El poder oculto de la biodiversidad

Nota escrita para la sección CROMO del diario El Observador

El pasado lunes 22 de abril se celebraba el Día Internacional de la Madre Tierra, una fecha especial impulsada por el senador estadounidense Gaylor Nelson en 1970 y que, desde entonces, se celebra anualmente como una forma de generar conciencia a nivel global sobre la importancia de proteger nuestro planeta. La iniciativa de Nelson marcó el nacimiento de los movimientos ambientalistas modernos y abrió el camino para que tuviesen lugar la Cumbre de la Tierra de Estocolmo en 1972 y el Acuerdo de París firmado el 22 de abril del 2016. En ambas instancias se hizo énfasis en la responsabilidad que tiene el ser humano respecto de su entorno y de su implicancia en el denominado Calentamiento Global. Una suma de factores que son fruto de la actividad humana ponen en peligro la vida sobre la Tierra: la contaminación de la atmósfera y del agua, el crecimiento exponencial de nuestra población y el aumento de residuos plásticos en los océanos. Pero hay un factor cuya importancia suele pasar desapercibida para una gran fracción de la población: la pérdida irrecuperable de la biodiversidad.

El pasado jueves 25 de abril se llevó a cabo en el Museo Carlos Alberto Torres de la Llosa una presentación sobre los efectos de la forestación en la diversidad de aves de nuestro país de la mano del Licenciado Pablo Fernández. La charla fue la primera actividad del ciclo «Conversando de Nuestra Fauna 2019» organizado junto a la Sociedad Zoológica del Uruguay, y en ella el licenciado expuso lo que constituyó su investigación para realizar el trabajo de grado con especialización en ecología de la Licenciatura en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias.

Ambientes sustituidos

La presentación comenzó informando que cerca del 50% de la superficie terrestre sin congelar ya ha sido modificada por el hombre, lo que significa que gran parte de algunos ecosistemas del planeta se han visto alterados y fragmentados. Esto se postula como una de las principales causas de la crisis global de la biodiversidad, la cual puede entenderse como la riqueza en número de especies animales y vegetales que habitan un ecosistema determinado. En efecto, las actividades agrícolas y ganaderas traen consigo la sustitución de ciertos ambientes naturales por otros, provocando el desplazamiento de muchas especies que bajo estas presiones corren el riesgo de extinguirse.

El bioma que es insignia del Uruguay es el pastizal o pradera, y, según el estudio realizado por el grupo de investigadores del que Pablo Fernández forma parte, muchas especies de aves que habitan este bioma están viendo su existencia comprometida a causa de la alteración o sustitución de su hábitat natural principalmente por la agricultura, urbanización y más recientemente por  la actividad forestal. Fernández recordó a los presentes que se deben de distinguir la forestación rural antigua, aquella que da protección al ganado, de la forestación industrial moderna, aquella destinada mayoritariamente a producir papel y que se ha visto incrementada en los últimos 30 años. Recordó también que la forestación no es un ecosistema aislado, lo que presentaba un desafío para el estudio, sobre el cual contó:

“En realidad partíamos de la base de que no teníamos conocimiento sobre lo que nos íbamos a encontrar. Fuimos con un método objetivo a relevar paisajes forestales y ver qué nos encontrábamos. Pero no sabíamos nada de las especies beneficiadas o desplazadas, esas eran, entre otras, las preguntas que teníamos para plantear la investigación”.

“En ese sentido – continuó Fernández – es importante resaltar aspectos positivos de esta actividad, ya que, a diferencia de la gran mayoría de las actividades agrícolas que se realizan en el campo, las empresas forestales han abierto “las porteras” a los biólogos en Uruguay a través de convenios con Facultad de Ciencias y a través de trabajos de consultoría para lograr los estándares de certificación. Esto ha permitido generar avances en el conocimiento de los efectos de esta actividad en la biodiversidad.”

La investigación consistió en establecer diferentes puntos de conteo (unos 600) de especies de aves en diferentes regiones delimitadas dentro de estos tres ambientes mencionados, llevándose un registro de las mismas cada 10 minutos. Para evaluar el impacto de la actividad forestal en la biodiversidad de aves a escala Paisaje (en ecología una escala ubicada entre lo regional y lo local), se analizó el número de especies en función de un gradiente creciente de forestación en diferentes paisajes agroforestales del Uruguay. Los resultados obtenidos demuestran que a medida que aumentan las áreas forestadas, menor es el número de especies especialistas de los pastizales. Dentro de las aves que se verían entonces desplazadas por esta actividad industrial se encuentran la perdiz, el ñacunda y la ratonera aperdizada. Aun así, durante un estudio paralelo realizado por otro equipo, se logró captar con cámaras varios ñandús, y hay algunos registros en Brasil y uno en Uruguay de ejemplares anidando dentro de áreas forestadas, por lo que esta especie, especialista de pastizal, podría ser capaz de adaptarse a este nuevo ambiente.

Por otro lado, la falta de diferentes estratos de la vegetación en las áreas forestadas (es decir de árboles, arbustos, y sotobosque de diferentes alturas) podría estar explicando la baja diversidad de aves que allí pueden habitar, en comparación con los bosques nativos. Teniendo en cuenta que en Uruguay habitan 23 especies de aves amenazadas a nivel global, muchas de las cuales están asociadas a nuestros pastizales, al final de la exposición el licenciado manifestó la importancia de valorar y de conservar nuestras praderas, y recordó que, de las 14 áreas protegidas de nuestro país, ninguna representa a este bioma. Para esto planteó como fundamental que se compatibilicen los slogans “Uruguay Natural” y “Uruguay Productivo”.

Un juego de equilibrios

En diálogo con Cromo, Pablo Fernández cuenta que existen varias posturas entre los científicos con respecto al rol que deben cumplir las ciencias naturales frente a las ciencias políticas, sociales y económicas: mientras que unos opinan que todas deben trabajar juntas desde el mismo lugar, otros consideran que el científico se tiene que encargar sólo de generar el conocimiento, siendo tarea de los políticos el aplicarlo para el mayor beneficio de la sociedad. “Sin duda lo ambiental es algo que a nivel político es un debe”, continuó explicando el investigador, “se tiene que manejar porque es una de las dimensiones que se encuentra repercutiendo en las otras dimensiones, sociales y económicas, a nivel local y global”.

Cuenta el investigador que el manejo de ecosistemas “es un concepto no tan nuevo que habría que tratar de incorporarlo lo antes posible. Razones sobran. Son sabidos todos los problemas que hay a nivel global. Algunos pueden creer que son exageraciones, pero hay datos sobre la mesa que son irrefutables”.

La activista sueca Greta Thunberg, de 16 años, dijo en diciembre del 2018 ante la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas (COP24): “Solo hablan sobre seguir adelante con las mismas malas ideas que nos metieron en este desastre, incluso cuando lo único sensato que pueden hacer es poner el freno de emergencia”. Con sus palabras firmes dejó a un montón de líderes sin palabras, remarcando la necesidad de que los problemas medioambientales sean puestos en palabras mayúsculas dentro de los discursos políticos.  

Para ayudar a comprender mejor la amenaza que se esconde detrás de una pérdida global de biodiversidad, Pablo Fernández explicó que el mayor riesgo reside en la incertidumbre. “Estar perdiendo así nomás información que demoró miles de millones de años en evolucionar, que se encuentra funcionando activamente en los ecosistemas, me genera preocupación, justamente porque no sabemos el grado de importancia de lo que estamos perdiendo”, dijo Fernández, “es el argumento número uno que se me ocurre para invitar a reflexionar”. Resulta que cada especie cumple una función específica en un ecosistema, pero que esa función puede ser respaldada por otra especie en caso de que la primera se pierda. El problema surge cuando son tantas las pérdidas que deja de ser posible esa compensación, de forma que la red se destruye. Podríamos asociarlo al juego “Jenga” (¡jugando a ciegas!), y quien lo conoce sabe qué sucede si se quita la maderita equivocada. Cuando los discursos políticos siguen dirigidos a un aumento de la producción, brilla la necesidad de compatibilizar estos discursos con la conservación de los recursos. “Según muchos autores estamos en la sexta extinción masiva”, apuntó el ecólogo, “hay muchas cosas en juego, pero lo más peligroso me parece que es no saber cuánto es lo que está en juego”. 

Bruno Gariazzo

Un terror infundado

Nota escrita para la sección CROMO del diario El Observador

“Los dientes puntiagudos, los labios voluptuosos, manchados de sangre… Todo ello era suficiente para producir escalofríos de terror, y su cuerpo sensual, visiblemente carente de alma, era como una burla diabólica de lo que fuera en vida el cuerpo de Lucy”. Estas palabras preceden al asesinato del personaje de Lucy en la novela “Drácula” de Bram Stoker, personaje que se transforma en un ser abominable e inmortal luego de una mañana en la que dos orificios rojos son encontrados en su cuello. Aunque los vampiros no representan más que una ínfima parte del enorme grupo de los murciélagos, los mitos y las historias como la de Stoker han sido suficientes para infundir un profundo miedo hacia estos animales en nuestra cultura. El pasado jueves 4 de julio, el biólogo Santiago Chitaro brindó una charla en el Museo de Historia Natural Dr. Carlos A. Torres de la Llosa sobre la importancia de la conservación de los murciélagos en nuestro país, y, en diálogo con Cromo, explicó en qué sentido el temor hacia estos mamíferos voladores es totalmente infundado.

Un terror que aletea en la noche

Chitaro forma parte del Programa para la Conservación de los Murciélagos de Uruguay (PCMU), se encuentra muy vinculado a los exploradores de cavernas del Centro Espeleologico Uruguayo Mario Isola (CEUMI), y considera que el terror que envuelve a sus objetos de estudio parte principalmente de la superstición. La asociación en las culturas occidentales de los murciélagos con las tinieblas y el peligro aparece reiteradas veces tanto en forma de relato oral, como de forma oral y escrita. Más allá de la sombra del conde Drácula y su séquito de seres chupa sangre con fobia a la luz del Sol y a las estacas, los murciélagos son proyectados en la Biblia como “aves inmundas”, y en “El Paraíso Perdido” de John Milton el propio Satanás aparece representado en una ilustración de Gustave Doré con las alas de estos animales. El Caballero de la Noche (mejor conocido como Batman) utilizaba a su favor el profundo pavor de las personas hacia estas criaturas para luchar contra el crimen. Saliendo de nuestra cultura, los mayas asociaban a los murciélagos con el dios Camazotz, dios de la noche, la muerte y el sacrificio. En cambio, curiosamente dentro de la mitología China éstos suelen estar relacionados con las hadas y ser símbolos de buena suerte, longevidad, salud, felicidad y prosperidad. Esta visión oriental agrada a Chitaro, quien considera que la negatividad que recae sobre los murciélagos es injusta, sobre todo teniendo en cuenta que, de entre las 1100 especies que de ellos existen, sólo tres son las temidas especies vampiro.

En efecto, más del 70% de las especies de murciélagos del mundo son insectívoras y frugívoras, es decir que se alimentan respectivamente de insectos y frutas. Luego las hay polinívoras (se alimentan de polen), carnívoras (de carne) y piscívoras (de peces), pero sólo una ínfima parte es hematófaga: son las bebedoras de sangre, las responsables de las historias de vampiros y de las interpretaciones demoníacas de la existencia de estos seres voladores tan diferentes al común de las aves. Pero es precisamente por su diferencia que han inspirado a lo largo del tiempo tanto miedo: era difícil explicarse para las antiguas culturas humanas qué eran esas extrañas criaturas nocturnas, en apariencia ciegas pero que de alguna forma lograban guiarse en la penumbra. Hoy se sabe que se guían a través de lo que se conoce como “ecolocación”: gracias a las contracciones de una laringe más ancha que la de otros mamíferos, los murciélagos son capaces de emitir ultrasonidos (sonidos de alta frecuencia) que, al rebotar en diferentes objetos o presas y llegar hasta sus oídos, les aportan información acerca de las distancias que los separan de sus objetivos u obstáculos, logrando construir verdaderos mapas tridimensionales de los espacios que circundan.

Aunque para Santiago Chitaro el aspecto de los murciélagos está lejos de ser amenazante, muchos considerarían que las facciones de su rostro podrían explicar parte del rechazo que sufren, pero esto podría ser una reacción secundaria estimulada por la representación de varios de nuestros demonios a su imagen y semejanza. Por otro lado, la mordedura de un murciélago vampiro es particularmente temida desde el descubrimiento del virus de la rabia, ya que estos mamíferos, al igual que muchos otros, son también transmisores de esta enfermedad. Pero, según Chitaro, las probabilidades de que un murciélago muerda a una persona son ínfimas, y más ínfimas aún son las posibilidades de que justo ese murciélago sea portador del virus de la rabia. Los vampiros son pocos, suelen alimentarse de la sangre del ganado y las presencia de personas suele ahuyentarlos, por lo que esta fobia a la transmisión de enfermedades por la mordedura de un murciélago lo único que trae como consecuencia es la matanza en masa de colonias enteras de animales inofensivos. “Creo que el miedo por trasmisión de enfermedades es más una excusa que una justificación, ya que son poquísimos los casos de contagio a otros animales, y muchísimo menos a humanos”, opinó el biólogo.

La conservación del incomprendido

Su apariencia podrá confundirnos, pero Chitaro afirma que los murciélagos presentan muchas más semejanzas con los seres humanos que diferencias. “Generalmente le tememos a lo que nos puede dañar, pero también a lo que no entendemos, nos resulta incómodo o es muy distinto a nosotros a primera vista – explicó el investigador – Con los murciélagos pasa algo parecido: son animales que si bien son distintos a los humanos en apariencia, no son más diferentes de lo que es un hombre de un conejo”. El nombre científico de este grupo de mamíferos, Chiroptera (quirópteros), proviene de las palabras griegas cheir, que significa “mano”, y pteron, que significa “ala”. En efecto, el ala de un murciélago en verdad es un brazo y una mano modificada con dedos muy largos unidos por una membrana denominada “patagio”. Al igual que los humanos, viven en grandes colonias de miles a millones de individuos que cooperan entre sí con comportamientos altruistas, como por ejemplo a través del cuidado de crías por madres ajenas o la colaboración entre machos en la defensa de las hembras. Estos comportamientos sociales son utilizados la mayoría de las veces por los humanos cuando desean deshacerse de una colonia de murciélagos: como éstos comparten su comida y se acicalan mutuamente, a los exterminadores les basta con atrapar a uno, envenenar su pelaje y devolverlo a la colonia a la espera de que se extienda el veneno entre sus pares.

Pero la conservación de los quirópteros no es sólo importante por la empatía que pueda significar el parecido que guardan sus sociedades con las nuestras, sino que su existencia aporta beneficios tanto a los ecosistemas que comparten con ellos los seres humanos como a la propia economía de nuestros recursos. De hecho, como la mayoría de los murciélagos son insectívoros, éstos controlan a las poblaciones de plagas que puedan afectar a los cultivos agrícolas, como es el caso de coleópteros (escarabajos) o dípteros (moscas), además de luchar contra insectos que comúnmente son transmisores de enfermedades como son los mosquitos. Estos animales también son importantes polinizadores de plantas que florecen durante la noche y, en otros países, también funcionan como dispersores de semillas fundamentales para la conservación de los ecosistemas. “¿Quién sabe cuántos más beneficios estamos obteniendo de ellos sin que lo sepamos? – se cuestionó Chitaro – He allí una de las razones por las que debemos seguir estudiándolos para poder entender las interacciones positivas que existen entre murciélagos y humanos”.

Existen actualmente 23 especies registradas de murciélagos en Uruguay, ocho de las cuales están catalogadas como “vulnerables” o “muy vulnerables” por su escasa presencia en el país y su delicado estado de conservación. Algunas de estas especies son el murciélago orejudo oscuro (Histiotus velatus), el murciélago dorado (Eptesicus diminutus ), el murciélago de orejas anchas patagónico (Eumops patagonicus) y el murciélago de línea blanca (Platyrrhinus lineatus). Las principales amenazas que hoy sufren los quirópteros son la perturbación de sus colonias, la destrucción y modificación de sus refugios y/o hábitats por la forestación o la exterminación (quema) “sanitaria”, la persecución por falta de información, los parques eólicos, que constituyen un  riesgo potencial por colisión, y el uso de agrotóxicos.

Como principal consejo para ayudar a conservar a este grupo tan particular de mamíferos, Santiago Chitaro recomienda antes que nada informarse antes de actuar. “Es la clave para protegerlos – aseguró el biólogo – Lo demás va de la mano del respeto que tenemos que tener hacia estos animales como hacia cualquier especie en nuestro país”.

Bruno Gariazzo

La proyección de la risa

Artículo publicado en el diario La República

Un piano rodando libre cuesta abajo a través de una calle desierta; un hombre que se resbala y cae al suelo por culpa de una cáscara de banana inoportuna; infinitas persecuciones entre ladrones y policías, entre amantes y entre ofensores y ofendidos; golpes en la cabeza, golpes en la rodilla, objetos pesados que caen lastimosamente sobre el dedo gordo de un pie al descubierto y los saltos adoloridos del afectado. Todos son elementos típicos de la comedia como hoy la conocemos, y sobre todo son elementos de la comedia cinematográfica que siguen haciendo reír a personas de todas las edades más allá de las adversidades.

Los orígenes del cine cómico se remontan a los albores del arte de las imágenes en movimiento y sus primeros trazos son responsabilidad de los propios creadores del cinematógrafo: los hermanos Lumière. De la misma forma que éstos crearon sin buscarlo el arte más importante del siglo XX, también incursionaron por pura casualidad en el género de ficción y en la comedia con su breve corto llamado «El regador regado». La travesura de un niño que corta el flujo del agua de una manguera para luego devolvérselo en la cara a un regador desconcertado inauguró en el cine el uso de los recurrentes «gags» y del género «slapstick», es decir ese género plagado de bromas visuales y golpes que tanto furor hizo, primero en Francia y más tarde en Estados Unidos.

Cabe destacar que el cine nace en una cuna fuertemente inspirada en la Comedia Francesa que toma rasgos claramente extraídos del espacio teatral. Las actuaciones payasescas de los actores franceses como André Deed, quien bebió del genio de las primeras fantasías cinematográficas George Méliès, encuentran su exponente a comienzos del siglo XX en la figura de Max Linder. De nombre real Maximilien Gabriel Leuvielle, este actor protagonizó a un personaje salido de la aristocracia, un caballero refinado vestido de frac, bastón y galera, que se veía enredado en las más ridiculizantes situaciones. Obras como «Max pedicuro», «Max y la quinina» o «El casamiento de Max» despertaban la hilaridad de un público que disfrutaba de ver en situaciones embarazosas a un representante de una clase social prestigiosa. Max Linder fue el primer gran cómico del cine, capaz de generar una histeria colectiva cuando se lo creyó muerto en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, a cuyas filas fue movilizado.


La explosión de la guerra obligó a muchos artistas a emigrar a los Estados Unidos, incluido al querido Charles Chaplin, a quien Max Linder reemplazó en la productora norteamericana Essanay en 1916. Desgraciadamente, las sonrisas que este cómico inspiraba no se correspondían con la depresión que le terminó quitando la vida junto a su esposa, con quien se suicidó en 1925 en el país de las oportunidades. A la sombra de Max Linder ya había crecido en esos años otra gran estrella del «star system» americano: Michael Sinnott, mejor conocido como Mack Sennett. Junto a la actriz Mabel Normand y a la productora Keystone, Sennett popularizó las delirantes persecuciones entre automóviles, entre personajes a través de tejados, las caídas estrepitosas, los tortazos con tartas de crema, y todos esos elementos tan comunes en las caricaturas animadas hasta el día de hoy.


Pero no se puede hablar de los orígenes del cine de comedia sin hablar del ya mencionado Chaplin ni de su ingeniosa forma de mezclar la risa con un involucramiento social admirable. Procedente de una familia judía de actores, Charles Chaplin fue víctima de la pobreza en la que se sumió Inglaterra luego de la Gran Guerra. Este escenario de hambruna y desconsuelo en el que vivió el artista fue inspiración para su película «El Chico» de 1921, así como para su discurso a favor de la paz y la cooperación de los pueblos que da su personaje en la película «El Gran Dictador». Junto a la troupe de pantomima liderada por Fred karno, Chaplin legó a tierras norteamericanas para pasar a unirse a la Keystone de Mack Sennett en 1913. El genio de Chaplin no tardó en desviarse del sendero trazado por Sennett para comenzar a delinear su propio camino artístico, que como ya hemos dicho está marcado por un fuerte compromiso social. De esta forma, Chaplin se embarcó con su personaje de Charlot en una aventura dirigida por la risa que buscaba destruir las instituciones establecidas, revolucionar los roles adjudicados a las clases sociales, y, por sobre todas las cosas, ubicar al amor entre los seres humanos como única máxima legítima a perseguir por la sociedad. Todos los roles de poder son por él puestos en ridículo: jefes de empresas, policías, nuevos ricos lujosos y matones fornidos son llamados a enfrentarse a este enclenque personaje sin miedo a las jerarquías.


Otro de los exponentes de la comedia del cine mudo que es menester nombrar es Buster Keaton. Joseph Frank «Buster» Keaton fue conocido como «cara de piedra», o «cara de palo» en España, por su aspecto impasible y su rostro inexpresivo frente a las más disparatadas situaciones. Esta inexpresividad contrastaba con las exageradas gesticulaciones que caracterizaban a los comediantes de la época, quienes debían transmitir hilaridad en ausencia de cualquier sonido. Pero lo más asombroso de este personaje era su capacidad de salir ileso de las circunstancias más riesgosas, habilidad que lo caracterizaba desde pequeño y que originó su apodo. Caer desde una altura considerable aferrado a un andamio que se desploma, viajar sobre el extremo delantero de una locomotora a toda velocidad, o salvarse de ser aplastado por la fachada de una casa por estar ubicado justo en el hueco dejado por una de sus ventanas, son solo unas de sus más conocidas peripecias. El propio Chuck Jones, guionista y caricaturista responsable de los Looney Tunes, reconoció que Buster Keaton inspiró a personajes de la talla de Bugs Bunny.


Como hasta el momento todos estos comediantes estaban acostumbrados a trabajar para el cine mudo, sus actuaciones pendían más que nada de la pantomima, es decir de la expresión a través de gestos y no de palabras. El cine sonoro vino a cambiar este paradigma completamente, por lo que en un inicio el mismo Chaplin puso el grito en el cielo, y actores como Buster Keaton que no pudieron adaptarse a la nueva tecnología quedaron en el olvido. Sin embargo, sin el sonido no hubiese sido posible el conmovedor discurso que brinda Charlot en «El Gran Dictador» al sustituir por accidente la figura de Adolf Hitler. El cine sonoro también dio nuevo aire a actores como Oliver Hardy y Stan Laurel, dúo mejor conocido en España y Latinoamérica como «El gordo y el flaco», ya que de la contraposición del acento sureño de Hardy y del acento inglés de Laurel surgió un novedoso factor de comicidad desconocido hasta el momento en el cine. Otro dúo que se alimentó del diálogo en pantalla fue el compuesto por Bud Abbott y Lou Costello, dúo cuyas conversaciones hilarantes ya habían comenzado de forma radiofónica, remarcando la importancia que significó la inclusión del sonido en el cine como puerta a toda una nueva gama de artistas. Por primera vez era posible hacer del lenguaje hablado la base de la comicidad en la pantalla, lo que enriqueció y dio carisma a las actuaciones de comediantes como el mexicano Mario Moreno, mejor conocido como Cantinflas. Las maneras ocurrentes de escapar de situaciones comprometedoras a través de la profunda intrincación de las conversaciones fueron, gracias al personaje de Moreno, pronto conocidas en Latinoamérica y el mundo como «cantinfladas».





 Los sonidos de los golpes, explosiones y caídas enriquecieron la comedia tanto en dibujos animados como en actores caricaturescos como Los Tres Chiflados.  La música en conjunción con el sonido de diferentes instrumentos de la dirección artística dieron otro puntapié a la imaginación al servicio de la risa, como lo demuestran la escena de Jerry Lewis con sus dedos bailoteando sobre una máquina de escribir invisible o los porrazos delirantes de Tom y Jerry, el Pato Lucas o el Coyote y el Correcaminos. El sonido también abrió la puerta a los diálogos embebidos del absurdo que lanzaron a la fama a los Hermanos Marx, Groucho, Chico, Zeppo y Harpo, quienes sorprendieron a anteriores comediantes de la pantalla por sus locos discursos y películas que ponen a prueba todo atisbo de sentido, como «Sopa de ganso» y «Una noche en la ópera». Con unas cejas y un bigote engrosados con pintura, un habano en la esquina de la boca y chistes a grandes zancadas, Groucho Marx delineó el humor que sería de inspiración a comediantes célebres como Woody Allen.


Tanto personajes de carne y hueso como personajes creados desde cero a través del dibujo se alimentaron de los pioneros de la risa proyectada. La pantalla comenzó a funcionar gracias a su trabajo como un espejo distorsionado en el que podíamos apreciar versiones ridículas de diferentes actores sociales como de nosotros mismos. Las caídas, los golpes, las persecuciones, y las palabras fuera de toda fórmula pasaron a ser esos elementos que ayudan (y ayudarán en el futuro) a liberar las tensiones cotidianas de la olla a presión que constituyen nuestras sociedades humanas.





Bruno Gariazzo