La creatividad al servicio del ahorro energético

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

Durante los últimos cincuenta años, la relación del ser humano con el medio ambiente no ha hecho más que deteriorarse. Anualmente se producen 300 millones de toneladas de residuos plásticos, de los cuales 13 millones se calcula que se arrojan a los océanos. Debido a esto, según un estudio de la revista Proceedings de la Academia nacional de Ciencias, el 90% de las aves marinas del mundo acumula residuos plásticos en su aparato digestivo. Por otro lado, la OMS señala que nueve de cada diez personas respira aire contaminado, cuando el calentamiento global debido a las emisiones de carbono ya ha reducido en 40 años aproximadamente el 40% del área cubierta por hielo marino.

Ante este panorama cuasi apocalíptico, generar concientización dentro de la sociedad para cambiar los hábitos humanos diarios parece, más que una necesidad, una urgencia. En este sentido es que el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), junto al Consejo de Educación Secundaria (CES) y el Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP), dan desde 2016 la posibilidad a alumnos de centros educativos de secundaria y de UTU de presentar sus proyectos al Concurso de Eficiencia Energética.

El pasado 10 de abril de 2019 se realizó a las 11 de la mañana la feria “Exposición de ideas brillantes” en el Centro de Escalada Deportiva “La Muralla”, en donde se expusieron algunos de los trabajos que fueron premiados en ediciones anteriores del concurso. Alumnos de liceos y escuelas técnicas de todo el país acudieron al evento para presentar sus proyectos al público interesado y para participar de una jornada de integración y puesta en común de ideas. Luego de haber culminado la etapa “expositiva” de la feria, los estudiantes pudieron disfrutar de una actividad deportiva en la cual la escalada, las alturas y los arneses fueron protagonistas.

En medio de este clima de diversión y alegría,  la Encargada de Comunicación del MIEM, Melina Pais, contó a Cromo que una de las líneas estratégicas del Ministerio está enfocada en promover la eficiencia energética, y eso equivale a generar un cambio cultural. Para presentarse al concurso, los centros educativos interesados deben antes que nada realizar un diagnóstico energético de sus instalaciones, para luego presentar un informe al MIEM detallando cuáles serían aquellos cambios que se podrían realizar para funcionar de forma más eficiente en cuanto al uso de la energía. Los premiados verían financiados tales cambios en su centro educativo. Para realizar estos análisis de datos, dice Pais que el Ministerio tiene un convenio con la organización sin fines de lucro “Ciencia Viva”, que otorga a las instituciones que participan en el concurso maletines llenos de sensores y herramientas de medición, como cámaras termográficas y enchufes inteligentes que miden el consumo eléctrico. “Es fundamental que los gurises se apropien de la tecnología y que la puedan aplicar a todos estos conceptos”, resalta Pais, “ellos son los protagonistas en todo momento”.

Fotografía: Leonardo Carreño

Alumnos, profesores y técnicos de la Dirección Nacional de Energía se mantienen en contacto a través del desarrollo de todos los proyectos a través de la plataforma “Crea2” facilitada por el Plan Ceibal. “Es un ámbito que favorece mucho la articulación cuando estamos hablando de centros tan dispares en todo el país; es algo que acerca mucho los proyectos”, afirma Pais, “ellos permanentemente están contando sus procesos, las dificultades que tienen, los logros que alcanzan”. Según la comunicadora, la gran diversidad de proyectos que se presentan al concurso se debe a la propia diversidad de idiosincrasias del espectro de centros educativos. Mientras los estudiantes de escuelas técnicas están más inclinados a innovar desde la construcción de nuevos dispositivos eficientes, los liceos están más enfocados en trabajos de difusión, de sensibilización del público, explotando un lado más artístico. También destaca Pais lo enriquecedor de la convergencia entre todo un abanico de diferentes disciplinas como la matemática, la física, la química, la literatura o la historia.

Fotografía: Leonardo Carreño

Cuatro alumnos de la UTU de Malvín Norte, Luca de los Santos, Luciano Artabe, Matías Silva y Mateo Rouco, todos de entre 14 y 16 años, contaron a Cromo que su grupo ganó el primer premio del Concurso de Eficiencia Energética en 2017 en la categoría UTU. En esa ocasión idearon un molino que utiliza la energía eólica para cargar celulares, así como un aislante térmico fabricado a base de bolsas de plástico. Gracias a los consejos brindados por la empresa Bromyros especializada en aislamiento térmico, los jóvenes comprendieron que era más eficiente el llenar las bolsas de aire en vez de sólo derretirlas.

Estos inventos luego los utilizaron en su “proyecto emblema” (como lo llama su profesor de tecnología Valentín Martínez): una casa eficiente en forma de domo geodésico construida en su 97% a partir de materiales reciclados. Equipada con paneles solares, aislantes térmicos, molinos de viento, sensores de luz para apagar y prender automáticamente las luces, y sensores de humedad y calor para controlar el riego y la calefacción, la casa sustentable les valió el segundo premio el año pasado. “Pensamos que es un tipo de vivienda multifuncional, sustentable, que cumple con el objetivo número 11 del programa de desarrollo sostenible denominado “Ciudades y comunidades sustentables” de la ONU”, dice Valentín Martínez.

Fotografía: Leonardo Carreño

Por su parte, Leto Sánchez de 17 años y su profesora de química Florencia García, del Liceo Departamental de Colonia, dijeron a Cromo que su grupo ganó el primer premio en la categoría de secundaria en 2016 gracias a toda una campaña de sensibilización que parte desde tres etapas: formación, información y transformación. La etapa de formación es más personal, consiste en su propia preparación para lograr la segunda etapa: la de informar a la comunidad lo aprendido. “Aprendimos desde diferenciar ahorro energético de eficiencia energética, y de ahí en adelante todos fuimos aprendiendo un montón de cosas”, dice Florencia García. Según Leto Sánchez, lo importante para ellos es que “los jóvenes sean catalizadores de este cambio, que sean aquellos que generen información para que nuevas personas se involucren”. En el mismo sentido, Melina Pais comentaba: “siempre nos dicen que las mayores resistencias al cambio se dan del lado de los adultos”.

La etapa de transformación consistiría en la generación de cambios constatables en los hábitos de la comunidad, etapa que Sánchez y García creen que cumplieron con creces a través de su trabajo de difusión en redes sociales a través de su canal “Operación Luciérnaga”, disponible en YouTube, Instagram y Facebook. “Nosotros no somos tanto de hacer circuitos y cosas, hacemos más campañas de comunicación”, dice Leto Sánchez, “no nos queremos electrocutar, somos medios bestias, aunque ya nos vamos a lanzar”. 

Fotografía: Leonardo Carreño

Con los 500 mil pesos que constituyen el primer premio, la UTU de Malvín Norte pudo comprar colectores térmicos para calentar el agua, y tanto su centro educativo como el de Colonia lograron cambiar todas sus luminarias por luces LED de bajo consumo. Ambas instituciones educativas piensan presentarse este año al mismo concurso, para el cual hay tiempo de presentarse hasta el 26 de abril inclusive. Estas iniciativas no sólo ponen la creatividad de los estudiantes al servicio de la eficiencia de sus propias instituciones, sino también al servicio de toda la comunidad. Las familias y allegados de los alumnos involucrados terminaron ellas mismas ahorrando recursos y energía al verse influenciadas por los proyectos de sus hijos. Tanto Melina Pais como Florencia García ponen énfasis en el compromiso de los docentes y alumnos frente a estas iniciativas, trabajando de forma extracurricular de cara a un mismo objetivo. “Cuando recién empiezan están más tímidos, más inseguros, y luego están totalmente empoderados, abanderados, te lo cuentan con una propiedad, con un entusiasmo y un orgullo que me parece es genial”, dice Pais.

Bruno Gariazzo

Hacia un nuevo lenguaje audiovisual

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

Erase una vez un joven que por su belleza extraordinaria enamoraba a hombres y a mujeres por igual. Sin embargo, su excesiva vanidad lo llevaba a rechazar a todo pretendiente que osara tenderle su amor, por lo que un día los dioses decidieron castigarlo haciendo que el joven se enamorara perdidamente de su propia imagen. Así, el muchacho de extrema guapura se zambulló en un estanque en busca del apuesto rostro que le devolvía su reflejo en el agua, muriendo al final ahogado en su propia arrogancia. De su muerte nació una hermosa flor que lleva su nombre: el Narciso.

Con este relato intentaba el poeta Ovidio advertir a los jóvenes de los peligros que aguardan detrás de la obsesión por su propia imagen. Este reflejo engañoso fue asociado por la serie británica “Black Mirror” a la oscura imagen especular que observa desde la pantalla apagada de un celular, imagen antagonista de las brillantes capturas que son publicadas diariamente en las redes sociales.

Las puertas de entrada

La primera y más famosa red social fue creada en febrero de 2004 por el estadounidense Mark Zuckerberg junto a un grupo de compañeros de la Universidad de Harvard, y aunque al principio los miembros de la red se limitaron a estudiantes de dicha institución educativa, ya en 2006 cualquier persona con al menos 13 años podía pasar a ser parte de esa comunidad digital. Revolucionando la forma en que los seres humanos se relacionan y se comunican, Facebook pasó de ser una simple plataforma de entretenimiento a ser una piedra angular en la vida de millones de personas. Sus datos almacenados son usados por multitudes de empresas para realizar estudios de mercado, para conocer de antemano el perfil de sus empleados, o para realizar campañas publicitarias dirigidas a públicos en específico. Los ingresos de la compañía de Zuckerberg provienen casi exclusivamente de los anuncios publicitarios que se cuelan en las pantallas de los más de 2 mil millones de usuarios que esta red social cuenta actualmente, ingresos que ya le han permitido comprar en 2012 y en 2014 a su competencia más directa: respectivamente, Instagram (creada en 2010 por Kevin Systrom y Mike Krieger) y WhatsApp (creada en 2009 por Jan Koum).

Aunque Facebook sigue encabezando la lista de las redes sociales con más número de usuarios, actualmente la plataforma conoce una migración de los más jóvenes hacia las alternativas que ofrecen Instagram o Twitter (servicio de microblogging creado por Jack Dorsey en 2006). Según un estudio realizado en enero de 2019 por Digital 2019 Global Digital Overview , Facebook lidera con 2271 millones de usuarios alrededor del mundo, seguido por YouTube con 1900 millones y WhatsApp con 1500 millones. Aun así, la mayoría de los usuarios de Facebook tienen entre 25 y 34 años de edad, y las cifras caen en picada para aquellas personas menores de 20 años. Por otro lado, Instagram presenta una mayor concentración de usuarios en la franja etaria que se extiende entre los 18 y los 24 años, y cada vez son más los jóvenes de entre 14 y 18 años que se decantan por esta plataforma virtual. Cuando el número de cuentas activas en redes sociales se incrementó en un 67% entre 2014 y 2019, Instagram duplicó su número de cuentas activas en tan sólo dos años y hoy tiene más de 1000 millones de usuarios.

El nuevo lenguaje de la juventud

Durante la presentación del nuevo Samsung Galaxy A en el 2019, el CEO de la compañía surcoreana, Kwon Oh-hyun (mejor conocido como DJ Koh), explicó que Samsung Electronics buscaba satisfacer las necesidades comunicativas de las nuevas generaciones de jóvenes. Según el director ejecutivo, los jóvenes de la era digital están acostumbrados a vivir en “un mundo sin límites”, a compartir contenidos creativos en tiempo real generando nuevas formas de interacción,  y es por esto que llama a esta nueva era “la era en vivo”. Estandartes de esta declaración son aplicaciones como Instagram o Snapchat cuyo principal atractivo es la posibilidad de compartir fotos y videos en tiempo real y de construir así las famosas “historias” de la vida de sus usuarios. Estas necesidades juveniles exigen entonces las mejores cámaras y las mejores pantallas, por lo que los nuevos dispositivos incluso ya vendrán equipados con cámaras preparadas especialmente para sacar selfies (a Narciso le gusta esto).

En diálogo con Cromo, el psicólogo social especialista en redes sociales Roberto Balaguer asegura que las nuevas generaciones se encuentran desarrollando un nuevo lenguaje en donde la imagen es la moneda de intercambio por excelencia. Dice el especialista que mientras en tiempos anteriores el texto primaba sobre la imagen, hoy para los jóvenes el texto es un mero acompañante. “Implica toda una lógica distinta que evidentemente trae emparejadas nuevas formas cognitivas de estar en el mundo”, dice Balaguer, “y en un momento esas generaciones van a ser mayoría y el mundo seguramente empiece a regirse por nuevos parámetros”. Así como el libro o la escritura fueron tecnologías disruptivas en su momento, hoy aplicaciones del estilo de Instagram “van generando de alguna forma nuevas humanidades”.

Más allá del mayor provecho que hacen estas nuevas aplicaciones de las nuevas tecnologías, el psicólogo explica que la migración de los adolescentes desde Facebook  hacia otras redes sociales alternativas se debe también a un deseo por no estar bajo la mirada de sus padres. En efecto, en un principio la puerta de entrada al mundo de las redes sociales siempre fue Facebook, por lo que en esta plataforma se encuentran concentradas las generaciones más antiguas que nunca quisieron mudarse a otro sitio. “La opción entre Instagram o Facebook es como elegir entre una fiesta donde están los abuelos y los padres o una fiesta donde haya solo jóvenes”, comenta el especialista.

Por otro lado, al estar inmersos en un universo donde la imagen y el video predominan, las nuevas generaciones se ven obligadas a mejorar sus habilidades fotográficas y cinematográficas, porque “la presentación, sobretodo en Instagram, es muy importante”. “Es una red que se llama aspiracional”, dice Balaguer, “vos mostrás lo mejor tuyo, no mostrás la parte negativa que de repente aparece en Twitter o en Facebook”. Twitter, que hoy cuenta con 326 millones de usuarios, es más adecuado para hacer política, para presentar quejas, mientras que Instagram “no es un lugar para protestar”, y eso explicaría también la mayor cantidad de adultos mayores de 25 años en esa plataforma de microblogging. Debido a esta presión por ser creativo en la autopromoción, el especialista considera que “las generaciones más veteranas sienten que esas nuevas redes forman parte de un universo que no pega con su manera de estar en el mundo, que es más textual, más vinculada a la letra, al libro”.

Atrapados en la red

En la era de la “aldea global” de la que hablaba Marshall McLuhan, dice Roberto Balaguer que las formas de vida de los más jóvenes se entienden siempre en conexión, y existe en ellos una mayor tendencia a estar pendientes de las vidas de los otros. “Tienen menos centralidad en ellos mismos y están permanentemente monitoreándose y monitoreando el ambiente”, dice el psicólogo. Esta dependencia por la interconectividad se explica según el experto en parte por las necesidades propias a una etapa determinada de la vida: durante la adolescencia el aspecto social es muy importante, y las redes sociales “permiten tener acceso a lo social en el más amplio sentido de forma permanente”. “Es como una droga que cuadra bien con la edad en la que están”, comenta Balaguer.

 El “mundo joven” aparece por ende como un mundo más abierto, más comunicativo y cooperativo, pero no poder sacar la cabeza de adentro de la red trae también sus aspectos negativos. Por un lado los jóvenes pueden llegar a una cantidad mucho más grande de personas que se encuentran a grandes distancias, pero los vínculos que forman con sus seres más cercanos corren el riesgo de volverse más superfluos y carentes de profundidad. Asimismo, cuando lo más importante que se tiene para compartir de uno mismo es el propio reflejo, un reflejo privado de cualquier rasgo negativo, el autoconocimiento y la autocrítica se debilitan en favor de un juego de apariencias efímeras.

Otro rincón oscuro de estas redes es el tipo de acercamiento a la información que ofrecen y facilitan a las nuevas generaciones, las cuales, según Balaguer, ya no se informan a través de medios especializados sino a través de los comentarios de otros miembros de estas sociedades virtuales. De esta forma, los jóvenes están informados de más cosas, de más gente, pero en menor profundidad. “Cuando vos tenés una biblioteca extensa e inmensa, seguramente termines viendo sólo la tapa y el lomo del libro pero no puedas dedicarte a profundizar en el mismo”, destaca el especialista. Con la atención constantemente dirigida hacia estímulos externos en constante transformación, las nuevas generaciones están expuestas a permanentes distracciones que impiden una concentración focalizada. “La estructuración que te propone el medio envía a una atención fragmentada”, agrega Balaguer, “una atención a varios estímulos al mismo tiempo, que te permite tener acceso a varios lugares, pero con la pérdida de la focalización que para algunos temas es necesaria”.

Testimonios de jóvenes uruguayos acerca de las redes sociales

Liceo Iava

Ana Clara Mendez – 18 años

Uso Instagram sobretodo por las fotos. Prefiero un mensaje transmitido a través de imágenes que uno transmitido a través de texto escrito. Yo no tengo Twitter ni tampoco me llama tanto. Cerré el Facebook en 2010. La interfaz me parece más reducida, no tiene tanta gracia.

Iñaki Amondarain – 17 años

Prefiero Instagram por las fotos, pero el Twitter también está bueno porque hablan de pila de problemas polémicos que están pasando. En Instagram no podés hablar de temas polémicos. Twitter aunque sea más escrito permite generar debate. Yo creo que  Facebook lo usan más los mayores porque es más práctico, y capaz que un mayor no sabe mucho usar una cámara, o no entiende cómo está creada la interfaz. Facebook es más amigable para las generaciones más viejas. Si se aburren van y se juegan un jueguito, el típico CandyCrush que les encanta.

Kiara Berttolini – 17 años

No uso Facebook porque me aburrió. Uso Instagram y WhatsApp, pero creo que Twitter es lo que más uso en realidad. Soy fan de muchas cosas de música, entonces me gusta enterarme de eso todo el tiempo. Es también mucho más mundial, entonces a través de ahí me entero de cosas que pasan. Creo que Facebook fue lo más famoso en un momento, entonces por eso fue adonde más adultos entraron, y después les costó cambiar. Aparte de que no son mucho de sacarse fotos o selfies. Por eso no van a usar Instagram.

Emiliano Cima – 16 años

No uso Facebook pero uso Twitter e Instagram. En Facebook hay más gente mayor, las otras dos son más jóvenes, y es lo más simple para informarte. Como Facebook fue la primera red social y todo el mundo la usaba, los más viejos se quedaron ahí y cuando llegaron las otras demoraron en adaptarse. Aparte a mucha gente no le gusta tener a los familiares, a los padres, en una red social.

Micaela Silveira – 16 años

No me llama la atención Facebook. En años anteriores sí pero ahora no le encuentro una función para mí. Uso mejor Instagram porque me comunico con mis amigos. Actualmente hay gente más grande en Facebook. Capaz que cuando los adultos se apropian de una red, es como que se me quitan las ganas. Como que está invadido ahí. Antes con las imágenes  era todo más entre gurises, y nos reíamos y eso. Ahora con los más grandes se vuelve todo más sobre debatir y criticar todo lo que ven. Como que en Facebook se concentraron las críticas y las cosas negativas.

Pedro Alasraki – 16 años

Facebook lo uso más para seguir grupos de algo que me interesa, pero no como red social. Ahora lo único que uso un poco es Instagram, pero ni siquiera tanto, mucho menos que la mayoría de los jóvenes. Y sino me comunico por WhatsApp, que sería creo yo la red social más grande. Y Facebook no lo uso porque no mucha gente lo usa y no es tan cómodo en el celular.  Ahí hay más millennials, gente de entre veinte y tantos, treinta y tantos. Fue la primera red social masiva, y ahí mucha gente vieja lo empezó a usar, no sé si por un tema de modernizarse o por un tema de conocer. Y se quedaron en eso, mientras que los jóvenes siguieron avanzando en otras cosas. En algún momento las generaciones más jóvenes supongo usarán cosas nuevas que nosotros no usaremos. Twitter es para encontrar bardo. Para mí es eso. No está muy bueno en realidad. No hay muchas opiniones fundamentadas, es todo muy superficial. Son personas diciendo boludeces casi siempre. Vos leés los tuits que manda Trump y parece joda.

Tomás Prieto – 17 años

Uso cada vez menos Facebook, más que nada a veces para entrar a algún grupo. Lo usaba para entrar al grupo de “Yu-Gi-Oh!” (juego de cartas), sobretodo para entrar a comunidades… pero últimamente poco. Creo que es más para comunicarse con grupos de personas. Más eventos. Antes usaba Facebook para jugar a los jueguitos. Ahora entro muy de vez en cuando. Uso mucho Instagram, y Twitter también. Instagram lo uso para ver arte sobre juegos, o sobre otras cosas que me interesan, como adelantos de películas.

Sofía Casales – 16

Me gusta más Instagram que Facebook, me entretiene más. También uso Twitter, que te permite relacionarte más con la gente. En Facebook hay más gente mayor, primero porque es más antiguo, y segundo porque no saben los más viejos usar Instagram. Es más difícil de usar. Yo Facebook lo uso para ver memes. Para comunicarme con familiares uso WhatsApp. Las noticias me llegan a través de Twitter.

Leonardo Lopez – 25

Tengo Instagram, Twitter y WhatsApp. Facebook lo uso para armar grupos, para enviar deberes y demás, y chatear con gente, por ejemplo mis padres y mi novia. Instagram lo uso más para subir fotos, no para mostrar todo el tiempo todo lo que hago, pero sí para mostrar algo que me compré, o algún lugar adonde fui, o simplemente una buena foto. Twitter lo uso para seguir a gente famosa, o enterarme de videojuegos o películas. Para noticias utilizo más el Facebook, por ejemplo en el perfil de El País. A veces te da otras noticias de cosas que te interesan. En Facebook hay más veteranos porque a ellos les cuesta usar más la tecnología. Yo como trabajo con gente mayor me doy cuenta de que nunca usan Instagram, porque les cuesta la dificultad de la cámara, cómo subir cosas, y te piden ayuda. Es más complicado. Gente mayor no lo va a aprender de un día para el otro. Tiene que haber alguien atrás de ellos para que entiendan cómo hacer. En WhatsApp y Facebook hay muchos grupos de familias. Hay muchos jóvenes que suben cosas a las redes sociales que no quieren que vean los padres porque después si se enteran se arma conflicto. Instagram y Twitter son zonas más seguras para ellos. 

Multi-ethnic group of young people using digital tablet and mobile phones.

Liceo Elbio Fernández

Valentina Suárez – 16 años

Facebook se volvió una plataforma de padres. Nuestros padres seguían usando Facebook cuando nosotros usábamos Snapchat. No usamos el mail por ejemplo pero usamos WhatsApp. Nuestras generaciones pasan por ahí. Facebook es más de negocio. Twitter también es más para gente que trabaja, como los periodistas o los políticos. Yo le enseñé a mi padre a usar Instagram y Facebook, y entendió mucho más rápido a usar Facebook.  En Instagram todavía hay cosas que no entiende, como cómo sacar un boomerang o cómo subir una historia. 

Joaquín Coronel – 16 años

 Yo en mi caso uso Facebook para trabajar más bien. Como trabajo en fotografía, la gente que me contrata lo hace por ahí, por Facebook, más que por Instagram. Es para gente más grande, que es la que te contrata. Para contactar a alguien laboralmente es mejor usar Facebook.

Agustín Anzvatte – 16 años

Para mí Facebook tiene muchas más cosas, te abruma más. Vos entrás y tenés botones por todos lados. En Instagram no. Las historias de Instagram hay un montón de gente que las detalla un montón.

Liceo Francés

Joaquín Kalichman – 15 años

Yo no uso Facebook por presión social capaz. Nadie lo usa, entonces no me sirve de nada. Estoy usando Instagram sobretodo, mucho más que WhatsApp y Snapchat. Yo cuando me metí en el tema de las redes sociales ya estaban todos en Instagram. Facebook es como para gente un poco más grande que yo. Entonces para mí es por eso que hay menos gente de mi edad en Facebook, por un tema generacional.

Bruno Gariazzo

Culturas en órbita

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

Durante los últimos dos días de mayo y el primer día de junio del 2019 se llevó a cabo la competencia internacional de ciencia y robótica FIRST LEGO League que esta vez tuvo sede en Uruguay. El evento se desarrolló los tres días en el Antel Arena y reunió a adolescentes de cerca de 70 países de todo el mundo

Desde los albores de la información en circulación, recibir noticias acerca del mundo equivale a recibir noticias sobre los conflictos que atraviesan al mismo. Las tensiones entre bandos ideológicos diferentes, entre banderas variopintas y lo que representan, y entre burbujas económicas contrapuestas, son pan de todos los días. A los jóvenes se les habla en los libros de texto de una tal “Guerra Fría” que dividió al mundo en dos grandes bloques en cortocircuito y que habría terminado hace tres décadas. Sin embargo, basta informarse acerca del mundo para comprender que el conflicto sigue latiendo con fuerza.

Mientras los gigantes del planeta se desgarran mutuamente con sanciones y amenazas recurrentes, centenares de jóvenes que provienen de zonas opuestas del mismo planeta se reúnen año a año para colaborar por el bien común de la humanidad. El programa internacional de tecnología FIRST LEGO League, que involucra a más de 80 países, congrega a adolescentes de alrededor del globo, de un abanico diverso de culturas, para participar de una competencia amistosa en la que se evalúa el trabajo en equipo para solucionar problemas específicos a través de la ciencia y la tecnología. Este primer fin de semana de junio de 2019 el evento mundial tuvo lugar por primera vez en Latinoamérica, y Uruguay sirvió como sede del mismo.

Fotografía: Camilo dos Santos

Sana competencia

La instancia, organizada por Plan Ceibal, representante de FIRST LEGO League en Uruguay, tuvo lugar los días 30 y 31 de mayo y el sábado primero de junio en el Antel Arena. De la competencia participaron más de 700 jóvenes de 26 países (Guatemala, Bolivia, Chile, Australia, Brasil, España, Turquía, Francia, Alemania, Grecia, Honduras, Israel, Italia, Rusia, Sudáfrica, Corea, México, Paraguay, Perú, Rumania, Colombia, Costa Rica, Estonia, Estados Unidos, Argentina, y Uruguay), y de los 66 equipos participantes, 13 estaban formados por estudiantes uruguayos de liceos públicos y privados, así como de escuelas técnicas de UTU.

Para designar a los ganadores de este torneo internacional, el jurado tiene en cuenta varios aspectos del desempeño de los adolescentes. Por un lado, los concursantes deben diseñar, construir y programar un robot autónomo utilizando las piezas disponibles en los kits de robótica de LEGO Mindstorms. Los equipos deben presentar su robot, justificar la innovación del mismo, y hacerlo atravesar en una pista una serie de retos asignados por los jueces.

Por otro lado, los integrantes de cada grupo son evaluados según sus “core-values”, es decir los valores humanos que son el combustible de su proyecto y que siempre se resumen en la importancia del trabajo en equipo. Para demostrar el grado de esta “amistad funcional” entre sus miembros, cada equipo es llamado a realizar una determinada actividad que exija la participación de todos sus componentes. “Tenemos nuestros desacuerdos, como cualquier equipo, pero perseguimos la misma meta y trabajamos juntos para mejorar cada día”, se leía en el stand del equipo “CreativeTechno” de Atlántida, Uruguay.

 Finalmente, los participantes deben presentar un proyecto de investigación que busque solucionar de forma original algún problema relacionado a la temática seleccionada para cada torneo. Mientras en años anteriores las competencias giraban alrededor del uso del agua o de la ayuda a los otros animales, este año el tema elegido fue “En órbita”, centrándose así todos los proyectos en mejorar las condiciones de vida de los astronautas en el espacio.

Jóvenes innovadores

Los problemas que los equipos imaginaron se le podrían presentar a un ser humano en el vacío eran varios, pero, aunque parezca algo poco frecuente, el número de soluciones encontradas superaba por goleada al número de obstáculos. Muchos grupos coincidieron en las mismas contrariedades a resolver: las radiaciones a la que están expuestos los astronautas, la falta de alimento, y los problemas emocionales por estar tan lejos de su hogar en la bóveda azul fueron tópicos recurrentes en las investigaciones.

Fotografía: Camilo dos Santos

El grupo “ART’TESIA”, formado por estudiantes de segundo y tercero de un liceo de Auvernia, en el centro de Francia, idearon un módulo espacial compuesto de muchas capas aislantes para proteger a los astronautas de las radiaciones solares y cósmicas (aquellas provenientes de una supernova, es decir de la explosión de una estrella). Como materiales aislantes pensaron en utilizar agua encerrada entre dos capas de aluminio, kapton y mylar, así como también, aunque suene extraño, los excrementos de la tripulación. “Nuestro proyecto es útil, viable, eficaz, no ocupa mucho espacio y no es caro comparado con otros lanzamientos como el Colombus”, dijo una estudiante de ART’TESIA a Cromo. En efecto, explica la participante, mientras el módulo espacial Columbus de la Estación Espacial Internacional costó 1,8 billones de dólares, hacer realidad su proyecto costaría tan solo 540 millones.

Por su parte, el grupo “Stellarbots” de Cape Town (Sudáfrica) imaginó un sistema hidropónico para cultivar alimentos vegetales en territorio marciano. Las radiaciones ya mencionadas, la falta de agua en estado líquido y las dificultades para transportar tierra desde la Tierra (el nombre de nuestro planeta se presta para la redundancia), llevaron a los participantes sudafricanos a idear todo un sistema de abastecimiento de nutrientes para lograr alimentar a los cultivos.

El equipo “Las Acacias”, formado por 10 chicas de Galicia (España), se presentó al concurso con un proyecto para generar oxígeno utilizando el dióxido de carbono (CO2) presente en la nave espacial. Las jóvenes investigadoras pensaron en encerrar microalgas llamadas “espirulinas” (las mismas que usan los veganos y vegetarianos para sustituir las proteínas de la carne) en un tubo que denominaron “fotobiorreactor”. Estas microalgas no necesitan hacer la respiración celular, por lo que el único proceso que realizan es la fotosíntesis, consumiendo CO2 y expulsando constantemente oxígeno para sobrevivir. Las algas serían expuestas a ultrasonidos para solventar el problema de la microgravedad que impide en el espacio el movimiento (y por ende la vida) de estas algas. “En Tenerife, en la competencia que nos dio el pase para venir aquí, vinieron unos chicos de la Estación Espacial Europea (ESA) que están trabajando con la espirulina, pero como no sabían cómo moverlas, les gustó nuestra idea y cuando terminemos aquí nos vamos a Barcelona a explicar nuestro proyecto”, contó a Cromo una de las integrantes.

Al final, todos ganan

Al final de la jornada del sábado primero de junio, último día del FIRST LEGO League, se anunciaron los ganadores. En primer y segundo lugar quedaron seleccionados dos equipos brasileños, “Big Bang” y “Tecnoway”, respectivamente. El tercer puesto se lo llevó el grupo uruguayo “Mig_Botics” del liceo de Migues, en Canelones, grupo que ya fue premiado en el World Festival de Houston en abril de este año por el mismo proyecto que fue reconocido en esta instancia: la idea de utilizar hologramas e inteligencia artificial para brindar soporte psicológico a los tripulantes de una nave espacial. Denominado “Salud de los astronautas”, el proyecto consiste en utilizar Machine Learning para que una inteligencia artificial pueda aprender, sesión a sesión, acerca de las necesidades emocionales de los tripulantes, agrandando así progresivamente una base de datos. “Esta inteligencia funcionaría como un psicólogo a bordo  de la nave, sin necesidad de tener que llevar a otro humano al espacio, quien  sufriría los mismos problemas psicológicos que sus pacientes”, explicó a Cromo Lautaro Ferraro, miembro de 15 años de Mig_Botics.

Fotografía: Camilo dos Santos

Caminando entre los puestos internacionales que fueron armados el pasado 30 de mayo se respiraba la paz mundial alrededor de la ciencia. Era imposible no llenarse el lagrimal de esperanza en el futuro al ver a todas esas culturas jóvenes riendo juntas y compartiendo tanto sus proyectos como sus diferentes costumbres. No hay mejor símbolo de una sana globalización. El clima de compañerismo y aprendizaje retroalimentado quedan plasmados por estas palabras que también representaban al equipo CreativeTechno de Atlántida:

“Cuando escuchamos la palabra “competencia”, podemos fácilmente pensar en un ganador y en un perdedor, pero nosotros no lo vemos así. Durante esta experiencia hicimos muchos amigos, compartimos nuestros pensamientos con otros equipos, y todo esto viene del concepto de un acercamiento amistoso y de soporte frente a nuestros competidores.”

Bruno Gariazzo

Hacia el abismo de los sueños

Nota publicada en la sección Cromo del diario El Observador

El 18 de diciembre de 1994 Jean-Marie Chauvet, Éliette Brunel y Christian Hillaire encontraron una pequeña cavidad entre las rocas mientras recorrían las curvas del río Ardèche en Francia. Tras adentrar sus sentidos a través de las piedras por las que se colaba un suspiro de aire, descubrieron una gruta que modificaría la percepción que tiene el ser humano de sí mismo para siempre: la cueva de Chauvet. En su película documental “La cueva de los sueños olvidados”, Werner Herzog considera que observar las pinturas rupestres que descansan sobre las paredes de esta caverna es como dialogar con los orígenes del alma humana moderna. Esas expresiones del mundo sensible a través de las manos de unos de los más antiguos Homo Sapiens registrados hasta la fecha (el hallazgo data de hace 35 mil años) son la prueba de cómo el arte ha siempre eternizado los sueños profundos de la especie humana. ¿Pero estos descubrimientos son un producto del azar o están ligados a las pasiones que motivaron a un trío de exploradores?

Resulta que tanto Chauvet, como Brunel y Hillaire compartían una misma afición de nombre confuso: la espeleología. Del griego spelaion que significa “cueva”, esta ciencia estudia las formaciones geológicas que se generan naturalmente por debajo de la superficie terrestre. Aunque las primeras exploraciones hacia las profundidades de la Tierra se produjeron en el siglo XVII, mundialmente se considera al francés Édouard Alfred Martel como el primer espeleólogo y padre de la espeleología moderna. Martel publicó en 1894 su obra “Les abismes” y fundó en 1895 la  Sociedad Espeleológica de Francia, horadando así el túnel a través del cual los franceses pasaron a llevar la linterna de esta nueva ciencia.

Desafiando al abismo

El jueves 9 de mayo de 2019 se llevó a cabo en el Museo de Historia Natural Dr. Carlos A. Torres de la Llosa una conferencia sobre espeleología a cargo de integrantes del CEUMI  (Centro Espeleológico Uruguayo Mario Isola), centro que brindará este mes un ciclo de cuatro encuentros acerca de esta rama del conocimiento. Los espeleólogos Gaspar González, Pablo Piriz e Ismael Lugo sostuvieron en la charla que la era de exploración de la Tierra aún no ha terminado e invitaron a los presentes a “superar el miedo a la oscuridad” para adentrarse en los mundos que se esconden bajo la superficie. Según los exploradores las cuevas más prometedoras son aquellas de más difícil acceso, ya que cuanto más estrecha sea la cavidad de entrada, más probabilidades hay de que la posible gruta que esconde no se haya visto alterada por el ingreso de material externo. Las cavernas más desafiantes son aquellas que descansan en los fondos marinos, por lo que esos rincones son los menos conocidos por la humanidad, pero son las denominadas cavernas kársticas las que constituyen la mayor línea de exploración espeleológica por su gran atractivo. Estas cavidades subterráneas se caracterizan por estar constituidas de extensas galerías ramificadas que suelen estar atravesadas por corrientes de agua. Las rocas calcáreas en estas cuevas sufren un proceso de disolución química que tiene como consecuencia el depósito de carbonatos y la generación de espeleotemas, como las conocidas estalagmitas y estalactitas.

Aunque la belleza de estos paisajes arquitectónicos naturales deja absorto a cualquier aventurero, el tránsito por túneles que conducen a ellos no carece de dificultades. Gaspar González, primer montañista en Uruguay y hoy apasionado por la espeleología, contó a Cromo que esta actividad exploratoria no es para amantes de la adrenalina y que para evitar situaciones de riesgo es necesario siempre obligarse a mantener la calma. Uno de los principales peligros dentro de una caverna es perderse, por lo que González dijo que siempre suele llevar en el mameluco pequeñas flechas fluorescentes para ir señalizando el camino, así como suele asegurarse de llevar consigo linternas y varias baterías. Otras de las dificultades que acechan en el abismo son la estrechez y la verticalidad de los pasadizos, por lo que hay que cuidarse de no quedar atrapado, así como el contacto permanente con el agua que implica riesgos de hipotermia. Esto envía a otra amenaza en lo profundo: a varios metros bajo tierra puede pasar desapercibida la lluvia, y las crecidas subterráneas suelen ser muy repentinas. Por otro lado, la actividad kárstica puede ser peligrosa por la presencia de sustancias químicas en el aire que pueden ser tóxicas si son inspiradas, así como las esporas de hongos o los excrementos de los murciélagos. “Pero con otros compañeros cerca el peligro disminuye”, admitió el explorador.

Desde el corazón

Uno de los atractivos más grandes que presenta esta ciencia para Gaspar González es la posibilidad de hacer amigos alrededor de todo el mundo con los que comparte la misma afición. Contó que alrededor de la espeleología se formó toda una cultura internacional fundada en la interacción entre muchas disciplinas. Aunque no es una ciencia académica, ésta se nutre de muchas ramas del conocimiento como la topografía, la geología, la arqueología, la antropología, la biología, o la paleontología. Por ejemplo, la paleopalinología estudia en estas cavernas, a través del análisis de fósiles de granos de polen y esporas, los cambios climáticos a través de la historia del planeta, y los zoólogos hoy en Uruguay están estudiando en estas cuevas el sistema inmunitario de los murciélagos vampiro, sumando argumentos a favor de la conservación de estos roedores voladores. Al final de una expedición, la ciencia que gana protagonismo es la topografía, ya que el principal resultado de estas aventuras es un mapa que ilustra los caminos recorridos. Por estar siempre en contacto con otras ciencias y favorecer la colaboración entre las mismas, afirmó González que “la espeleología te abre a ser una persona autodidacta y a estar escuchando a todas las personas por igual; te hace estar despierto, te hace ser preguntón, indagador e inquieto intelectualmente”.

Para los amantes de esta profesión, la investigación está muy ligada al contacto emocional con los espacios descubiertos y con los procesos de estos descubrimientos. “De alguna manera vamos dejando en nuestro marco cultural el mundo emocional de lado en favor de la ciencia y de la técnica – dijo González – cuando en realidad somos seres emocionales y la espeleología es una experiencia sensorial”. En la conferencia en el Museo de Historia Natural se dedicó un espacio especial al explorador boliviano Mario Jaldín, referente e inspirador de Gaspar González por su pasión por las cavernas. La nobleza y humildad con las que Jaldín comparte sus experiencias conmueve al espeleólogo uruguayo, quien se mostró deseoso de contribuir a difundir el trabajo de su par boliviano ya que considera injusto que el esfuerzo lleno de amor de una persona se extinga en las sombras. “Los espeleólogos hacen hazañas físicas y psicológicas que están impulsando el conocimiento del ser humano más allá y atravesando barreras increíbles – dijo el excursionista – pero son personas normales que se mantienen en un submundo, no suelen salir en los medios; la espeleología simbólicamente está en la oscuridad”.

Esta ciencia de los viajes subterráneos implica un asiduo entrenamiento de técnicas con cuerdas que simulan situaciones de verticalidad, las cuales se pueden realizar tanto en árboles de copa grande como en puentes o en barrancos de cerros. Aunque esta profesión implique un exigente trabajo físico,  Gaspar González insistió en que esta ciencia no es un deporte e hizo hincapié en el trabajo psicológico que representa la exploración de una caverna diciendo:

“Dos de los condimentos principales de la aventura son la incertidumbre y el miedo. De hecho creo que la incertidumbre es lo que genera miedo, ¿no? Pero tampoco se busca que desaparezcan, porque son cosas que impulsan. Aprendemos un montón de cosas para vivir el miedo y la incertidumbre sin morir en el intento. Lo incierto, si bien da miedo, es algo que impulsa, que nos lleva hacia adelante. Porque la incertidumbre está allá, allá adelante. El miedo nos hace cuidarnos un poquito más y no ser temerarios. Los temerarios hacen cosas peligrosas sin miedo. Nosotros, las hacemos con miedo y con cuidado”.

Bruno Gariazzo

Más monedas para seguir jugando

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

La industria de los videojuegos en sus más de 40 años de existencia se ha convertido en la más importante industria del entretenimiento. Dos desarrolladores de videojuegos en Uruguay cuentan cómo el crecimiento de esta industria y de sus estrategias de mercado influyen en la experiencia de los jugadores

El juego ha acompañado desde siempre al ser humano durante su evolución. Ya sea en forma de deportes que permitían la diferenciación social y la explotación de capacidades elementales para la guerra, ya sea en forma de infinitas partidas de naipes para combatir el aburrimiento durante las largas travesías a bordo de un barco, la actividad lúdica ha sido una constante dentro de la historia de la humanidad. Y no es exclusiva del Homo sapiens:todos los mamíferos usan el juego como la principal herramienta educativa durante los primeros años de vida. De entre todas las formas que ha adoptado este uso de la imaginación con el fin de entretenerse, hay una que llama la atención especialmente en la actualidad: los videojuegos. De ser una actividad estigmatizada confinada a “salones de maquinitas” que poco tenían que ver con el Sol, los videojuegos pasaron a ocupar hoy una parte importante de la vida de millones de personas y hoy forman parte de una industria millonaria que ya superó en tamaño a las industrias a las industrias del cine y de la música combinadas. Para comprender más cómo funciona este relativamente jovenmercado del entretenimiento, Cromo dialogó con dos desarrolladores de videojuegos  en Uruguay: Rodrigo Alem, director de ARF Game Studio y docente de la Licenciatura en Animación y Videojuegos de la ORT, y Emiliano Sierra, joven desarrollador que ganó en 2015 el Concurso Nacional de Videojuegos.

Una cuestión de comunidades

Durante sus más de 40 años de evolución, los videojuegos han conocido una expansión enorme de su mercado. Según Sierra, esta expansión se debe, por un lado, a que la base de personas que jugaron videojuegos desde su infancia ya está formada por adultos con el poder adquisitivo para invertir en este mercado, y por otro lado al surgimiento de todo un nuevo ecosistema de juegos descargables en dispositivos móviles inteligentes. A través de los celulares los juegos de video se masificaron y llegaron a todos esos sectores que se mantenían alejados de las consolas o de los arcades. Son sectores que en general demandan juegos menos exigentes y que permitan una sensación de satisfacción más inmediata. Son lo que se conoce como los “jugadores casuales”. “Son propuestas más simples desde el punto de vista de las mecánicas, lo que las hace más accesibles”, explicó Sierra.

En opinión del joven desarrollador, los videojuegos ya trascendieron de ser una mera forma de entretenimiento para volverse “una plataforma de medios más”. En efecto, los juegos no sólo se utilizan para distraerse, sino también con fines educativos, informativos e incluso publicitarios, siempre teniendo al factor interactivo como “punto fuerte”. Tradicionalmente una imagen estereotipada del “gamer” era la de aquél individuo aislado de la sociedad, pero nada puede estar más alejado de su realidad actual. Alrededor de un videojuego se generan grandes comunidades cuyos individuos se mantienen constantemente en contacto. Es el caso de juegos como League of Legends o World of Warcraft. Estas comunidades no sólo están formadas por jugadores, sino también por meros espectadores de la experiencia de juego, y aunque podrían recordarnos a fenómenos similares que ocurren en el mundo cinematográfico, Sierra consideró que el fenómeno presenta sus características propias que lo alejan del cine. “La palabra clave para entender la diferencia entre el cine y los videojuegos como medios de entretenimiento es “interactividad””, dijo el desarrollador. El videojuego es performativo, permite controlar la experiencia de una narrativa, y eso lo hace mucho más potente que una película en la generación de comunidades. “Con el videojuego se genera un diálogo, mientras que con el cine no hay un diálogo, hay un monólogo y uno después reflexiona sobre eso”, opinó Sierra.

Una gratuidad costosa y adictiva

Esta formación de comunidades es el pilar que explica la forma en que las empresas de videojuegos construyen actualmente sus estrategias de monetización. Antes de buscar obtener un beneficio económico a partir de un juego, es necesario que alrededor de éste haya crecido toda una comunidad de usuarios dispuestos a pagar por la experiencia de juego. El mercado más grande pertenece a los juegos de smartphones, y en estas plataformas la ley general es la del “free to play”, es decir juegos cuya descarga es gratuita pero cuyo beneficio depende del dinero que los jugadores inviertan dentro de la aplicación para obtener diferentes artículos. “Es sumamente atractivo hacer un juego gratuito para generar la cantidad de descargas necesarias – explicó Rodrigo Alem – y después viene el reto de monetizar al usuario una vez que ya está adentro”.

Aquí las estrategias de monetización se bifurcan: por un lado existen los contenidos llamados “cosméticos” que no modifican la experiencia del juego sino sólo la apariencia de los personajes, y por otro lado existe lo que se llama “pay to win” (paga para ganar). Esta última forma de monetización considera Emiliano Sierra que es la más polémica, ya que brinda ventajas a los jugadores que estén dispuestos a invertir dinero en el juego. La prohibición de esta práctica se encuentra en discusión en varios países, y según Sierra es algo que está cada vez más en desuso debido a que genera disgusto dentro de las comunidades de jugadores. “Las experiencias del juego se ven dañadas por estos modelos porque son modelos de monetización y no de juego, no están pensados para que el juego sea más divertido o equilibrado sino para maximizar las ganancias”, explicó Sierra. Esta forma de monetización atenta entonces contra la propia diversión del juego, columna vertebral del mismo, por lo que termina deteriorando a las comunidades que son esenciales para que el videojuego funcione en el mercado. 

Para Rodrigo Alem la primera forma de monetización a través de la compra de artículos dichos “cosméticos” dentro del juego está lejos de ser inocua. Aunque estas compras digitales no afecten específicamente la experiencia de juego, sí que generan divisiones y tensiones dentro de las comunidades de usuarios. “Un cambio cosmético, aunque no afecte la jugabilidad, afecta al jugador que lo compra y a otros jugadores en el sentido que definís quienes son los “VIP” y quienes no”, afirmó Alem. El director de ARF Game Studio puso como ejemplo lo que sucedió durante el concierto virtual que brindó el DJ Marshmellow dentro del famoso juego “Fortnite”: en un momento del evento, el músico pidió a los jugadores que mostraran su mejor paso de baile, un festejo común en este videojuego competitivo. El problema radica en que muchos de estas danzas se destraban pagando por ellas, por lo que enseguida se fragmentó la comunidad entre los que podían (o querían) pagar y los que no. “Sigue siendo cosmético, no afecta las mecánicas del juego, pero es un tipo de depredación del consumidor a través del contenido, y al jugador se lo pone en un tremendo estado de ansiedad”, manifestó Alem. Por otro lado el desarrollador aclaró que es muy difícil mantener una maquinaria tan gigante como Fortnite sin recurrir a este tipo de estrategias de mercado. “Una persona de 20 años la puede dejar pasar, pero el problema es que Fortnite lo juegan pibes de 12 años”, agregó Alem.

Otro factor importante a tener en cuenta al analizar estas estrategias manejadas por las empresas de videojuegos para generar beneficios económicos es la adicción que muchas veces fomentan hacia los juegos que comercializan. El factor de la adicción es particularmente preocupante dentro del mercado de juegos específicamente diseñados para telefonía móvil. Contó Sierra que estos juegos buscan ser amenos al hacer miles de veces la misma tarea, el jugador siendo recompensado con animaciones y sonidos que buscan ser placenteros y generar satisfacción. “Es muchas veces más parecido a un “amansa-loco” que a un juego, pero para el público para el que está orientado funciona bien como un objeto de descarga”, comentó Sierra. El joven desarrollador comparó la estrategia de monetización de estos juegos con las de un casino: “las adicciones en sus bases son muy similares, son como bichos de la misma especie”. Ambos mundos aun así presentan sus diferencias según Sierra: mientras que en el casino lo que más engancha al jugador es la posibilidad de ganar dinero, los videojuegos de celular buscan hacer adictiva la propia experiencia de juego. Rodrigo Alem va más lejos al igualar ambas experiencias: “los que son ludópatas, al final del día no están necesariamente buscando dinero, están buscando el “rush” de hormonas buena onda en la cabeza que les genera el haber ganado algo”. En un mercado que está cada vez más saturado, estas estrategias se hacen cada vez más agresivas y frecuentes. “Estás generando situaciones donde alguien con tendencia a adicciones puede caer”, opinó Alem.

El espectáculo interactivo

La experiencia de juego no sólo se ve afectada por estas tácticas de monetización, sino también por el propio crecimiento desorbitante de la industria. Emiliano Sierra compara el fenómeno que viven los videojuegos con el fenómeno que vivió el cine de Hollywood: “hoy por hoy hay juegos más espectaculares pero hay menos variedad, menos apuestas riesgosas, menos espacio para la creatividad”. Al evolucionar la tecnología, también aumentaron los requerimientos para desarrollar juegos que sorprendan visualmente a los usuarios. Son necesarios equipos de personas cada vez más grandes, mayores cantidades de dinero, y por ende es más difícil que las grandes empresas se animen a arriesgarse a perder ventas. Los juegos que considera Sierra que toman más prestado este modelo de producción hollywoodense son los denominados “juegos triple A”. Son las mayores apuestas multimillonarias de los gigantes de la industria. A estos juegos Sierra los llama “los Uncharted”, ya que en su jugabilidad tienen todos en la base el diseño original de la saga de juegos llamada “Uncharted”. “La gente está dispuesta a comprar el mismo juego una y otra vez siempre y cuando la temática y la historia sean distintas – explicó Sierra –  Es un poco lo que pasa con Hollywood: las películas de acción son bastante predecibles porque la estructura que las sostiene es más o menos la misma”.

Por su lado, Rodrigo Alem considera que estos juegos triple A tienden a imitar la realidad percibida, a buscar el hiperrealismo, como una forma de justificar la carrera tecnológica en la que están sumergidas las empresas de videojuegos. “Los triple A tienen que justificar el hecho de tener que hacer maquinarias cada vez más potentes, de que tienen que seguir explorando tecnología nueva”, opinó Alem. Gran parte de esa justificación proviene, según el profesional, de la experiencia inmersiva que estos juegos prometen al consumidor, pero personalmente él prefiere experiencias diferentes a la realidad que percibe diariamente: “Yo personalmente prefiero toda la vida una estética mucho más estilizada que una estética realista; me aburre el hiperrealismo porque si quiero hiperrealismo ya tengo el mundo real”. Sin embargo ciertos géneros se ven más beneficiados por el hiperrealismo que otros, como es el caso de los juegos de terror, y además esta fidelidad gráfica con la realidad atrae, según Sierra, a todo un sector de consumidores más cercano al mundo del cine que al de los videojuegos. “Es todo un público que no va a jugar a algo que no sea visualmente impactante porque lo que buscan es eso; son personas que están acostumbradas a ver películas y que empiezan a jugar a juegos porque ahora los juegos se parecen cada vez más a películas”, agregó Sierra.

Según Emiliano Sierra, esta postura frente a este modelo de mercado hollywoodense y frente al hiperrealismo varía de una cultura a otra. “El jugador japonés, por ejemplo, es más abierto a interpretaciones más abstractas de las cosas, cuando el jugador occidental por ahí está buscando un cierto nivel de realismo y de impacto visual”, comentó el joven desarrollador. Pero este hiperrealismo tan en boga actualmente es un arma de doble filo al exigir proyectos mucho más ambiciosos y costosos. “Se vuelven juegos más grandes, y al volverse más grandes se vuelven juegos menos flexibles desde el punto de vista creativo”, afirmó Sierra.

Las nuevas apuestas  

La búsqueda de este hiperrealismo y de experiencias de juego más inmersivas está directamente emparejado al auge de la realidad virtual. En un deseo de maximizar la interacción, las empresas de videojuegos se encuentran ensayando diferentes experiencias que hacen uso de esta tecnología. Sin embargo, ninguno de los dos entrevistados cree que la realidad virtual se vuelva un estándar entre los jugadores. “Creo que es algo que tiene ahora auge porque es una especie de sueño se tenía en los 90 y que recién ahora está la tecnología para concretarlo”, opinó Emiliano Sierra. Por su parte, Rodrigo Alem comparó esta tecnología con una atracción de Disney World: está bueno como una experiencia breve “pero subirse a la montaña rusa durante tres horas no está tan bueno”, opinó.

Por último, los dos desarrolladores se mostraron desconfiados con respecto a las apuestas que varias de las mayores empresas de tecnología se encuentran haciendo por los videojuegos por streaming. En efecto, Google planea lanzar al mercado su plataforma Stadia a finales de este año, y Microsoft ya ha anunciado que su nueva consola Xbox apunta justamente a explotar esta tecnología. Mientras que hace varios años que la industria no vive verdaderos cambios paradigmáticos como el salto del 2D al 3D, Sierra considera que esta apuesta hacia el streaming podría significar otro de estos cambios, esta vez en lo que respecta al acceso a los videojuegos más que a la jugabilidad en sí misma. “Si eso se instaura y funciona bien, se generaría un cambio radical en cómo  los juegos se monetizan y cambiarían así las condiciones de mercado”, opinó. Sin embargo, considera que existen un montón de cuestiones técnicas que funcionan como limitantes para que ese panorama sea real.

En el mismo sentido se expresó Rodrigo Arim, quien considera que una de las principales limitantes con las que se van a encontrar empresas como Google y Microsoft va a ser el ancho de banda de los usuarios. Aunque estas apuestas pretenden beneficiarse de las nuevas posibilidades que brindará la tecnología 5G, no todos los jugadores tendrán el mismo acceso a esta tecnología y no todos poseen los mismos contratos con sus respectivas compañías de telecomunicaciones. Los videojuegos por streaming exigirían un consumo de datos muchísimo mayor al streaming más tradicional de películas, y una mala conexión comprometería la experiencia de juego. “No digo que no hayan planes ilimitados de acá a los próximos 10 años, pero históricamente nunca hubo contratos de ese estilo a precios que no sean en planes empresariales”, argumentó Alem.

Bruno Gariazzo

El agro: entre la paz y la guerra

Nota publicada en el diario La República

La vida es un sistema complejo. La materia se crea, se descompone, sus componentes se intercambian, se reorganizan, la materia se destruye y se recrea nuevamente. Durante 3 500 millones de años la vida se ha desarrollado en un sistema robusto basado en la interconexión profunda de sus elementos. Hoy ese complejo sistema está colapsando, y el principal responsable no es más que uno de sus macrocomponentes: el ser humano. Este curioso ser vivo ha evolucionado aprendiendo a través de la manipulación de su entorno los secretos más insospechados de la naturaleza que permite su existencia, y con cada nuevo descubrimiento su ego creció hasta alimentar la ambición de suplantar con sus inventos a la naturaleza misma. Ante la creciente degradación de los ecosistemas terrestres por la voracidad de su modo de vida, la especie humana de pronto se ve tensionada entre dos alternativas para su futuro: o cambia su lógica de producción para conectarse con su ambiente y revertir los daños, o continúa moviéndose en la misma dirección compensando su destrucción a través de la creación de un ambiente sintético en un laboratorio.

Con esta disyuntiva comenzó el doctor en Biología Molecular y Celular Claudio Martínez Debat su conferencia denominada “Uruguay Natural y Transgénico”, brindada el pasado 15 de agosto en el Museo de Historia Natural Dr. Carlos A. Torres de la Llosa. “Estamos en la cruz de los caminos y no hay mucho tiempo”, sentenció el investigador, quien es docente en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República y director del Laboratorio de Trazabilidad Molecular Alimentaria (LaTraMa). Antes de meterse de lleno en el tema que titulaba su conferencia, Martínez se preocupó por acercar a su audiencia a la inmensa complejidad que caracteriza lo que llamamos “ecosistema”, una inmensa complejidad de la que aún no entendemos más que una mísera fracción. Complejidad que no es exclusiva de nuestro planeta, ya que “todo en el universo evoluciona y, a gran escala, podríamos decir que todo está vivo”, reflexionó el científico. Dentro del histórico árbol de la vida todas las ramas están conectadas. Todos los seres vivos compartimos un mismo ancestro común en la base de dicho árbol, ancestro que la comunidad científica coincidió en nombrar “LUCA”, y por ende todos los seres que habitan la Tierra tienen en común aunque sea una parte de su genoma (conjunto de genes que compone el material genético de un organismo). Para ilustrar esto Martínez informó al público presente que cada persona comparte un 10% de su genoma con el de una lechuga.

Pero no sólo de secuencias de ADN se trata esta conexión holística. De nuestros ancestros no sólo heredamos una secuencia lineal de código genético, sino también los mecanismos que regulan la expresión de este código. Estos mecanismos se engloban dentro de lo que se conoce como “epigenética”, y éstos dependen primordialmente del medio ambiente. Una secuencia de ADN puede estar presente en un organismo pero no lograr expresarse con efectos observables. Se dice que estos genes inactivos están “silenciados”, y su activación podría ser asociada a encender un interruptor. Estos mecanismos de regulación epigenética están muy vinculados al contexto en el que vive un individuo, al estrés al que éste es expuesto, y por ende suelen estar relacionados con los estados de ánimo de una persona o con el desempeño de una planta en su crecimiento. Pero los mecanismos epigenéticos no solo dependen de la propia maquinaria molecular de cada organismo, sino que en estos procesos es fundamental la interacción cooperativa con organismos que suelen ser considerados enemigos del ser humano: los microbios, como los hongos y las bacterias. Los microbios que componen nuestra “flora natural”, con los que compartimos nuestro cuerpo, son fundamentales para protegernos contra patógenos (los microbios “malos”), para digerir nuestra comida, y también para regular la expresión de nuestros genes. Una parte de estos microbios los heredamos de nuestros padres, la otra proviene de los alimentos que consumimos y del aire que respiramos. El microbioma es así fundamental para nuestra buena salud, y éste depende en gran parte de nuestra relación con el ambiente. Para ayudar a entender hasta qué punto estos microbios son importantes, Martínez comentó que se ha demostrado que algunos estados de depresiones crónicas se han logrado tratar por medio de trasplantes fecales.

Claudio Martínez es biólogo, docente, académico, científico. Fotografía hecha en uno de los laboratorios de la Facultad de Ciencias. Montevideo – Uruguay 04 de setiembre de 2014

Con esta introducción buscaba Claudio Martínez esbozar hasta qué punto nuestra existencia está íntimamente conectada con el medio ambiente, y cómo la más mínima alteración del mismo puede traer consecuencias nefastas para nuestra especie. En una sociedad en la que la ciencia y la técnica avanzan a pasos agigantados, se encuentran en desarrollo biotecnologías y tecnologías (Martínez remarcó la próxima tecnología 5G de redes móviles) que afectarán nuestra vida considerablemente y cuyo impacto en la salud es poco estudiado, “ya que es difícil encontrar médicos que se interesen en estos temas”. “Todo en la naturaleza tiende a la homeostasis, todo tiene un rol determinado, la biomasa es finita, y la idea de que podemos alterar el sistema de forma infinita es un error que nos va a llevar a un callejón sin salida”, pronunció seriamente el investigador. La mayor parte de los secretos de la naturaleza aún no los conocemos, y si nos convencemos de que podemos suplantar todo lo natural por un artificio, estos secretos quedarán enterrados bajo nuestros inventos.

Una de estas tecnologías hila finamente dentro del extenso y denso tejido de la vida: la transgénesis. Esta técnica consiste en manipular el material genético de un organismo para obtener de él características que no sería posible obtener por medio de cruzamientos con otros organismos sexualmente compatibles. Un organismo genéticamente modificado (OGM) es por ende un organismo que presenta en su genoma ADN proveniente de otra especie con la que no puede reproducirse sexualmente. Para generar plantas transgénicas, el ADN a transferir es primero clonado en bacterias que luego se utilizan para “transformar” células vegetales de la especie de interés, las cuales luego se cultivan y seleccionan (mediante marcadores presentes en el ADN clonado) para generar individuos completos.

Hoy en día existen más de 180 millones de hectáreas de cultivos transgénicos distribuidos en 28 países del mundo, cinco de los cuales concentran el 90% de esta área. América Latina es la segunda mayor productora de cultivos transgénicos después de América del Norte, y hasta 2013 Uruguay se encontraba en el décimo puesto de los mayores productores mundiales de transgénicos con 1,5 millones de hectáreas cultivadas, puesto que hoy pertenece a Bolivia. La mayor fracción de esta área sembrada corresponde a cultivos de soja, maíz, algodón y canola (en Uruguay únicamente los dos primeros), y los genes incorporados a estas plantas buscan predominantemente conferirles por un lado la capacidad de sintetizar toxinas bacterianas con efectos insecticidas, sobretodo para proteger los cultivos de las larvas de lepidópteros (orden de las mariposas y polillas), y por otro la capacidad de resistir la aplicación de herbicidas como el glifosato. Esta última característica es la buscada en el 85% de los cultivos transgénicos.

Las principales miradas positivas sobre la producción de cultivos transgénicos se encuentran centradas en el crecimiento económico y la dinamización del sector agropecuario, atrayendo inversiones extranjeras, impulsando innovaciones tecnológicas, y generando nuevos puestos de trabajo. Sin embargo, esta reestructuración social agraria favorece a los grandes emprendimientos sobre los más pequeños y familiares, y éstas miradas optimistas evitan posarse sobre los posibles riesgos en la salud y el medio ambiente a mediano y largo plazo. Cabe destacar que la producción de transgénicos se encuentra concentrada en manos de las grandes empresas multinacionales, las mismas empresas que realizan la mayoría de los estudios de seguridad e inocuidad y que solicitan la liberación comercial de los OGM. Además, como sucede en la mayor parte de los países, en Uruguay esta evaluación de riesgos suele desarrollarse en laboratorios, no incluyendo investigaciones y ensayos en el campo.

Según Claudio Martínez, los argumentos a favor de la inocuidad de los alimentos transgénicos suelen estar fundados por un lado en la precisión de las técnicas de ingeniería genética, y por otro en las similitudes entre las composiciones proteicas de los organismos modificados y de sus homólogos no modificados (osea los naturales). Pero la expresión “ingeniería genética” para el investigador es un oxímoron, ya que las técnicas de transgénesis no son exactas y “la vida no soporta ser ingenierizada”. Aunque los nuevos métodos de transmisión de construcciones genéticas como la tecnología CRISPR/Cas9 sean más específicos, éstos no dejan de ser imprecisos, ya que no es posible determinar con seguridad en qué sitios se insertará el transgen en el ADN receptor. La inserción del gen que interesa transferir a un organismo es azarosa y completamente sujeta a probabilidades, por lo que, por más que sepamos que nuestro gen se insertó en el sitio deseado del genoma por observar las características esperadas, es imposible saber en qué otros sitios se incorporó. La localización del transgen en sitios inesperados puede así producir efectos insospechados sobre la expresión genética del organismo modificado. Son estos mismos eventos de inserción inesperada que no son tenidos en cuenta por los estudios que buscan similitudes entre los OGM y los organismos naturales. Por encima de esta incertidumbre se encuentra también el hecho de que frente a la presencia de un ADN foráneo el genoma tiene a reordenarse, aunque eso signifique modificar la secuencia de ADN original, por lo que “se estarían aprobando alimentos que en diez años pueden ya no ser los mismos”, apuntó Martínez.

El director de LaTraMa subrayó de esta forma que nos encontramos frente a una dudosa veracidad cuando se afirma que los alimentos modificados genéticamente son idénticos a los no modificados, partiendo del punto de que someter a las plantas a ingeniería genética equivale a someterlas a condiciones de estrés. Esto ya de por sí modifica su epigenética, y por ende la expresión de sus genes y su composición en proteínas. En efecto, una de las técnicas más empleadas en la producción de transgénicos a nivel industrial es la denominada “biolística” o “biobalística”, que consiste en bombardear a las células vegetales con micropartículas de oro o tungsteno recubiertas del ADN a transferir. Otro argumento favor de los OGM que Martínez puso bajo la lupa es aquél referido al potencial que tienen los alimentos transgénicos para combatir el hambre de poblaciones humanas en el mundo, potencial que permanece en silencio en vista de que el 75% de los alimentos de estas poblaciones provienen de los pequeños productores y de que la mayor parte de la soja transgénica producida actualmente “alimenta a los chanchos de China y a las vacas de Europa”. Según el científico, la cantidad de alimentos producidos es suficiente para alimentar con creces a la población mundial y el verdadero problema se encontraría en la distribución de estos alimentos y en las lógicas de mercado que la sustentan. En este escenario, América Latina se ha vuelto en los últimos años una gran plataforma de abastecimiento de materias primas para los mercados globales.

Frente a este panorama, Claudio Martínez dijo que la comunidad científica se ha vuelto “un campo de batalla”. Aparte de las investigaciones serias que intentan arrojar luz sobre estos temas, se encuentra en juego todo un “tráfico de influencias” con la publicación de los llamados “poison papers” (trabajos de investigación “venenosos” por cargar con intenciones ocultas) detrás de los cuales se encuentran científicos que fueron financiados por grandes industrias que desean ver respaldadas sus posturas. Pero la asociación con la guerra no la usó Martínez sólo para referirse a las luchas académicas, sino que remarcó cómo todas las relaciones que tiene el ser humano con la naturaleza están atravesadas por un campo semántico belicoso (la “biobalística” podría ser un ejemplo irónico). Según el científico, la humanidad siempre le ha declarado la guerra a todo lo que entorpece o enlentece sus actividades y ambiciones económicas: guerra contra la mal denominada “maleza”, contra los insectos, y contra los microbios. “No hay guerra en la naturaleza – opinó Martínez – competencia sí, pero no guerra. Si estamos en guerra con la naturaleza directamente nos perdemos de conocer sus secretos y le declaramos la guerra a nuestros propios alimentos, ya que muchos elementos que combatimos son aliados epigenéticos”.

Esta actitud guerrera del ser humano respecto a su entorno queda en evidencia en la principal ventaja agrícola de los cultivos transgénicos sobre los cultivos tradicionales: su resistencia al uso de herbicidas. Aunque una de las promesas de los cultivos transgénicos era que permitirían utilizar menos productos químicos para combatir plagas y el estorbo de otras hierbas, la realidad es que el aumento en el uso de transgénicos se vio acompañado de un aumento exponencial en la aplicación de agrotóxicos. Entre el año 2000 y el año 2014 el uso de glifosato en nuestro país se multiplicó por diez, y aún mayor fue el incremento en el uso del ácido 2,4-diclorofenoxiacético, herbicida mejor conocido como 2,4 D que es mucho más nocivo para la salud que el primero. Las cargas masivas de agrotóxicos aplicadas a los cultivos no sólo permanecen en el suelo, sino que también quedan remanentes en los granos. Incluso estos herbicidas son utilizados para desecar las plantas antes de cosecharlas para facilitar el trabajo, por lo que es probable encontrar restos de estos compuestos químicos en los alimentos que llegan al mercado. “Se han vuelto condimentos no declarados”, ironizó Martínez. Actualmente pueden encontrarse rastros de estos herbicidas en el agua de ríos, en el agua de lluvia y hasta en el aire, pero aún no existen estudios en Uruguay para detectar estos rastros en la sangre humana.

Los cultivos transgénicos son en definitiva para el investigador una tecnología más dentro del modelo productivo del agronegocio, modelo que no considera los riesgos de explotar y alterar indiscriminadamente los recursos naturales que en la base de esta lógica de producción son considerados infinitos. Los cultivos genéticamente modificados pueden volverse “malezas” de cultivos posteriores, pueden conferir sus resistencias a herbicidas e insectos a otras especies vegetales emparentadas, y pueden seleccionar resistencias a las toxinas Bt en insectos que podrían volverse nuevas plagas. De la misma forma, el uso indiscriminado de herbicidas podría seleccionar plantas resistentes que no son de interés agrícola. Esto sin contar la modificación evidente de los paisajes y las pérdidas de biodiversidad de los ecosistemas. Por otro lado, este abuso en la aplicación de agrotóxicos no sólo desgasta los suelos, sino que también favorece el crecimiento de cianobacterias (las cuales producen microsistinas tóxicas para el ser humano) en contra del crecimiento de otras bacterias benignas. De hecho, herbicidas como el glifosato son ricos en fósforo, mineral que enriquece el medio de crecimiento de las cianobacterias y que es utilizado por las mismas para realizar la fotosíntesis.

Aunque no existan en la actualidad técnicas agrícolas que no representen un perjuicio para los ecosistemas terrestres, Claudio Martínez Debat se mantuvo positivo con respecto a la existencia de alternativas. Una de las soluciones que planteó para evitar exposiciones involuntarias a herbicidas como el glifosato es aplicar bicarbonato de sodio a las comidas, el cual se descubrió recientemente que permite extraer gran parte de los plaguicidas de los alimentos. Martínez se encuentra a la cabeza del Núcleo Interdisciplinario Colectivo TÁ (Transgénicos y Agroecología) junto a la ingeniera agrónoma Maria Ines Gazzano Santos, colectivo que busca evaluar el impacto sobre los alimentos del modelo productivo actual y del uso de transgénicos y agroquímicos. La agroecología es una ciencia reciente que busca asociar los postulados de la ecología al diseño de nuevos modos de producción agrícola que sean sostenibles en el tiempo. Martínez considera que esta mirada hacia un futuro sustentable es esencial si queremos conservar la naturaleza como la conocemos y seguir evolucionando de forma orgánica y no de una forma artificial transhumanista. Estamos en el cruce de dos caminos. Sólo resta decidir qué camino preferimos transitar.

Bruno Gariazzo

Huellas de luz

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

La artista Manuela Aldabe cuenta el proceso detrás de la exposición de cianotipia presente en el EAC y explica el valor actual de esta técnica fotográfica experimental.

La formación de un laboratorio botánico

Si nos interesamos por el origen etimológico de la palabra “tecnología”, descubrimos que ésta está formada por las palabras griegas “techné”, que significa arte, técnica u oficio, y “logos”, que nos envía al discurso, al estudio o al razonamiento. Quien dice “arte” se encuentra entonces diciendo “técnica”, y el artista que domina y pone en práctica el conjunto de saberes que encierran a una técnica se encuentra haciendo tecnología. A partir de la Revolución Industrial, la ciencia ha sorprendido al ser humano continuamente con innovaciones tecnológicas cuyos saberes son cada vez menos abarcables para la lógica del ciudadano promedio. Todos utilizamos tecnología que se ha vuelto indispensable en el día a día, pero cuyos secretos de funcionamiento ignoramos en su mayoría. ¿Cuántas personas pueden describir rigurosamente los procesos que se encuentran actuando cada vez que presionan el botón (táctil o mecánico) para tomar una fotografía en su cámara digital o en su teléfono celular?

Leonardo Carreño

Lo mismo se cuestionó la artista Manuela Aldabe cuando decidió abandonar su cámara digital y comenzar a trabajar con una de las más antiguas técnicas de fotografía: la cianotipia. Actualmente se encuentra en exposición en el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC), antigua cárcel de Miguelete, el resultado de una serie de talleres que realizó mensualmente Aldabe entre mayo y diciembre del 2018 en conjunto con los responsables de la huerta “La Quinta”. Esta huerta surgió como un movimiento que buscaba generar un núcleo de integración social para el barrio, y cuando la artista se enteró de su existencia, no tardó en interesarse en emprender un proyecto en conjunto. La actividad consistió en un registro fotográfico de las hojas de cada planta presente en la huerta, en cada una de las etapas de su desarrollo. Mientras los participantes del proyecto aprendían los secretos de una técnica fotográfica tradicional y artesanal, la fotógrafa aprendía los secretos del cuidado de una planta.

En efecto, Aldabe dijo a CROMO que desde pequeña tiene una relación cercana con el mundo de las plantas debido a que su padre es ingeniero agrónomo. “La planta como ser misterioso e imprescindible en la vida lo tengo muy cercano por mi padre”, dijo, “pero aun así no soy muy buena cultivando”. Por este motivo, su trabajo junto a sus compañeros de La Quinta le resultó muy enriquecedor. Todo lo que encierra a Aldabe tiene un fuerte compromiso comunitario y su fotografía busca implicar al espectador desde lo social. Este caso no es la excepción, ya que uno de los aspectos que más llamó su atención fue el carácter integrador de la actividad que tenía lugar en la huerta. En este sentido, lo artesanal de la técnica fotográfica seleccionada no sólo facilita el acercamiento de toda persona interesada dentro de una misma experiencia de taller, sino que a su vez lleva a todo el grupo a compartir un mismo lenguaje alrededor de la técnica empleada. Y esta actividad atrajo a toda una diversidad de personajes, entre los que se encontraron botánicos, transeúntes, ancianos que frecuentan ese espacio, artistas y hasta el mismo cuida coche de la cuadra.

Una técnica que privilegia el contacto

 La artista afirma que gran parte de su obra está relacionada con la conexión, con el contacto, por lo que viene trabajando “la necesidad de captar la energía de los objetos sin cámara, cada vez con menos intermediarios”. Es importante por ende que los materiales y objetos con los que trabaja toquen el soporte en el que quedarán impresos. Antes de inmortalizar la silueta de las plantas de esta huerta, la fotógrafa ha trabajado con las impresiones de prendas de mujeres víctimas de feminicidio, presentes en su última exposición llamada “Toco tu piel”, así como con la fotografía del vestido de novia de Delmira Agustini (también víctima de feminicidio). Es importante para ella entonces la búsqueda de una “memoria de los objetos” a través de la huella que dejan eternizada para nuestros sentidos.

Según Aldabe, “es la propia temática de la obra la que termina dando la técnica a emplear, y en esta ocasión la cianotipia y la botánica van muy bien”. Ambas ciencias están emparentadas para la creadora ya desde sus propias necesidades: tanto la cianotipia como la botánica necesitan de la luz del sol. Además, una de las pioneras en esta técnica fotográfica fue precisamente una botánica, Anna Atkins, quien publicó el primer libro de documentación fotográfica. Aprendiendo esta técnica directamente de quien la creó en 1842, John Herschel, amigo de su familia, Atkins la utilizó como una alternativa para realizar los dibujos con los que llevaría un registro de las diferentes especies de plantas a documentar. La propia Aldabe considera que este  tipo de técnica se acerca más al concepto original de la fotografía que la moderna foto digital, ya que ella entiende a la fotografía como un “dibujo de luz”.

De hecho, la cianotipia es un procedimiento a través del cual se obtiene una imagen de color azul, negativo de un objeto que ha sido apoyado sobre un soporte embadurnado previamente con un material sensible a la luz ultravioleta. Este arte consiste en mezclar dos sustancias químicas, ferrocianuro de potasio y citrato de amonio y hierro, para luego pintar con la mezcla un soporte (puede ser papel, tela o lienzo) en varias capas superpuestas. Al exponer el preparado a la luz del sol, el hierro presente en el material sensible reacciona a los rayos UV y se adhiere al soporte (se dice que “precipita”) adquiriendo un color llamado “azul de Prusia”, muy similar al cian (de ahí el nombre de la técnica). En todas aquellas regiones del soporte donde no haya llegado la luz, por estar cubiertas por el objeto a fotografiar, la mezcla no reaccionará. Finalmente lo último que resta para obtener una fotografía es lavar el material con agua para eliminar toda la sustancia que no se haya adherido. Es la etapa de revelado.

Mucho más que un click

Según Manuela Aldabe, gran parte del atractivo de la fotografía es su relación con la vida misma, ya que no sólo es importante la luz, sino que “las sombras también son necesarias”. “Yo suelo decir que la cianotipia es muy romántica”, dice Aldabe, “porque cuando las toca el sol estas sales se abrazan al soporte y se quedan unidas en una fotografía”.

Por una lado, la artista decidió comenzar a usar la cianotipia por necesidad ya que deseaba trabajar con obras más grandes (de 8 a 15 metros) y la fotografía digital le resultaba engorrosa y aburrida. Por otro, a Aldabe le pareció que una técnica más artesanal transmitía una enseñanza: “no todo en la vida se hace con un click y todo conlleva una construcción”. Tanto en este tipo de fotografía antigua como en el cuidado de una huerta lo más importante siempre es el proceso, y eso es lo que hizo de este taller un ámbito de laboratorio. Para tomar la simple fotografía de una hoja es necesario preparar los químicos, el material sensible, pintar el soporte, y después todo el preparado debe reposar al sol entre diez y veinte minutos. “Tenemos que estar atentos observando durante todo el proceso”, dice la fotógrafa, “por eso se habla en este caso de fotografía experimental”. “Hoy estamos muy anclados a las computadoras”, continúa, “y la vida se ve cada vez más desprovista de verde, de conexión con lo que manipulamos, y de acá (de la huerta) nos vamos con un objeto tangible, que existe”.

Manuela Aldabe contó a CROMO que el grupo responsable de las obras de esta exposición ya quedó seleccionado para llevar a cabo el mismo taller que el año pasado pero con otras técnicas fotográficas. Esta vez las técnicas a implementar incluirán la antotipia, que utiliza el material fotosensible propio de las plantas, la copia sobre clorofila, y la goma dicromatada, que utiliza sales de cromo sobre goma arábiga.

Bruno Gariazzo

Una amistad milenaria e insustituible

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

En vista de la nueva integración de un halcón robotizado al grupo de aves rapaces destinadas a la cetrería en el Aeropuerto de Carrasco, Cromo se comunicó con el cetrero Mauricio Rattin para conocer más sobre el pasado y el futuro de este arte milenario .

A lo largo de su evolución, la relación del ser humano con su entorno se ha visto marcada por un progresivo dominio ejercido sobre la naturaleza para adecuar ésta a la eficiencia de sus actividades. Desde el uso del buey para el arado de los cultivos hasta el servicio prestado por la mula para el transporte de carga, otros animales han servido al Homo sapiens desde los albores de su razón. Pero no todos los animales que acompañaron a este primate durante su historia han sido meramente esclavos de sus fines. Muchos se han visto beneficiados a su vez por la colaboración, generándose así amistades milenarias que hoy caen fácilmente bajo la denominación de “mascotas”. El perro, “el mejor amigo del hombre”, sería el ejemplo más evidente, pero existen otros menos célebres, que no son comúnmente considerados ¨mascotas¨ y cuya relación con el humano es sorprendente: las aves rapaces.  

La llamada “cetrería” es el arte de cazar empleando aves de presa entrenadas, como halcones o gavilanes. En esta procura de alimento, ambas especies, el ser humano y el ave, se veían beneficiadas, desarrollándose así una simbiosis que fue definida por el naturalista Félix Rodríguez de la Fuente como “la primera vez en que el hombre no sometió al animal al yugo y al látigo”. Esta práctica se cree se expandió desde Asia, ya que era frecuente entre las poblaciones nómadas de mongoles descendientes de Genghis Khan. Introducida en Europa Occidental a través de las invasiones godas, la cetrería se popularizó durante la Edad Media como un medio de diferenciación social. En diálogo con Cromo, el cetrero uruguayo Mauricio Rattin contó que en esa época “los grandes halcones eran volados por los nobles, a diferencia de los pequeños halcones o gavilanes que podían ser utilizados por los miembros del clero”. El declive de esta forma de cacería comenzó con el surgimiento de las armas de fuego, pero aunque los avances técnicos mitigaron su popularidad, la cetrería fue declarada en 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad  por la UNESCO.

Patrullando desde los cielos

Actualmente, Mauricio Rattin forma parte de un equipo de cinco cetreros que trabaja desde el 2008 controlando la fauna presente en el predio del Aeropuerto de Carrasco. La primera vez que se utilizaron aves rapaces para realizar controles biológicos en aeropuertos fue en los años 70 en España, por el ya mencionado Félix Rodríguez de la Fuente. “Nosotros brindamos las herramientas prácticas al programa de control aviario y fauna “Guardianes de los Cielos”, donde se estandariza el servicio en función de la normativa que es impartida por Organización de Aviación Civil Internacional (OACI)”, informó Rattin. Básicamente, su trabajo consiste en utilizar toda una batería de métodos, tanto reactivos como preventivos, para desalentar que se instalen en la zona animales que puedan significar un peligro para el aterrizaje y despegue de los aviones. Entre los métodos preventivos se encuentran los trabajos de manejo del ambiente, como el drenaje de acumulaciones de agua que podrían atraer a la fauna, censos que permitan conocer el uso del espacio aéreo del aeropuerto por las aves, y el control biológico con técnicas de cetrería. En cambio, los métodos reactivos incluyen el uso tanto de pirotecnia, como de perros de acoso de la raza Border Collie y de aves de presa. Recientemente se agregó un nuevo elemento a estos métodos: un robot que intenta parecerse a un halcón peregrino como para usarlo de manera intercalada con las aves de carne y hueso.

Camilo Dos Santos
Camilo Dos Santos

La empresa Cetrería del Sur , a la que Mauricio Rattin pertenece, no sólo trabaja para el aeropuerto, sino también para el área agrícola e industrial controlando las poblaciones de especies consideradas plagas, como la paloma doméstica o la cotorra. “Buscamos generar una zona insegura para la fauna y así reducir su presencia dentro del predio – explicó el cetrero – ya que por el miedo natural a sus depredadores, reducen su tránsito y permanencia en el sitio para preservar su existencia”. Como lo que motiva a las aves rapaces a cazar es la posibilidad de alimentarse, eventualmente se le debe permitir alcanzar al menos a una presa, pero principalmente se busca ahuyentar a la fauna y no cazarla. Para cubrir un mayor abanico de especies presas, se utilizan diferentes especies de aves cazadoras, como ser el halcón aplomado, el halcón peregrino, el gavilán mixto y el águila mora. Al tener diferentes modalidades de vuelo y de caza, cada una cubre diferentes sectores del espacio aéreo. El gavilán mixto, por ejemplo, es una especie que es muy versátil y es utilizada para la modalidad de bajo vuelo, partiendo desde el puño o desde el vehículo del cetrero en vuelo directo a perseguir las presas. En cambio, el halcón peregrino caza desde las alturas y es el animal más veloz del planeta, superando los 340 kms por hora cuando se lanza en picada tras su alimento. Son dos tipos de vuelo completamente diferentes que tienen utilidades específicas dentro del trabajo de los cetreros en el aeropuerto. “El halcón peregrino caza por altanería, busca ganar altura realizando vuelos concéntricos sobre el cetrero, y el cono de ataque que puede cubrir es mucho mayor que un gavilán que vuela a 20 o 50 metros – afirmó Rattin – El halcón aplomado tiene una cola muy larga que les sirve como un gran timón que les permite maniobrar en persecuciones directas detrás de la presa, algo que el peregrino no puede hacer porque está diseñado para la velocidad, su estructura anatómica no está hecha para eso”.

Camilo Dos Santos

El total del plantel de las aves utilizadas por Cetrería del Sur está conformado por aves reproducidas en cautiverio en el propio Aeropuerto de Carrasco y aves rehabilitadas que proceden de diferentes Organizaciones, ya sea porque se criaron desde pequeñas con seres humanos y no se reconocen con otros de su especie, o porque tienen alguna lesión o discapacidad física que no les permitiría cazar y sobrevivir en un medio salvaje. En total el plantel suma cerca de 40 aves que guardan una impronta especial hacia sus entrenadores. El entrenamiento de cada uno de estos animales se produce por medio de reflejos condicionados: por su conducta natural,  el ave termina asociando al cetrero con su proveedor de alimento o de presas. Por medio de un sistema de recompensas (o de ausencia de las mismas), finalmente el animal comprende qué comportamiento debe adoptar para obtener su comida. “Una vez que te acepta el ave como su compañero de caza, ya se forma un equipo de trabajo”, comentó Rattin. La mayor parte de las cacerías son simulacros, ya que se utilizan señuelos con forma de ave a los cuales se les ata un pedazo de carne, pero el estilo de vuelo de ataque es percibido a la distancia por el resto de la fauna,  la cual se alerta y se retira.

Camilo Dos Santos

El caso del Aeropuerto de Carrasco es bastante particular por el lugar geográfico en el que se encuentra, rodeado de bañados y de zonas protegidas. A dos kilómetros de la costa, cerca de lagos artificiales y del parque Roosvelt, el terreno del aeropuerto es un lugar atractivo para una gran variedad de especies. Como el ecosistema es diverso, la fauna que allí se instala es diversa también y está protegida por ley. Esto implica un desafío para los cetreros, ya que “hay que buscar un permanente equilibrio entre las reglamentaciones internacionales que exigen el mitigar el riesgo de impactos con fauna en las operaciones y las leyes locales que la protegen y prohíben  su caza entre otras medidas, siendo las que frecuentan el predio mayormente clasificadas como prioritarias para la conservación”, dijo el especialista en cetrería. El ingreso de un ave a las turbinas de un avión puede ser desastroso, pero los riesgos son mayores durante el despegue que durante el aterrizaje. “La fauna en un aeropuerto es un peligro latente, no se puede evitar, pero debemos garantizar una buena gestión de esos peligros, donde el objetivo sea la mitigación del riesgo que genera”, aseguró Rattin. El Aeropuerto de Carrasco, basado en reglamentaciones internacionales aprobadas por la autoridad aeronáutica, maneja como indicador aceptable de seguridad operacional 1 impacto cada 1000 operaciones. Según los registros, en el acumulado de los últimos 10 años el indicador promedio fue de 0.14 impactos cada 1000 operaciones, lo que respalda el buen trabajo que se realiza las 24 horas, todos los días del año.

Camilo Dos Santos

El juguete nuevo

Acerca del halcón robótico recientemente agregado al plantel de aves rapaces, Mauricio Rattin consideró que es una herramienta más dentro de otras, y que de ningún modo el aparato podría sustituir a uno de sus halcones o gavilanes entrenados. Según el entrenador, el atractivo que representa el terreno del aeropuerto para las especies de fauna es muy grande como para que desistan de habitarlo si no se les presenta una buena razón para hacerlo. “Si utilizaramos solamente un halcón robótico y no se caza nada, es probable que la fauna identifique que no es un peligro real, y con el tiempo empiece a perder efecto”, explicó Rattin. Esta ave mecanizada, diseñada por una empresa colombiana, es un aeromodelo radiocontrolado que fue modificado en su estructura para parecerse lo más posible a la silueta de un halcón peregrino en vuelo. Los cetreros uruguayos se vieron interesados en incorporar esta tecnología innovadora como una forma de no quedar desfasados con respecto al resto del mundo, ya que el robot se está comenzando a utilizar a nivel internacional, aunque el de Carrasco es el primero en la región. Asegura Rattin que este halcón es muy efectivo para ahuyentar especies migratorias que tendrán con él un único encuentro antes de proseguir su ruta. Sin embargo, por el efecto de acostumbramiento antes mencionado, esta tecnología no sería del todo eficaz si lo enfocamos al uso sólo con especies locales. “En nuestro caso, tenemos un altísimo porcentaje de especies residentes, especies que intentan permanentemente establecerse, como los teros que encuentran en el aeropuerto las condiciones propicias – informó el cetrero. “Si utilizáramos solamente este método, probablemente se generaría un acostumbramiento a corto plazo”.

Camilo Dos Santos
Camilo Dos Santos

Para operar con esta herramienta, el equipo de Cetrería del Sur necesita aún una licencia de la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA) del Ministerio de Defensa Nacional. Cuando obtengan el permiso, la idea sería utilizar el halcón robótico de manera intercalada: normalmente se emplearían las aves “reales”, pero se optaría por la artificial por ejemplo en el verano, en horas cercanas al mediodía, cuando el calor puede ser agobiante para las aves. “Pensando en su bienestar optaríamos por no volarlas (a las aves) y usar esa herramienta de cetrería robótica”, contó Rattin. El entrenador de halcones sostiene que “esta tecnología no podría nunca reemplazar a un arte de 4 mil años de antigüedad”, y, aunque reconoció lo interesante de la sinergia entre ambas herramientas, declaró que “no es el sustituto de nuestros halcones”. Aunque la tecnología avance en su imitación de la naturaleza, la relación de mutuo beneficio generada entre dos especies durante miles de años de evolución no debería de ser algo despreciable. Al respecto, Mauricio Rattin describió cómo es la relación entre un ave rapaz y su entrenador:

“Para ser cetrero se necesita de mucha vocación y sobre todo mucho amor por la naturaleza. Si esto realmente no te apasiona es imposible que lo puedas sostener en el tiempo, porque tener un ave para cetrería requiere de trabajo diario y cuidados permanentes. Cuando te dedicas a entrenar un ave rapaz, tenés que ser 100% responsable y saber que no es una mascota, que va a depender enteramente de vos. Siempre debemos pensar en el bienestar de nuestras aves, que son con las que trabajamos y con las que convivimos; son parte de nuestra vida cotidiana”.

Bruno Gariazzo

Tras la máscara de la locura

El vacío tras la facción

El rostro es una pantalla misteriosa. Como Alicia cuando atraviesa el espejo, atravesar el rostro de un otro equivale a aventurarse dentro de una versión retorcida de nuestras propias emociones. El rostro es una fachada a la vez que un reflejo distorsionado sobre las aguas agitadas de un subconsciente lleno de preguntas. Pero plantearse estas cuestiones, poner en duda nuestro propio rostro y el de los otros, es el primer paso para caer en las profundidades de aquello que la medicina nunca se ha cansado en denominar “locura”. Pero, ¿qué significa volverse loco para el común de los conscientes mortales? Significa hundirse en la inconsciencia, explorar las sombras de ese instinto que tanto miedo da al ser natural que busca escapar de su propia naturaleza a través de construcciones del pensamiento. El lenguaje pone orden al caos natural y permite evolucionar al ser humano dentro de su ilusión estructurada. Pero entre los andamios no deja de reptar el miedo, ese flujo negruzco que pocos se atreven a mirar y a través del cual corre la verdad. No es casual que antaño hayan sido incinerados como locos herejes aquellos que se atrevieron a salir del andamio para explorar sus miedos. Hoy muchos de esos mismos locos son llamados “científicos”. Otros son llamados “enfermos”.

Quien se atreve a desafiar el orden establecido siempre ha sido rápidamente apartado de la sociedad, ya sea encerrado en un calabozo para que sus pensamientos y comportamientos no infecten a otros, ya sea ubicándolos en un escenario para que su locura se diluya en espectáculo. De esta segunda opción nace la figura del payaso, del bufón de la corte, de ese ser cuya única función es liberar las tensiones que son producto de ese orden que tanto interés tiene El Poder por mantener en la población. Pero la sonrisa del payaso puede parecer (¿en apariencia?) forzada, y es en esta puesta en cuestión de la verdadera emoción que esconde ese rostro que radica el miedo histórico de los ojos avispados ante este personaje. ¿Se está realmente riendo o está obligado?  ¿Es un mero acto de seducción que oculta intenciones siniestras? Y luego del son está la risa, ese reflejo espasmódico ante la desgracia ajena y el absurdo. Ese cortocircuito en el andamiaje del orden consciente que derrumba todo el cuidadoso constructo del lenguaje y une a los humanos en lo más instintivo de su naturaleza. Un himno a la muerte que en vez de lamentarla y temerle, como lo hace el llanto, la celebra. Tanto el llanto como la risa son respuestas al miedo más primitivo, el miedo al vacío de la inexistencia. Mientras el llanto es un llamado de auxilio frente a ese miedo al abismo, la risa es una completa negación del mismo, una provocación que busca alejar a la muerte seduciéndola. Y es el reconocimiento de la esencia de esa provocación lo que despierta el terror hacia el payaso y a quien se ríe sin razón aparente. Pero después de todo lo que he expuesto, ¿existen realmente rastros de razón detrás de la risa? De ningún modo. Allí está su valor liberador. La risa es para la razón lo que el caos es para el orden.

La aventura fuera de los andamios de la cordura

La aventura por desenmascarar al orden divino de la humanidad para exponer los engrasados engranajes sobre los que ésta se sostiene se extiende a lo largo y ancho de la historia del arte humano. Aunque esta aventura ha tenido momentos de mayor o menor posibilidad de expresión, siempre ha existido algún que otro ser valeroso que se ha atrevido a saltar fuera de la estructura para estudiar los monstruos que según la leyenda habitan los intersticios del sentido. Encontramos algo de estos aventureros en personajes cínicos como Diógenes, en representaciones del desorden y de lo grotesco como las obras de los pintores holandeses Pieter Brueghel y El Bosco, o como las proyecciones pesadillescas de un Goya alienado, o incluso en los relatos sombríos de un Edgar Allan Poe. Pero sin remontarnos siglos atrás, recientemente la cultura popular ha sacado por medio del cine nuevamente una carta que es símbolo de caos: la carta del Joker. Pero lo que nos interesa particularmente de esta carta no es sólo su función de “todo vale” en un juego de naipes, sino el personaje que sonríe entre los límites de este comodín, y más específicamente aún el personaje que cobró vida fuera de este naipe en los cómics creados por el escritor Bill Finger y los dibujantes Jerry Robinson y Bob Kane.

Apareciendo por primera vez en 1940 en la primera novela gráfica protagonizada por el justiciero oscuro llamado “Batman”,  el personaje de “El Guasón”, antagonista del primero, no ha cesado de sufrir modificaciones a lo largo de los años. Su evolución se vio acompañada de un trasfondo psicológico cada vez más complejo y profundo cuyos resortes se vieron atacados repetidas veces por la censura, la cual sus marionetistas debieron sortear sacrificando por ello en ocasiones la esencia de lo que buscaban expresar. El último paso en esta evolución lo dio la película “Joker” dirigida por Todd Phillips, producida por el genio de Martin Scorsese, con guión de Scott Silver, y protagonizada por Joaquin Phoenix, quien tuvo la tarea de encarnar a este villano de historieta en los orígenes de su locura (¿o cordura?).

A diferencia de otras versiones anteriores de “El Guasón” (así se hace llamar este genio del crimen), el personaje diseñado por Phillips, Phoenix y las pinceladas de Scorsese, es víctima de una enfermedad mental, producto en parte de los malos tratos que sufrió durante su infancia. Esta decisión no es de mi particular preferencia, ya que, a mi gusto, justificar las acciones de este personaje desquiciado a través de un cuadro clínico, que incluso podría ser heredado genéticamente, quita profundidad a la metamorfosis psicológica que sufre el personaje en su transición de simple civil a mente criminal. Pero para comprender mejor la complejidad de la psicología de este villano es menester recorrer su evolución a través de las mentes creadoras detrás de sus diferentes representaciones.

La evolución de la psicología del caos

No existe un consenso dentro de la historia ficticia del universo de “El Caballero Oscuro” (el Hombre Murciélago) sobre el origen del Joker. En sus inicios, El Guasón era un asesino serial que dejaba en la escena del crimen a sus víctimas con una sonrisa mutilada en el rostro, acompañadas de una carta (un comodín) como su marca personal. A comienzos de los cincuenta se buscó darle un origen a la apariencia del personaje, por lo que El Guasón pasa a ser un experto criminal que en un intento de huida de la autoridad (Batman) se arroja en una fosa con residuos tóxicos que le terminan obsequiando una piel blanquecina, un pelo verduzco y una amplia sonrisa descarnada. Pero los cómics siendo aún considerados un pasatiempo de niños por los altos cargos de la cultura norteamericana, las fuerzas puritanas del  Comics Code Authority forzaron a que El Joker abandonara el escenario para aparecer nuevamente en la cómica serie televisiva de 1966, siendo protagonizado por Cesar Romero y perdiendo los rasgos sádicos de su personalidad para volverse un simple bufón para la audiencia.

No fue hasta 1973 que volverían a verse sus tintes homicidas, cuando el artista Neil Adams y el escritor Dennis O’Neil decidieron revivir la versión original del personaje para el cómic n°251 de Batman. Esta vez El guasón ya no era simplemente un psicópata asesino que gusta de reír desenfrenadamente frente a sus víctimas y perseguidores, sino que se transformó en un genio criminal, volviéndose para el héroe Batman lo que James Moriarty es para el detective Sherlock Holmes. Esta nueva versión gustó tanto a los lectores de cómics que atrajo la atención de otros realizadores de novelas gráficas cuyas obras solían alejarse del mundo del entretenimiento de superhéroes. Fue gracias a tres fuerzas creativas de estos inspirados realizadores que el universo de los cómics de Batman dio un salto hacia la profundidad psicológica de la que hace gala hoy en día.

Por un lado se encuentran el guionista y dibujante Frank Miller, mente creativa detrás de los cómics “Sin City” y “300”, quien en 1986 generó para DC Comics su propia versión del Caballero Oscuro en una serie de cuatro publicaciones llamada “Batman: The Return of the Dark Knight”. En esta versión, Miller decidió traer de nuevo a un veterano y psicológicamente desgastado Batman para limpiar las calles de una Ciudad de Gótica más violenta que nunca. Bruce Wayne (Bruno Díaz para los latinos) es perseguido por la pesadilla de la muerte de sus padres, germen de su odio hacia el crimen y gatillo de su transformación en el Hombre Murciélago, alter ego cuya formación Miller asocia a la película de El Zorro que el pequeño Bruce se encontraba viendo en el cine momentos antes de la muerte de sus progenitores.

En “El Regreso de El Caballero Oscuro”, El Guasón despierta repentinamente de un estado catatónico en el Asilo Arkham (hospital para enfermos mentales de Gotham que a su vez funciona como cárcel de máxima seguridad)  tras enterarse del regreso de su némesis, y convence a su psiquiatra de que le permita demostrar públicamente la cura de su psiquis. Se presenta así como un villano redimido frente a las cámaras del set de un programa de televisión. Resultado: todos los presentes en el estudio de TV, excepto el redimido, terminan muertos. De allí el Joker va dejando un regadero de muertes que conducen a Batman hacia su trampa. La versión de este payaso de Miller, oscura y retorcida, es el reflejo distorsionado y macabro de la última actualización del personaje. Un personaje demencial, de suma inteligencia y cuya máxima ambición es regar el caos a su paso.

Esta visión oscurecida de los héroes y villanos de Ciudad Gótica inspiró por otro lado a Alan Moore, guionista de “Watchmen” y “V de Venganza”, quien junto al ilustrador Briand Bolland ideó una de las más aclamadas novelas gráficas de este universo gótico de DC. “Batman: The Killing Joke “, publicada en 1988, plantea un retrato más complejo de la psicología tanto del héroe como del villano, imaginando a ambos personajes como los dos lados de la misma moneda. Como es costumbre en las obras de Moore, este cómic está impregnado de la dualidad entre los conceptos del “Bien” y del “Mal”, ambos conceptos siendo mostrados como intrínsecamente ambiguos. Tanto Batman (el “Bien”) como El Guasón (el “Mal”) son el producto de experiencias traumáticas y se encuentran unidos por el destino dentro del mismo círculo vicioso: ninguno es capaz de vencer al otro y ambos dependen mutuamente el uno del otro de forma inevitable. Batman representa el orden y el miedo sobre el que éste se sustenta, mientras que El Guasón representa el caos y la locura que lo fomenta.

En esta ocasión, El Joker ya no es tan solo un genio psicópata, sino que es un antihéroe con un propósito: demostrar a la humanidad como cualquier persona, por más cuerda que parezca, puede perder el control frente a las injusticias sociales y transformarse en “El Guasón”. La historia del origen del personaje retoma la idea de un ladrón que cae en un gran recipiente de desechos químicos, solo que esta vez éste se encuentra enredado en un robo en el que accede a participar como una forma de ayudar económicamente a su esposa embarazada. Se trata de un ingeniero que trabajaba antiguamente en la misma planta en la que se produce su accidente, la cual había abandonado para dedicar su vida a su vocación de comediante.  Tras su fracaso en el mundo de la comedia, decide ayudar a una banda de criminales a ingresar a la planta de procesamiento en la que trabajaba a cambio de parte del motín, pero en medio del atraco el fracasado comediante cambia de opinión al enterarse de la muerte de su esposa. El personaje es forzado a continuar igualmente con el plan, y, al ser sorprendido por las fuerzas del Bien (Batman), se produce el fatídico accidente que no sólo provocará la metamorfosis de su apariencia física sino también la de su psiquis.

Este origen es puesto en duda por el propio villano en el cómic alegando en un momento que su historia bien puede ser una de esas de “múltiple opción”. A partir de su metamorfosis el Joker busca generar la misma transformación en otras personas sometiéndolas a desgracias similares a las que él enfrentó en su vida. En este cómic Moore hace del payaso un villano nihilista y opone a través del mismo a la ley y su lucidez con el crimen y la locura. Esta misma locura es puesta constantemente en duda a través de los diálogos que mantienen de igual a igual los polos opuestos del Bien y el Mal, como si estos diálogos fueran los dos lados de un mismo espejo. La propia dualidad entre el Bien y el Mal termina licuándose en este cómic en un momento en que tanto el villano como el héroe terminan riéndose al unísono tras un chiste del primero.

Por último, cabe destacar la inspiración creativa del guionista Grant Morrison y el dibujante Dave McKean, quienes llevaron al héroe con orejas de murciélago a lo más oscuro de la psicología humana encerrándolo en la peor de las pesadillas. En “Batman Arkham Asylum: A Serious House On Serious Earth”, novela gráfica publicada en 1989, el villano payasesco toma el control del ya mencionado asilo para lunáticos y obliga al caballero oscuro a permanecer un día entero aislado junto a todos los reclusos liberados. El cómic inspiró una serie de videojuegos con el mismo nombre cuya trama toma prestado el inicio de la novela para luego desprenderse de ella y tomar sus propias direcciones. Esta serie de videojuegos ambientada en Arkham presenta en la voz del Joker a Mark Hamill, actor que ya había interpretado al personaje en otras series animadas y cuyo desempeño merece mención y reconocimiento.

En la historia de Arkham Asylum, Batman es enfrentado a sus peores miedos, el personaje al comienzo admitiendo incluso que teme sentirse como en su hogar cuando las puertas del asilo se cierren sobre él. Así, el héroe enmascarado es posicionado en el mismo lugar que el resto de los “dementes” que habitan esta casa de la locura, y siendo lo único que lo diferencia del resto su particular inteligencia. Pero entre estos muros que desafían la cordura existe otro personaje tan inteligente como él, El Guasón, quien se transforma dentro de su ambiente en psicólogo del héroe, exponiéndolo a sus más profundos miedos y haciéndolo dudar de sí mismo al cuestionar el orden que tanto defiende. En este cómic el Joker, además de ser despiadado e inteligente, demuestra tener un profundo apego por El Hombre Murciélago, apego que bordea la obsesión amorosa, ya que considera al héroe como el único ser que comprende su peculiar forma de percibir el mundo. Pero no sólo de diálogos y situaciones se compone una novela gráfica, y en este caso es imprescindible resaltar el arte abstracto de Dave McKean, el cual brilla por el empleo de diversos medios al servicio de un denso simbolismo. Dibujo a lápiz, pintura, fotografía, collage y trazos difuminados son utilizados para zambullir al lector dentro de la niebla espesa del sinsentido. 

Una gran pantalla amenazante

Trasladar cualquiera de las puntas de esta tríada creativa a la gran pantalla es todo un desafío, no sólo al ingenio artístico, sino al ingenio burocrático necesario para vencer los filtros de la censura hollywoodense. El primero en aventurarse en tal tarea fue el director Tim Burton quien en 1989 llevó al cine al héroe de Gotham interpretado por Michael Keaton, con la actuación de Jack Nicholson en el papel de El Guasón. Burton se inspiró en la versión oscura de los cómics de Batman de finales de los 80 para construir el universo de sus dos películas ambientadas en Ciudad Gótica, y, aunque estas obras cinematográficas están muy suavizadas en comparación con las novelas gráficas que las inspiraron, nunca antes el público había visto películas tan sombrías de superhéroes. Las versiones de Burton incluso toman rasgos cómicos propios de la serie televisiva de Batman de los años 60, el Joker interpretado por Nicholson mostrándose como un personaje hilarante y bailarín, aunque pierda por momentos su gracia para dirigir una mirada asesina hacia sus enemigos. Luego de dirigir dos películas sobre el Hombre Murciélago, Burton se retiró de Ciudad Gótica y dio paso a otros directores que se despegaron de la profundidad de los cómics de Miller, Moore y Morrison, dejando tras de sí unas películas que, aunque puedan ser entretenidas, son olvidables.

Otro concepto diferente  trajo al cine el director Christopher Nolan con su trilogía de “The Dark Knight”, protagonizada por Christian Bale en el traje del héroe y cuya adaptación del personaje del Joker en su segunda película fue aclamada por la crítica. En “The Dark Knight”, el payaso es interpretado por Heath Ledger en una actuación que pasó inmediatamente a ser rival de la interpretación de Jack Nicholson, pero con una construcción menos cómica, más oscura y despiadada del villano estrella de DC. El origen del personaje de El Guasón en la versión de Nolan poco importa, es más, ni siquiera el personaje parece recordarlo. Aquí se pone por encima de todo el nihilismo de este genio criminal, quien lo único que desea es presionar los botones necesarios para luego sentarse a observar cómo toda la sociedad es consumida por el caos. Sin escatimar en los elementos tomados de la “Santa Tríada del Murciélago”, Nolan desafió la censura y expuso los lados más retorcidos de esta relación conflictiva entre el héroe y el villano. La película llegó a tener tal repercusión que inspiró la denominada “Masacre de Aurora” en 2012, episodio durante el cual un hombre disfrazado abrió fuego en una sala de cine de Colorado (Estados Unidos) contra el público que asistía al estreno de la película “The Dark Knight Rises”, tercera entrega de la trilogía de Nolan, causando doce muertes y más de cincuenta heridos.

Esta lamentable situación explica el miedo que generan en el pueblo americano las proyecciones en la gran pantalla de lo más oscuro del ser humano. Al llegar a un público masivo, los miedos pueden jalar el gatillo equivocado. Es este mismo miedo que llevó recientemente a las familias de las víctimas de esta masacre a manifestarse en contra de la última película que buscó encarnar los orígenes del sonriente villano en el actor Joaquin Phoenix. Aunque la versión de El Guasón orquestada por Todd Phillips me parece, como ya expresé antes, bastante adulterada con respecto a la construcción de la tríada creativa de los años 80 de la cual bebe, esto no significa que una nueva aparición de este personaje en la pantalla grande no signifique una nueva ventana abierta hacia el significado oculto de la locura. Con guiños a películas de Scorsese como “Taxi Driver” y “The King of Comedy”, Phillips nos presenta a Arthur Fleck, un aspirante a comediante que vive en una Ciudad Gótica decadente durante los años 70. Fleck vive con su madre, quien vive sus últimos alientos y se sustenta con lo poco que gana su hijo trabajando como clown.

Aunque su sueño es brillar sobre un escenario, Arthur Fleck se encuentra lejos de dominar el sentido del humor… bah… lejos de dominar cualquier relación con otro ser humano. Y aquí es donde a mi juicio pierde densidad psicológica el personaje, porque esta dificultad para sociabilizar está fundada en una enfermedad mental que padece y que existe fuera de la ficción. Su condición clínica, que psiquiatras entrevistados gustan denominar “crisis de epilepsia gelástica”, hace que el personaje estalle en risas incontrolables en momentos tristes, trágicos o incómodos. Fleck hasta lleva consigo una tarjeta para informar a sus conciudadanos sobre el mal que padece. Pero la enfermedad (con alucinaciones y todo) pasa así a funcionar como una excusa perfecta para las acciones que pervierten al personaje durante el desarrollo de la película, transformándolo en un enfermo que es víctima de la violencia y el desinterés de una sociedad en descomposición.

Aunque me parece interesante el nuevo planteo de Phillips, considero que justificar las motivaciones de este villano a través de un diagnóstico médico hace caer toda la construcción psicológica levantada por Moore, Morrison y Miller en una simplificación de la locura que ha sido tan típica a lo largo de la historia de la humanidad. Frente al retrato de este personaje retorcido el público se ve así fomentado a llevar el siguiente razonamiento: “claro, está loco”, y de esta forma evita buscar las raíces de la psicología de El Guasón en su propia psiquis. La enfermedad mental aleja al enfermo del común de los mortales, lo pone en exhibición, y así, al igual que busca hacer Batman, el espectador encierra al villano como única garantía del orden, y el discurso sobre sus causas se diluye en la lucidez más cotidiana.

Pero el personaje de El Guasón de la tríada Miller-Moore-Morrison surgió justamente para poner en cuestión esta lucidez de lo cotidiano, para poner al orden social en el pedestal de la enfermedad y volverlo responsable de la condición del inadaptado. Además, el personaje interpretado por Joquin Phoenix (quien por cierto deslumbra por su actuación) carece de la genialidad superdotada que hacían de El Guasón un ser temible y perverso a lo Moriarty (aunque todavía es muy pronto para asegurar que esta faceta no sea explorada por el actor en el futuro), y sus motivaciones para delinquir terminan pareciendo una respuesta frente al sueño frustrado de ser el centro de la atención. Sin embargo la película de Todd Phillips no deja de lado este recorrido psicológico antes expuesto y hasta toma prestadas varias referencias a los cómics de Alan Moore y Frank Miller, como ser la profesión original del Joker y la escena del show televisivo, si bien en la médula de la trama el director haya buscado alejarse del universo ficcional de las novelas gráficas.

El fantasma de una demencia floreciente

Es cierto que el ver en el cine a un personaje tan despiadado como el archienemigo de Batman necesitó sus buenas cuotas de adiestramiento de los mecanismos de censura de Hollywood, pero es interesante señalar que el personaje del Joker no salió de la galera mental de Bob Kane y Bill Finger por una inspiración divina, sino que estos creativos tomaron directamente la idea del mundo cinematográfico: una antigua película inspirada en la novela de Victor Hugo “El hombre que ríe”. La película del mismo nombre fue dirigida por el director expresionista alemán Paul Leni en colaboración con Carl Laemmle, fundador de Universal Studios, durante el ocaso del cine mudo y el nacimiento del sonoro. Estrenada en 1928 y transformándose en una de las últimas películas mudas memorables, “El hombre que ríe” nos sitúa en la Inglaterra del siglo XVII y nos presenta la vida de un joven desgraciado llamado Gwynplaine, quien de niño, en un acto vengativo del rey Jaime II, fue separado de su padre, perteneciente a la nobleza, y entregado a los llamados “compradores de niños”. Éstos eran grupos de comerciantes que acostumbraban realizar operaciones quirúrgicas en los chicos para deformarlos y luego venderlos como atracciones de feria. En manos de estos comerciantes el pequeño Gwynplaine adquiere un rostro desfigurado en una macabra y amplia sonrisa que jamás podrá borrar, condenado eternamente a transmitir hilaridad.

El niño escapa, rescata en su huida a una pequeña bebé abandonada que sufre ceguera, y ambos son rescatados y acogidos por una caravana de cómicos. Así crece el personaje condenado a hacer reír por siempre a los otros sin importar sus sentimientos. Incluso cuando recupera su condición de noble e intenta hacerse respetar por los de su clase social, lo único que logra despertar en el otro son risas. Gwynplaine se enamora en esta historia de la mujer ciega que rescató de pequeña, única persona que logra ver al ser humano que se esconde más allá de su rostro desfigurado. La obra original de Victor Hugo, que data de 1869, cuenta cerca del final de la historia con un discurso que un Gwynplaine indignado expone ante la Cámara de los Lores, denunciando cómo la riqueza y la alegría de los allí presentes se alimenta de la pobreza y la desgracia de quienes no tienen derecho a estar bajo el mismo techo. Dejo aquí un fragmento de tal monólogo:

“Milores, vosotros estáis arriba. Muy bien, hay que creer que Dios tiene sus razones para eso. Poseéis el poder, la opulencia, la alegría, el sol inmóvil en vuestro cénit, la autoridad sin límites, el goce exclusivo, el inmenso olvido de los otros. Sea. Pero hay algo por debajo de vosotros, y tal vez por encima. Milores, vengo a daros una noticia: el género humano existe. (…) El sufrimiento no es una palabra, señores dichosos. En cuanto a la pobreza, he crecido en ella, he tiritado en invierno, he sentido el hambre, he sufrido el desprecio, he padecido la peste, he bebido la vergüenza. Y la vomitaré ante vosotros, y ese vómito de todas las miserias salpicará vuestros pies y resplandecerá.”

Al finalizar su discurso, El hombre que ríe siente sollozos trepar por su garganta, pero, como su única expresión es la sonrisa, lo único que llega a la superficie no es un llanto, sino una risa deformada. Y ese el puntapié que libera la explosión en risas de toda la nobleza presente. La tensión liberada, el sentido de todo el discurso perdido, y todas las palabras diluidas en el vacío del inconsciente. Es lo que el propio Victor Hugo llama en su novela “la demencia floreciente”. ¿Resulta familiar la escena? Es la misma escena que se produce cuando el personaje de Arthur Fleck intenta hacerse escuchar en el show televisivo de Murray Franklin: desesperado, Fleck expone el dolor que significa ser ignorado e incomprendido, pero lo único que logra inspirar en su audiencia es la risa. Es una audiencia preparada para reír, pero no para poner en cuestión su risa.

La resaca del paraíso perdido

Vemos así que el germen que dio vida al personaje de El Guasón ya se encontraba sembrado en la segunda mitad del siglo XIX, esa época en la que los artistas se encontraban en pleno proceso de liberación personal y de exploración fuera de los andamios trillados por lo establecido. Podría decirse que el Joker es parte de esa resaca que dejó el Romanticismo en los espíritus más desencantados de la sociedad humana, ese fantasma de la utopía frustrada que ha transformado la lírica en sable envenenado de juicio. El sueño romántico de la libertad consumada en cálida armonía se choca con una corriente de injusticia fría, condensando la lluvia ácida que corroe el alma de los artistas de la autodestrucción, aquellos que buscan perturbar el orden que aborrecen desintegrándose en una explosión. La misma chispa de desorden que permitió la construcción del archienemigo de Batman (así como la metamorfosis de Arthur Fleck en El Guasón) es la que dio nacimiento a los llamados “poetas malditos” franceses como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud o Paul Verlaine, esos fanáticos de los versos que vivían zambullidos en los vicios de la noche disparando sus flechas líricas por doquier.

El propio Jim Morrison podría ser considerado una encarnación de los poetas malditos en el siglo XX. No es de extrañar que “Las Flores del Mal” de Baudelaire fuera (y aún es) señalado como un libro maligno y peligroso, cuando entre sus páginas asoma eso a lo que más le teme el ser humano: el lenguaje deconstruido hasta sus cimientos, la ausencia del sentido, lo absurdo de una vida moribunda, y el instinto sexual y el asesino en perversa comunión. En pocas palabras: la locura fuera de los rieles. La misma fuerza destructora del sentido común es la que motivó al dramaturgo francés Antonin Artaud a crear su “Teatro de la Crueldad” como una forma de inyectar un mensaje en su público buscando perturbarlo. Un joven Artaud escribió: “Yo quisiera hacer un libro que altere a los hombres, que sea como una puerta abierta que los lleve a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir, una puerta simplemente ligada con la realidad”. Para este poeta del teatro el arte era una revolución, y para lograr revolucionar al público su arte debía de revolver entrañas. Y reivindica la purificación de las mentes corroídas por la contradicción al decir: “el público creerá en los sueños del teatro, si los acepta realmente como sueños y no como copia servil de la realidad, si le permiten liberar en él mismo la libertad mágica del sueño, que sólo puede reconocer impregnada de crueldad y terror”.

Muchos artistas han intentado y seguirán intentando proyectar lo más oscuro de la mente humana como única forma de desenmascarar a la cordura y limpiar el nombre de la locura. Todos los actores que han interpretado al personaje del Joker han encontrado su forma personal de sacar a relucir esa sombra de la razón. Antonin Artaud, luego de haber sido encerrado en un hospital psiquiátrico por haber pasado demasiado tiempo sumergido en el surrealismo, publicó un ensayo sobre la vida de otro lúcido tachado de enfermedad: Van Gogh. Quizás la última versión de El Guasón interpretada por Joaquin Phoenix sirva como una alerta acerca de lo que puede germinar de un exceso de individualismo regado sobre una semilla necesitada de atención. Y con atención me refiero al amor de sus otros seres semejantes, a quienes, por más rostros postizos que porten, la semilla de la locura aún reconoce como seres de la misma especie. El peligro reside en el momento en el que esta semilla ya deja de reconocerse como miembro de su especie. En ese preciso momento la locura florece.

Bruno Gariazzo

El poder oculto de la biodiversidad

Nota escrita para la sección CROMO del diario El Observador

El pasado lunes 22 de abril se celebraba el Día Internacional de la Madre Tierra, una fecha especial impulsada por el senador estadounidense Gaylor Nelson en 1970 y que, desde entonces, se celebra anualmente como una forma de generar conciencia a nivel global sobre la importancia de proteger nuestro planeta. La iniciativa de Nelson marcó el nacimiento de los movimientos ambientalistas modernos y abrió el camino para que tuviesen lugar la Cumbre de la Tierra de Estocolmo en 1972 y el Acuerdo de París firmado el 22 de abril del 2016. En ambas instancias se hizo énfasis en la responsabilidad que tiene el ser humano respecto de su entorno y de su implicancia en el denominado Calentamiento Global. Una suma de factores que son fruto de la actividad humana ponen en peligro la vida sobre la Tierra: la contaminación de la atmósfera y del agua, el crecimiento exponencial de nuestra población y el aumento de residuos plásticos en los océanos. Pero hay un factor cuya importancia suele pasar desapercibida para una gran fracción de la población: la pérdida irrecuperable de la biodiversidad.

El pasado jueves 25 de abril se llevó a cabo en el Museo Carlos Alberto Torres de la Llosa una presentación sobre los efectos de la forestación en la diversidad de aves de nuestro país de la mano del Licenciado Pablo Fernández. La charla fue la primera actividad del ciclo “Conversando de Nuestra Fauna 2019” organizado junto a la Sociedad Zoológica del Uruguay, y en ella el licenciado expuso lo que constituyó su investigación para realizar el trabajo de grado con especialización en ecología de la Licenciatura en Ciencias Biológicas de la Facultad de Ciencias.

Ambientes sustituidos

La presentación comenzó informando que cerca del 50% de la superficie terrestre sin congelar ya ha sido modificada por el hombre, lo que significa que gran parte de algunos ecosistemas del planeta se han visto alterados y fragmentados. Esto se postula como una de las principales causas de la crisis global de la biodiversidad, la cual puede entenderse como la riqueza en número de especies animales y vegetales que habitan un ecosistema determinado. En efecto, las actividades agrícolas y ganaderas traen consigo la sustitución de ciertos ambientes naturales por otros, provocando el desplazamiento de muchas especies que bajo estas presiones corren el riesgo de extinguirse.

El bioma que es insignia del Uruguay es el pastizal o pradera, y, según el estudio realizado por el grupo de investigadores del que Pablo Fernández forma parte, muchas especies de aves que habitan este bioma están viendo su existencia comprometida a causa de la alteración o sustitución de su hábitat natural principalmente por la agricultura, urbanización y más recientemente por  la actividad forestal. Fernández recordó a los presentes que se deben de distinguir la forestación rural antigua, aquella que da protección al ganado, de la forestación industrial moderna, aquella destinada mayoritariamente a producir papel y que se ha visto incrementada en los últimos 30 años. Recordó también que la forestación no es un ecosistema aislado, lo que presentaba un desafío para el estudio, sobre el cual contó:

“En realidad partíamos de la base de que no teníamos conocimiento sobre lo que nos íbamos a encontrar. Fuimos con un método objetivo a relevar paisajes forestales y ver qué nos encontrábamos. Pero no sabíamos nada de las especies beneficiadas o desplazadas, esas eran, entre otras, las preguntas que teníamos para plantear la investigación”.

“En ese sentido – continuó Fernández – es importante resaltar aspectos positivos de esta actividad, ya que, a diferencia de la gran mayoría de las actividades agrícolas que se realizan en el campo, las empresas forestales han abierto “las porteras” a los biólogos en Uruguay a través de convenios con Facultad de Ciencias y a través de trabajos de consultoría para lograr los estándares de certificación. Esto ha permitido generar avances en el conocimiento de los efectos de esta actividad en la biodiversidad.”

La investigación consistió en establecer diferentes puntos de conteo (unos 600) de especies de aves en diferentes regiones delimitadas dentro de estos tres ambientes mencionados, llevándose un registro de las mismas cada 10 minutos. Para evaluar el impacto de la actividad forestal en la biodiversidad de aves a escala Paisaje (en ecología una escala ubicada entre lo regional y lo local), se analizó el número de especies en función de un gradiente creciente de forestación en diferentes paisajes agroforestales del Uruguay. Los resultados obtenidos demuestran que a medida que aumentan las áreas forestadas, menor es el número de especies especialistas de los pastizales. Dentro de las aves que se verían entonces desplazadas por esta actividad industrial se encuentran la perdiz, el ñacunda y la ratonera aperdizada. Aun así, durante un estudio paralelo realizado por otro equipo, se logró captar con cámaras varios ñandús, y hay algunos registros en Brasil y uno en Uruguay de ejemplares anidando dentro de áreas forestadas, por lo que esta especie, especialista de pastizal, podría ser capaz de adaptarse a este nuevo ambiente.

Por otro lado, la falta de diferentes estratos de la vegetación en las áreas forestadas (es decir de árboles, arbustos, y sotobosque de diferentes alturas) podría estar explicando la baja diversidad de aves que allí pueden habitar, en comparación con los bosques nativos. Teniendo en cuenta que en Uruguay habitan 23 especies de aves amenazadas a nivel global, muchas de las cuales están asociadas a nuestros pastizales, al final de la exposición el licenciado manifestó la importancia de valorar y de conservar nuestras praderas, y recordó que, de las 14 áreas protegidas de nuestro país, ninguna representa a este bioma. Para esto planteó como fundamental que se compatibilicen los slogans “Uruguay Natural” y “Uruguay Productivo”.

Un juego de equilibrios

En diálogo con Cromo, Pablo Fernández cuenta que existen varias posturas entre los científicos con respecto al rol que deben cumplir las ciencias naturales frente a las ciencias políticas, sociales y económicas: mientras que unos opinan que todas deben trabajar juntas desde el mismo lugar, otros consideran que el científico se tiene que encargar sólo de generar el conocimiento, siendo tarea de los políticos el aplicarlo para el mayor beneficio de la sociedad. “Sin duda lo ambiental es algo que a nivel político es un debe”, continuó explicando el investigador, “se tiene que manejar porque es una de las dimensiones que se encuentra repercutiendo en las otras dimensiones, sociales y económicas, a nivel local y global”.

Cuenta el investigador que el manejo de ecosistemas “es un concepto no tan nuevo que habría que tratar de incorporarlo lo antes posible. Razones sobran. Son sabidos todos los problemas que hay a nivel global. Algunos pueden creer que son exageraciones, pero hay datos sobre la mesa que son irrefutables”.

La activista sueca Greta Thunberg, de 16 años, dijo en diciembre del 2018 ante la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas (COP24): “Solo hablan sobre seguir adelante con las mismas malas ideas que nos metieron en este desastre, incluso cuando lo único sensato que pueden hacer es poner el freno de emergencia”. Con sus palabras firmes dejó a un montón de líderes sin palabras, remarcando la necesidad de que los problemas medioambientales sean puestos en palabras mayúsculas dentro de los discursos políticos.  

Para ayudar a comprender mejor la amenaza que se esconde detrás de una pérdida global de biodiversidad, Pablo Fernández explicó que el mayor riesgo reside en la incertidumbre. “Estar perdiendo así nomás información que demoró miles de millones de años en evolucionar, que se encuentra funcionando activamente en los ecosistemas, me genera preocupación, justamente porque no sabemos el grado de importancia de lo que estamos perdiendo”, dijo Fernández, “es el argumento número uno que se me ocurre para invitar a reflexionar”. Resulta que cada especie cumple una función específica en un ecosistema, pero que esa función puede ser respaldada por otra especie en caso de que la primera se pierda. El problema surge cuando son tantas las pérdidas que deja de ser posible esa compensación, de forma que la red se destruye. Podríamos asociarlo al juego “Jenga” (¡jugando a ciegas!), y quien lo conoce sabe qué sucede si se quita la maderita equivocada. Cuando los discursos políticos siguen dirigidos a un aumento de la producción, brilla la necesidad de compatibilizar estos discursos con la conservación de los recursos. “Según muchos autores estamos en la sexta extinción masiva”, apuntó el ecólogo, “hay muchas cosas en juego, pero lo más peligroso me parece que es no saber cuánto es lo que está en juego”. 

Bruno Gariazzo