Caminos que dividen

Nota publicada en el diario El Observador

El investigador Hugo Coitiño y su equipo comparten su experiencia al frente de los esfuerzos de conservación de la biodiversidad de los ecosistemas que bordean las carreteras del Uruguay

Grallistrix

El nacimiento de una problemática a nivel mundial

Érase una vez un grupo de especies de búho de patas largas que preferían corretear a sus presas antes que cazarlas desde el aire. Las aves en cuestión habitaban las islas de Hawaii y pertenecían al género Grallistrix, compuesto por los también llamados “búhos zancudos” por el aspecto que les daban sus alargadas y atléticas piernas, rasgo que se desarrolló gracias a la ausencia en estas islas de grandes mamíferos que exigieran el desarrollo del vuelo para escapar de la depredación. Representando así a los mayores depredadores del archipiélago hawaiano, los búhos zancudos dominaban la cadena alimenticia y andaban a sus anchas sin necesidad de estropear sus alas practicando el arte del vuelo. Pero la situación cambió cuando un extraño mamífero se instaló en las orillas de su hábitat: la llegada del ser humano a las islas significó el comienzo de la desaparición de Grallistrix. La introducción de otras especies exóticas de mamíferos sumada a las habilidades de cacería propiamente humanas dieron fin al reinado de los búhos corredores. Pero existe otro factor que se cree fundamental para explicar la extinción de estas curiosas aves: la fragmentación de la tierra tanto por las actividades agrícolas, la urbanización y la construcción de caminos y carreteras, así como los atropellamientos facilitados por el vuelo poco entrenado de Grallistrix.  

La pérdida de biodiversidad a causa del impacto que tiene la infraestructura viaria (carreteras y vías férreas) sobre los ecosistemas por ella atravesados es tema de interés para el uruguayo magíster en geociencias Hugo Coitiño, quien preside actualmente la organización sin fines de lucro ECOBIO Uruguay. Siendo parte de uno de sus miembros fundadores, Coitiño contó al ser entrevistado que esta ONG se especializa en la conservación de la biodiversidad utilizando como herramienta fundamental, además de la investigación y la educación, la participación activa de la ciudadanía ya que creen que es fundamental para lograr la conservación de la biodiversidad. ECOBIO Uruguay surgió en 2010 como respuesta a una iniciativa de un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias que estaba interesado en generar un espacio para la generación de proyectos de investigación que estuviesen abiertos a la integración de la sociedad en sus problemáticas. “Una cosa es que un científico se lo cuente a una persona con lenguaje técnico poco entendible, y otra cosa es que la integres al proyecto, que la persona misma trabaje a la par del científico y pueda aprender por ella misma cuál es la problemática”, explicó Coitiño. Pero los proyectos de investigación sobre conservación de biodiversidad alrededor de las carreteras surgieron recién a partir del año 2015 gracias al acercamiento a ECOBIO de diferentes ciudadanos preocupados por el número de animales que aparecen atropellados en los caminos. A partir de ahí se creó la línea de investigación “Ecología de Infraestructuras Viarias y Biodiversidad” integrada por profesionales de diversas disciplinas. En 2016 se llevó a cabo en Brasil el primer congreso iberoamericano de infraestructuras viarias y biodiversidad, y fue allí que comenzó a formarse un grupo de científicos latinoamericanos interesados en estos temas. Este grupo volvió a reunirse en un segundo congreso al respecto en Colombia en 2019 para terminar en 2020 conformándose como un grupo de especialistas en la temática asociado a la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), grupo también compuesto por profesionales de países como España, Portugal y Estados Unidos .

Sin embargo, la problemática de la vinculación entre ecología y transporte resonó de forma tardía en Uruguay, así como en otros países de Latinoamérica, sus orígenes habiendo comenzado en los años 80 en Estados Unidos y Canadá debido al enorme número de atropellamientos de fauna que fueron registrados en sus territorios. En efecto, actualmente se calcula que en Estados Unidos mueren al año aproximadamente un millón de animales a causa de atropellamientos, siendo una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en la región.

Los impactos de la infraestructura vial en la biodiversidad

Pero los impactos de la fauna contra los vehículos no son el único impacto que tienen las carreteras sobre los ecosistemas y su biodiversidad: los más importantes se sienten a largo plazo, son invisibles al ojo del conductor y son causados por dos fenómenos que se conocen como “efecto barrera” y “efecto borde”, efectos que pueden extenderse a más de un kilómetro de distancia de los caminos que los causan.  El primero refiere al impacto que genera sobre la ecología de las diferentes poblaciones de especies en el que los caminos construidos por los humanos dividen en múltiples parcelas un único hábitat natural. Como los animales ven sus recorridos interrumpidos por una modificación en principio amenazante, los individuos de una misma especie ven a su vez sus poblaciones naturales fragmentadas en muchos grupos de menor tamaño, interrumpiéndose así la mezcla de individuos entre diferentes poblaciones de la misma especie y por ende también el flujo genético entre las mismas. Esto provoca con el tiempo una pérdida de variabilidad genética que deriva a futuro en menores capacidades de adaptación en caso de eventos ambientales adversos. Y esto representa un problema especialmente para Uruguay, ya que nuestro país es de los países con mayor densidad de infraestructuras viarias: “si ponemos todas estas infraestructuras en un mapa vemos cómo se generan pequeños parchecitos de ecosistemas naturales muy pequeños”, informó Hugo Coitiño.

El “efecto borde” por su lado refiere a los impactos ecológicos que se concentran en los márgenes de las carreteras: la proliferación de especies invasora y la contaminación del suelo y el aire. En efecto, por un lado debido a la eliminación de la vegetación natural local para permitir la construcción de la infraestructura vial, especies exóticas vegetales, principalmente gramíneas, logran expandir su territorio desplazando a otras especies naturales. Por otro lado, la eliminación de la vegetación natural también perjudica la capacidad de absorción y filtración de los suelos, haciendo a las regiones más vulnerables a las inundaciones y a la contaminación del agua a causa del drenaje de hidrocarburos y aceites derramados por los vehículos, así como a su vez contribuye a la contaminación del aire ya que al haber menos vegetación también existe menor capacidad de absorción de dióxido de carbono. De esta forma el “efecto borde” facilita también una mayor erosión de los suelos en ausencia de vegetación amortiguadora, lo que luego trae consecuencias como el derrumbamiento hace algunos años de ciertos tramos de la ruta 1 o la ruta 10, según comentó el entrevistado.

Según informó Hugo Coitiño, las especies más afectadas por las infraestructuras viarias en nuestro país son el zorro gris, el zorro de monte y el zorrillo, por ser también de las especies más abundantes en nuestro territorio, pero las especies perjudicadas varían según el momento del año. Por ejemplo, en verano es más común ver reptiles atropellados en las carreteras ya que, al necesitar de calor externo para regular su temperatura corporal, se acercan a la ruta para recostarse sobre el asfalto caliente y quedan expuestos a las colisiones. De forma similar, muchos mamíferos suelen perder la vida en primavera al cruzar los caminos en búsqueda de parejas para reproducirse y varias especies de aves carroñeras pierden la vida a su vez al acercarse a la ruta para alimentarse de los cadáveres arrollados. Luego en invierno la mayoría de los atropellamientos suele darse a causa de las inundaciones que obligan a las especies a abandonar su hogar y aventurarse a través de los caminos en búsqueda de nuevos hábitats. Todo esto sin contar el impacto que tiene la modificación de la naturaleza para construir infraestructura viaria en la actividad de los insectos polinizadores. Por otro lado, en Latinoamérica las especies más amenazadas y que llaman la atención por tratarse de grandes mamíferos incluyen al jaguar, al aguaraguazú, al tapir o a diversas especies de monos.

Wildcamera

 Pero no hay que olvidarse de que también se ve amenazada por las colisiones la vida de otro ser vivo, que no deja de ser animal aunque esté motorizado: el ser humano. Comentó Coitiño que en Santa Lucía se produjo un accidente al colisionar una moto contra un ciervo axis que tuvo como consecuencia la muerte de quien conducía el vehículo, por lo que la seguridad de la vida humana también se ve directamente afectada. Según el entrevistado, las empresas aseguradoras no poseen datos acerca de si los accidentes que se producen sobre la ruta involucran o no impactos contra la fauna local. “Antes de la pandemia empezamos a trabajar con una de las aseguradoras a ver si podíamos empezar a incentivar la obtención de ese tipo de información, para pasar a valores económicos lo que generan los impactos de la fauna con los vehículos, pero el covid nos frenó la posibilidad de ahondar en la temática y la idea es retomarla luego de pasada la pandemia”, informó Coitiño.

Los esfuerzos por mitigar el “mal del camino”

 Aunque los impactos ambientales se registran a lo largo de toda la extensión de las carreteras de Uruguay, los esfuerzos de mitigación de los investigadores se centraron inicialmente en aquellas regiones que son más sensibles a causa del alto nivel de biodiversidad que albergan, como son los ecosistemas pertenecientes a Rocha, Cerro Largo, Treinta y Tres y Lavalleja. Sin embargo, en el presente año comenzaron a trabajar en otras regiones del país abarcando por ejemplo las rutas 1, 3 y 5. Las medidas más efectivas de mitigación empleadas a nivel mundial son los pasos de fauna tanto aéreos como subterráneos, especies de corredores artificialmente creados que permiten a los animales atravesar las carreteras por encima o por debajo de las mismas para evitar posibles atropellamientos y el impacto del efecto barrera antes mencionado. Podemos estar hablando de grandes túneles subterráneos o de grandes extensiones de redes hacia donde son dirigidos los animales por medio de vallados previamente ubicados a los costados de los caminos, pero la implementación de estas estructuras es muy costosa y en Latinoamérica hasta el momento solo han sido implementados los pasos aéreos por Brasil y Argentina, éste último país tomando la decisión de implementarlo en Misiones luego del registro de un atropellamiento de una hembra de jaguar.

En nuestro país ha sido más viable económicamente la implantación en 2019, en diálogo con el Ministerio de Transporte, de señalización en la ruta 9 de Rocha y en la ruta 15 que conecta la ciudad de Rocha con La Paloma, siendo actualmente monitoreados los resultados de dicha medida. En colaboración con la Facultad de Ingeniería también se está pensando en la posibilidad de implementar en las regiones donde la biodiversidad se ve más amenazada lo que se conoce como “señalización inteligente”, medida que ya es una realidad en algunos países de Europa. La misma consiste en colocar cartelería que cambie su señalización según cómo varíe la actividad de la fauna en cada momento del día: por ejemplo, si un área es zona de tránsito de una especie nocturna, la señalización buscará llamar más la atención del conductor durante la noche. Este tipo de señalización también puede emplear sensores de movimiento que adviertan con cierta distancia al conductor la presencia de animales en desplazamiento sobre los márgenes de la carretera. Entre los pasos de fauna, los más viables para la economía de nuestro país son los pasos subterráneos, aunque ya se está pensando en la posibilidad de generar rampas de acceso debajo de los puentes carreteros que permitan el pasaje de los animales a través de los cursos de agua.

La importancia del involucramiento ciudadano

Sin embargo, como advierte Hugo Coitiño, ninguna de estas medidas es suficiente para lograr efectos positivos a largo plazo sin una participación activa de la población en esta problemática y sin la presencia de esfuerzos educativos que generen consciencia ambiental entre los ciudadanos. En efecto, una triste realidad para los ecólogos es que muchos de los pasos de fauna que han sido construidos por esfuerzos a nivel mundial son utilizados por los propios cazadores furtivos que esperan a sus presas del otro lado de los cruces. “Eso significa que hay que hacer todo un trabajo social porque si no estamos transformando los pasos de fauna en grandes trampas para los cazadores”, dijo el presidente de ECOBIO. Agregó Coitiño que en el intento por concientizar a los ciudadanos y a los tomadores de decisión de la importancia de encontrar soluciones a los problemas actuales de los ecosistemas se suele traer el concepto de los “servicios ecosistémicos”, que es un concepto bastante humanizado a propósito porque se intenta traducir en términos económicos los beneficios que aporta al ser humano la naturaleza. “Pasa mucho de jugar con esos conceptos para hacer entender principalmente a los tomadores de decisiones de la importancia de conservar los ecosistemas o de generar medidas de mitigación”, explicó Coitiño, “aunque muchos no van a poder traducirlos en valor económico y no por eso son menos importantes para nuestra vida”. También es importante que desde los centros de poder se entienda que las medidas de mitigación no brindan soluciones inmediatas, que siempre es necesario un tiempo de monitoreo de parte de los investigadores además del tiempo ineludible que le lleva a la propia fauna el adaptarse a las nuevas modificaciones del entorno. Por ejemplo, los registros de algunos países demuestran que existen especies que pueden demorar entre cinco y seis años en utilizar asiduamente los pasos de fauna.

Por ende, el presidente actual de ECOBIO halla por un lado fundamental que el empleo de las medidas de mitigación esté bien justificado por región, para facilitar así el diálogo con los tomadores de decisiones que serán en última instancia sobre quienes recaerán los gastos económicos, y por otro lado considera primordial el vínculo directo de la población con la necesidad de conservar los ecosistemas alrededor de las carreteras. De hecho, la mayor parte de los esfuerzos de los últimos años en conservación de la biodiversidad proviene de los datos acumulados gracias a los registros reportados por la propia ciencia ciudadana. En este sentido Hugo Coitiño insta a la población nacional a descargarse la aplicación de celular llamada “EPICOLLECT5” y cargar el proyecto “Ecorutas” que permite a los individuos el informar acerca de avistamientos de animales atropellados a lo largo de las carreteras. Y como recordó el investigador al final de su entrevista: “Hay que buscar en conjunto una solución que permita, por un lado, que se pueda desarrollar económicamente cada localidad, pero que permita también, por el otro, el respetar la biodiversidad y los ecosistemas del lugar. Hay que entender que se pueden hacer las dos cosas. No es dejar de construir, dejar de producir y solo conservar, ni tampoco es construir de todo destruyendo todo lo que es naturaleza. Todo tiene un equilibrio, pero hay que buscarlo”.

Bruno Gariazzo

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