El riesgo hiperreal

“Nos es imposible pensar algo que no hemos sentido previamente con nuestros sentidos”, sostenía el filósofo escocés David Hume. Todo nuestro conocimiento sobre la realidad derivaría de una percepción directa a través de nuestras interfaces sensoriales. Esto explicaría por qué los primeros conocimientos sobre la existencia de los microorganismos provienen de las observaciones realizadas a través de un microscopio por el neerlandés Anton van Leeuwenhoek y el inglés Robert Hooke. Antes de poder apreciar con la vista a estos diminutos seres vivos, el origen de las enfermedades era pura fantasía. “Ser es ser visto”, nos dice Pierre Bourdieu citando a Berkeley en los inicios de sus conferencias recopiladas en su obra “Sobre la televisión”. Mientras caminamos observamos un edificio, un árbol, un chico montado en una bicicleta y su perro que lo sigue corriendo a la par. Todas esas imágenes y sus sonidos asociados existen por fuera de nosotros; son por ende “reales”. De pronto se enciende una fuente de luces que nos envía imágenes y sonidos desde un marco determinado. Nos acercamos y reconocemos el mismo edificio, el mismo árbol, el mismo chico y el mismo perro. Claramente esas imágenes son un reflejo directo de la realidad que acabamos de percibir. Las imágenes cambian y nos muestran lugares donde nunca hemos estado. ¡Qué hermoso debe de ser percibir esos lugares directamente! Nos vamos a dormir y nuestros sueños juegan con esas imágenes de realidades lejanas proyectadas por esa ventana que no se puede atravesar. Al ser niños nos horrorizamos con las imágenes de criaturas insospechadas que podrían estarse escondiendo debajo de la cama y que el cine se encargó de dotar de vida en nuestra imaginación. Nuestros muñecos podrían cobrar vida y un hombre enmascarado podría estarnos esperando detrás de la puerta del armario. Pronto aprendemos a combatir el hechizo que se encontraba actuando detrás de la pantalla y nos volvemos inmunes a la magia del cine de ficción, siempre y cuando dure tal inmunidad.

Un juego de apantallamientos

Un caso completamente diferente lo constituye el noticiero informativo. Allí respetamos el código de realidad a rajatabla. Un cartel en la esquina inferior izquierda nos dice “Al aire”, los presentadores y reporteros nos miran directamente a los ojos rompiendo la incuestionable “cuarta pared”, y la fuente luminosa nos muestra imágenes al parecer directamente relacionadas con nuestra existencia. Todos los acontecimientos que allí desfilan podrían afectar nuestra realidad. Pero existe otro hechizo actuando detrás de la proyección de los noticieros del cual es más difícil escuchar hablar. Se trata del conjuro de un dios que actúa sobre las representaciones audiovisuales: el dios del montaje. A través del montaje, tanto escénico como cinematográfico, los elementos que componen la realidad que percibimos pueden ser reorganizados para transmitirnos una cierta realidad manufacturada con una intención determinada. Los noticieros comienzan a ser así más que reflejos de la realidad, instrumentos de creación de realidad. Esto aparece plasmado en la película “Good bye, Lenin!” cuando el protagonista de la historia se esfuerza por construir una “realidad soñada” para su madre Christiane que acaba de despertar de un coma. Ferviente compatriota del régimen comunista, su madre no soportaría la noticia de que, durante su sueño, el muro de Berlín ha caído y su país se ha unificado hacia una lógica capitalista. Desde una pequeña cabina, Alexander Kerner y su amigo Denis recopilan un montón de material audiovisual de otros tiempos y lo montan con nuevo material ficcional grabado a modo de noticiero. A través de este montaje buscan reconstruir una realidad perdida para mantener a Christiane en paz durante su recuperación. Sólo basta proyectarle a través de un viejo televisor las imágenes audiovisuales confeccionadas dentro de este “laboratorio de lo real”.

 Dentro de esa cabina Alex y Denis se transforman en la deidad hindú “Maya”, madre de todas las ilusiones duales del universo. Incluso en una escena se nos muestra a Denis vistiendo una camiseta que hace referencia a la película “The Matrix”, insinuándonos así no sólo la influencia del mundo capitalista en Alemania del Este, sino también la calidad de este personaje de manufacturador de una maya de ilusiones, de este sastre de acontecimientos virtuales. En términos usados por Bourdieu en “Sobre la televisión”, en su obsesión por mantener a su madre alejada de la realidad (o cerca de su realidad ideal) Alex impone determinadas “condiciones de comunicación” y censura todo contenido que no entre dentro de esas condiciones. De esta forma el protagonista se transforma en el productor de su propio programa televisivo, en el instrumento de mantenimiento del orden simbólico defendido por los ideales de Christiane. Manipulando la información y las apariencias que ésta recibe, Alex logra establecer para ella una paz mental basada en la estabilidad de sus ilusiones. Pero en el proceso de tejer esta maya ilusoria, Alex debe incorporar toda irrupción de la realidad a su tejido adaptando las propias condiciones de comunicación a la realidad capitalista que se cuela por cualquier resquicio. Así de a poco comienza a proyectar en su noticiero artificioso no sólo las ilusiones e ideales de su madre, sino también las suyas propias. Para explicar la aparición de un cartel de Coca-Cola o la presencia en la antigua Alemania del Este de tantos occidentales, Alex debe hacer uso de una constante dramatización, mostrando estos hechos como elementos extraordinarios completamente fuera de la rutina diaria.

En un noticiero convencional existe una carrera contra el tiempo por obtener una primicia informativa, y en esta película existe una carrera contra cualquier primicia que pueda encontrarse con la curiosidad de una madre. A diferencia de lo que critica Bourdieu sobre los nuevos medios informativos, en este caso la velocidad es el peor enemigo del noticiero de Alex, y su trabajo consiste en remar a contracorriente dentro del flujo abrumador de estímulos de un sistema capitalizado. O podríamos también decir que en este caso hay una lucha de parte del protagonista por mantener encapsulado el tiempo dentro de aquella habitación intentando cubrir cualquier punto de fuga a través de la censura. No es muy diferente la política adoptada por Alexander a la empleada por los anteriores regímenes autoritarios comunistas con respecto a la información. Los cineastas soviéticos han sido los maestros del montaje, y su destreza ha inspirado no sólo el control masivo de la información por parte de los gobiernos dictatoriales de izquierda, sino también la suspensión del tiempo dentro de una realidad virtual en un pequeño apartamento de una Alemania unificada. Pero para mantener enmarcado este espejismo, Alex y Denis se ven obligados repetidas veces a pecar con lo que Bourdieu denomina “heteronomía”: utilizar la autoridad que confiere ser proyectado en pantalla para blandir la batuta de un falso saber.

Volviendo a las conferencias de Bourdieu, en la película hay un claro ejemplo de lo que el autor denomina como instancias “falsamente verdaderas”. El protagonista se ocupa durante un fragmento importante de la historia de organizar una reunión conmemorativa por el aniversario de su madre. Invita viejos amigos (incluso contrata niños como invitados) a los que adiestra para seguir un guión por él determinado a fin de mantener a la cumpleañera dentro de la “ilusión soviética”. Cada invitado ha sido cuidadosamente seleccionado previamente con tal de evitar toda posible desviación del sentido del mensaje que quiere transmitir. Todo ha sido medido y calculado previamente para mantenerse dentro de las premisas que permiten la existencia de su microcosmos. En el momento de la reunión, Alex adopta el rol de presentador de un programa televisivo, dirigiendo a los invitados constantemente en sus parlamentos y censurando todas aquellas intervenciones que él considera inadecuadas. En términos de Bourdieu, sus intervenciones “coaccionan” con las de sus invitados. Alex hace respetar las reglas del juego: concede la palabra, la prohíbe, realiza elogios, marca los tiempos y los tonos, es portavoz del grupo y dirige mediante gestos todos los movimientos de los invitados de su programa.

Así como lo fue para su madre durante sus años de militancia política, el peor enemigo del microcosmos de Alexander son las relaciones de fuerza invisibles de las que habla Pierre Bourdieu y que orquestan la competencia del mercado capitalista.  La mejor arma que encuentra para combatir esas fuerzas es generar sus propias relaciones centrífugas de fuerza a través de la confección de su propio noticiero. Todo marcha bien dentro del régimen mientras la audiencia no se haga consciente de la magia detrás del montaje. Todo buen ilusionista mantiene en secreto los andamios de sus trucos de magia, y Alex tiene de su lado la poca extensión de su público (en este caso únicamente su madre). No hay demasiadas asperezas que limar dentro de la audiencia ni gustos desconocidos a los cuales complacer. Las categorías de percepción de su espectadora le son bien conocidas y no hay revoluciones que amenacen desde el horizonte más allá de las relaciones de fuerza capitalistas. A diferencia de los noticieros que van de la mano del mercado occidental, el noticiero de Alex y Denis no es portavoz de una moral pequeñoburguesa, sino de la moral de índole popular del Partido Comunista, moral en sintonía con los ideales de Christiane. Todo lo que no entre dentro de los esquemas mentales de una activista del Partido Comunista es rápidamente censurado. Entonces este noticiero está sometido a un doble trabajo de censura: por un lado se recortan las aristas de una moral capitalista, por el otro se hace respetar la sensibilidad de los esquemas mentales de una madre idealista.

Una simulación de ensueño

Todo el peso simbólico del programa de Alexander decanta hacia una agenda que se mantiene flexible siempre y cuando no intervengan factores externos en el microcosmos, factores que siempre se encuentran al acecho. Pero pronto Alex comenzará a ser presa de su propio hechizo, construyéndose los barrotes de su propia jaula semiótica. El trabajo de mantener la ilusión para su madre se convierte en la lucha desesperada por vivir dentro de la ilusión construida por su progenitora durante su infancia. Incluso al final de la película los roles se invierten cuando Christiane se entera de la farsa que ha montado su hijo y, temiendo lastimarlo, se esfuerza a su vez por mantener la ilusión de Alexander guardando en secreto la información que ya posee. Dentro de un juego de secretos, madre e hijo se han refugiado en el País de Nunca Jamás. Pero nadie se encuentra a salvo de la posibilidad de caer en este “País de las Maravillas”, menos dentro de la sociedad actual del espectáculo y de la información digital. Cuando la tecnología avanza a pasos agigantados y la fidelidad con la que las imágenes generadas por ordenador (o CGI) representan la realidad percibida traspasa el umbral de lo imaginable, los métodos de montaje utilizados por Alexander Kerner parecen un juego de niños. El encuadre selectivo y el montaje audiovisual han sido utilizados durante más de un siglo por los medios de comunicación para manipular a las masas de la mano de los gobiernos, pero el terreno en el que se está adentrando la humanidad hace ya varios años establece unos códigos de comunicación completamente nuevos. El problema yace en que una amplia mayoría de la población, sobretodo de edades avanzadas, desconoce estos nuevos códigos de descifrado de lo percibido y puede caer fácilmente dentro de una ilusión construida cuidadosamente.

Las “fake news” disparadas en todos los sentidos buscando pilotear la opinión pública ya representan un desafío sin precedentes para los periodistas: fotografías, audios y vídeos atraviesan las redes, son extirpados de su contexto o buscan funcionar como testimonios de sucesos que nunca ocurrieron, y son incorporados sin más por los internautas la esfera de hechos reales sin siquiera investigar el origen de tal material audiovisual. Detrás de estas noticias fraudulentas corren los profesionales de la información en un intento desesperado por desmentirlas y echar luz hacia donde creen se oculta lo verdadero. Si antes estos profesionales debían debatirse eternamente en contra de la represión del poder de turno, ahora deben también luchar espalda con espalda contra hordas de Alexanders que tejen ilusiones por doquier. Nunca fue tan fácil desenmascarar a los titiriteros sociales con tan solo un click, pero tampoco nunca fue tan fácil para los titiriteros forjar los hilos de sus marionetas de acero indestructible. Y no solo de noticias falsas se caracteriza este juego de enmascarados, sino que las propias imágenes generadas por computadora y softwares de imitación de sonidos permiten hoy en día destrozar la reputación del enemigo imitando fielmente su rostro y voz y generando registros fraudulentos de su accionar en el mundo. Incluso si el personaje en cuestión “realmente” llevó a cabo esas acciones polémicas ante los ojos de la opinión pública, el mismo puede alegar tranquilamente que cualquier registro utilizado para incriminarlo no es más que un truco audiovisual. El planeta entero podría estar en llamas, pero el ciudadano promedio seguiría aceptando tranquilamente las imágenes apacibles brindadas por quienes ya se habrían escapado de la catástrofe en un cohete privado. El arduo trabajo de manipulación de información que llevan adelante regímenes autoritarios como los de Corea del Norte se volverá cada vez más sencillo, por lo que cada vez será más difícil para un ciudadano el distinguir una amenaza “real” de aquella construida como un mero mecanismo de control. Cuando la ficción abandona las pantallas para involucrarse directamente en la vida de los transeúntes, de repente la hiperrealidad no resulta tan atractiva.

Pero la hiperrealidad no representa un riesgo solamente a causa de aquellos que buscarían utilizarla en busca de un beneficio personal en perjuicio de otros. Cuando lo que vemos a través de la ventana supera en belleza ampliamente al recinto sensorial en el que estamos confinados, atravesar el marco puede volverse un deseo insaciable. Sucede que esta ventana luminosa no puede ser atravesada, el primate de pulgar oponible bien lo sabe, pero aun así no renunciará a mantenerse pegado al escaparate con tal de olvidar lo insípido que resulta la realidad por fuera del marco. La ilusión de Maya promete muchísimos más estímulos y brinda por fin un sentido al palpitar de un corazón que ha perdido completamente su ritmo natural en el mundo de los mortales. ¿Y qué sucede cuando la ventana se transforma en un casco? ¡El marco por fin desaparece y alrededor todo obtiene un hermoso sentido! El primate esclavo de la razón ahora mueve la cabeza y con ella se mueve su universo paralelo. Ha logrado retornar al paraíso perdido, pero solamente puede percibirlo a través de la vista y el oído: aún faltan más sentidos que conectar. “Habrá que esperar a la última actualización”, piensa.

Al tener la posibilidad de desconectarse completamente de su entorno físico y de los problemas que residen en el mismo, el internauta por fin logra una libertad ansiada desde su nacimiento. Claro, logra ser libre dentro de la virtualidad, digitalizando su percepción y sacrificando su existencia analógica de carne y hueso, la cual seguramente, tarde o temprano, será devorada por la tempestad que crece por fuera del casco VR. En una vida social repleta de competencia, tensiones y situaciones de estrés innecesario, el espacio reservado al ocio teje hifas por doquier. El entretenimiento siempre ha funcionado en la humanidad como el principal remedio contra la frustración y el tedio, y el poder de turno siempre intentará monopolizar este remedio para evitar todo enfrentamiento con cualquier posible contra-poder. Hoy el libre mercado y la competencia por dominar el capital se conjugan a la perfección con la necesidad imperiosa de emancipación de la población, haciendo germinar y florecer la cultura del entretenimiento como nunca antes. Cuando alguien se entretiene, sus contradicciones internas por fin hacen voto de silencio y ya no queda espacio para la revolución. Esto sin contar las constantes distracciones de realidad aumentada que ya de por sí acecharían al transeúnte en cada esquina por fuera de la realidad virtual.

La industria de los videojuegos se expande a una velocidad vertiginosa, y parte de esa expansión se debe a la satisfacción que genera en un ser social el tener por fin la sensación de poseer el control. Aun si el internauta es consciente de que fuera del casco todos los hilos de sus extremidades están tensionados por poderes ajenos, el placer de la simulación es lo suficientemente poderoso como para acallar cualquier atisbo de rebeldía. Dentro del universo virtual, uno puede sentirse el protagonista de su propia historia, puede afectar directamente las probabilidades del destino y desafiar a la suerte, poco importa que detrás de todo este universo se esconda un dios programador. Dentro de este nuevo panorama social, ya ni siquiera sería necesaria la existencia de un Alexander Kerner para manipular la realidad que perciben los vivos, ya que las personas a controlar se hundirían ellas mismas a gusto dentro de sus propias ilusiones en una actitud de total apatía respecto a lo que suceda con sus vidas por fuera de la virtualidad. La esclavitud de la carne pierde interés frente a la liberación del mundo de las ideas.

Los sentidos poco a poco se irán conectando uno a uno a la percepción de este mundo virtual en el que nuestros sueños toman forma, y de pronto las barreras entre la ficción y la realidad se comienzan a desdibujar. “Nos es imposible pensar algo que no hemos sentido previamente con nuestros sentidos”, pero el algoritmo se encargará de construir frente a estos sentidos lo inimaginable. Si los océanos y lagos reales están poluídos o secos, ¿qué importa? Todavía existen las aguas límpidas virtuales. Si ya no existen los elefantes o los leones del planeta Tierra, ¿a quién podría afectarle si estos animales aún no se extinguieron en el mundo digital? Dentro de la virtualidad las guerras y el sufrimiento ajeno no duelen. Cuando arriben los jinetes del Apocalipsis, éstos se encontrarán con una humanidad desconectada de las catástrofes “reales”, dormida plácidamente en su fantasía, y mientras destruyen todo lo existente pensarán: “Dios, qué aburrimiento”. Quizás los ángeles, exhaustos de intentar llamar la atención de algún alma, incluso dejen de tocar sus trompetas para sumirse ellos mismos en el eterno ensueño hiperreal.

Bruno Gariazzo

El Show debe continuar

Una mano extendida contra su reflejo en el espejo y los deseos imperiosos por atravesarlo… Tal ha sido siempre la imagen del hombre en su búsqueda desesperada de sí mismo. Pero la imposibilidad de atravesar la imagen especular ha decantado esta búsqueda hacia el deseo de incorporar la imagen del otro… tanto o más inaccesible. El escenario ha representado siempre el Edén sobre el cual todo un público homogeneizado proyecta sus sueños como raíces que reptan hacia un paraíso original. El siglo XX ha visto cómo el teatro es enmarcado por la pantalla y dotado de la cualidad de registro de lo real que sólo una cámara puede proporcionar; ante la mirada del objetivo, la vida cotidiana se transforma en el escenario. Desde el drama hasta el suspenso y desde la telenovela hasta el reality show, el espectador se ha mantenido en el borde del asiento con el corazón entre sus manos en una plena identificación con lo proyectado. Él sabe que detrás de la proyección se esconde un guión, que cada suceso desafortunado era imprescindible para el desarrollo de una trama que debe despertar el interés del consumidor, sabe que los actores ensayaron esos diálogos lacrimógenos cientos de veces, y aun así el espectador se entristece, llora, grita indicaciones a personajes inaccesibles y se retuerce en su asiento. En el deseo de huida de uno mismo, se pierde toda la calidad de mediatización que caracteriza a la pantalla. Siempre que tengamos un tiempo, nuestras pulsiones inconscientes nos arrastran nuevamente ante ella para cumplir con el ritual de lo real: la realidad es dada de a dosis en cada boca abierta. Luego construimos nuestra esfera de significaciones a través del “reality kit” que se nos ha proporcionado para nuestro “laboratorio de lo real”. El espectador siente una gran satisfacción al ver su propia vida representada en la vida de otros, y es a través de estas representaciones que el ser humano ha logrado entrenar su empatía a lo largo de los siglos. Tanto el noticiero como el cine de ficción nos permiten entender que las desgracias y alegrías de la existencia existen fuera de nosotros mismos. De esta forma, todos buscamos rellenar el vacío de la propia vida con la ilusión de compartir la vida de otro.

Esto aparece plasmado en la película “The Truman Show” del director Peter Weir, en la que un hombre es confinado desde su nacimiento en una realidad ilusoria construida dentro de un set monumental aislado de la sociedad con el fin de captar en cámaras el desarrollo de su vida,  la cual es vivenciada por millones de espectadores alrededor del mundo. Los televidentes derraman lágrimas junto a su personaje favorito, ríen junto a él y hasta duermen junto a él. Todos desean ser Truman para dejar por fin de ser ellos mismos. Cuando el interior se aparece como un océano repleto de preguntas amenazantes, las respuestas externas que flotan sobre la superficie lumínica de la pantalla parecen la única salida posible. Los televidentes son conscientes de lo macabro de la situación de su personaje favorito y de su participación en el mantenimiento de tal situación, pero el escándalo retrocede ante el vacío existencial de sus propias vidas. Al encontrar en la representación de la vida ajena sus propios pecados, el espectador alivia su culpa. El ungüento de las heridas dejadas por el propio ego es la representación de las heridas del ego del otro. Cuando ya no queda ningún dios en quien creer ni ningún padre en quien confiar, identificarse con la pantalla se vuelve el acto de confesión moderna.

 Los deseos imperiosos por participar de la vida de los otros han comenzado hace ya un tiempo a encontrar su satisfacción. La rutina transforma el espectáculo en hecho, todos queremos ser un acontecimiento proyectado en pixeles, y hoy las redes sociales permiten avanzar un paso más hacia este cometido: todos son libres de escalar hacia el muro de la fama y el reconocimiento; todos pueden dejar su huella en el universo semiótico de la realidad virtual. Hoy todos por fin pueden ser Truman Burbank y encerrarse adrede dentro de su propia esfera semiótica. No es necesario que una cámara nos persiga para dar a conocer nuestra vida y refregarla en la vida de los otros; basta con sentarse frente al ordenador o enfrascarse dentro del teléfono móvil para compartir cada momento de nuestra existencia como única forma de legitimar nuestras experiencias. El ritual del apantallamiento ha extirpado el símbolo al mito. Le rendimos culto a la imagen y a la libertad encadenada a la mirada ajena. Las representaciones de lo real que antes servían de vectores de mitos y cumplían el rol de estimulantes y catalizadores de nuestra empatía hoy se ven opacadas por las deslumbrantes explosiones de infinitos egos en competencia apantallante. Ya no basta con zambullirse en ficciones para calmar la ansiedad fruto de la incertidumbre cotidiana, ahora cada individuo se ve fomentado a demostrar el valor de su propia existencia registrando cada instante de la misma y disparándola en todas direcciones. Quien no llega a dar en el blanco se vuelve poco a poco invisible dentro de los flujos acelerados de la rutina. Los espectadores que admiraban a Truman desde la invisibilidad de su hogar para sentir su materialidad reflejada en un protagonista hoy buscan desesperados su propio reflejo en pantallas ajenas.

Por otro lado el mayor deseo de realización personal ya no se encuentra en el éxito económico, sino en la mayor cantidad de seguidores de nuestro perfil público. Hoy es exitoso aquél que logra proyectar fragmentos de sí mismo en el mayor número de pantallas posible y el anonimato es sinónimo de muerte. El número de “likes” ha sustituido al rating del Show de Truman, programa cuyo creador, Christof, sostenía era la cumbre del éxito. En una fiel representación del “Gran Otro” lacaniano, un invisible Christof se dirige a Truman al final de la película refiriéndose a sí mismo como “el creador de un show de televisión que da esperanza, alegría e inspiración a millones de personas”. El ocio ha pasado así de ser un obstáculo en los engranajes del sistema a volverse la grasa que les permite seguir girando. En una sociedad en la cual impera el culto a la imagen propia en diálogo con la ajena, la existencia de celebridades se vuelve una necesidad, un supuesto lógico, y la democracia de a poco se transforma en la libertad, idénticamente disponible para todos, de no pensar. El pensamiento debe de ser exteriorizado, focalizado sobre la imagen especular de nuestra propia vida y la ajena, pero este pensamiento no puede ser interiorizado el tiempo suficiente como para despertar alguna duda sobre nuestra integridad. Frente a la primera duda se desencadena una ansiedad asfixiante que nos lleva a estirar la mano para tomar el teléfono móvil en busca de señales de la otredad. Un acto reflejo que persigue a ciegas algún mensaje, alguna foto, audio o video que demuestre la presencia de nuestro ser en el mundo. Alguien debería de estar pensando en nosotros, ¿no? El dedo se desliza frenéticamente de arriba a abajo en la pantalla inspeccionando vidas hasta que finalmente decide compartir algo. Saciada la ansiedad, solo resta esperar un que pique el anzuelo. Recibo un “me gusta”, luego existo.

La moda ha sustituido a los líderes y a los dioses. Ante un público emocionado por el progresivo descubrimiento de Truman de la estructura de la ficción en la que ha sido inmerso, Christof intenta tranquilizar a los televidentes asegurando que Truman nunca elegiría abandonar su jaula y traspasar los límites de su ilusión. Un breve plano de la película ilustra esta idea: un perro corre ilusoriamente libre con una correa atada al cuello. Antes el panóptico era un concepto que atemorizaba a cualquier iniciado dentro de las ciencias del poder… hoy más que nunca todos constituyen ese panóptico con total consentimiento. No sólo todos desnudan sin ningún pudor sus datos personales frente a la omnisciencia del Gran Otro, sino que las redes sociales se han vuelto un espacio de constante disputa exhibicionista: cada opinión pegada con orgullo en el muro da comienzo a una guerra virtual en la que cada grupo escupe su propia versión de lo que cree debería de ser el “status quo” más justo. En el mundo de los clicks, el odio colectivo se vuelve el mejor mecanismo represor de los cuerpos. Todos los ciudadanos de todas las clases sociales salen a embarrarse bajo la lluvia de insultos: profesores, médicos, actores, presidentes, estudiantes, verduleros y feriantes se sacan los ojos mutuamente frente a los ojos de la gran masa amorfa. Siempre y cuando un ciudadano tenga acceso a la red, estará a un paso de caer en la lucha en el barro global, y quien no tiene acceso es directamente atropellado y enterrado bajo un circo en el que no tiene ninguna participación. Los líderes del mundo libre se quitan las máscaras en Twitter, dejando la banda presidencial a un lado, para enmascarar sus actos fuera del teclado. En esta red conviven, uno a continuación del otro, un comentario del vecino a quien le cuesta pagar la renta de su apartamento, una fanfarronería de un presidente exhibicionista, y una advertencia de un general del ejército que informa a la comunidad acerca de un inminente ataque bélico. El significado profundo de los dichos y de las acciones de los internautas queda diluido bajo un miasma de mayúsculas y puntos de exclamación que no tardarán en perderse dentro del basurero de tuits en acelerado crecimiento. En esta escalada hacia la fama virtual ya no importa si uno está encerrado bajo un sol artificial, sólo importa enterrar la virtualidad del otro.

Pero la entrada al salón universal de la fama tiene su precio: el yo se divide entre el altruismo sin voz ni voto que el alma desea ver materializado en acciones visibles, y el egoísmo galardonado en todas las pantallas de fácil acceso. Todos parecen apoyar a Truman en su odisea hacia la verdad, pero ellos son los mismos que lo han hundido en la mentira. El ciudadano promedio se indigna dentro de su identidad virtual por las injusticias del mundo, plasma “emojis” de facciones asombradas, decepcionadas y entristecidas, pero constantemente asoma el deseo de pertenecer al plató de la fama, a la sala de la autoestima, y toda reacción emocional rápidamente es engullida por el espectáculo. Todos quieren encenderse en el escenario de las redes sociales y tocar el teclado con los dientes. Creemos que somos dueños de nuestra imagen virtual, que estamos al volante de esta nave digital, pero estamos siempre condicionados por el ojo del Gran Otro que nos observa desde cada dispositivo. Los hechos mismos posan para él. Frente a la enfermedad de la desgracia ajena, una “selfie” mostrando preocupación es el mejor remedio. En una diaria teatralización del juego de la competencia indiscriminada que hace debatirse a las pasiones curiosas por la intimidad de los otros, poco espacio es dejado a la introspección y la imaginación termina en los límites de la cerradura. Y en este reino mágico de la hipocresía, los medios presionan, sin temor a las consecuencias, los botones rojos del instinto humano. Toda fatalidad es una oportunidad para conseguir seguidores, así que cuanto más deslumbrante se haga una crisis, mayor será el brillo del tesoro al final del arcoiris. En su virtualización, el hombre entra en simbiosis con los pixeles de su foto de portada, el emisor y el receptor se fusionan en un único ser que se ahogará en la persecución de su propio reflejo. Así la red de internautas se vuelve un retrato de Narciso perdido dentro de un salón laberíntico de espejos enfrentados. Al intentar entender la propia intimidad a través de la excavación dentro de la multiplicidad de intimidades del otro, el individuo desindividualizado implosiona. Al intentar acceder a un éxito que siempre fue ilusorio, el internauta en su trepar resbala y cae hacia un abismo donde ya nada lo refleja.

Los sueños imposibles saben bien cómo hacer el nudo de la horca. La pantalla exorciza nuestras pasiones y miedos y nos zambulle en la ilusión de habernos desposeído de ellos. A través de la pantalla es más fácil dar rienda suelta al pecado y mover nuestras piezas para eliminar a la competencia. El comando diferido facilita el jalar la palanca de la silla eléctrica. Por un lado el ser humano se aísla y se descompone en su soledad, por el otro asesina a todo aquél que podría rescatarlo de su propia alienación. En tiempos de aislamiento, una pantalla luminosa puede volverse un lente de la verdad capaz de desenmascarar a las bestias de cautiverio en que se han transformado los seres humanos. Dentro de un baile de enmascarados, el altruismo se transforma en un medio para otro fin: la supervivencia por sobre los otros. Pero detrás de la fama del perfil virtual se esconde algo atemorizante: el anonimato de lo real. Consciente brevemente de esto, el internauta espectador y actor lanza desesperado un zarpazo hacia las imágenes de sí mismo que rebotan en el salón de espejos de la mediatización apantallada. Comprende que aislado de sus semejantes el ser humano está destinado a perder su naturaleza, y aunque intente no pensar o concentrar su pensamiento en una imagen especular, la soledad es más fuerte que la razón. Cuando Truman por fin logra sobreponerse a la tormenta desatada por el creador de su prisión, los espectadores del programa lo vitorean, lloran emocionados al ver la materialización de la libertad y sueñan ellos mismos con vencer a su propio Gran Otro. Pero su altruismo durará lo que tarde en recrearse el vacío de su existencia íntima. Cuando esto suceda no dudarán en pulsar todos juntos el botón que creará un nuevo Truman. ¿Acaso estarán dispuestos ellos mismos a navegar más allá de los límites de lo establecido? El Show debe continuar.

Bruno Gariazzo

Una red de fantasías de libertad

En el texto “”The Matrix” o las dos caras de la perversión”  Slavoj Zizek teje todo un entramado detrás del argumento más superficial de la película “The Matrix” y expone aquellos puntos por los que este argumento hace agua. Comienza asociando la trama del filme con el mito de la caverna de Platón, como para recalcar que la supuesta originalidad de la idea que lo motiva está arraigada en los orígenes de nuestra civilización idealista: la realidad no es más que una ilusión proyectada por nuestros sentidos y traducida en símbolos por nuestra mente. La “Matrix” es un programa de simulación de realidad, una “realidad virtual” que reduce las experiencias sensoriales de los seres humanos a un sistema binario, para así distraerlos de la “verdadera realidad” en la cual éstos están siendo utilizados por máquinas como fuentes de energía. Zizek nos compara el argumento de la película a otros productos de la cultura popular como la película “The Truman Show” de Peter Weir o la novela “Time out of joint” de Philip Dick. Resuena de este último autor también la novela “UBIK”, en la cual en una sociedad futurista las mentes de aquellos que fallecen pueden ser descargadas en una simulación programada que les permite disfrutar de una “vida después de la muerte”.

El autor pone sobre la mesa asimismo los trabajos de la Escuela de Frankfurt para la cual la sociedad del capitalismo tardío sumerge a la humanidad en una hiperrealidad vacía que busca recrear lo real para ofrecerlo en los escaparates del consumo, generándose así una desespiritualización y desmaterialización de nuevo de lo “verdaderamente real”. Sale a colación el razonamiento del filósofo alemán Peter Sloterdijk según el cual la vida del ser humano implica una continua construcción de esferas de sentido dentro de las cuales el mismo se siente seguro, amparado. Estas esferas estarían representadas por toda ideología, y Zizek no tarda en asociar tanto la ideología como la simulación de la Matrix al concepto del “Gran Otro” Lacaniano. Este “Gran Hermano” universal es la representación del orden simbólico detrás de todo símbolo; es el cable a tierra de la razón, el Dios detrás de toda fe. Cuando el sujeto se siente alienado es cuando descubre que este “Gran Otro” no es lo que parecía ser y que “en realidad” éste carece de toda sustancia. Aquí comienza a delinearse la paradoja detrás de la Matrix: el Gran Otro es a la vez la fuente de las fantasías humanas que sueñan con un “más allá” y la fuente de las paranoias que temen la presencia de un plan maestro detrás de la aparente aleatoriedad y arbitrariedad del signo original. La desconfianza frente al “Gran Otro”, maestro de nuestros hilos y dueño de nuestros objetivos y esperanzas, florece en nuestras sociedades occidentales de forma evidente frente a situaciones que exigen la mano dura del “Papá Estado”, situaciones como la actual pandemia global causada por el SARS-CoV-2. ¿No podría ser este virus parte de un plan maestro para dar vuelta el tablero económico en favor de unos pocos privilegiados? En cuanto los cimientos que justifican el respeto a la autoridad comienzan a temblar, los edificios de toda creencia en el poder establecido comienzan a caer, y de pronto surgen un montón de grupos interesados en dominar la máquina abandonada del “Gran Otro”. Estos grupos de poder querrán subirse al coloso y maniobrarlo, pero desgraciadamente (o no) incluso tales grupos guardan una profunda necesidad de creer en un poder más grande que ellos. Ante una catástrofe como esta, no tardarán en poner el grito en el cielo grupos representantes de diferentes religiones, grupos de tecnócratas, grupos de extremos ambidiestros, grupos ecologistas… …enfin, grupos de ideólogos que tratarán de aprovechar el momento de la duda para demostrar su punto de vista. Siempre que exista la duda, existirá algo que guíe la creencia, y aunque el dudar nos haga más libres, un exceso de libertad también puede atentar contra nuestra supervivencia. Esto lleva hasta al más incrédulo a querer siempre lanzar el anzuelo aunque sea un poco más lejos en busca de aquella figura paterna perdida que permite la existencia de una “Gran Ilusión”.

Volviendo a la matriz de datos construidos de forma binaria, nada nos podría asegurar entonces que no pudiese existir una “Matrix detrás de la Matrix”, una realidad “más real que lo real”, detrás de toda realidad, un universo de infinitos reflejos producto de dos espejos enfrentados. Nos viene a la mente la película “Piso 13” de Josef Rusnak, cuyo argumento se basa justamente en la existencia de simulaciones detrás de simulaciones. Nos dice Zizek que este Gran Otro es representado en nuestras sociedades hoy en día por el conocimiento científico y su autoridad sobre todo lo real. La intersubjetividad en la que se funda todo conocimiento objetivo es la piedra angular de nuestra esfera de Sloterdijk, pero la seguridad que nos proporcionan las convenciones no deja de ser ilusoria. La ignorancia que se cierne sobre la mayoría de la población marca una distancia enorme entre el conocimiento científico y el sentido común, no lográndose entonces consolidar el símbolo de lo real característico de todo Gran Otro. El anarquismo metodológico de Feyerabend pierde así todo sentido en un mundo dominado por la ignorancia, y la realidad se desmantela fragmentada en un sinfín de tesis diferentes. En un mundo en el cual comienza a reinar la duda y donde ganan terreno las teorías conspiracionistas, la realidad que percibimos adquiere los matices de la ficción; los caracteres del sueño: una simulación autoinfligida. Otra vez, esto mismo queda evidenciado por las reacciones surgidas a nivel mundial con la expansión del tema “coronavirus”. Las sociedades, entre el pánico y el escepticismo, no encuentran lugar para la confianza en ningún conocimiento, por más fundado en evidencia experimental que esté. La educación no logrando ser aún un pilar fundacional de nuestro funcionamiento como especie, la competencia barre con todos los esfuerzos de iluminar los rincones dominados por el miedo. Cuando el Estado Protector falla en cumplir su rol de salvaguarda, el futuro se vuelve nebuloso y lleno de incertidumbre, los hilos parecen perder tensión de golpe y las marionetas caen al suelo desarticuladas y confundidas. En medio de esta oscura confusión, los hilos se enredan, los objetivos pierden sentido y la libertad se vuelve de a poco nuestra peor enemiga.

Antes era fácil delimitar la locura: bastaba alejarse de la gran norma, salirse de la horma semiótica, para ser señalado como loco. Hoy cada cual gana conciencia sobre su propia locura inherente al descubrir su propia esfera de significaciones. Al despertar, el ser humano descubre que la locura ha acompañado al individuo durante toda su existencia. Zizek va aún más lejos y nos propone considerar que lo real no se encuentra ni dentro ni fuera de este Gran Otro, de esta gran esfera sloterdijkeana, sino que permanece en los intersticios. Citando a Hegel y a Lacan, el autor nos dice que lo real no es el cuadro, la representación ni lo representado, sino el marco. La realidad yace dentro de la conexión entre apariencia y esencia; la “cosa en sí misma” es la mirada y no lo percibido por ella. En este sentido, la “verdadera realidad” no sería ni el mundo apocalíptico dominado por máquinas ni la gran simulación de la Matrix, sino el “desierto de lo real”. Neo nunca estuvo más cerca de lo real que dentro de ese infinita nada de color blanco que brindaba el ordenador a la espera de que algún programa le fuera descargado. Esto es, dice Zizek, lo que Lévi-Strauss llama “institución cero”, y es dentro de ésta y por esta que logramos una percepción de cualquier realidad a través de una función negativa: todo existe en contraposición a una ausencia. Es necesario experimentar la falta para poner en duda al Gran Otro. Es en este agujero negro de la certeza que se apoya toda ideología, y es a través de él que se fragmentan nuestras concepciones. Pero es aquí también donde la desconfianza en el “Papá Estado” cumple en estos tiempos un rol fundamental: es la oportunidad de sembrar, a nivel individual y colectivo, una semilla de verdadera libertad intelectual que sepa madurar para que luego los individuos sepan ceder esta libertad de forma consciente en pos de un bien común.

La Matrix no es lo aparente y Sion no es la esencia: la realidad se esconde en la unión entre ambos. Ninguno de los dos existe sin el otro. Y la Matrix no sería la única realidad construida según el autor del texto; la condición de “elegido” de Neo también es construida por las fantasías de sus pares. Su heroísmo es tan virtual como la arquitectura del código binario. El elegido es, según la película, aquél que es capaz de desenmascarar la virtualidad virtualizando la realidad. Haciendo a la humanidad consciente de los límites de la esfera es que “El Elegido” liberará la mente de los suyos, pero estos límites son la condición de toda libertad. Es en este punto que Zizek nos trae al dios ocasionalista de Malebranche: Dios, el Gran Otro (la Matrix), es quien articula mente y cuerpo, quien hace posible toda acción y toda percepción. La realidad fluye en la mediatización, y en un mundo mediático, es el Dios-Red el que sujeta los hilos. Aquí es que Zizek plantea la paradoja profunda que subyace a la película: el ser humano fantasea con su libertad sólo gracias a su esclavitud frente a la Matrix. Las utopías de la sociedad están emparejadas a las distopías en las que se ven inmersas. Hoy, cuando un virus parece dibujar ante nosotros las distopías de una obra de ficción, la utopía de la libertad no parece tan seductora. Cuando más deseábamos deshacernos de los hilos que nos articulan, un mal mayor al Gran Otro derribó nuestra puerta y corrimos desesperados (arrastrando los hilos) en busca del abrigo de un fiel titiritero. “Dios ha muerto”, decía Nietzsche, y aun así seguro lloraba por las noches añorando aunque sea una esperanza de protección. Es imposible soñar con lo que tenemos, ya que a partir de lo que tenemos se construyen nuestros sueños.

En la actualidad estamos experimentando, según el autor esloveno, un cambio en la forma de nuestras utopías. El posmodernismo nos instaura en una utopía atemporal para nada utópica: al tener un constante acceso a documentos que nos traen el pasado hacia el presente en una versión digital, vemos el tiempo de nuestra realidad suspendido en la productividad constante y nos vemos a nosotros mismos inmersos en una pasividad productiva. Nuestro único cometido es ser fuentes de energía y nuestra utopía se torna la del retorno a la realidad del “estado natural” de Thomas Hobbes. El Gran Otro se alimenta de los placeres de nuestras fantasías y nosotros sin más fantaseamos obedientes. El ciberespacio se ha liberado del empuje de lo real y dentro del mismo la realidad se vuelve una esfera de reglas arbitrarias que podemos suspender. Sólo basta creerse el elegido. Pero esta sensación de libertad y este deseo por regresar al estado de Hobbes se resquebrajan cuando un coloso más grande que El Coloso rompe con los límites de nuestra esfera cognitiva. Entonces, el futuro sólo puede ser prometedor para nuestra humanidad si somos capaces de reconciliar nuestra libertad intelectual con la eterna necesidad de un Gran Otro. Solamente podremos mantenernos libres dentro de la duda, pero es necesario salir de ella para creer en el otro, y una crisis como la del COVID-19, si algo nos enseña, es que son los lazos con los otros lo que hace grande a nuestra pequeña individualidad. Es a través de una red de individualidades que sobreviven los sueños colectivos, y por más que ésta comprometa nuestra propia libertad, es esa misma red en la que se funda nuestra propia seguridad. En pocas palabras, nuestra propia supervivencia depende de que creamos en un Gran Otro. Y como en toda gran fotografía, a ese gran marco que la encierra algunos le dicen “amor”.

Bruno Gariazzo

Irresistible como la música humana

Notas publicadas en el diario La República

Entrevista a los músicos uruguayos Leandro Aquistapacie y Fabián Sánchez

A lo largo del siglo veinte, el arte en general ha vivido un proceso de emancipación respecto a toda norma instituida, y ha saltado al veintiuno gritando a todo pulmón “libertad”. Aunque el mercado no tarda en absorber toda idea original para producirla en masa en paquetes estandarizados, cada vez son más los artistas independientes que proliferan con una sed insaciable por romper con el status quo y estimular esa chispa libre que existe en todo ser humano. Una de las artes con mayor capacidad de generar esta chispa liberadora de tensiones ha sido desde siempre la música, y artistas como los Beatles, Jim Morrison, Luis Alberto Spinetta, El Príncipe o Eduardo Mateo, han ayudado a marcar este sendero de independencia personal y artística que se extiende hasta nuestros días debajo de nuestros pies. Exponentes de esta libertad creativa son las bandas independientes (dichas “indie”) que colonizan a todos los corazones jóvenes desde hace más de 40 años, siendo una de las más influyentes actualmente la banda australiana Tame Impala encabezada por Kevin Parker.

Pero nuestro país también acuna a músicos independientes con gran interés por romper con los órdenes establecidos, algunos de los cuales pudieron descubrirse (o redescubrirse) el viernes 26 de julio de 2019 en la sala de Inmigrantes. Se presentaron en escenario canciones de los discos “Es bebé” y “El sermón de la liberación” del artista Leandro Aquistapacie, así como los temas de “Reflexiones de una Ventana Invisible”, primer disco de la banda “Viajes en la Superficie”, formada por Gonzalo y Gastón Vivas, Lorenzo Cavalli, Marcos Caula, y su líder y compositor Fabián Sánchez. Mencionar líderes en este caso particular del ambiente artístico uruguayo se hace más que nada por formalidad, ya que los músicos que subirán al escenario este viernes pertenecen a un colectivo y sello discográfico independiente llamado “La Órbita Irresistible”, cuyos integrantes intercambian funciones entre proyecto y proyecto, entre banda y banda. Cada grupo musical formado con un nombre característico es la oportunidad para que uno de los miembros de esta órbita ponga sus composiciones a la cabeza del proceso creativo grupal, y los demás dan viento a sus alas sabiendo que luego tendrán su propio turno de volar. Además de “Viajes en la superficie” y Leandro Aquistapacie, las producciones del colectivo se desdoblan en bandas como “Algodón” (vuela la mente de Paul Higgs), “Piel” (vuelan los hermanos Vivas), u “Oso polar” (planea Pedro Duarte). Además de compartir miembros entre sus grupos musicales, la órbita también se caracteriza por un particular estilo artístico, el cual es tan fractal como las múltiples funciones de sus músicos. Psicodelia, pop, rock, blues, jazz, (¿indie?) todo se mezcla en una amalgama de piezas intercambiables que aporta nuevo aire al espíritu uruguayo y que define un único género: la libertad.

Para conocer más sobre el mundo interno de los artistas que volaron junto al aire de sus amigos en Inmigrantes aquél viernes, La República se comunicó con Fabián Sánchez (de 25 años) y Leandro Aquistapacie (de 22), dos amigos y compañeros de trabajo cuyos contrastes enriquecen más a La Órbita que sus concordancias. El interés de ambos por la música surgió en el ámbito del hogar, en una combinación entre influencias de familiares y amigos. Fabián recibió de su padre el palo británico del rock de su época, con discos de bandas como Led Zeppelin, los Beatles, Pink Foyd o Deep Purple, mientras que el palo más castellano lo recibió de su madre, quien escuchaba más a Jaime Roos, Ruben Rada o Alejandro Sanz. De tal palo tal astilla, y así comenzó Fabián a practicar con la guitarra de su padre a los nueve años mientras ya cantaba en el coro de la escuela. “Mi padre tocaba la guitarra hasta que decidió abandonarla para ponerse a estudiar ingeniería” – contó Sánchez – “en esa época (1970) era casi imposible dedicarse a la música y yo creo que ni siquiera se lo cuestionaba”. Heredó el instrumento, pero no inmediatamente el entusiasmo por la música.De niño el deporte ocupaba la mayor parte de su energía, y fue recién a los trece, cuando en un disco elegido al azar  rugió la voz de Robert Plant en “Black Dog”, que en el compositor de “Viajes en la superficie” se encendió la chispa del artista. “La música y mis sentimientos se cruzaron en el momento exacto” – comentó Fabián -“mis padres se peleaban mucho, eso empezaba a afectarme cada vez más, y fue en ese momento que decidí abandonar el deporte para dedicarme a hacer canciones”. Por su parte, Leandro Aquistapacie explicó que su afición por la música se la debe por un lado a un amigo de la escuela, y por otro a la obsesión de este amigo por los Beatles. Con la pasión de su compañero de clase por la mítica banda británica resonando en los oídos, Leandro volvió a su casa en busca de respuestas, y luego de obtenerlas comenzó todo un camino de desarrollo como músico en el que participaron tanto profesores como buenos amigos.

¿Cuál crees que es el mayor beneficio que trae la música al ser humano? ¿Te podrías imaginar un mundo sin música?

Fabián Sánchez: La música es una gran doctrina de catarsis, de liberación de tensiones. Aunque no siempre es así. La música y todas las artes están acompañadas por el contexto en el que vivimos, y este contexto muchas veces nos puede jugar en contra. La ansiedad y el ego son los principales protagonistas de mi contexto actual, es una lucha permanente.Imaginarse un mundo sin música es imaginarse un mundo de represión, sin libertad ni lugar para los sentimientos. Es por esto que elijo hacer música.

Leandro Aquistapacie: Yo creo que la música no tiene aportes ni beneficios más allá de los obvios. Es decir, no cabe pensarla en esos términos. Es una capa más del vivir humano, siempre estuvo y alguien tiene que hacerla. Pensémosla como un oficio. ¿Qué beneficio más allá del obvio tiene el hacer de un carpintero para el ser humano?

¿Considerás al arte un medio de comunicación, de transmisión de ideas? Más allá de la letra, ¿en qué forma representa para vos la música un medio de comunicación que ayuda a conectar con otros?

Fabián Sánchez: Hay personas que no hablan, personas que no pueden adaptarse a la vida que llevamos, y algunas que simplemente no eligen nacer “distintos”. Me refiero a personas con patologías a las cuales no me gusta hacer referencia, ni siquiera me agrada referirme de esta forma. Durante mucho tiempo consideré a las palabras como algo superficial e impuro. Supongo que algo de ésto deben sentir aquellas personas que no les gusta hablar. La música permite comunicarte con quién sea, no se necesita cantar o decir algo, la música habla por sí sola con miles de estímulos por segundo. Claro que la comunicación no siempre es positiva, por eso insisto en su relación con el contexto social.

Leandro Aquistapacie: No creo que tampoco sea un medio de comunicación, ni de transmisión de ideas. Si pensara mis canciones como un mensaje, siendo yo un emisor, destinadas a un receptor, haría publicidad. No es que no se cumpla esta ecuación, pero si lo estás pensando así, desde ahí, podes caer en territorios terribles. La música es algo que haces en tu cuarto, después decidís a quien se lo mostrás, y seguramente sufra cambios en el proceso, pero jamás deberían estar éstos supeditados a quién se lo estás mostrando. Es generar un discurso para nadie, dejarlo lo más genuino posible desde un lugar cero de honestidad  absoluta y después decidir qué hacer con él. Mi vida social se ve muy teñida por la música. Muchos de mis amigos actuales fueron inicialmente conocidos por tener una afinidad musical muy grande. Y a partir de eso, muchas de mis actividades tienen una pata musical. Ahora, conectarme con otro a través de la música, me parece una utopía. No por tocar la misma progresión al mismo tiempo considero que se está conectado. Ni tampoco creo que sea una cuestión polar de estar conectado o no estar conectado: es un camino. Hay un valor en intentarlo y en caminar ese camino. Espero estar haciéndolo bien.

¿Qué te importaría comunicar a la sociedad a través de tu música? ¿En qué te gustaría ayudar a través de la misma?

Fabián Sánchez: Mi forma de componer y escribir letras siempre parte de mis experiencias personales. Todos sentimos y vemos las cosas de formas distintas. Es por eso que mis canciones son el reflejo de mi forma de ser y ver el mundo. Esto es lo que quiero para la sociedad, quiero que seamos más fieles a nosotros y no a lo que nos dijeron que debemos ser. Necesitamos vernos a nosotros mismos para poder crecer como personas, conocer nuestros miedos más profundos así como nuestras virtudes.

Leandro Aquistapacie: Creo que no cargamos, ni yo ni ningún músico, la mochila de ayudar al mundo. El mundo se ayuda por otras vías y en otras esferas de la vida. Si lo tuviera que comparar, una canción me parece un pequeño bloque, una cápsula de divinidad. Divinidad religiosa. Creo que es lo más cerca que se puede estar a dios, en el sentido menos cristiano y más espiritualmente amplio posible. En ese sentido, no hay nada para comunicar a la sociedad: la sociedad bebe, si gusta, de ese néctar que proviene de una comunicación que difícilmente sea dedicada para ellos, pero que a pesar de esto fue ofrecida, ofrendada. Y solo me puedo hacer cargo de eso.

¿Cómo surgió el proyecto que dio origen a “La Órbita Irresistible”? ¿Qué rasgo en común destacarías entre las bandas que componen este sello y entre sus integrantes?

Fabián Sánchez: La Órbita Irresistible surge con las nuevas formas de difusión actuales. Las redes sociales y plataformas digitales permiten que cada vez más artistas trabajen de forma independiente sin depender de un contrato discográfico. Fue gracias a esto que Paul Higgs, cantante de la banda Algodón, decidió ponerle nombre a un grupo humano ya establecido por la amistad y objetivos en común. Claramente nuestro rasgo en común siempre ha sido el de la amistad, apuntando a un crecimiento como grupo y como artistas. Si bien tenemos muchas influencias musicales en común, cada proyecto es realmente distinto y único entre sí. Si bien todas parten de una de las bandas más influyentes de la música contemporánea como son los Beatles, somos personas re distintas y eso hace que nuestras canciones tomen diferentes formas.

¿En qué otras bandas y/o proyectos te encontrás trabajando actualmente? ¿Qué destacarías del disco cuyas canciones se podrán disfrutar el próximo viernes en Inmigrantes?

Fabián Sánchez: Actualmente formo parte de varios proyectos: Viajes en la Superficie, Piel, Leandro Aquistapacie, Phoro y también hago canciones bajo mi nombre “Faba Sánchez”. El año pasado lanzamos el primer disco de Viajes en la Superficie titulado “Reflexiones de una Ventana Invisible”. Para mí éste disco es el comienzo de una nueva era de experimentación y búsqueda de originalidad. Es la real mezcla entre sentimientos oscuros y sentimientos luminosos, generando un contraste y un balance inspirados en el Yin y Yang. Estos aspectos no sólo se pueden escuchar en las líricas, sino también en los diferentes momentos de clímax generados por ritmos de batería y texturas de guitarra.

¿Qué experiencia reciente dentro del mundo musical te gustaría compartir?

Leandro Aquistapacie: De lo más hermoso que últimamente me pasó son dos cosas. La primera fue que Faba, uno de los guitarristas de mi banda y compositor y guitarrista de Viajes en la Superficie, vio el último documental de Scorsese sobre Dylan. Después de charlar un poco, o incluso capaz fue otro día lo que lo hace mejor aún, me dice algo así como “ahora entiendo por donde va esto de la banda”.Y la segunda fue hace muy muy poco. Yo estando de gira en Santa Fé con una obra de teatro en la que toco el piano, y los gurises se juntaron en Montevideo a ensayar sin mí. Algo que ya para mí fue pila. Me mandaron un audio de una canción de una manera súper re-versionada, fresca y nueva. Y yo la escuchaba con el celular pegado a la oreja caminando por Rafaela matándome de risa y hasta llorando un poquito. Creo que acá sí cabe hablar de apropiación y de conexión entre personas.

Entrevista a los músicos uruguayos Germán Geis y Martín García de Zuñiga

El canto de un ave, seguido del de otra con otra tonalidad y brillo. El murmullo de un arrollo que corre sigiloso en su colchón de baja freciencia. Los zumbidos y otras vibraciones de los insectos que se agitan solitarios o en sociedad. El viento que silba y el crugir de las ramas y hojas con su pasar. Todo se mece en la lejanía extasiado por estos susurros de la naturaleza, a los cuales se suma nuevamente la voz de un ave o de algún mamífero extraviado. Uno de estos mamíferos le puso un nombre a esta armonía sonora de la natura:  “música”. Este animal bípedo y condenado al pensamiento pronto se sumó a la orquesta natural a través del perfeccionamiento de su voz y de la confección de instrumentos acústicos a partir de los materiales de su entorno. A los oídos de este ser dicho “humano” llegaron entonces, sumadas al viento, el agua, las aves y los insectos, las voces de un violín, una lira y una flauta. Sucedió así algo inesperado: la existencia en su totalidad se transformó en hierofanía. A partir de ese momento mágico los primates del dedo pulgar oponible adoptaron como comportamiento ritual el crear música para los suyos, música para humanos.

“Música para humanos” es el nombre de un grupo de artistas uruguayos interesados por esta historia del homínido y de los sonidos que envuelven su cultura. La banda, formada por Martín García (bajo), Germán Geis (guitarra), Bruno Galli (teclado), Marcelo Galli (batería) y Hernán Barceló (guitarra), desarrolla toda una amalgama de géneros musicales al servicio de la autorreflexión del escucha, géneros que transitan desde el rock progresivo, el jazz, el funk, y el pop, hasta el rap, el hip-hop, la milonga y el candombe. “Creo poder decir sin errarle que todos somos enfermos de Pink Floyd”, admitió a La República Martín García, quien contó también que inicialmente se acercó a la música planeando cantar, para luego decantarse por el lado de los instrumentos rítmicos. Todos los integrantes se amamantaron de la cultura musical en sus hogares desde pequeños, y arrastraron fielmente sus gustos tempranos a sus composiciones adultas. “Me encantaba escuchar a mi abuelo tocar la guitarra, veía lo que generaba en las demás personas y comprendí que la música era un vehículo único para expresar emociones que trascienden las palabras, para llegar a una parte emocional y del subconsciente de las personas”, compartió con La Republica Germán Geis.

Este último recuerdo de Geis nos envía a una famosa pregunta: ¿es la música un medio de comunicación? En opinión de Germán, es muy probable que la música haya sido de los primeros medios de comunicación que utilizó el ser humano como especie, esta evolucionando desde un código en forma de una serie de golpes hasta una verdadera expresión artística. Sin embargo, la música como concepto le parece una invención del ser humano construida a partir de sonidos y relaciones matemáticas pre-existentes en la naturaleza. De esta forma, el humano habría bebido de un arte que ya estaba presente en su entorno como en sí mismo, ya que, dijo Germán, uno puede reconocer como primer sonido rítmico del ambiente el latido de su corazón, y antes de eso el latido del corazón de su madre.  “Creo que el concepto de música es una creación del ser humano, como el de cultura, por lo tanto un mundo sin música sería un mundo sin seres humanos”, sentenció Geis.

Por su parte, Martín García trajo a colación una frase del vocalista Andrew Wood: “enamorémonos de la música, la fuerza que conduce nuestra vida, el único lenguaje internacional, gloria divina”. En el mismo sentido, recordó Germán la importancia de la música como medio de comunicación entre dos personas que no hablan el mismo idioma. La palabra “comunicación” proviene del latín “comunis“, que significa “común”, y en este caso, para que haya una comunicación, es necesario que tanto el músico como su escucha compartan un código musical en común que está en los orígenes de la especie humana. La comunicación con el otro así es esencial en el trabajo del artista:  “la existencia de un otro es fundamental para mí, la música la hago para mí pero para que sea escuchada por otro, como un acto de amor hacia otra persona”, admitió Geis. “Cualquier expresión artistica es una imagen (usualmente momentánea, fotográfica) del alma, de los pensamientos, de las emociones, las preocupaciones que tiene el artista en el momento que la hace” – opinó por su lado Martín – “si otra persona se conecta con esa pisca del interior de otra persona, de alguna forma, ya sea sintiendo empatía o reflejando sus propias experiencias y reflexionando, entonces sin duda se esta estableciendo una comunicación de algún tipo”.

Y entonces, ¿qué buscan estos músicos comunicar a través de sus composiciones? Dos ejes parecen dirigir las temáticas de sus canciones: por un lado el cuestionamiento del ser humano como una especie más del ecosistema terrestre, por el otro la importancia de la conexión entre los individuos que componen la humanidad como base de toda solución a sus problemas existenciales. “A veces nos paramos desde un lugar extraño al ser humano, como un extraterrestre que llega a la tierra y comienza a interpretar las relaciones humanas sin formar parte de esa especie” – explicó Germán Geiss – “Desde ese punto de vista extraño se observan muchas contradicciones, hipocresía, como también un afán autodestructivo”. Las sociedades humanas estarían así fragmentadas en individuos alienados, incomunicados los unos respecto a los otros, y la música funcionaría como un lenguaje que trasciende naciones y culturas para posicionarse como garante de la interconexión humana a través de la sensibilidad. “La idea es empatizar con las personas que no se sienten cómodas con la situación actual, y también ponernos frente a un espejo como especie, hacer el ejercicio de visualizarnos desde lo extraño y reflexionar sobre lo que somos”, continuó el guitarrista.

En este punto es que germina una palabra que es ponderada especialmente por los miembros de “Música para humanos”: la palabra “empatía”. “Creo que lamentablemente vivimos en un mundo en que el sistema propicia el egoísmo y el individualismo, porque le es afín a sus fines y muchos de los males que existen en el mundo se dan porque las personas no tienen la capacidad de reflejarse en el otro, de entender sus problemas, sus preocupaciones, sus sentimientos”, expresó García. En palabras de Germán Geis:

“Me gustaría que la gente empatice con nuestras sensaciones y que así no se sientan solas. Que compartan nuestras impresiones, disfruten o reflexionen con nuestra música y les sirvan de compañía. Ayudar a que las personas se aventuren en el pensamiento. Me gustaría ayudar a combatir la alienación social, el accionar de las personas como máquinas, como piezas de un engranaje. Que piensen por sí mismas. Contener la ansiedad reinante y estimular el aquí y el ahora. Intentar dejar de ser cuerpos económicamente productivos y políticamente dóciles para buscar concientemente un camino propio, aunque no sea el “más conveniente”.

La música se vuelve de esta forma en manos de estos artistas en un importante vehículo de sentimientos e ideas con la capacidad de movilizar internamente a quien escucha, y quien dice movilización de personas dice fuerza política. Por esto Germán destaca el poder que posee la música para lograr un cambio social. “En todas las dictaduras militares regionales se persiguió a músicos, muchos tuvieron que exiliarse, otros fueron fuertemente censurados y en el peor de los casos asesinados, como fue el caso de Víctor Jara” – expresó el guitarrista – “ese miedo que genera en los gobiernos autoritarios no hace más que confirmar el poder de la música, la fuerza que tiene para hacer llegar un mensaje”. Y a esto el bajista remata agregando: “Es bueno ser consciente del poder que tenemos en nuestras manos, y acá voy a hacer otra cita, pero esta ves no de un músico sino de un entrañable personaje del Hombre-Araña, el Tío Ben: “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.

Bruno Gariazzo

La cuarta dimensión de la imaginación

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

La pantalla desde sus inicios ha funcionado para el ser humano como una ventana a través de la cual sumergirse en realidades alternativas. Cuando los ojos del público aún no estaban acostumbrados a la existencia del cine, la proyección de una locomotora agrandándose hacia el primer plano provocó en 1896 la salida en tropel de espectadores aterrorizados durante una de las primeras funciones de los hermanos Lumière. Hoy se requiere bastante más para disparar la adrenalina de un público ya habituado a los sobresaltos, pero no es necesario viajar a ningún parque temático de atracciones para vivir una experiencia cinematográfica inmersiva en la que la audiencia termine zarandeada, mojada y ventilada. El cine 4D llegó a Montevideo a mediados del 2017, y el año pasado los alumnos de tercer año de la escuela técnica UTU de Pan de Azúcar se encontraban desarrollando su propia butaca de cine 4D para brindar esta experiencia a los miembros de su comunidad.

Un proyecto ambicioso y estimulante

En diálogo con Cromo, Mauricio Cabovianco, profesor de la Formación Profesional Básica (FPB) de robótica de esta UTU, contó el año pasado que el trabajo de su grupo de tercer año forma parte de un proyecto anual que buscaba publicitar la ciudad de Pan de Azúcar y sus atractivos. El proyecto implicó que tanto alumnos como profesores tuviesen que estudiar bastante debido a que se trataba de un emprendimiento novedoso. Muchos de los elementos necesarios para hacer realidad esta experiencia 4D fueron inaccesibles y, por más que el profesor prefiere trabajar con materiales reciclados, las dificultades que encontraron terminaron de convencer al grupo de contentarse en una primera etapa con hacer una maqueta a escala. “La UTU no dispone de los medios como para poder hacer eso, por lo que necesitas mucha inventiva para resolver la falta de materiales”, contó el profesor. En la segunda etapa del proyecto, a desarrollar durante la segunda mitad del año, la idea es utilizar motores reciclados de lavarropas que hayan sido abandonados en basureros. Se replicarían así los motores utilizados en la maqueta para mover una silla en tamaño real.

Esta maqueta la construyeron aproximadamente diez estudiantes, de entre 13 y 18 años, utilizando materiales reciclados en conjunto con el Kit de Robótica LEGO y las placas micro:bit del Plan Ceibal, los cuales se encuentran a disposición tanto de las UTU, como de las escuelas y los liceos públicos de todo el país. Con la maqueta ya armada y con capacidad de movimiento, la etapa siguiente consistió en sincronizar estos movimientos con las imágenes presentes en pantalla. Es aquí que entró en escena la “placa Arduino”, una pequeña placa electrónica programable con funciones similares a una placa madre (como la de la computadora), con la única diferencia de que ésta no tiene las conexiones soldadas, sino que viene con pines a conectar según qué función se desea que cumpla. Funcionando con sólo 5 volteos y utilizando su propio sistema de programación, la placa Arduino es ideal para que un alumno dé sus primeros pasos en programación.

Como muchos ya sabrán, la magia del cine 4D consiste en que al espectador se lo someta a estímulos relacionados con lo que se muestra en la pantalla. Si la cámara sube por un cerro empinado, el asiento se inclinará hacia atrás, si en la pantalla llueve, al espectador le caerá agua, y si en la imagen se muestra un día ventoso, el aire soplará en su rostro. Aún no estaba claro si el grupo de tercero de robótica recibiría ayuda de otra UTU para el armado del video o si se las arreglarían ellos mismos, pero ya tenían la idea de utilizar los ventiladores reciclados de las fuentes de computadoras en desuso para simular el viento en pantalla. También tenían pensado implementar los lentes de realidad virtual que ya estaban en poder de la UTU.

El fruto de este trabajo sería presentado en la exposición de fin de año de todos los proyectos de las escuelas técnicas, pero ellos preferían presentarlo antes a la comunidad en algún evento organizado especialmente en la plaza de Pan de Azúcar. “La idea es vincular también a la comunidad”, dijo Cabovianco, “me gusta mucho sacar el trabajo de la UTU a la calle, poder compartirlo con escuelas, con liceos y padres de alumnos”.

No ser robots, hacerlos

Según el profesor, aunque existe la visión generalizada según la cual los liceos de secundaria son mejores que las escuelas técnicas, la UTU ha progresado muchísimo en los últimos años. Esta institución presenta todo un abanico enorme de posibilidades de estudio, con muchas más opciones de las que permite secundaria. Aunque los ciclos básicos de ambas son iguales, la UTU ofrece una modalidad de clase en forma de taller que brinda una experiencia diferente a la que brindan los liceos convencionales. “Es un ambiente más distendido, ya no tenés ese formato de los bancos uno atrás de otro”, opinó el profesor, “trabajamos todos alrededor de la misma mesa; si queremos escuchar música escuchamos música, si queremos tomar mate tomamos mate; es más libre”.

Mauricio Cabovianco también dió importancia al trabajo interdisciplinario que se facilita en estas escuelas técnicas, ya que todas las materias deben de trabajar juntas en función de la actividad que se propone para el taller anual. La robótica en sí es una ciencia que facilita el  involucrar a muchas materias como la biología, la física o la matemática (que se relaciona con todas las áreas), pero no es tan fácil vincular la robótica a la literatura, la historia, o los idiomas español e inglés. Para estos dos últimos casos, el profesor propuso la generación de contenido de divulgación en ambas lenguas, ya que el vocabulario no es el mayor fuerte de sus estudiantes y esta sería una buena oportunidad de ejercitarlo.

El proyecto necesitó de mucho esfuerzo, esfuerzo que muchas veces excedía las 14 horas semanales del taller de robótica, lo que obligó a los estudiantes a investigar fuera de clase. Varias iniciativas debieron de ser tiradas abajo aunque ya estuviesen en etapas avanzadas de su desarrollo, pero cada paso a tomar estuvo completamente ligado a la decisión de los alumnos, ya que su profesor prefiere no ser el centro de la clase y desea que sean ellos mismos los protagonistas. Con respecto a esto Cabovianco dijo:

“La robótica te deja utilizar mucho la imaginación y la creatividad. De jardinera ellos salen con una creatividad tremenda, después no sé por qué en la escuela ellos pierden esa creatividad, y cuando llegan al liceo o al primer año de UTU son como un pichón de robot. Osea, si tú no les dices “saquen el cuaderno”, no te sacan el cuaderno. Ellos siempre están esperando a que tú les des la orden para después hacer. Entonces a mí me gusta trabajar al revés: ¡anímense a crear gurises!”

El profesor de FPB de robótica considera que Uruguay en el área de programación se está destacando a nivel mundial de forma acelerada. Con pocos recursos lo que se termina logrando sorprende y “el trabajo que está haciendo Ceibal es espectacular”. Con una plaquita de 5 por 5 centímetros se puede controlar automáticamente todo un sistema de riego mediante sensores de luz y humedad. En el 2018 el mismo grupo de UTU de Pan de Azúcar diseñó un invernáculo con un robot que era capaz de determinar si el día estaba nublado para mover un techo corredizo de forma automática. A Cabovianco aun así le preocupaba cómo la robótica comienza a desplazar fuentes de trabajo alrededor del mundo, pero consideraba que trabajar en ella con los más jóvenes ayuda a generar consciencia al respecto, y esperanzado agregó:

“Vos ves algunas aplicaciones simples que crean los más chicos que te llaman la atención. Y a ellos les encanta. Cuando tú a esas cabecitas las estimulas un poco y las dejás crear, las dejás volar, te sorprendés. Es sorprendente ver programando a gurises de 5to año de escuela. Aparte todo esto lo que necesita es práctica, y ellos tienen tiempo. Esa es su principal ventaja.”

Bruno Gariazzo

Aulas con viento en popa

Nota publicada en el diario El Observador

Si uno de los temas más recurrentes en boca de personajes públicos es la inseguridad, otro lo es la educación. La misma parece preocupar a muchos padres que alarmados son espectadores de noticias desesperanzadoras sobre el futuro de la formación de los niños y jóvenes. Los diagnósticos dan números por debajo de lo deseado y los discursos se empañan de desastres académicos. Sin embargo, se hacen también recurrentes las noticias sobre alumnos uruguayos de escuelas y liceos que reciben reconocimientos desde el exterior, y esta vez es el turno de la Escuela Rural n°88 “Alfred Nobel”.

Uruguayos campeones

La escuela “Las Violetas”, ubicada entre Joanicó y la ciudad de Canelones, cuenta con 122 alumnos y tres de ellos tendrán la posibilidad de viajar a Detroit a mediados de julio a presentar en un simposio internacional de ciencias su proyecto de investigación sobre la calidad del agua del arroyo Canelón Chico. El proyecto fue seleccionado por el programa GLOBE (Global Learning and Observations to Benefit the Environment), un programa internacional e interinstitucional financiado por la NASA que cuenta con la participación de 119 países del mundo y que está enfocado en generar un sentido de comunidad global alrededor de la protección del medio ambiente. Andrea Ventoso, la coordinadora de GLOBE en Uruguay, invitó a la escuela a sumarse al programa y en 2016 los estudiantes comenzaron a trabajar en la investigación que luego presentarían este año al Simposio Virtual de Ciencias de GLOBE.

Cuando un viernes a las doce del mediodía se transmitía en vivo cuáles habían sido las instituciones educativas seleccionadas para presentar sus proyectos en Norteamérica, ni profesores ni alumnos se esperaban el resultado. En diálogo con Cromo, el director y maestro de la escuela  Darío Greni contó que “cuando el hombre dijo “Escuela Alfred Nobel de Las Violetas”, los gurises gritaron como locos, los otros niños que estaban en sus salones salieron a ver qué había pasado, y ahí empezaron todos a gritar que se iban a Detroit”. “Para una escuela rural presentar una investigación de este tipo en un lugar así es fantástico; yo me siento súper orgulloso”, agregó.

El trabajo de investigación científica que ocupó a varias generaciones de jóvenes estudiantes durante tres años consistió en estudiar, a través de un relevamiento de macroinvertebrados, el nivel de contaminación del agua que desemboca en el Río Santa Lucía, poco antes de la planta potabilizadora de Aguas Corrientes de OSE. Los estudiantes se turnaron para ir hasta las orillas del arrollo Canelón Chico a tomar muestras con calderín en grupos de tres o cuatro. Los invertebrados eran primero clasificados “a ojo” por su fisionomía y luego clasificados rigurosamente según su especie mediante una clave de identificación. Un índice biótico que tiene valores del 1 al 10 indicaba si los organismos encontrados eran muy sensibles (valores altos) o poco sensibles (valores bajos) a los cambios en la composición del agua, como por ejemplo en su valor de pH. Finalmente, una escala del 1 al 120 permitía diagnosticar la calidad del agua, que, según los resultados obtenidos, se encontraba en estado crítico. “Ese arroyo viene de la parte sur de Canelones, bordea toda la ciudad, y ellos se plantearon si las actividades de las personas que viven allí alteraba la calidad del agua”, contó Greni. Los resultados de los alumnos fueron luego corroborados por un análisis de las muestras realizado de forma honoraria por el Laboratorio Ecotech.  

Un esfuerzo en conjunto

Para que los tres alumnos de esta escuela rural, Mariano, Belén y Nicolás, puediesen viajar el 14 de julio de 2019 a Detroit a presentar esta investigación en nombre de sus compañeros, GLOBE facilitó 2 mil dólares para ayudar a cubrir los costos. Pero entre los pasajes y la estadía (un pasaje a Detroit en temporada alta ronda los 1300 dólares), la ayuda norteamericana se quedaba corta y era necesario recurrir a la nacional. Además, según Greni, el Estado norteamericano retiene el 30% de los giros monetarios fuera del país, por lo que de los 2 mil dólares a Uruguay sólo llegarían 1400. Sin embargo, el director de la n°88 se mantuvo optimista y confió en que lograrían llegar a juntar el monto necesario para realizar el viaje en julio. Gracias a una iniciativa de la Asociación Uruguaya de Houston, Greni abrió junto a los padres de sus alumnos una cuenta de PayPal y una de Redpagos para hacer un llamado a la ciudadanía para que colabore con la aventura de los chicos.

Si hay algo que el director de la Escuela “Alfred Nobel” agradeció de corazón es el apoyo que recibieron sus alumnos desde otras instituciones a lo largo de estos años de trabajo. “Las instituciones dependemos unas de las otras y está bueno trabajar en forma conjunta”, dijo Greni. El sentimiento de agradecimiento tiene varias fuentes y nombres: Patricia Píriz, una integrante del MEC que se acercó a la escuela para integrarla al programa de los Clubes de Ciencia; el limnólogo Rafael Arocena que dio a los estudiantes una charla sobre clasificación de macroinvertebrados en la Facultad de Ciencias de la UdelaR; la directora del liceo n°2 de Canelones quien les consiguió a Nicolás y Mariano una profesora de inglés para reforzar el estudio sobre cómo exponer esta experiencia científica en este idioma al público en general; y las clases individuales de inglés con profesores remotos a través de las videoconferencias facilitadas por el Plan Ceibal. “Parte del premio es todo el apoyo que recibimos”, dijo Greni.

Vocación de corazón

Como si la noticia del viaje a Detroit no fuera suficiente, el director Darío Greni, de 44 años y con una veintena de años de docencia, se enteró de que quedó seleccionado entre los 50 finalistas para obtener el Global Teacher Prize, un premio de 1 millón de dólares otorgado por la Fundación Varkey al profesor cuyas vocación e inventiva sean de las más destacadas a nivel mundial. Los últimos dos años han sido de esta forma para el director un cúmulo de logros, ya que alumnos de su escuela también viajaron a España el año pasado de la mano de la Fundación Prosegur y de la Fundación Créate a participar del South Summit, un evento en el que se presentan diferentes ideas emprendedoras a concurso para buscar inversores. “Quedamos en segundo lugar por un voto… No era nada fácil. Se pararon los cuatro alumnos solitos en un auditorio en el escenario frente a un público de alrededor de 200 personas y nueve jueces a presentar en inglés”, contó entusiasmado Greni.

Según Darío Greni, para lograr una buena educación primero que nada hay que tratar a la educación “desde lo positivo”, sin dejarse desanimar por las dificultades ni por la falta de recursos. A veces una institución puede tener los mejores recursos, la mejor educación formal, y fallar en estimular la creatividad en el alumnado. Resaltó la importancia del trabajo en equipo, de no transformar las carencias en excusas para quedarse quietos, y la importancia de perder el miedo a pedir ayuda. “Si no tengo presupuesto pido prestado”, comentó. Greni también recordó lo sustancial que es en la educación privilegiar los trabajos prácticos: “Lo que más motiva a los chiquilines es el aprender haciendo. No hay otra forma. Yo ya me he dado cuenta. Olvidate vos pararte frente a ellos y dar la clase”, sentenció. “El aprender haciendo es mi carta de presentación para trabajar con los niños”, agregó.

El director vio en el hecho de que los logros de sus estudiantes hubiesen adquirido reconocimiento público una oportunidad para hacer visible el esfuerzo de un montón de docentes cuyo trabajo no empieza y termina en la institución educativa. “No es un trabajo de cuatro, de cinco, de siete o de ocho horas. Son muchas más horas que uno invierte en beneficio de los gurises – explicó Greni – y eso le dio visibilidad; se abrió la puerta para comunicar y creo que tenemos que aprovecharlo y no dejarlo pasar”.

Al presentársele la cuestión sobre lo que él considera una buena educación y una buena labor docente, Greni expresó:

“Va en lo que cada uno como docente quiere lograr y la voluntad que tiene. en mi escuela yo te voy a decir que la educación es buenísima, porque los resultados los veo. Mi estrategia es enseñarles sin que ellos se den cuenta de que lo estoy haciendo. Los gurises terminan viendo que hay algo más allá de la realidad. Les abre la cabeza de una manera impresionante. Se transforman. Se comprometen y desarrollan ganas de superarse. Los motiva, los incita a querer dar el siguiente paso. Lo demás después lo toman como ejemplo y generás un cambio. Es como esa piedra que cae en el agua y genera esas ondas expansivas que modifican lo que van tocando”.

Bruno Gariazzo

La creatividad al servicio del ahorro energético

Nota publicada en la sección CROMO del diario El Observador

Durante los últimos cincuenta años, la relación del ser humano con el medio ambiente no ha hecho más que deteriorarse. Anualmente se producen 300 millones de toneladas de residuos plásticos, de los cuales 13 millones se calcula que se arrojan a los océanos. Debido a esto, según un estudio de la revista Proceedings de la Academia nacional de Ciencias, el 90% de las aves marinas del mundo acumula residuos plásticos en su aparato digestivo. Por otro lado, la OMS señala que nueve de cada diez personas respira aire contaminado, cuando el calentamiento global debido a las emisiones de carbono ya ha reducido en 40 años aproximadamente el 40% del área cubierta por hielo marino.

Ante este panorama cuasi apocalíptico, generar concientización dentro de la sociedad para cambiar los hábitos humanos diarios parece, más que una necesidad, una urgencia. En este sentido es que el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), junto al Consejo de Educación Secundaria (CES) y el Consejo de Educación Técnico Profesional (CETP), dan desde 2016 la posibilidad a alumnos de centros educativos de secundaria y de UTU de presentar sus proyectos al Concurso de Eficiencia Energética.

El pasado 10 de abril de 2019 se realizó a las 11 de la mañana la feria “Exposición de ideas brillantes” en el Centro de Escalada Deportiva “La Muralla”, en donde se expusieron algunos de los trabajos que fueron premiados en ediciones anteriores del concurso. Alumnos de liceos y escuelas técnicas de todo el país acudieron al evento para presentar sus proyectos al público interesado y para participar de una jornada de integración y puesta en común de ideas. Luego de haber culminado la etapa “expositiva” de la feria, los estudiantes pudieron disfrutar de una actividad deportiva en la cual la escalada, las alturas y los arneses fueron protagonistas.

En medio de este clima de diversión y alegría,  la Encargada de Comunicación del MIEM, Melina Pais, contó a Cromo que una de las líneas estratégicas del Ministerio está enfocada en promover la eficiencia energética, y eso equivale a generar un cambio cultural. Para presentarse al concurso, los centros educativos interesados deben antes que nada realizar un diagnóstico energético de sus instalaciones, para luego presentar un informe al MIEM detallando cuáles serían aquellos cambios que se podrían realizar para funcionar de forma más eficiente en cuanto al uso de la energía. Los premiados verían financiados tales cambios en su centro educativo. Para realizar estos análisis de datos, dice Pais que el Ministerio tiene un convenio con la organización sin fines de lucro “Ciencia Viva”, que otorga a las instituciones que participan en el concurso maletines llenos de sensores y herramientas de medición, como cámaras termográficas y enchufes inteligentes que miden el consumo eléctrico. “Es fundamental que los gurises se apropien de la tecnología y que la puedan aplicar a todos estos conceptos”, resalta Pais, “ellos son los protagonistas en todo momento”.

Fotografía: Leonardo Carreño

Alumnos, profesores y técnicos de la Dirección Nacional de Energía se mantienen en contacto a través del desarrollo de todos los proyectos a través de la plataforma “Crea2” facilitada por el Plan Ceibal. “Es un ámbito que favorece mucho la articulación cuando estamos hablando de centros tan dispares en todo el país; es algo que acerca mucho los proyectos”, afirma Pais, “ellos permanentemente están contando sus procesos, las dificultades que tienen, los logros que alcanzan”. Según la comunicadora, la gran diversidad de proyectos que se presentan al concurso se debe a la propia diversidad de idiosincrasias del espectro de centros educativos. Mientras los estudiantes de escuelas técnicas están más inclinados a innovar desde la construcción de nuevos dispositivos eficientes, los liceos están más enfocados en trabajos de difusión, de sensibilización del público, explotando un lado más artístico. También destaca Pais lo enriquecedor de la convergencia entre todo un abanico de diferentes disciplinas como la matemática, la física, la química, la literatura o la historia.

Fotografía: Leonardo Carreño

Cuatro alumnos de la UTU de Malvín Norte, Luca de los Santos, Luciano Artabe, Matías Silva y Mateo Rouco, todos de entre 14 y 16 años, contaron a Cromo que su grupo ganó el primer premio del Concurso de Eficiencia Energética en 2017 en la categoría UTU. En esa ocasión idearon un molino que utiliza la energía eólica para cargar celulares, así como un aislante térmico fabricado a base de bolsas de plástico. Gracias a los consejos brindados por la empresa Bromyros especializada en aislamiento térmico, los jóvenes comprendieron que era más eficiente el llenar las bolsas de aire en vez de sólo derretirlas.

Estos inventos luego los utilizaron en su “proyecto emblema” (como lo llama su profesor de tecnología Valentín Martínez): una casa eficiente en forma de domo geodésico construida en su 97% a partir de materiales reciclados. Equipada con paneles solares, aislantes térmicos, molinos de viento, sensores de luz para apagar y prender automáticamente las luces, y sensores de humedad y calor para controlar el riego y la calefacción, la casa sustentable les valió el segundo premio el año pasado. “Pensamos que es un tipo de vivienda multifuncional, sustentable, que cumple con el objetivo número 11 del programa de desarrollo sostenible denominado “Ciudades y comunidades sustentables” de la ONU”, dice Valentín Martínez.

Fotografía: Leonardo Carreño

Por su parte, Leto Sánchez de 17 años y su profesora de química Florencia García, del Liceo Departamental de Colonia, dijeron a Cromo que su grupo ganó el primer premio en la categoría de secundaria en 2016 gracias a toda una campaña de sensibilización que parte desde tres etapas: formación, información y transformación. La etapa de formación es más personal, consiste en su propia preparación para lograr la segunda etapa: la de informar a la comunidad lo aprendido. “Aprendimos desde diferenciar ahorro energético de eficiencia energética, y de ahí en adelante todos fuimos aprendiendo un montón de cosas”, dice Florencia García. Según Leto Sánchez, lo importante para ellos es que “los jóvenes sean catalizadores de este cambio, que sean aquellos que generen información para que nuevas personas se involucren”. En el mismo sentido, Melina Pais comentaba: “siempre nos dicen que las mayores resistencias al cambio se dan del lado de los adultos”.

La etapa de transformación consistiría en la generación de cambios constatables en los hábitos de la comunidad, etapa que Sánchez y García creen que cumplieron con creces a través de su trabajo de difusión en redes sociales a través de su canal “Operación Luciérnaga”, disponible en YouTube, Instagram y Facebook. “Nosotros no somos tanto de hacer circuitos y cosas, hacemos más campañas de comunicación”, dice Leto Sánchez, “no nos queremos electrocutar, somos medios bestias, aunque ya nos vamos a lanzar”. 

Fotografía: Leonardo Carreño

Con los 500 mil pesos que constituyen el primer premio, la UTU de Malvín Norte pudo comprar colectores térmicos para calentar el agua, y tanto su centro educativo como el de Colonia lograron cambiar todas sus luminarias por luces LED de bajo consumo. Ambas instituciones educativas piensan presentarse este año al mismo concurso, para el cual hay tiempo de presentarse hasta el 26 de abril inclusive. Estas iniciativas no sólo ponen la creatividad de los estudiantes al servicio de la eficiencia de sus propias instituciones, sino también al servicio de toda la comunidad. Las familias y allegados de los alumnos involucrados terminaron ellas mismas ahorrando recursos y energía al verse influenciadas por los proyectos de sus hijos. Tanto Melina Pais como Florencia García ponen énfasis en el compromiso de los docentes y alumnos frente a estas iniciativas, trabajando de forma extracurricular de cara a un mismo objetivo. “Cuando recién empiezan están más tímidos, más inseguros, y luego están totalmente empoderados, abanderados, te lo cuentan con una propiedad, con un entusiasmo y un orgullo que me parece es genial”, dice Pais.

Bruno Gariazzo