Lo onírico del riesgo

Nota publicada en el diario El Observador

El espeleólogo y montañista uruguayo Gaspar González explica su sentido de la aventura y hace un llamado a quien quiera participar de la primera expedición uruguaya al Ártico

“Pensé que era una aventura, y era la vida”. Con esta frase de Joseph Conrad recibe a los internautas el sitio web “Expedición PANGEA” administrado por el montañista y espeleólogo uruguayo Gaspar González. Del griego spelaion, que significa “cueva”, la espeleología es una ciencia que estudia las formaciones geológicas que se esconden tras la superficie terrestre. A través de este sitio web, González informa a los interesados sobre las actividades exploratorias que él mismo dirige, actividades que abarcan desde charlas motivacionales y de asesoramiento hasta verdaderas aventuras que prometen impulsar a los participantes hacia fronteras personales insospechadas. El montañismo es, según el experto, oficialmente un arte desde que la UNESCO catalogó esta actividad deportiva como patrimonio inmaterial de la humanidad, y fue este arte el que lo llevó hacia el camino de la aventura. Pero lo que terminó de destapar el impulso de explorador que González alberga desde niño fue la espeleología, la cual básicamente consiste en explorar las montañas desde adentro. Como escribe Conrad en “El corazón de las tinieblas”: “El artista apela a nuestra capacidad para el deleite, para la admiración; a nuestra intuición del misterio que rodea la vida”. Es este misterio lo que más motiva al impulso exploratorio del espeleólogo uruguayo, impulso que actualmente se encuentra haciendo foco en un nuevo territorio situado lejos de las cordilleras montañosas de nuestro continente: el Ártico.

El arriesgarse para descubrir

Una aventura implica por definición un riesgo. Desde una aventura amorosa hasta la exploración de las profundidades penumbrosas de una cueva, toda aventura trae consigo múltiples incertidumbres y todo un desafío de la psicología contra el miedo. El trabajo de Gaspar González consiste precisamente en impulsar a las personas a desafiar sus miedos y a embarcarse en las aventuras que caracterizan sus mayores sueños. “Creo que hay dos vertientes de la aventura en nuestra vida hoy en día: una es primitiva, un impulso neofílico, la necesidad de algo nuevo, algo propio de un estudio antropológico y biológico tal vez – opinó González -. Otra vertiente que viene a potenciar esto es la necesidad de salir de nuestra cotidianidad, de resaltar en algo en esta sociedad occidental triunfalista, en donde sobresalir termina siendo una nota de estatus social. Es duro decirlo así, pero lo cierto es que el prestigio es un valor muy codiciado para todos nosotros. El éxito masificado que está teniendo el montañismo hoy en día viene muy atado a esto”. Esta sentencia del explorador vino enseguida acompañada de otro factor que él considera que vuelve atractiva a una aventura: su dimensión fantástica. “Simplemente por estar abriéndome pasos en lo desconocido, en un mundo “nuevo” casi onírico, hay mucho de vivir y cumplir sueños en esto”, dijo González.

Por más que este ávido explorador posea un especial interés por los riesgos que acompañan a lo desconocido, él no se considera a sí mismo una persona temeraria ni, en sus palabras, un “adulto adrenalínico”. Lanzarse sin pensarlo dos veces hacia el abismo en un intento de demostrar una ausencia total de miedo no le parece propio de un aventurero serio. El miedo incluso le resulta imprescindible  para sobrevivir en situaciones extremas. “Hacer algo por puro impulso adrenalínico, sin vislumbrar un posible problema, es de temerario, y esto no tiene lugar en las aventuras más serias, donde hay que valerse por sí mismos”, argumenta Gaspar González, quien se esfuerza día a día por capacitar a las personas para lanzarse a la aventura. Este esfuerzo queda plasmado en su proyecto “Expedición Pangea”, emprendimiento personal a través del cual se ha ido hilando toda una red de personas interesadas en la exploración geográfica. “Pangea soy yo dándole rienda libre a mis pasiones y compartiéndolas – explicó González -. A través de esto vivo mis aventuras, transmito saberes, comparto experiencias, diseño instancias donde la vivencia es la que enseña. Y como no puede ser de otra manera, Pangea es dinámica, como el supercontinente primitivo que fue siempre cambiando de forma y lo sigue haciendo.” Aunque “Expedición Pangea” sea un proyecto bien personal, el explorador aclaró que el mismo no sería posible sin todo un círculo de fieles compañeros que brindaron un apoyo en todo momento fundamental. “Yo no creo en la independencia, solo en la ínter-dependencia; nunca estoy solo”, zanjó González.

Una aventura gélida

La aventura que llevará a los uruguayos más valientes hacia el Ártico tendrá lugar entre el 17 y el 27 de agosto de este 2020, y será la primera expedición uruguaya en aventurarse hacia esta área del Polo Norte cuya soberanía recae sobre ocho países: Estados Unidos, Canadá, Islandia, Noruega, Suecia, Rusia, Finlandia y Dinamarca. La mayor parte de esta región helada está formada por Groenlandia y por aguas oceánicas cubiertas por una espesa capa de hielo denominada “banquisa”. La fascinación de González por el Ártico proviene por un lado del libro “El país de las sombras largas” escrito por el suizo Hans Ruesch, libro que el uruguayo leyó de pequeño, y por otro lado de los relato de las aventuras del noruego Fridtjof Nansen. Según el líder de “Expedición Pangea”, son varios los factores que pueden presentar dificultades a los uruguayos que estén interesados en inscribirse para participar de esta aventura: el aislamiento que caracteriza al Ártico complica la logística de la excursión (la cual contará en Groenlandia con la ayuda de una agencia española con 20 años de experiencia), el frío extremo no es algo a lo que el uruguayo promedio esté muy acostumbrado, y el costo de toda la travesía no es despreciable. Por otra parte se encuentra el factor de la exigencia física: “Hay que tener estamina y capacidad de dominio personal –advirtió González-. Una verdadera aventura, además de involucrar riesgos e incertidumbres, nos va exigir siempre un poquito más de aquello que creíamos como límite personal.  Esto es tal vez lo más enriquecedor que nos pueda dejar una aventura”.

Esta expedición uruguaya al Ártico partirá de Copenhague en avión hasta Narsarsuaq, un pequeño poblado al sur de Groenlandia. Luego comenzará una travesía a través del mar en kayaks hasta el glaciar Qooroq, y por último se realizará todo un trayecto a pie a través de las tierras de Mellem Landet. Durante la aventura los participantes se encontrarán con glaciares, fiordos (valles continentales invadidos por el mar), paisajes naturales excepcionales, y tendrán la oportunidad de conocer de cerca la cultura inuit (esquimales). “Todo eso genera una experiencia de ensueño que es difícil de anticipar en palabras – reconoció González -. También va ser la primera expedición uruguaya al Ártico. Más de allá de chauvinismos, esto es una instancia que en ese aspecto va a ser irrepetible. Como todo hecho histórico, es algo a lo que uno no accede todo los días”. Para el montañista y espeleólogo uruguayo, este tipo de experiencias van construyendo dentro de uno mismo un mundo cada vez más grande, un mundo que se va acercando cada vez más a uno de fantasía. “Estos viajes son un lindo impulso para querer y cuidar todo aquello que conocemos por “natural”, y para entender que todo esto no está delimitado por fronteras políticas”, expresó González.

Además de esta expedición inédita de uruguayos al Polo Norte, Gaspar González ya se encuentra en preparativos para una excursión que se llevará a cabo en julio hacia la Cordillera Real de Bolivia con todo aquél que quiera iniciarse en el montañismo. Será la cuarta vez que el explorador uruguayo se embarca en esta aventura, la cual consistirá en convivir diez días en lo alto de la cordillera boliviana con todos los participantes. González también se encuentra trabajando en una expedición hacia lo más profundo de la selva amazónica peruana, precisamente hacia el Parque Nacional del Manu, hogar de comunidades indígenas nativas como los Amarakaeri y los Matsiguenka, así como también de tribus aisladas voluntariamente llamadas “no contactados” y separadas completamente de las civilizaciones europeizadas. Muchas son las aventuras que guarda este valiente (pero cauteloso) uruguayo bajo la manga para quien desee estimular su adrenalina. Solo basta acceder a su sitio web, informarse al respecto, y anotarse para vivir, sin lugar a dudas, una de las mejores experiencias que la vida pueda ofrecer.

Bruno Gariazzo

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