Culturas en órbita

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

Durante los últimos dos días de mayo y el primer día de junio del 2019 se llevó a cabo la competencia internacional de ciencia y robótica FIRST LEGO League que esta vez tuvo sede en Uruguay. El evento se desarrolló los tres días en el Antel Arena y reunió a adolescentes de cerca de 70 países de todo el mundo

Desde los albores de la información en circulación, recibir noticias acerca del mundo equivale a recibir noticias sobre los conflictos que atraviesan al mismo. Las tensiones entre bandos ideológicos diferentes, entre banderas variopintas y lo que representan, y entre burbujas económicas contrapuestas, son pan de todos los días. A los jóvenes se les habla en los libros de texto de una tal “Guerra Fría” que dividió al mundo en dos grandes bloques en cortocircuito y que habría terminado hace tres décadas. Sin embargo, basta informarse acerca del mundo para comprender que el conflicto sigue latiendo con fuerza.

Mientras los gigantes del planeta se desgarran mutuamente con sanciones y amenazas recurrentes, centenares de jóvenes que provienen de zonas opuestas del mismo planeta se reúnen año a año para colaborar por el bien común de la humanidad. El programa internacional de tecnología FIRST LEGO League, que involucra a más de 80 países, congrega a adolescentes de alrededor del globo, de un abanico diverso de culturas, para participar de una competencia amistosa en la que se evalúa el trabajo en equipo para solucionar problemas específicos a través de la ciencia y la tecnología. Este primer fin de semana de junio de 2019 el evento mundial tuvo lugar por primera vez en Latinoamérica, y Uruguay sirvió como sede del mismo.

Fotografía: Camilo dos Santos

Sana competencia

La instancia, organizada por Plan Ceibal, representante de FIRST LEGO League en Uruguay, tuvo lugar los días 30 y 31 de mayo y el sábado primero de junio en el Antel Arena. De la competencia participaron más de 700 jóvenes de 26 países (Guatemala, Bolivia, Chile, Australia, Brasil, España, Turquía, Francia, Alemania, Grecia, Honduras, Israel, Italia, Rusia, Sudáfrica, Corea, México, Paraguay, Perú, Rumania, Colombia, Costa Rica, Estonia, Estados Unidos, Argentina, y Uruguay), y de los 66 equipos participantes, 13 estaban formados por estudiantes uruguayos de liceos públicos y privados, así como de escuelas técnicas de UTU.

Para designar a los ganadores de este torneo internacional, el jurado tiene en cuenta varios aspectos del desempeño de los adolescentes. Por un lado, los concursantes deben diseñar, construir y programar un robot autónomo utilizando las piezas disponibles en los kits de robótica de LEGO Mindstorms. Los equipos deben presentar su robot, justificar la innovación del mismo, y hacerlo atravesar en una pista una serie de retos asignados por los jueces.

Por otro lado, los integrantes de cada grupo son evaluados según sus “core-values”, es decir los valores humanos que son el combustible de su proyecto y que siempre se resumen en la importancia del trabajo en equipo. Para demostrar el grado de esta “amistad funcional” entre sus miembros, cada equipo es llamado a realizar una determinada actividad que exija la participación de todos sus componentes. “Tenemos nuestros desacuerdos, como cualquier equipo, pero perseguimos la misma meta y trabajamos juntos para mejorar cada día”, se leía en el stand del equipo “CreativeTechno” de Atlántida, Uruguay.

 Finalmente, los participantes deben presentar un proyecto de investigación que busque solucionar de forma original algún problema relacionado a la temática seleccionada para cada torneo. Mientras en años anteriores las competencias giraban alrededor del uso del agua o de la ayuda a los otros animales, este año el tema elegido fue “En órbita”, centrándose así todos los proyectos en mejorar las condiciones de vida de los astronautas en el espacio.

Jóvenes innovadores

Los problemas que los equipos imaginaron se le podrían presentar a un ser humano en el vacío eran varios, pero, aunque parezca algo poco frecuente, el número de soluciones encontradas superaba por goleada al número de obstáculos. Muchos grupos coincidieron en las mismas contrariedades a resolver: las radiaciones a la que están expuestos los astronautas, la falta de alimento, y los problemas emocionales por estar tan lejos de su hogar en la bóveda azul fueron tópicos recurrentes en las investigaciones.

Fotografía: Camilo dos Santos

El grupo “ART’TESIA”, formado por estudiantes de segundo y tercero de un liceo de Auvernia, en el centro de Francia, idearon un módulo espacial compuesto de muchas capas aislantes para proteger a los astronautas de las radiaciones solares y cósmicas (aquellas provenientes de una supernova, es decir de la explosión de una estrella). Como materiales aislantes pensaron en utilizar agua encerrada entre dos capas de aluminio, kapton y mylar, así como también, aunque suene extraño, los excrementos de la tripulación. “Nuestro proyecto es útil, viable, eficaz, no ocupa mucho espacio y no es caro comparado con otros lanzamientos como el Colombus”, dijo una estudiante de ART’TESIA a Cromo. En efecto, explica la participante, mientras el módulo espacial Columbus de la Estación Espacial Internacional costó 1,8 billones de dólares, hacer realidad su proyecto costaría tan solo 540 millones.

Por su parte, el grupo “Stellarbots” de Cape Town (Sudáfrica) imaginó un sistema hidropónico para cultivar alimentos vegetales en territorio marciano. Las radiaciones ya mencionadas, la falta de agua en estado líquido y las dificultades para transportar tierra desde la Tierra (el nombre de nuestro planeta se presta para la redundancia), llevaron a los participantes sudafricanos a idear todo un sistema de abastecimiento de nutrientes para lograr alimentar a los cultivos.

El equipo “Las Acacias”, formado por 10 chicas de Galicia (España), se presentó al concurso con un proyecto para generar oxígeno utilizando el dióxido de carbono (CO2) presente en la nave espacial. Las jóvenes investigadoras pensaron en encerrar microalgas llamadas “espirulinas” (las mismas que usan los veganos y vegetarianos para sustituir las proteínas de la carne) en un tubo que denominaron “fotobiorreactor”. Estas microalgas no necesitan hacer la respiración celular, por lo que el único proceso que realizan es la fotosíntesis, consumiendo CO2 y expulsando constantemente oxígeno para sobrevivir. Las algas serían expuestas a ultrasonidos para solventar el problema de la microgravedad que impide en el espacio el movimiento (y por ende la vida) de estas algas. “En Tenerife, en la competencia que nos dio el pase para venir aquí, vinieron unos chicos de la Estación Espacial Europea (ESA) que están trabajando con la espirulina, pero como no sabían cómo moverlas, les gustó nuestra idea y cuando terminemos aquí nos vamos a Barcelona a explicar nuestro proyecto”, contó a Cromo una de las integrantes.

Al final, todos ganan

Al final de la jornada del sábado primero de junio, último día del FIRST LEGO League, se anunciaron los ganadores. En primer y segundo lugar quedaron seleccionados dos equipos brasileños, “Big Bang” y “Tecnoway”, respectivamente. El tercer puesto se lo llevó el grupo uruguayo “Mig_Botics” del liceo de Migues, en Canelones, grupo que ya fue premiado en el World Festival de Houston en abril de este año por el mismo proyecto que fue reconocido en esta instancia: la idea de utilizar hologramas e inteligencia artificial para brindar soporte psicológico a los tripulantes de una nave espacial. Denominado “Salud de los astronautas”, el proyecto consiste en utilizar Machine Learning para que una inteligencia artificial pueda aprender, sesión a sesión, acerca de las necesidades emocionales de los tripulantes, agrandando así progresivamente una base de datos. “Esta inteligencia funcionaría como un psicólogo a bordo  de la nave, sin necesidad de tener que llevar a otro humano al espacio, quien  sufriría los mismos problemas psicológicos que sus pacientes”, explicó a Cromo Lautaro Ferraro, miembro de 15 años de Mig_Botics.

Fotografía: Camilo dos Santos

Caminando entre los puestos internacionales que fueron armados el pasado 30 de mayo se respiraba la paz mundial alrededor de la ciencia. Era imposible no llenarse el lagrimal de esperanza en el futuro al ver a todas esas culturas jóvenes riendo juntas y compartiendo tanto sus proyectos como sus diferentes costumbres. No hay mejor símbolo de una sana globalización. El clima de compañerismo y aprendizaje retroalimentado quedan plasmados por estas palabras que también representaban al equipo CreativeTechno de Atlántida:

“Cuando escuchamos la palabra “competencia”, podemos fácilmente pensar en un ganador y en un perdedor, pero nosotros no lo vemos así. Durante esta experiencia hicimos muchos amigos, compartimos nuestros pensamientos con otros equipos, y todo esto viene del concepto de un acercamiento amistoso y de soporte frente a nuestros competidores.”

Bruno Gariazzo

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