Aulas con viento en popa

Nota publicada en el diario El Observador

Si uno de los temas más recurrentes en boca de personajes públicos es la inseguridad, otro lo es la educación. La misma parece preocupar a muchos padres que alarmados son espectadores de noticias desesperanzadoras sobre el futuro de la formación de los niños y jóvenes. Los diagnósticos dan números por debajo de lo deseado y los discursos se empañan de desastres académicos. Sin embargo, se hacen también recurrentes las noticias sobre alumnos uruguayos de escuelas y liceos que reciben reconocimientos desde el exterior, y esta vez es el turno de la Escuela Rural n°88 “Alfred Nobel”.

Uruguayos campeones

La escuela “Las Violetas”, ubicada entre Joanicó y la ciudad de Canelones, cuenta con 122 alumnos y tres de ellos tendrán la posibilidad de viajar a Detroit a mediados de julio a presentar en un simposio internacional de ciencias su proyecto de investigación sobre la calidad del agua del arroyo Canelón Chico. El proyecto fue seleccionado por el programa GLOBE (Global Learning and Observations to Benefit the Environment), un programa internacional e interinstitucional financiado por la NASA que cuenta con la participación de 119 países del mundo y que está enfocado en generar un sentido de comunidad global alrededor de la protección del medio ambiente. Andrea Ventoso, la coordinadora de GLOBE en Uruguay, invitó a la escuela a sumarse al programa y en 2016 los estudiantes comenzaron a trabajar en la investigación que luego presentarían este año al Simposio Virtual de Ciencias de GLOBE.

Cuando un viernes a las doce del mediodía se transmitía en vivo cuáles habían sido las instituciones educativas seleccionadas para presentar sus proyectos en Norteamérica, ni profesores ni alumnos se esperaban el resultado. En diálogo con Cromo, el director y maestro de la escuela  Darío Greni contó que “cuando el hombre dijo “Escuela Alfred Nobel de Las Violetas”, los gurises gritaron como locos, los otros niños que estaban en sus salones salieron a ver qué había pasado, y ahí empezaron todos a gritar que se iban a Detroit”. “Para una escuela rural presentar una investigación de este tipo en un lugar así es fantástico; yo me siento súper orgulloso”, agregó.

El trabajo de investigación científica que ocupó a varias generaciones de jóvenes estudiantes durante tres años consistió en estudiar, a través de un relevamiento de macroinvertebrados, el nivel de contaminación del agua que desemboca en el Río Santa Lucía, poco antes de la planta potabilizadora de Aguas Corrientes de OSE. Los estudiantes se turnaron para ir hasta las orillas del arrollo Canelón Chico a tomar muestras con calderín en grupos de tres o cuatro. Los invertebrados eran primero clasificados “a ojo” por su fisionomía y luego clasificados rigurosamente según su especie mediante una clave de identificación. Un índice biótico que tiene valores del 1 al 10 indicaba si los organismos encontrados eran muy sensibles (valores altos) o poco sensibles (valores bajos) a los cambios en la composición del agua, como por ejemplo en su valor de pH. Finalmente, una escala del 1 al 120 permitía diagnosticar la calidad del agua, que, según los resultados obtenidos, se encontraba en estado crítico. “Ese arroyo viene de la parte sur de Canelones, bordea toda la ciudad, y ellos se plantearon si las actividades de las personas que viven allí alteraba la calidad del agua”, contó Greni. Los resultados de los alumnos fueron luego corroborados por un análisis de las muestras realizado de forma honoraria por el Laboratorio Ecotech.  

Un esfuerzo en conjunto

Para que los tres alumnos de esta escuela rural, Mariano, Belén y Nicolás, puediesen viajar el 14 de julio de 2019 a Detroit a presentar esta investigación en nombre de sus compañeros, GLOBE facilitó 2 mil dólares para ayudar a cubrir los costos. Pero entre los pasajes y la estadía (un pasaje a Detroit en temporada alta ronda los 1300 dólares), la ayuda norteamericana se quedaba corta y era necesario recurrir a la nacional. Además, según Greni, el Estado norteamericano retiene el 30% de los giros monetarios fuera del país, por lo que de los 2 mil dólares a Uruguay sólo llegarían 1400. Sin embargo, el director de la n°88 se mantuvo optimista y confió en que lograrían llegar a juntar el monto necesario para realizar el viaje en julio. Gracias a una iniciativa de la Asociación Uruguaya de Houston, Greni abrió junto a los padres de sus alumnos una cuenta de PayPal y una de Redpagos para hacer un llamado a la ciudadanía para que colabore con la aventura de los chicos.

Si hay algo que el director de la Escuela “Alfred Nobel” agradeció de corazón es el apoyo que recibieron sus alumnos desde otras instituciones a lo largo de estos años de trabajo. “Las instituciones dependemos unas de las otras y está bueno trabajar en forma conjunta”, dijo Greni. El sentimiento de agradecimiento tiene varias fuentes y nombres: Patricia Píriz, una integrante del MEC que se acercó a la escuela para integrarla al programa de los Clubes de Ciencia; el limnólogo Rafael Arocena que dio a los estudiantes una charla sobre clasificación de macroinvertebrados en la Facultad de Ciencias de la UdelaR; la directora del liceo n°2 de Canelones quien les consiguió a Nicolás y Mariano una profesora de inglés para reforzar el estudio sobre cómo exponer esta experiencia científica en este idioma al público en general; y las clases individuales de inglés con profesores remotos a través de las videoconferencias facilitadas por el Plan Ceibal. “Parte del premio es todo el apoyo que recibimos”, dijo Greni.

Vocación de corazón

Como si la noticia del viaje a Detroit no fuera suficiente, el director Darío Greni, de 44 años y con una veintena de años de docencia, se enteró de que quedó seleccionado entre los 50 finalistas para obtener el Global Teacher Prize, un premio de 1 millón de dólares otorgado por la Fundación Varkey al profesor cuyas vocación e inventiva sean de las más destacadas a nivel mundial. Los últimos dos años han sido de esta forma para el director un cúmulo de logros, ya que alumnos de su escuela también viajaron a España el año pasado de la mano de la Fundación Prosegur y de la Fundación Créate a participar del South Summit, un evento en el que se presentan diferentes ideas emprendedoras a concurso para buscar inversores. “Quedamos en segundo lugar por un voto… No era nada fácil. Se pararon los cuatro alumnos solitos en un auditorio en el escenario frente a un público de alrededor de 200 personas y nueve jueces a presentar en inglés”, contó entusiasmado Greni.

Según Darío Greni, para lograr una buena educación primero que nada hay que tratar a la educación “desde lo positivo”, sin dejarse desanimar por las dificultades ni por la falta de recursos. A veces una institución puede tener los mejores recursos, la mejor educación formal, y fallar en estimular la creatividad en el alumnado. Resaltó la importancia del trabajo en equipo, de no transformar las carencias en excusas para quedarse quietos, y la importancia de perder el miedo a pedir ayuda. “Si no tengo presupuesto pido prestado”, comentó. Greni también recordó lo sustancial que es en la educación privilegiar los trabajos prácticos: “Lo que más motiva a los chiquilines es el aprender haciendo. No hay otra forma. Yo ya me he dado cuenta. Olvidate vos pararte frente a ellos y dar la clase”, sentenció. “El aprender haciendo es mi carta de presentación para trabajar con los niños”, agregó.

El director vio en el hecho de que los logros de sus estudiantes hubiesen adquirido reconocimiento público una oportunidad para hacer visible el esfuerzo de un montón de docentes cuyo trabajo no empieza y termina en la institución educativa. “No es un trabajo de cuatro, de cinco, de siete o de ocho horas. Son muchas más horas que uno invierte en beneficio de los gurises – explicó Greni – y eso le dio visibilidad; se abrió la puerta para comunicar y creo que tenemos que aprovecharlo y no dejarlo pasar”.

Al presentársele la cuestión sobre lo que él considera una buena educación y una buena labor docente, Greni expresó:

“Va en lo que cada uno como docente quiere lograr y la voluntad que tiene. en mi escuela yo te voy a decir que la educación es buenísima, porque los resultados los veo. Mi estrategia es enseñarles sin que ellos se den cuenta de que lo estoy haciendo. Los gurises terminan viendo que hay algo más allá de la realidad. Les abre la cabeza de una manera impresionante. Se transforman. Se comprometen y desarrollan ganas de superarse. Los motiva, los incita a querer dar el siguiente paso. Lo demás después lo toman como ejemplo y generás un cambio. Es como esa piedra que cae en el agua y genera esas ondas expansivas que modifican lo que van tocando”.

Bruno Gariazzo

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