En busca de los valores universales

En mi opinión, como en cualquier tipo de relación, frente a un conflicto, la culpa es siempre compartida. Los medios de comunicación siempre son selectivos frente a la información que expanden según los intereses en juego de quien los controla. Ningún medio ha llevado a los espectadores a cuestionarse las razones que pueden tener otras culturas para revelarse en contra del modelo occidental de vida, sino que es más conveniente que la mayoría atribuya los ataques a pura e irracional locura. El lingüista estadounidense Noam Chomsky  ya nos alertaba en su libro “Fabricando el consenso: la economía política de los medios de comunicación” (1992) sobre las formas de control mediático que operan en las democracias modernas, considerando que “la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”. En la introducción de este libro, Chomsky pone como ejemplo cómo el presidente norteamericano Wilson logró volver a la mayoría de la población en contra de Alemania cuando el gobierno de Estados Unidos decidió formar parte de la Primera Guerra Mundial, creando para ello una comisión de propaganda gubernamental, conocida con el nombre de Comisión Creel. El mismo Walter Lippmann considera en su libro “Opinión Pública”(1921) a la propaganda como una herramienta efectiva para que una élite intelectual tome control de la opinión generando un consenso que dé libre juego a los intereses del grupo situado en el poder.

Por otro lado, Pierre Bourdieu considera en su obra “Sobre la televisión” (1996) a la pantalla hogareña como “un colosal instrumento de mantenimiento del orden simbólico” que sufre lo que él denomina una “autocensura”, es decir una censura inconsciente, un filtro subjetivo que sólo permite mostrar lo que un determinado punto de vista quiere ver.  En los tiempos que corren actualmente, la humanidad se encuentra una vez más dividida en dos grandes bloques con maneras muy diferentes (en ningún modo incompatibles) de ver la realidad que nos rodea. Lo que hace falta, a mi parecer,  es una concientización de la población occidental sobre las propias contradicciones que engrasan los valores que mueven los engranajes de nuestro sistema social.

En su discurso el presidente actual de los Estados unidos, Barack Obama, considera que  el ataque recibido por parte del pueblo francés es “un ataque hacia toda la humanidad y los valores universales que compartimos”,
pero habría que revisar a qué tipo de valores se refiere, porque las propias reacciones en contra de occidente por parte de culturas orientales demuestran justamente un conflicto de valores que aún no son universales ni compartidos.

En un artículo sobre estos atentados dichos “terroristas”, Chomsky denuncia la hipocresía del pueblo occidental. Como bien lo subraya Román Gubern en su libro “Del Bisonte a la Realidad Virtual”, el mundo conoce una presión mediática que lucha por imponer una visión hegemónica de la realidad uniformizando así la humanidad según la ideología postindustrial y levantando los valores que ésta propone como una bandera que se pretende merecidamente universal. Es necesario en esta etapa de la evolución del Hombre el concentrarse en las similitudes entre las culturas y los símbolos antes que en las diferencias. En este sentido, estoy de acuerdo con Joseph Campbell cuando considera en su libro “El héroe de las mil caras”, que el héroe contemporáneo es aquél que busca en las aparentes diferencias culturales aquellos valores compartidos desde nuestros orígenes como seres humanos. El héroe contemporáneo es aquél que se sabe perteneciente a lo que Mcluhan denomina “Aldea Global”, aquél  poseedor de la madurez necesaria como para reconocer su propio ego en la bandera que empuña. Me mantengo positivo frente a los tiempos venideros… La madurez es un proceso también social. Sólo me pregunto: ¿Cuántas generaciones faltarán para el hallazgo por parte de la sociedad humana de los valores universales?

Bruno Gariazzo

El entusiasmo del coleccionista

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El juego de Pokémon no tardó en asociarse con “el origen de las especies” de Darwin, sobretodo por el hecho de que las criaturas literalmente “evolucionan” hacia diferentes formas a medida que aumentan de nivel. Un estudio realizado por el departamento de zoología de la Universidad de Cambridge encontró que la mayoría de los niños tienen una gran capacidad para el reconocimiento de criaturas y especies, pero que su memoria está mucho más propensa a retener información sobre especies de pokémon que sobre especies reales. La razón detrás de esto me parece evidente: Pokémon resulta más entretenido para los más jóvenes que una clase tediosa de biología. Aunque muchos adultos de ojos fruncidos consideran la existencia de Pokémon como un detrimento para la educación y la cultura, otros ven en esta idea una nueva forma de motivar a los alumnos en sus clases. En efecto, el universo de Pokémon está muy vinculado con la ciencia y particularmente con las Ciencias Biológicas. Cada juego de esta franquicia se desarrolla en una isla diferente, y cada isla está inspirada ya sea en una sección del país nipón como en regiones de países como Francia, Estados Unidos o Hawaii.

El fenómeno social despertado por Pokémon GO a escala mundial durante los últimos meses representa una oportunidad para que los adultos de almas envejecidas recuperen el espíritu abierto al asombro característico del niño. Muchos individuos se vieron obligados a asfixiar ese entusiasmo cuando llegaban a su madurez sexual a causa de las presiones de su entorno social. nada de extrañarse en vista de que esas presiones existen en cualquier especie de mamíferos sociales como la nuestra. Pero muchos de esos individuos se convirtieron en adultos esforzándose por ignorar esas presiones y logrando así conservar su entusiasmo, motivaciones y pasiones inherentes a cada cual. Mantener despierta esa capacidad de asombro, libre de prejuicios y propia del niño, ayuda al adulto a volverse más receptivo frente a informaciones nuevas, lo que potencia su capacidad de aprendizaje y favorece la formación de una sociedad más educada en el futuro. No debemos olvidar que los juegos de video son un arte que, como dije antes, involucra a todo un conjunto de artes en relación con la ciencia a través de la tecnología, y todo arte es transmisor de valores y, por ende, de cultura. No sólo Pokémon está embebido de los valores de una persona valiente llamada Satoshi Tajiri, sino que nos brinda los dibujos de Ken Sugimori y la música de Junichi Masuda. Mis últimas palabras de esta forma no podrían ser otras más que las de aliento: los invito a acercarse a esta saga como una gran expresión del milenario entusiasmo del coleccionista.

Bruno Gariazzo

Arte y punto.

Bruno Gariazzo

 

Revolución anónima

En sus principios, este arte no convencional fue exponente de la libertad de expresión en las ciudades al escapar a toda autoridad y por su característica anárquica en cuanto que no estaba regulado institucionalmente. Este arte destaca por la total libertad de sus autores y por su autonomía.  Ningún organismo regula su circulación por las calles ni prohíbe los mensajes perturbadores o las críticas sociales, y esto ha hecho que el arte urbano se transforme en los últimos años en una herramienta de expresión y presión política con cada vez mayor fuerza. Pero este carácter prohibido de este tipo de arte que por un lado fomenta a los propios artistas a llevarlo a cabo, por otro también tiñe sus obras de tonos violentos que rondan el vandalismo. Esta situación ha cambiado en los últimos años al hacerse el arte urbano más cotidiano y familiar. Los ciudadanos al mostrar su apoyo a los artistas callejeros han logrado transformar lo que antes era un mensaje de rebelión violenta contra un sistema represivo a lo que es hoy un mensaje que ayuda a los transeúntes a soportar plácidamente el día a día al saber que en sus reivindicaciones internas no están solos. Pero es esta aceptación del arte callejero como un verdadero arte por la sociedad lo que terminó logrando su mediatización masiva, su entrada al mercado y así también la pérdida de su libertad intrínseca a su concepto original. Se ve así absorbido por la publicidad y por las instituciones embebidas de la lógica mercantil.

 Aun así, el street art sigue y seguirá siendo una de las principales formas de comunicación alternativa y de contracultura que difunden a través de los senderos transitados por millones de personas desesperanzadas camino a sus respectivos trabajos los sueños y anhelos de una utopía común. Micaela Villalba, en su artículo “El arte urbano como forma de expresión“, compara al arte callejero con el movimiento dadaísta, ya que según ella ambos están en contra de todos los códigos y esquemas establecidos en el mundo del arte. Ambos movimientos veneran lo espontáneo, lo caótico, la libertad de lo aleatorio y lo irracional del sin sentido. Tanto el dadaísmo como el arte urbano utilizan la ironía para denunciar las contradicciones del orden social vigente y utilizan el arte como una herramienta de protesta y como forma de comunicación de un espíritu de indignación. Aun cuando muchos artistas callejeros denuncian con su arte los riesgos de la era digital para la humanidad en su conjunto, las nuevas tecnologías de la comunicación no sólo ayudan a desproveer de contenidos este tipo de arte al hacerlo masivo, sino que ayuda a conectar instantáneamente mensajes cargados de contenido en cuanto efectivamente los hay. Un ejemplo de esto es el proyecto uruguayo desarrollado por los diseñadores Santiago Alonso y Caro Curbelo, acompañados por el desarrollador Sebastián Borrazás, que busca a través de su sitio online StreetArt conectar todos los murales y graffitis de Montevideo. El sitio utiliza la tecnología de los mapas de Google para permitir a los usuarios asociar la imagen de una expresión de arte callejero a su ubicación en el mapa de la ciudad, permitiendo así no sólo conocer a los autores de las obras, sino también el considerar a la ciudad entera como un gran museo de artes visuales. Como dijo el profesor Ricardo Klein a los alumnos de la Licenciatura de Artes Visuales de la Universidad Católica del Uruguay refiriéndose al arte callejero: “es una expresión urbana que no es solo artística, sino que maneja relaciones simbólicas y tiene que ver con el desarrollo de la ciudad”.

One day in Dismaland

Bruno Gariazzo

Entrevist’ARTE

Como una forma de profundizar en la cuestión de si las nuevas tecnologías de la comunicación en la era digital potencian o no la capacidad de influencia del arte en la sociedad como herramienta de expresión de los valores democráticos, se realizó una serie de entrevistas a diferentes artistas uruguayos. Cuatro músicos (Sergio Fernández, Florencia Núñez, Carlos Sánchez y Nicolás Arnicho) y cuatro artistas plásticos (Vladimir Muhvich, Fernando Oliveri, Alejandro Pasek y Pedro Peralta) de diferentes edades dieron así su opinión y reflexión sobre la situación del arte hoy en día en su país y en el mundo dentro de la nueva sociedad de la información, comparando el contexto hiperconectado actual de la manifestación artística con el pasado. A continuación se muestran las preguntas realizadas a los entrevistados:

  • ¿Cómo definirías “El Arte”?
  • ¿Qué opinión tenés sobre el arte uruguayo hoy en día en comparación con el pasado?
  • ¿Qué alcance pensás que tiene el arte como herramienta de expresión en movilizaciones sociales y políticas? ¿Cómo pensás que las nuevas tecnologías digitales de la comunicación influyen en este alcance?
  • ¿Cómo describirías la brecha entre la era digital y la era analógica en el entorno de tu actividad artística?
  • ¿La revolución digital es una transición entre dos épocas? ¿Internet es una revolución tecnológica y social o un cambio instrumental operativo?
  • ¿Qué postura tenés sobre la nueva problemática sobre los derechos de autor en una sociedad hiperconectada dentro de la nueva era digital? ¿Se te ocurre alguna solución a esta problemática?
  • ¿Crees que las nuevas tecnologías de la comunicación facilitan el aprendizaje y la distribución de las diferentes artes? ¿En qué forma crees que esto afecta a la cultura artística de las generaciones futuras?
  • ¿Qué peso consideras que tiene el arte hoy en día como institución? ¿Crees que las Instituciones Artísticas han perdido peso en favor del arte individualizado? ¿Cómo crees que esto afecta a la profesión de artista?
  • En este contexto de nueva era digital, hay quienes consideran que la democracia se ve favorecida mientras que otros hayan que se corre el riesgo de una pérdida de soberanía. Para unos las nuevas tecnologías significan una mayor libertad y capacidad de participación social, para otros significan el peligro de volverse “técnológico dependientes”. ¿Qué opinas al respecto y cómo posicionarías al arte en este contexto? ¿Hacen las nuevas tecnologías al arte más democrático?

Los artistas dieron diferentes opiniones sobre lo que cada cual consideraba que significaba el arte y de dónde provenía su importancia social: Para Alejandro Pasek, esta importancia se debe a que el arte funciona según el momento socio-histórico en el que se produce; para Fernando Oliveri es el arte el que permite a las personas el vincularse entre sí, y, de una forma similar, Sergio Fernández considera que el arte habla de una situación que nuca es individual y Carlos Sánchez asocia al arte con la religión. Por otra parte, Pedro Peralta, Vladimir Muhvich y Nicolás Arnicho perciben al arte como una forma de acercamiento al conocimiento de la verdad histórica del mundo. Todos coinciden entonces en el vínculo existente entre el arte, los vínculos interpersonales y la historia de la sociedad humana.

Con respecto a la relación del arte inscrito en la era digital con el arte propio de la era analógica, Carlos Sánchez considera que estamos viviendo hoy en día en un mundo en el que los medios nos impulsan constantemente a expresar nuestra individualidad y hacer notoria nuestra voluntad. Las identidades se interconectan a través de las redes y se nos da la sensación de tener poder de participación en todos los asuntos. El pensador Dominique Wolton considera que esta sensación de conexión que nos dan las nuevas tecnologías no es más que una ilusión, ya que a final de cuentas cada cual está inmerso en una burbuja individualista, en un círculo de intereses que se cierra sobre sí mismo, perdiéndose así el mensaje generalista. En este sentido, Dominique Wolton considera que las nuevas tecnologías no enriquecen a la democracia, sino que la empobrecen al segmentar a las personas y hacer que en las ciudades se pierda el sentido de comunidad. Como veremos más adelante, esta pérdida del mensaje generalista que antes daban los medios masivos como la televisión y la radio, en nuestra opinión no es del todo negativa en lo que a democracia se refiere. Por su lado, Florencia Núñez, al ser entrevistada específicamente sobre las posibilidades del arte en la era digital como forma de expresión de los valores democráticos, considera que en las redes las decisiones sobre qué arte consumir se vuelven siempre estrategias de alguien más, las redes segmentando a la sociedad según los gustos y afinidades particulares de cada cuál. Se acerca entonces su opinión a la de Wolton, que sostiene que la utopía hoy es política y no técnica: las nuevas tecnologías podrán mejorar la comunicación, pero esto no asegura una mejor planificación y organización política. Nicolás Arnicho respecto a esto dice en su entrevista,  refiriéndose al sistema educativo, que las nuevas técnicas tienen la potencialidad de agilizar y enriquecer la educación, pero que la técnica no sustituye a un proyecto educativo impulsado desde las instituciones del Estado.

Wolton tampoco considera a Internet un medio de comunicación (por ende tampoco de transmisión, en términos de Régis Debray), sino de expresión, y, em este sentido, el arte en la red sería un medio de expresión artística. No necesariamente el expresar significa comunicar. El músico Carlos Sánchez es partidario de esta idea y considera que el arte en sí mismo no es comunicación a menos que se le agregue la manifestación de un sentimiento o pensamiento social. En cambio Florencia Núñez halla que la música es reflejo de la sociedad y Vladimir Muhvich considera que hoy en día utilizando herramientas digitales se puede lograr influir desde el arte, lo que nos recuerda a fenómenos como las manifestaciones de Banksy o la sinfonía coordinada a través de redes en la manifestación Nuit Débout. Para Muhvich las herramientas tradicionales del arte no logran incidir social y políticamente como antes; hoy el arte incide con el intermediario de las grandes plataformas digitales generadoras de discursos. Por su parte, Nicolás Arnicho considera que las redes tienen más fuerza que la música; son las redes las que terminan influenciando, ya no el arte por sí sólo. Esto lo sintoniza con la visión de Manuel Castells sobre el poder de las redes. Con respecto a esto, Sergio Fernández haya que las redes lo que permiten en el arte es una relación simétrica entre los artistas de países antes contrapuestos entre dominantes y dominados. Pero aunque Castells considere que la mente humana hoy se vuelve una fuerza productiva directa, el arte pudiéndose estar volviendo más que nunca un proceso colectivo de producción, éste ignora o pasa por alto la polaridad intrínseca que está en la base de la lógica capitalista: en términos de Paul Baram, las redes que el capitalismo fomenta indirectamente son las redes centralizadas. Como veremos más adelante, hoy es posible generar un contrapoder hacia esta centralización, y, en el ámbito del arte, la institución mercado que centraliza la producción y el consumo del arte podría conocer un contrapoder desde la periferia.

Los entrevistados al ser cuestionados sobre las diferencias que percibían en el arte uruguayo hoy en día en comparación con el pasado mostraron su postura al respecto coincidiendo en una pérdida de la memoria histórica así como en una fusión de las identidades a escala global. Pedro Peralta  considera que muchos artistas se han rendido a la contemporaneidad y que el arte uruguayo ha perdido consecutividad histórica, así como Fernando Oliveri que haya que en Uruguay ya no hay una política seria en cuanto a la historia del arte. Nicolás Arnicho haya que los jóvenes hoy pierden la noción de los orígenes del arte que consumen. Por otro lado, Sergio Fernández considera que la identidad de cada uno está muy relacionada con la dimensión del arte de un territorio y que lo que sucede hoy es una mezcla de las identidades a través de la red de territorios muy ajenos entre sí mediante la expresión artística. Agrega que esta identidad producto de la fusión de culturas diferentes ya forma parte de la memoria emocional de los más jóvenes. En concordancia con esto, Vladimir Muhvich halla que la noción de arte uruguayo se está perdiendo  ya que no existe hoy en día un arte conocido por países. Esta fusión de identidades y de la expresión de éstas a través del arte sería impensable sin la existencia de las nuevas tecnologías de la comunicación. Según Atilio Boron, en movimientos sociales como el mayo del 68 francés, se activa una memoria colectiva presente en todos los individuos de una población y que trasciende al tiempo. Es esta memoria emocional colectiva que forma cada identidad de la que habla Sergio Fernández. Pero según Borón, estas manifestaciones no pueden morir en la red; necesitan salir a la calle y hacerse un espacio en ella para lograr así la cristalización de un ideal. Como dice Nicolás Arnicho en su entrevista: “La vida está en la calle”. En contraste con el pensamiento de Domique Wolton sobre las redes sociales como enemigas de la democracia y sus valores, se nos presenta entonces una visión alternativa donde las redes digitales serían las redes neuronales que vincularían ideologías entre sí con el poder de lograr movimientos como los de “Marea Granate“. Las nuevas tecnologías que por un lado generan el encierro de las individualidades en grupos aislados unos de otros según sus intereses, por otro lado permiten la puesta en común de identidades frente a un interés compartido como nunca antes fue posible. Y mientras que las redes digitales poseen hoy la hegemonía como medio de vínculo cuando la masa humana está segmentada, las calles y la expresión de esos intereses compartidos le siguen perteneciendo al arte cuando la masa se manifiesta fuera de la Internet. Según Pedro Peralta, el arte es el medio que sensibiliza a la sociedad humana, y quién es sensible no puede soportar que sometan su libertad.

Según el politólogo Joan Subirats, Internet permite reducir costos y aumentar la extensión, cambiando así el orden social al horizontalizarlo. En el ámbito del arte, Florencia Núñez percibe que es mucho más fácil hoy en día que antes el distribuir la producción artística para un artista ya que hoy se acercan más que nunca el artista y el consumidor. La cadena de producción se ve así invertida. Subirats sostiene que en la nueva era digital hay que repensar el sistema democrático buscando implicar más directamente a la ciudadanía. La información, según este pensador, debe de fluir de abajo hacia arriba en la jerarquía de poder. Se generan hoy comunidades con intereses comunes que tienen la capacidad de generar presión por fuera de lo institucional. El conocimiento ya no es de élite y se rompe con la sectorización del poder en el ámbito educativo. Respecto a esto, Pedro Peralta considera que la autoridad del conocimiento que antes pertenecía a una élite de sabios mayores de edad, hoy está en migración hacia los jóvenes internautas nacidos dentro de la sociedad de la información, y considera que la voz de estos jóvenes de la nueva generación digital será de peso en el futuro próximo. Un ejemplo de esto es el movimiento “Marea Granate” de jóvenes estudiantes españoles obligados a emigrar fuera de España. Subirats, como lo hizo Sergio Fernández en su entrevista, subraya la desterritorialización de la que es testigo el mundo, al comenzar a romperse el nacionalismo institucionalizado y a formarse redes alternativas que se contraponen a los antiguos núcleos institucionales. Considera el politólogo que es tarea del Estado el articular las relaciones entre las instituciones y estos nuevos grupos interconectados de acción independiente. Se rompe así la intermediación en el acceso al arte gracias al código abierto existente en Internet, y como plantea Florencia Núñez, las instituciones que antes mediaban el acceso al consumo y al aprendizaje de las diferentes artes hoy deben modificar sus estrategias de supervivencia. Según Pedro Peralta, estas estrategias de supervivencia hacen que las instituciones cambien con respecto al pasado y estén hoy más confundidas con el mercado, funcionando así según sus leyes. Vladimir Muhvich considera que las instituciones del arte como ser institutos de formación, galerías de arte, discografías o museos, son un registro de lo que pasa en la sociedad y de los filtros que esta misma impone a lo que considera arte. Por su lado, Sergio Fernández considera las instituciones educativas como cristalizadoras de la búsqueda del estudiante de su identidad como ser humano y como artista. Igualmente, Carlos también considera importantes a las instituciones como formadoras de los individuos, pero también considera importante el saber desvincularse de ellas.

La politóloga Elinor Ostrom hace incapié en la importancia de un compromiso comunal en la administración de los bienes comunes, considerando que si perjudicamos los recursos que son compartidos, nos perjudicamos a nosotros mismos. Lo mismo opina el artista Fernando Oliveri al pensar en los derechos de autor como un derecho de bien común que busca la protección del derecho personal a través de la protección del derecho del otro sobre la propiedad intelectual. La hiperconectividad en la era digital ha traido a la luz este debate sobre los derechos de autor, la legislación analógica no logrando alcanzar a un mundo digital donde, inevitablemente, todo se comparte. Con respecto a esta cuestión, la mayoría de artistas considera que tiene que haber remuneración o por lo menos reconocimiento sobre la producción artística de cada artista, ya que la propiedad intelectual no deja de ser propiedad (Florencia Núñez). Por otro lado, Vladimir Muhvich considera que el producir información genera más información, por lo que considera el colectivizar el conocimiento como un aspecto positivo de la nueva sociedad de la información, siempre y cuando cada cual tenga derecho a ser reconocido por la información que produce. Pedro Peralta por su parte considera que el derecho de autor pende de la lógica del sistema capitalista. En un mundo cada vez más interconectado comienzan así a hacerse latentes las contradicciones de un sistema que parece ser necesario repensar.

 Según Derrick De Kerckhove, las nuevas tecnologías se integran a las antiguas generando la virtualización del pensamiento y la digitalización de la identidad. Hoy todos los medios convergen en los nuevos celulares smartphone, cristalizando lo que Harold Innis consideraba la disolución de la ruptura entre el espacio y el tiempo. Los artistas entrevistados manifiestaron al ser cuestionados sus inquietudes respecto a los riesgos que consideran conllevan las nuevas tecnologías de la comunicación y la era digital. Vladimir Muhvich considera que con la reproducción a gran escala que permite la era digital, se comienza a perder el oficio de hacer una acción, poniendo como ejemplo la fotografía digital que hace perder a quién busca tomar una foto el tiempo de contemplación previo a hacer la toma. Sergio Fernández por su lado ve con positivismo la fidelidad de registro de sonido que poseen los aparatos digitales, ya que esta fidelidad impulsa a los artistas a perfeccionarse y ser más exigente con ellos mismos, pero por otro lado considera que se corre un riesgo al tercerizar las capacidades sensitivas del ser humano; el depender de aparatos digitales para afinar un instrumento impide el desarrollo del propio sentido de la escucha. Considera así mismo que las nuevas facilidades de producción artística generan una superproducción que muchas veces vulgariza las ideas. Esto nos envía al pensamiento de Eric Sadin sobre el “Internet de las cosas”, corriéndose hoy el riesgo de que los algoritmos tomen el poder sobre las decisiones propias de los seres humanos.  Florencia Núñez se muestra partidaria del pensamiento de Marshall McLuhan al considerar que la revolución digital es una revolución que se produce también en la gente, ya que los seres humanos evolucionamos en conjunto con nuestras herramientas. Gracias a las nuevas tecnologías, los más jóvenes hoy piensan hipertextualmente, ya no de forma lineal. Pero las redes dan la sensación de una realidad inmediatizada, cuando en realidad esta ilusión está mediatizada según el punto de vista de quién sostiene el medio. Según Carlos Sánchez, Internet fomenta un consumo pasivo del arte, medio de transmisión de valores universalmente válidos desde los orígenes de la cultura, y el arte es algo a ser interpretado activamente. Tanto Florencia Núñez, como Sergio Fernández y Nicolás Arnicho consideran de importancia el desarrollar consciencia crítica en los más jóvenes y disciplinar la utilización de los medios tecnológicos, para no volverse un mismo cuerpo con la técnica. El contacto humano es visto por estos artistas como algo esencial en toda formación. El espacio vivencial por fuera de la red digital es considerado fundamental para la generación de individuos responsables con la comunidad humana del futuro. Según Sergio Fernández, un proceso de aprendizaje precisa de un tiempo de aprendizaje, y la inmediatez en la que nos instauran los nuevos medios perjudica la formación artística. Por su parte, Pedro Peralta considera que la sensibilidad de la especie humana se encuentra en riesgo en un mundo que se vive a distancia y de forma abstracta. Así como Nicolás Arnicho considera importante la conciencia sobre los orígenes del arte que consumimos, podríamos preguntarnos si la retribalización de la sociedad humana en la que considera McLuhan que hoy estamos significa también una vuelta hacia la importancia de los símbolos como medios de transmisión de valores democráticos, así como de la importancia de su memorización colectiva; o si más bien en la inmediatez de la era digital corremos el riesgo de diluir la memoria colectiva así como los símbolos históricamente a ella asociados. Pedro Peralta considera que la democracia unida a las nuevas tecnologías de la comunicación permiten sí una mayor participación social y un mayor acceso al consumo y a la producción de arte, pero también considera, como Sergio Fernández, que los contenidos sensibles y realmente informativos se diluyen en una superproducción que termina siendo controlada por las leyes del mercado. La democracia de la era digital, según Peralta, también daría cabida a la libre difusión de ideas completamente contrarias a los valores democráticos. Teniendo en cuenta al arte como principal vehículo transmisor de la historia de nuestra humanidad y de los valores éticos y morales que están en los cimientos de la misma, cabría preguntarse entonces también si la era digital hace necesaria en el futuro próximo una implementación de políticas de responsabilidad sobre el arte difundido que se encuentren alejadas de la lógica del mercado y se acerquen lo más posible a un interés de patrimonio colectivo.

Bruno Gariazzo

Diálogos en imágenes

Bruno Gariazzo

Código QaRte

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Con millones de celulares smartphones repartidos en todas las comunidades y en una situación constante de aumento en eficiencia y rapidez de esta tecnología novedosa, las aplicaciones de lectura de códigos QR se nos presentan como una oportunidad brillante para enriquecer el contenido artístico en todas sus expresiones. La tecnología aparece así una vez más como una herramienta prometedora para favorecer la creciente democratización del arte.

Bruno Gariazzo