el  involucrar a muchas materias como la biología, la física o la matemática (que se relaciona con todas las áreas), pero no es tan fácil vincular la robótica a la literatura, la historia, o los idiomas español e inglés. Para estos dos últimos casos, el profesor propuso la generación de contenido de divulgación en ambas lenguas, ya que el vocabulario no es el mayor fuerte de sus estudiantes y esta sería una buena oportunidad de ejercitarlo.

El proyecto necesitó de mucho esfuerzo, esfuerzo que muchas veces excedía las 14 horas semanales del taller de robótica, lo que obligó a los estudiantes a investigar fuera de clase. Varias iniciativas debieron de ser tiradas abajo aunque ya estuviesen en etapas avanzadas de su desarrollo, pero cada paso a tomar estuvo completamente ligado a la decisión de los alumnos, ya que su profesor prefiere no ser el centro de la clase y desea que sean ellos mismos los protagonistas. Con respecto a esto Cabovianco dijo:

“La robótica te deja utilizar mucho la imaginación y la creatividad. De jardinera ellos salen con una creatividad tremenda, después no sé por qué en la escuela ellos pierden esa creatividad, y cuando llegan al liceo o al primer año de UTU son como un pichón de robot. Osea, si tú no les dices “saquen el cuaderno”, no te sacan el cuaderno. Ellos siempre están esperando a que tú les des la orden para después hacer. Entonces a mí me gusta trabajar al revés: ¡anímense a crear gurises!”

El profesor de FPB de robótica considera que Uruguay en el área de programación se está destacando a nivel mundial de forma acelerada. Con pocos recursos lo que se termina logrando sorprende y “el trabajo que está haciendo Ceibal es espectacular”. Con una plaquita de 5 por 5 centímetros se puede controlar automáticamente todo un sistema de riego mediante sensores de luz y humedad. En el 2018 el mismo grupo de UTU de Pan de Azúcar diseñó un invernáculo con un robot que era capaz de determinar si el día estaba nublado para mover un techo corredizo de forma automática. A Cabovianco aun así le preocupaba cómo la robótica comienza a desplazar fuentes de trabajo alrededor del mundo, pero consideraba que trabajar en ella con los más jóvenes ayuda a generar consciencia al respecto, y esperanzado agregó:

“Vos ves algunas aplicaciones simples que crean los más chicos que te llaman la atención. Y a ellos les encanta. Cuando tú a esas cabecitas las estimulas un poco y las dejás crear, las dejás volar, te sorprendés. Es sorprendente ver programando a gurises de 5to año de escuela. Aparte todo esto lo que necesita es práctica, y ellos tienen tiempo. Esa es su principal ventaja.”

Bruno Gariazzo

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