Retorno desde el Fin del Mundo

Nota para la sección Cromo de El Observador

 

Las uruguayas que pasaron el verano a bordo del buque británico HMS Protector dicen que esta experiencia obliga a cualquiera a tomar consciencia acerca de lo insignificante que es el ser humano frente a la naturaleza

 

En su película documental “Encuentros en el Fin del Mundo”, Werner Herzog plantea a través de un viaje a la Antártida la disparidad que se ha ido gestando entre el ser humano y la naturaleza: el primero cree dominar a la segunda, pero basta con enfrentarse a la inmensidad del continente helado para aclarar qué rol le corresponde a cada uno. En diálogo con Cromo, dos uruguayas que viajaron este verano a la Antártida a bordo del buque británico HMS Protector, Laura Paolino y Noelia Miraballes, narran su experiencia y concuerdan con la visión del aclamado director.

El HMS Protector es un buque de patrulla de hielo de la Armada Británica (Royal Navy) con capacidades hidrográficas y oceanográficas que suele prestar apoyo logístico a las bases antárticas. En el año 2017, este buque colaboró con el gobierno argentino en la búsqueda del submarino  ARA San Juan, desaparecido a la altura del golfo San Jorge con 44 tripulantes a bordo. Según Laura Paolino, jefa de cartografía de la Armada Nacional, la principal particularidad que caracteriza a esta embarcación es su capacidad de realizar relevamientos hidrográficos. Esto quiere decir que el buque puede escanear el fondo marino mediante impulsos de sonido, y es a partir de los datos relevados que luego se confeccionan las cartas náuticas de uso internacional. Las cartas náuticas son fundamentales para garantizar la seguridad de las embarcaciones que navegan por esas aguas, sobretodo en zonas transitadas por cruceros en esta época en la que el denominado “turismo antártico” está en boga. En efecto, el buque terminó de hacer dos relevamientos específicamente en dos zonas frecuentadas por estos cruceros: la Bahía del Almirantazgo (o Bahía Lasserre) en la isla Rey Jorge y el Canal Peltier. Como estas cartas náuticas son documentos oficiales que deben de poder ser interpretados por cualquier cultura alrededor del globo, es imprescindible que todos los países de la Organización Hidrográfica Internacional se adapten a los estándares de producción,  asegurando así la utilización de un mismo lenguaje universal. “Estos documentos son muy dinámicos”, dice Paolino, “cambian todo el tiempo; siempre se encuentran novedades que se agregan a las áreas que cubren las cartas, por lo que hay que estar muy atentos.”

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Además de poder realizar levantamientos hidrográficos, el HMS Protector es un buque muy versátil con diversas facilidades para adaptarse a cualquier demanda que pueda surgir: puede llevar consigo vehículos de tracción, motos de nieve, combustible, y hasta puede recibir a bordo un helicóptero. En esta ocasión, el Protector apoyó a tres geólogos y un paleontólogo que estaban estudiando el deslizamiento de los glaciares y de los volcanes en la isla Rey Jorge donde Uruguay tiene su base científica. También aportó apoyo logístico aprovisionando a la base más austral que existe en el glaciar Thwaites. Esta base forma parte de un nuevo proyecto surgido entre Estados Unidos y el Reino Unido en el que se está investigando en qué medida  el calentamiento global se encuentra detrás del progresivo derretimiento de este glaciar. La colaboración del HMS Protector con esta base del “British Antarctic Survey” es de gran importancia ya que los científicos temen que un colapso del glaciar podría provocar un aumento del nivel global del mar de 80 centímetros.

Noelia Miraballes, teniente de navío en la Armada Nacional y jefa de departamento de la Fragata ROU01, recuerda que el Tratado Antártico (tratado firmado actualmente por 53 países que hace de la Antártida un continente “de todos”) establece que el ecosistema de este continente no debe de ser alterado por la actividad del hombre. En vista de ello, el buque HMS Protector recorrió varias bases científicas verificando que los postulados del tratado son respetados y recogiendo cualquier resto de construcción o de basura que pueda haber sido abandonado.

HMS Protector in Antartica 161118 CREDIT MOD

Las aventureras entrevistadas, quienes fueron seleccionadas para esta travesía, cuentan que en octubre de 2018 la Armada Nacional publicó un comunicado interno solicitando voluntarios para embarcar el HMS Protector durante tres meses en la campaña de verano. Las invitaciones otorgadas por la Armada Británica tenían algunos requisitos, entre los cuales el principal era que los seleccionados poseyeran un nivel avanzado del idioma inglés. Esto no estaba cerca de representar un problema para Laura Paolino, ya que ella en 2014 realizó un curso de cartografía marina en la Oficina Hidrográfica de Reino Unido. “Me interesé por las prácticas y la cultura británica”, cuenta Paolino, “por lo que decidí asociarme a la British Society, que tiene sede en Uruguay, para estar también más en contacto con la cultura británica”. Más allá del orden que caracteriza al pueblo inglés (caricaturizado por “el té de las cinco y la puntualidad indirecta”), la sociedad británica es muy rica y diversa. La cartógrafa explica que al estar formada en realidad por cuatro países, Gran Bretaña está marcada por singularidades. El afán por mantener las cosas ordenadas y encontrar soluciones, afán que se ve reflejado según Paolino en el proceso del Brexit, contrasta con la forma relajada que tienen los uruguayos para encarar los problemas. “Pero los valores son los mismos”, dice, “ya que lo que está bien para ellos también está bien para nosotros”.

 A ambas uruguayas la experiencia les pareció muy enriquecedora. Laura Paolino cuenta que normalmente ella en su trabajo recibe los datos de los relevamientos hidrográficos pero no suele realizar ella misma los relevamientos, por lo que esta instancia representó una oportunidad para comprender el trabajo de sus colegas. “Pude conocer dentro del gran puzzle de la producción, una de las grandes piezas iniciales”, cuenta. También le entusiasmó formar parte de una tripulación diversa y perteneciente a otra cultura dentro de una de las embarcaciones más icónicas del mundo. Noelia Miraballes ya había estado en la Antártida en 2009, por lo que esta experiencia le ayudó a reforzar sus conocimientos de navegación en hielo, enriqueciéndose de los saberes de la tripulación inglesa.

Al ser cuestionadas sobre su experiencia personal dentro y fuera del buque y sobre las posibles dificultades que podrían habérseles presentado, ambas remarcaron elementos diferentes. Paolino explica que se trata de una experiencia exigente: “no es un paseo, no es un crucero, es un ambiente de trabajo que requiere mucho de uno”. La rutina del buque es muy marcada: todas las nochecitas en el buque se publica el cronograma de lo que se hará el día siguiente, y las tareas deben de ser cumplidas en regla. “Es exigente físicamente y mentalmente”, dice Paolino, “pero al final del día es satisfactorio y uno dice: “fue un buen día, ¿no?”” Obviando las exigencias de rutina, la jefa de cartografía haya que “más allá de que tu silla y tu escritorio se mueven (es un barco), el trabajo no deja de ser un trabajo normal de oficina”.

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 Por su lado, Miraballes encuentra una dificultad en estar 32 días en un sitio en el cual nunca es de noche. De hecho, la Antártida se caracteriza por presentar sólo dos estaciones, verano e invierno, y en la latitud en la que se encuentra el glaciar Thwaites el sol nunca se pone y a medianoche se encuentra 10 grados por encima del horizonte. “El reloj biológico un poco se descontrola”, dice Miraballes, “al nunca tener noche, nunca terminaba de dormir bien”.

Al igual que Herzog, las dos uruguayas opinan que la “experiencia antártica” funciona como un choque de consciencia para cualquier ser humano. “Pisar por primera vez el continente antártico te deja sin palabras”, dice Paolino, “lo había visto anteriormente en fotos y videos, pero ver con mis propios ojos esa geografía tan diferente y esa extensión de un mar de hielo hace que te cueste creer lo que la naturaleza es capaz de hacer”. El HMS Protector podrá ser un barco muy potente de 90 metros de largo  y con motores de 4 700 caballos de fuerza, pero encuentra grandes dificultades para avanzar sobre el hielo. Hay que entender la medida en que la naturaleza impone obstáculos. Aunque fuese verano, durante ciertos días se avanzaba muy poco porque el hielo estaba muy duro. “No hay que pensar que por el tamaño del buque o su potencia el humano va a lograr superar a la naturaleza”, afirma la especialista. Paolino también hace un énfasis en lo imprescindible que es la cooperación entre personas y entre países para lograr trabajar en un ambiente tan inhóspito. “Trabajar todos juntos en pos de algo en común, estando siempre comunicados, es la mayor contribución hacia el avance de todos”, opina Paolino.

Por su lado, la teniente Noelia Miraballes dice que en sus once años de servicio en el mar ha comprendido la fragilidad del ecosistema y la insignificancia del ser humano en el planeta. Al estar uno rodeado por el mar, dice Miraballes que “uno se da cuenta de que todo es súper frágil y de que cualquier alteración al ecosistema puede destruir la cadena”. Finalmente la teniente agrega:

“A cualquier ser humano tener la experiencia de conocer el mar le hace tomar consciencia del medio que lo rodea. Este planeta es más agua que tierra, y viviendo en la ciudad se pierde la consciencia de que uno no es todo, de que hay todo un ecosistema afuera, de que es muy frágil, y de que es muy importante el conservarlo para asegurar nuestra propia supervivencia”.

Bruno Gariazzo

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